jueves, 17 de marzo de 2011

Francia 2: Alsacia, la choucroute y los vegetarianos



Por encargo del Secretariado Internacional del Agua “SIA” en asociación con “REDES” y “CIUDAD”, fui el coordinador de un gran Foro Latinoamericano que llamamos “Forum Quito-H2O: Agua, saneamiento, medio ambiente y desarrollo”. Ese evento se desarrolló en Quito en los primeros días de diciembre de 1991. Previamente se habían realizado un foro asiático y otro africano;  los tres como actividades preparatorias de la Cumbre del Tierra  que se llevaría a cabo en  Río de Janeiro en 1992.   

Para unificar los criterios surgidos de los tres foros continentales el SIA organizó en Estrasburgo, a fines de Diciembre de 1991, el Forum intercontinental: "ONGs, agua y medio ambiente, estrategias para el futuro". 


Llegué pues a Alsacia por segunda ocasión cuatro meses después de mi primera visita. Claro, encontré una Alsacia diferente. Los geranios multicolores habían desaparecido de las ventanas y balcones, un penetrante frío había sustituido al agradable calor del verano y los adoquines de calles y plazas, así como los tejados y patios de las casas estaban totalmente cubiertos por una espesa capa de nieve.   



Raymond Jost del “Secretariado Internacional del Agua”, estaba particularmente contento en esta reunión, no solo porque los buenos resultados de los tres foros continentales hacían prever que en esta nueva cita, se podrían estructurar interesantes propuestas para Río-92; estaba feliz porque ¡por fin!, podía reunir a todos los miembros del SIA en su Alsacia nativa. Tenía todo el ímpetu, el mismo que pone en cualquiera de sus proyectos, dispuesto para hacernos conocer los magníficos pueblos de Alsacia, la suculenta comida de Alsacia, los delicados vinos de Alsacia, la formidable cerveza de Alsacia, la delicada pastelería de Alsacia y el dulce sabor de las tradiciones navideñas de Alsacia.

Como coordinador y relator del Foro de Quito, fui invitado a Estrasburgo junto a dos queridas colegas de “REDES” Regina Pacheco de Brasil  y Marian Pérez de Costa Rica. Asistían también Ibrahima Cheikh Diong, de Senegal, por el África francófona; Hilda L. Kiwasila, de Tanzania, por el África angloparlante; Lilia Ramos de Filipinas,  Bunker Roy de la India, S.M.A. Rashid de Bangladesh, Magdi Sidhom de Egipto, Denise  Beaulieu de Canadá  y algunos otros colegas. 

La primera noche que nos reunimos en el hotel tuvimos una cena maravillosa de bienvenida;  hermosas fuentes de “charcuterie” alsaciana: jamones, salchichones, salchichas de varios tipos, queso de chancho, salamis, mortadelas, patés, foie gras… y otras hermosas bandejas de quesos: Munster, típicamente alsaciano, acompañado de ejemplares de otras regiones: Camembert, Brie, Emmental, Roquefort, cabra, blue y no sé cuantos más.


Raymond había previsto hacernos probar sus “Vins d'Alsace”, varias botellas de fresco  “Riesling” para la “charcuterie”; otras tantas de “Pinot Noir” para los quesos y “Gewüerztraminer”, seco y afrutado para el famoso “Munster”... y, rematando la noche, un “Crémant d`Alsace” como acompañante de una deliciosa colección de galletas de especies y generosas porciones de “Kugelhof”, ese pan alsaciano, tipo “brioche”, parecido a un pastel.

Cuando llegaron las fuentes a una gran mesa en la que nos reunimos, todos sacamos los ojos asombrados, atónitos, abismados. Raymond y yo exclamamos: -¡al ataque!, y comenzamos a servirnos… luego descubrimos que nadie nos imitaba. Lilia Ramos pidió en inglés al mesero alsaciano, que no entendía nada,  si podía traerle un caldito de pollo y un te de hierbas; bunker pidió un jugo de manzana y se sirvió tan solo dos o tres pequeños pedazos de queso acompañados de pan negro. Los  demás le imitaron y pidieron para beber agua sin gas.

Raymond y yo estábamos atónitos. Todos nuestros amigos eran vegetarianos, musulmanes, veganos, macrobióticos o estaban a dieta.

No sabíamos qué hacer. No por ellos, sino para poder dar fin a todas esas fuentes y botellas que iban a quedar, como se dice en el Ecuador: “enteritas”, “llenecitas”, sin que nadie “se comida a darles el vire”…

Pues bien, tuvimos que desistir del sano propósito de acabar con todas las “provisiones”. Comimos y bebimos hasta casi morir y todo parecía intocado. Es que entre dos, era imposible consumir lo previsto para veinte.

En los días posteriores y a pesar del horror de los cocineros y meseros alsacianos, tuvimos que solicitar en el hotel un menú más bien vegetariano, para que los amigos no se sintiesen mal y prever como bebidas, “juguitos” y agua sin gas, en vez de los vinos de Alsacia que se debe -casi por obligación- consumir en esos confines del mundo.

Una de esas noches, Raymond no resistió mas. Me propuso salir a la ciudad en busca de un restaurante donde pudiésemos pegarnos una “choucroute”, como Dios manda. Pedimos un taxi y nos fuimos en busca de un lugar típico, que estuviese abierto, que sirviera comida alsaciana y vinos de la región, para esas dos víctimas del respeto a las culturas, creencias y opciones alimenticias de los demás. No invitamos a nadie. Nos fuimos sólo los dos. 


Pedimos una enorme “cocotte” de “choucroute” “con todo”, “la completa…” Además de la col y y un buen número de  papas entereas, el plato tenía grandes porciones de panceta, varias tiras de tocino, un “jambonneau” por persona, salchichas ahumadas gordas, costillas de cerdo y salchichas, más delgadas, tipo Frankfurter. Pedimos una botella de Silvaner bien fresco y luego, otra.

Todo sabía a gloria, ¡que buena comida! Después nos tomamos  una taza de expresso doble,  y una copa de “poire Williams” de Alsacia, acompañado por un delicioso habano cubano.

Camino de regreso al hotel, bien entrada la noche, el taxista no entendía el porqué, cada cierto trecho, los dos pasajeros, todavía con el resto del habano en la boca, gritábamos al unísono y a todo pulmón: -¡”Abajo los vegetarianos”!, ¡”Viva la choucroute”! 


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