domingo, 18 de octubre de 2015

Perú 4: Paso a Paso en Miraflores



Estuve hace unos días en Lima, invitado al encuentro internacional “Sociedad Civil y Gobiernos Locales hacia Hábitat III: Derecho a la vivienda, barrio y ciudad”. Ese evento fue organizado por el Programa Urbano de DESCO y la Coalición Internacional por el Hábitat – HIC en el marco de las celebraciones por el quincuagésimo aniversario de la fundación de DESCO.

El encuentro se desarrolló el jueves 1 y el viernes 2 de octubre de 2015 en la el campus de la Pontificia Universidad Católica del Perú. 

Los participantes extranjeros teníamos reservación en el Hotel Señorial ubicado en la calle José González de Miraflores. 


Al llegar a ese pequeño y acogedor hotel, recordé que allí solíamos alojarnos con mis colegas de CIUDAD cuando viajábamos a Lima para participar en los talleres de monitoreo y estructuración de informes del Programa Paso a Paso.

Como ya he relatado, entre marzo de 2001 y Junio de 2005 DESCO Y CIUDAD desarrollamos en el Perú y en el Ecuador, el Programa “Paso a Paso” (Financiamiento sucesivo para vivienda progresiva).

Este programa fue una de las tareas más significativas que emprendimos con DESCO. Fue financiado originalmente por la Unión Europea con el soporte de KATE (Alemania) y IEPALA (España). La propuesta la elaboramos en 1998 con el apoyo de nuestro amigo Carlos Guerrero, la presentamos a la Unión Europea en abril de 1999 y fue aprobada en diciembre de 2000. Las actividades en Perú y Ecuador se iniciaron en marzo de 2001.

El programa buscaba facilitar a familias de bajos recursos la producción de vivienda a través de una línea de financiamiento innovadora, adaptada al modo como se produce la vivienda en los barrios populares de nuestras ciudades; desarrollando sistemas de crédito congruentes con los mecanismos financieros de los dos países, que se adaptasen a la capacidad económica de las familias de bajos ingresos y respondieran adecuadamente a sus necesidades de vivienda.

No recuerdo exactamente la fecha, pero la primera ocasión que viajamos a Lima para participar en un taller conjunto para estructurar el informe semestral y realizar el balance, monitoreo y evaluación del período, tuvimos una serie de vivencias simpáticas que quiero consignar en este relato.

En esos años yo era el Director de CIUDAD (ejercí esas funciones entre 1998 y 2012) y por tanto fui uno de los implicados en la concepción, negociaciones y desarrollo del Programa Paso a Paso, así que en diversas ocasiones viajamos a Lima con mis colegas Silvana Ruiz, Nancy Sánchez y Jenny Maldonado, responsables del Paso a Paso en CIUDAD.


El seguimiento y monitoreo del proyecto, por encargo de KATE, lo hacía nuestro buen amigo Carlos Guerrero, con quién también nos reuníamos en la capital peruana.


Trabajábamos con los queridos colegas peruanos Gustavo Riofrío y Mariana Llona y el inolvidable Juanito Tokeshi, quién nos dejó prematuramente hace pocos meses.
  

En el equipo Paso a Paso de DESCO participaban también un conjunto de jóvenes de gran capacidad profesional: José Barreda, Carlos Noriega y Jaimito Miyashiro entre otros.


Esos talleres se desarrollaban en la sala de reuniones de DESCO.

Al finalizar el encuentro “Sociedad Civil y Gobiernos Locales hacia Hábitat III” en esa sala se llevó a cabo un muy emotivo y agradable coctel de cierre de ese evento; los participantes extranjeros compartimos agradables momentos con Ramiro García y todos los miembros del equipo del Programa Urbano de DESCO y con queridos colegas como Molvina Zevallos, actual presidenta de DESCO, Eduardo Ballón, Mario Zolezzi y Gustavo Riofrío.


Al encontrarme en esa sala, rememoré las horas y horas de arduo trabajo que pasamos allí cuando hacíamos los informes de avance y de cierre del Programa Paso a Paso.


Pero en este viaje lo que más me hizo evocar las vivencias del Paso a Paso fue el Hotel Señorial y sus alrededores.


Recuerdo que en nuestro primer viaje a Lima llegamos al hotel a media mañana de un domingo. Teníamos previsto reunirnos en DESCO a primera hora del lunes, así que después de instalarnos en nuestras habitaciones, salimos en grupo a dar una vuelta por la avenida Larco, en las inmediaciones del Hotel, ubicado como he mencionado, en el agradable distrito de Miraflores.   

La Avenida José Larco es uno de los principales ejes comerciales de Lima y de Miraflores. No es una arteria urbana muy larga; tiene tan solo trece cuadras. Se inicia en el  llamado “Ovalo de Miraflores”, en la intersección con la avenida Ricardo Palma y termina en la intersección con la Av. Armendáriz en el denominado “Malecón de la Reserva” frente al conocido Centro Comercial Larcomar.


La avenida Larco es una vía muy transitada por vehículos y peatones, a sus costados se puede encontrar gran cantidad de restaurantes, bares, cafeterías, almacenes, librerías, boutiques, teatros, bancos, casas de cambio, hoteles, discotecas y casinos.

Carlos y yo salimos a caminar por esa vía en compañía de Jenny, Silvana y Nancy. A nosotros dos nos interesaba encontrar un agradable bar para poder dar cuenta de una cerveza bien fría, pero nuestras acompañantes tenían otros planes; buscaban recuerdos y regalos de todo tipo. Se detenían en todas las vitrinas para observar zapatos y carteras, blusas, camisas y camisetas, faldas y escarpines de  bebé, baberos, calcetines, ropa interior de hombre y de mujer, pantalones, aretes, anillos, collares y pulseras, gafas de sol, trajes de baño, playeras, sandalias, toallas, artesanías, relojes, cremas, perfumes, champús, y acondicionadores  para el cabello, chocolates, caramelos y galletas… En toda tienda que encontrábamos, las tres o al menos dos de ellas, entraban y preguntaban precios y calidades, tallas y colores, se probaban o se medían todo tipo de prendas… Se consultaban mutuamente sobre si estaba bonito, si estaba caro, si le iría a gustar a sus respectivos hijos, maridos, hermanas, tías, sobrinos, colegas de trabajo, allegados, agnados y cognados, parientes y amigos…        

Carlos y yo soportamos estoicamente, de pie en la vereda, las primeras incursiones en almacenes, boutiques, tiendas y bazares pero luego estábamos realmente dados al diablo…, así que decidimos dejar de ser solidarios y abandonamos a las damas en sus rituales de consumo para poder meternos en el primer bar que encontráramos y trastornarnos la tan ansiada cerveza.

Nuestra sed había aumentado de forma proporcional al número de tiendas visitadas por nuestras colegas.


Luego de aplacar la sed con un par de cusqueñas, continuamos nuestro periplo y nos detuvimos en un restaurante chino de las inmediaciones para comer algo… pues, entre éstas y las otras, ya eran como las tres de la tarde y las tripas comenzaban a protestar.

La comida no estuvo muy buena así que salimos en busca de una cafetería donde Carlos aspiraba encontrar algo de dulce (un pastel o un helado) y yo un café expreso para sacarnos el sabor a chifa de la boca.

Caminábamos por la avenida Larco cuando, de buenas a primeras, en una mesa al aire libre de un café, nos topamos con nuestro amigo Paco Rohn, quien se hallaba -fumando claro- pero también, tomado un café…

Paco es ecuatoriano, sociólogo, director del CAAP, colega muy querido y respetado. Con Paco nos veíamos con frecuencia en las reuniones de ALOP (Asociación Latinoamericana de Organizaciones de Promoción del Desarrollo) del que el CAAP y CIUDAD son miembros; pero también en el Comité Ecuménico de Proyectos y en una serie de coloquios y simposios académicos. Fue una grata sorpresa toparnos con él en Lima… luego del abrazo largo y efusivo de rigor y de las explicaciones de los que estábamos haciendo por allí, nos tomamos no uno sino varios cafés y conversamos de todo lo imaginable hasta que cayó la noche.

Decidimos ir al Centro Comercial Larcomar para ver si encontrábamos un lugar donde echarnos un buen “pisco sour” y comer algo decente.


Caminamos  tres o cuatro cuadras hacia nuestro destino y nos pusimos a observar el mar y la hermosa vista desde el parque Salazar que según nos explicó Paco, fue remodelado totalmente. Antes se asentaba directamente sobre el acantilado y ahora estaba conformado por un conjunto de terrazas que en realidad eran las losas de hormigón que cubren los estacionamientos, los cines y las salas de espectáculos de ese enorme centro comercial que alberga además tiendas, almacenes, bares y restaurantes de todo tipo.

Bajamos a las terrazas inferiores donde se encuentran todos esos servicios y por pura casualidad (¡la segunda sorpresa del esa jornada!) nos topamos de manos a boca con nuestro amigo Mario Solís Guerrero.   

Mario es ecuatoriano, arquitecto, fue decano de la facultad de arquitectura de la Universidad Central de Quito, colega muy querido y respetado. Carlos y yo trabajamos en su oficina de arquitectura por varios años en diferentes momentos y mantenemos con Mario una gran amistad hasta ahora. Fue una grata sorpresa toparnos con él en Lima… luego del abrazo largo y efusivo de rigor y de las explicaciones de los que estábamos haciendo por allí, nos tomamos no uno sino varios “pisco sour”, comimos un deliciosos pulpo al olivo, chicharrón de pescado, aros de calamar, yucas fritas y quién sabe cuántas cosas más… y conversamos de todo lo imaginable hasta bien entrada la noche.

A la mañana siguiente mientras dábamos cuenta del desayuno, contamos a Jenny, a Silvana y a Nancy de nuestros casuales y sorprendentes encuentros con esos queridos amigos.


Ellas a su vez, nos relataron una historia más que sorprendente.

No sólo a nosotros nos habían sucedido cosas extraordinarias la tarde de aquel domingo en Miraflores.

Luego de que nos separamos, las tres recibieron indicaciones para dirigirse al gran almacén  o tienda de departamentos llamado Saga - Falabella (la antigua cadena denominada Sears)  que ofrecía una gran variedad de ropa, regalos, artículos de perfumería, adornos, cacharros para el hogar, etc.


Tomaron un taxi y se encaminaron a esa enorme tienda ubicada en la avenida Arequipa, frente al Parque Kennedy o Parque Central de Miraflores.

Allí caminaron por los pasillos del establecimiento, subieron y bajaron escaleras mecánicas y se detuvieron en todas las secciones, fascinadas por la enorme oferta de prendas para hombres, mujeres, niños y adolecentes, la variedad de artículos para el hogar y la familia… ¡todo lo que buscaban y bajo un mismo techo!…  estaban como embobadas.

Tanto… que se perdieron.

Un momento determinado Jenny se alejó de Silvana y Nancy y no las volvió a encontrar… En esos años no estaban popularizados los celulares y no tenían forma de localizarse mutuamente.

Jenny por su lado y las otras amigas por el suyo, recorrían los pisos y los niveles, los corredores e islas con diversos tipos de ofertas y nada de las otras… ¡para perdidas estaban perdidas!...

Jenny salió a la entrada principal reconoció el óvalo de Miraflores y la entrada al parque Kennedy.


Tomó un taxi y le explicó al conductor que se dirigía a un hotel, cuyo nombre no recordaba, cuya dirección tampoco conocía, que estaba en una intersección de esa avenida -dijo al chofer- (no recordaba el nombre de la avenida Larco, pero se acordaba más o menos por dónde habían venido), así que fue guiando al motorista hasta que reconoció un banco en la intersección de la calle González y avenida Larco, entre las cuadras diez y once de esa arteria.

-¡Aquí es!, exclamó…

El taxista dobló a la izquierda y lentamente fue recorriendo la calle Gonzalez hasta que unos doscientos metros adelante, Jenny reconoció la entrada del hotel. Bajó del taxi pagó el importe de la carrera, agradeció al conductor y se encaminó a la habitación que compartía con Nancy y Silvana, para ver si ellas habían llegado.

Se topó con que eso no había acontecido. Jenny fue la primera de las tres en regresar al hotel. Así que se dispuso a esperar la llegada de las otras dos amigas.

Silvana y Nancy llegaron una hora más tarde.

Cuando se dieron cuenta que habían perdido a Jenny dieron varias vueltas por los pasillos de Saga – Falabella y se dirigieron muy preocupadas a la puerta principal. No habían tenido la precaución de pedir una tarjeta con las coordenadas del hotel, y no tenían idea de dónde se encontraban, tampoco se acordaban cómo habían llegado hasta allí. ¡Para perdidas, estaban más que perdidas!...

Salieron a la entrada de SAGA frente al óvalo de Miraflores y al parque Kennedy y se acercaron a un taxi que estaba allí estacionado en espera de pasajeros. Explicaron al conductor que se dirigían a un hotel, cuyo nombre no recordaban, cuya dirección tampoco conocían, que estaba en la intersección de una avenida grande cuyo nombre tampoco se acordaban…

En fin, el drama total…

El taxista les dijo que no había problema, les invitó a subir al vehículo, arrancó de inmediato, tomó la avenida Larco y en la calle Conzález entre las cuadras diez y once de esa arteria, giró a la izquierda. Sin dudar ni un instante recorrió unos doscientos metros y se detuvo frente al Hotel Señorial.


-¡Servidas!, dijo

Bajó del vehículo y abrió la puerta de atrás invitándolas a bajar…

Nancy y Silvana no podían creerlo…

-¿Cómo supo que estábamos en este hotel?, preguntaron entre sorprendidas y aliviadas…

-¡Fácil!, dijo el conductor…

-¡Todas las personas perdidas, se alojan en este hotel!...

Añadiendo luego, con un guiño pícaro: - ¡Hace un rato traje a su amiga que también estaba perdida!…  

Bajaron del taxi pagaron el importe de la carrera, agradecieron al conductor y se encaminaron a la habitación que compartían con Jenny para contarle y reír con los detalles increíbles de esta aventura de locos.


Hasta ahora, las tres ríen sin parar al recordar esa aventura en Miraflores y Carlos y yo nos acordamos con terror de cuando las acompañamos a su tournée de compras en la mañana de aquel día.  

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