jueves, 2 de junio de 2011

Costa Rica 2: El agua y el problema de los usuarios

Como ya he relatado en 1985 conocí el “Key Largo” un bar de San José, ubicado la zona céntrica de la capital de Costa Rica, frente al acogedor Parque Morazán.

El “Key Largo” es un sitio realmente sensacional. Nunca he encontrado nada parecido en ningún otro sitio del mundo: una mezcla de restaurante, discoteca y bar al que cualquier persona podía invitar a cenar a la novia, a la esposa, a un amigo -como fue mi caso- o a la mamá el día de la madre. Pude ver allí ejecutivos con sus clientes, un grupo de amigos con sus esposas, un quinteto de señoras de la tercera edad que luego de tomar un te en la tarde, habían decidido quedarse a disfrutar de un coctel y de la agradable música de ese maravilloso lugar. 

Pero en el “Key Largo” se podían ver también guapas muchachas ticas y una buena cantidad de turistas -gringuitos y europeos- “en busca de aventuras”.

Esas muchachas  brindaban sus “servicios” a esa clientela foránea, pero esa “oferta turística” convivía en paz con quienes iban -en grupo o en pareja- a tomar un trago, a escuchar música o a bailar. La casa era suficientemente amplia y de corazón generoso como para que no se dieran problemas con otro tipo de personas que iban allí por la música y el ambiente.

Regresé a Costa Rica y, por supuesto al “Key Largo”, en 1990, en el marco de los Coloquios CIUDAGUA que organizábamos con la Federación Mundial de Ciudades Unidas (FMVJ).

Vale decir -como antecedente- que en 1986 y con el apoyo de esa Federación, emprendí en CIUDAD la investigación “Agua y saneamiento en los barrios populares de Quito” cuyos resultados presenté en el primer Coloquio CIUDAGUA que organizamos -con la FMVJ y los centros asociados a “REDES”- en Montevideo en agosto de 1988.

El éxito del encuentro fue tal que emprendimos un nuevo reto. Un conjunto de investigaciones y la organización de un Coloquio CIUDAGUA para la región de Andina. La responsabilidad académica la asumimos los centros andinos asociados a “REDES”.

El evento se desarrolló en Quito en enero de 1990 y tuvo también un gran éxito. El esquema fue semejante al de Montevideo: fueron invitados diversos actores ligados a la problemática del agua y el saneamiento de numerosas ciudades de la región y ponentes de “REDES” y otras institucionales públicas y académicas introdujeron los temas y facilitaron los debates.

En esos Coloquios la idea central era poner en interacción a los diferentes actores vinculados a la problemática del agua y el saneamiento: autoridades y técnicos municipales, responsables políticos y técnicos de las empresas y organismos encargados de gestión del agua; investigadores universitarios, técnicos de ONGs, dirigentes barriales y comunitarios y representantes de organizaciones que buscaban solución a sus demandas, necesidades y requerimientos en materia de agua potable y saneamiento.

El dialogo de esos actores fue muy dinámico; al principio incluso confrontativo pero luego, a través de una buena conducción, se llegaban casi siempre a acuerdos y consensos.

Los políticos y los técnicos debían bajar de su pedestal y confrontar su discurso, cruzando ideas, con los reclamos populares y las vehementes posiciones de los dirigentes de las barriadas carenciadas. Estos, a su vez, debían superar su discurso reivindicativo, en ocasiones, incluso agresivo, para encontrar un punto de equilibrio y poder entender las explicaciones y limitaciones: económicas, financieras o técnicas  de quienes buscaban dar solución a las demandas de la población.

En Montevideo, aprovechando el Coloquio CIUDAGUA, se creó la “Asociación Latinoamericana y del caribe de Empresas y Entidades Prestatarias de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado”: ALCEAPA, cuya coordinación se encargó a un ingeniero de apellido Raviglia responsable de la empresa de Agua Potable del Uruguay.

Durante el Coloquio, yo y mis colegas de REDES tuvimos algunos inconvenientes con este caballero pues se empeñaba, en los talleres y charlas, en llamar “usuarios” a los dirigentes barriales y comunitarios que asistían al evento. Cien veces le explicamos que al tratarse de representantes de la población sin acceso a los servicios, no cabía calificárseles de “usuarios”, la mayoría se acercaba máximo a “aspirante a usuario”…

Cien veces le explicamos y él -con su visión tecnocrática- cien veces seguía llamando “usuarios” a estas personas que luchaban por ser atendidos en su calidad de ciudadanos.

El Ingeniero Raviglia fue invitado dos años después al CIUDAGUA Andino de Quito y allí, volvimos a tener los mismos líos. No logramos que haga suya la palabra “pobladores”, seguía refiriéndose a los hombres y mujeres que luchaban por el derecho al agua como “usuarios” de ese derecho conculcado.

En 1990 regresé a San José para participar en un seminario con un título complicado: "Posible gestión coordinada de los servicios de agua y saneamiento y la cuestión del medio ambiente”.

El encuentro fue organizado por la Federación Mundial de Ciudades Unidas (FMVJ) la Municipalidad de San José, REDES y el Consejo Superior de Universidades de Centro América (CSUCA).  Este seminario lo organizamos como actividad preparatoria del Coloquio CIUDAGUA previsto para la región de México, Centroamérica y el Ca­ribe en el año siguiente. El Ingeniero Raviglia fue invitado también a ese evento en representación de ALCEAPA.

Lo primero que hice al llegar nuevamente a San José fue describir a todos mis amigos de REDES y de la FMVJ el extraordinario bar que había conocido en mi viaje anterior a tierras ticas; así que, de común acuerdo, previmos dar una vuelta una de esas noches, por el ya famoso “Key Largo”.

No recuerdo a todos los presentes pero nos reunimos alrededor de una gran mesa en ese bar: mis entrañables amigos Mario Lungo y Marian Pérez del CSUCA, Jean Marie Tetart, Marcelo Nowerzstern y Daniel Faudry de la FMVJ, Ninnete Morales de Nicaragua, Lily Caballero de Honduras, Alvaro Uribe de Panamá y varios otros colegas y amigos. 

Pedimos un buen número de botellas de Cerveza Imperial, unas boquitas variadas para picar y comenzamos a deleitarnos de la conversación, la música y el acogedor ambiente del “Key Largo”; “un ambiente de camaradería” solía decir, al referirse a este tipo de locales, un buen amigo nuestro, muchos años atrás.

Relaté para todos, las explicaciones y detalles, que me contó Jorge Vargas sobre ese local que fue en otra época el Conservatorio de Música de San José y las extrañas mezclas de diversos tipos de clientela que acogía con los brazos abiertos el “Key Largo”

Aquella noche una muy buena orquesta hacía las delicias de ese variado auditorio. Muchas parejas bailaban y otros simplemente disfrutaban de las interpretaciones: cumbias, salsa, merengues… y cada cinco o seis melodías moviditas, un set de blues y boleros para posibilitar el baile “mejilla con mejilla” de consecuencias imprevisibles… 

Nosotros pedimos una rica cena y varias botellas de “Imperial” (la marca de cerveza más conocida de Costa Rica)… seguíamos conversando de temas múltiples -en la medida de lo posible- pues el volumen de la música y la distracción que causaba en la retina el contornear de caderas y cinturas, no siempre permitían el concentrarse en la oratoria.

Unas bonitas muchachas de largas piernas que atendían las mesas recibían, de tanto en tanto, de cualquier parroquiano, un papelito que ellas amablemente entregaban a uno de los cantantes de la orquesta.

Se trataban de solicitudes de canciones y a veces también de frases afectuosas con las que se dedicaba una melodía a la novia, a la esposa, a la persona que estaba celebrando su cumpleaños o a muchacha de “la minifalda roja” que le había sonreído en la barra. 

El artista leía el texto del mensaje, su autor se ponía de pie identificándose… señalaba a la persona para quien había pedido esa canción… ésta se levantaba de la silla, agradecía… y todos los presentes aplaudíamos…El músico informaba que de inmediato iba a complacerle en lo solicitado y nuevamente todos bailaban o escuchábamos el tema solicitado en medio de la algarabía colectiva.

En eso nos hallábamos… cuando… en medio de las mesas y dirigiéndose a la barra más cercana, en actitud de “cazador”, vimos nada menos que a nuestro “estimado”  Ingeniero Raviglia. El hombre tenía ya su cierta edad y nos causó mucha gracia verle en esa rol de “latin lover” solitario… No se imaginó que el 90% de de los participantes en el Seminario estuviésemos por allí  esa precisa noche.

Todos rieron y comentaron de lo “salado” que era para un tipo así, el caer en un sitio en el que iba a tener dos docenas de testigos de su “intención de pecar”.

Aprovechando que una de las simpáticas meseras pasaba por allí, escribí una notita en la servilleta de papel que tenía más a la mano y se la pasé para  que la entregase al cantante de la orquesta.

Por la semipenumbra y el humo que suelo reinar en este tipo de locales, no pude ver  su rostro, pero supongo que debió evidenciar la expresión de un susto mayúsculo y una palidez extrema, cuando al tratar de entablar conversación con una agraciada muchacha en la barra, nuestro personaje escuchó al cantante leyendo con voz enérgica el mensaje de mi servilleta:

-      ¡ El “Key Largo” da la más cordial bienvenida al Ingeniero Raviglia!.... añadiendo luego:

-      ! Un muy especial saludo, a nombre de “las usuarias”!!!

Esta vez, el destinatario del mensaje no se identificó ni agradeció a la concurrencia… quien había escrito la nota, tampoco… en una mesa del rincón un grupo de personas reían estrepitosamente.

El cantante no entendía nada, las usuarias y el resto de presentes tampoco.

La música continuó estridente y el cazador desapareció como por arte de magia.

Al día siguiente seguimos debatiendo sobre la gestión coordinada de los servicios de agua y saneamiento y la cuestión del medio ambiente. Nadie volvió a hablar de las usuarias. 





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