jueves, 22 de diciembre de 2011

Ecuador 29: La casa de la Hacienda Miraflores en el Parque Metropolitano Guangüiltagua

Como ya he relatado desde diciembre de 2006 el Consorcio “CIUDAD-Ecogestión tomo a su cargo la administración integral del Parque Metropolitano Guangüiltagua tras ganar un concurso convocado por el “Municipio Metropolitano” y la Corporación “Vida para Quito”.

Cuando recibimos el Parque pudimos verificar que en su territorio existían una diversidad de construcciones de todo tipo, varias que podían ser utilizadas a pesar de requerir alguna intervención de mantenimiento o de reparaciones menores y otras cuyo uso era imposible por el lamentable estado en el que se encontraban pues habían permanecido abandonadas por muchos años.

Una de las propiedades más importantes que fueron expropiadas para la conformación del Parque Metropolitano fue la Hacienda Miraflores que perteneció a la familia Donoso.

En una de nuestras primeras visitas al parque pudimos recorrer la casa de esa hacienda y lo que fueron sus jardines; todo se hallaba en un estado de lamentable deterioro. Incluso uno de los grandes árboles se había desraizado y se encontraba tendido como una gigantesca escultura natural.

Cuando iniciamos nuestro trabajo en el Parque, la Casa de la Hacienda Miraflores estaba a punto de colapsar; su cubierta de teja soportada sobre estructura de madera, estaba muy deteriorada. A pesar de que el Municipio en algún momento la había cubierto con una estructura provisional de pingos de eucalipto y láminas corrugadas de zinc, el descuido y las goteras habían hecho lo suyo… el clima y el abandono siguieron deteriorando las paredes y la cimentación, la casa, una magnífica construcción de adobe con las características de las casas de la sierra ecuatoriana podía derrumbarse en cualquier momento.

Al verificar el lamentable estado de esa edificación fui a visitar a mi amigo Carlos Pallares, director del FONSAL y le describí la situación solicitándole una intervención urgente de ese organismo para salvar este bien patrimonial de la ciudad. Hicimos con Carlos un recorrido y envié una solicitud formal para que el FONSAL desarrollase una propuesta para restaurar y preservar la Casa de la Hacienda Miraflores pues esa importante edificación corría riesgo de perderse por el estado de abandono en el que había permanecido por muchos años. Acompañé la solicitud con fotos que daban cuenta del estado de la edificación y esbozaba una propuesta del uso que podría darse a la casa una vez restaurada.

Con Carlos vimos que en el sector nororiental del Parque, donde se encuentra la “Casa-Hacienda”, no existían ciertos servicios para los visitantes como cafetería, venta de refrescos, servicios higiénicos, área de descanso, etc. Vimos que la casa, una vez restaurada perfectamente podía acoger ese tipo de servicios para los usuarios de aquel espacio público. Analizamos también la necesidad de pensar en un conjunto de servicios adicionales que podrían generar recursos para el Parque y para garantizar la propia sostenibilidad de la edificación cuyo mantenimiento y cuidado en lo posterior, iba a resultar algo elevado.

Vimos que sin generar una dependencia de circulación vehicular a través del Parque, se podía prever un acceso independiente desde la Av. Simón Bolívar, habilitando un camino empedrado existente para estructurar un restaurante, centro de convenciones y centro cultural para exposiciones de arte, lanzamientos, conferencias, seminarios, etc.

Decidimos pues, que la realización de ese tipo de eventos podría ser la función potencial del edificio y por tanto ello guiaría la estructuración del programa posible, la planificación arquitectónica y la restauración de la casa.

Posteriormente se vería si su operación se realizaría por concesión, comodato, arriendo u operación directa.

Cabe mencionar que habíamos previsto implementar un servicio de carretas tiradas por percherones entre la casa restaurada y una granja de animales domésticos que se ubicará en el sector sur del Parque, a más de varias rutas pedestres, de equitación y de ciclismo que pasarían por el sector de la casa; con esos atractivos se garantizaría la presencia de turistas y visitantes a la casa desde otras zonas del Parque.

Desde el principio decidimos que no convenía pensar en esa casa como sede de la administración del Parque por la servidumbre de circulación vehicular que ello habría originado, pues una serie de visitantes, proveedores y contratistas habrían demandado ingresar en carro a la sede de la administración con las lógicas molestias a los usuarios que buscan tranquilidad y paz en ese espacio natural y no toleran la circulación de vehículos, ruido de motores y generación de humo en los lugares que usan para caminar, trotar o hacer ejercicio.
  
La respuesta del FONSAL fue inmediata y efectiva. Los planos y el plan de trabajo fueron hechos de forma profesional y seria.

Se encargó esa tarea a la arquitecta Esperanza Fonseca, con quien me reuní en varias oportunidades para analizar la propuesta de restauración y mantuvimos contacto permanente por correo electrónico en la etapa de planificación. Ella fue muy amable al mantenerme informado del avance de los trabajos y aceptó de buen agrado cualquier comentario o sugerencia de mi parte.

El 19 de junio de 2006 me envío la versión final de los planos y por supuesto dimos luz verde para que la obra pudiera llevarse a la práctica.

Una vez el FONSAL dispuso no solo de los planos constructivos sino además de las especificaciones técnicas y el presupuesto de la obra, procedió a la contratación de la construcción y fiscalización.

Quienes fueron seleccionados para llevar adelante esos trabajos fueron mis buenos amigos los arquitectos Carlos Andino y Ximena Vela. Ellos también nos dieron total apertura para hacer sugerencias y propuestas para mejorar la ejecución de los trabajos.

Yo envié a Carlos Pallares una carta en la que agradecía la pronta respuesta del FONSAL al haber acogido nuestros requerimientos referidos a la necesidad de restaurar y preservar esta importante edificación que corría riesgo de perderse por el estado de abandono en el que había permanecido por muchos años. Allí le comentaba que los planos habían sido hechos de forma profesional y seria, y le manifestaba mi complacencia de que las tareas de construcción y fiscalización hayan sido encomendadas a profesionales de experiencia, lo cual garantizaban la calidad de la obra.

Meses después, efectivamente pudimos comprobar la seriedad, dedicación y trabajo profesional de estos colegas pues la obra que nos entregaron posteriormente fue de muy buena factura. Carlos Andino me contó que la Casa-Hacienda fue restaurada con un presupuesto de casi doscientos mil dólares; recursos muy bien invertidos para poner en valor este bien patrimonial del parque y de la ciudad.

El 12 de junio de 2007 realicé una visita técnica a la obra junto con los colegas: Esperanza Fonseca del FONSAL, Carlos Andino, contratista, Ximena Vela, fiscalizadora y Bolívar Romero, Coordinador de Servicios Generales del Parque.

Fruto de esa visita envié una carta al FONSAL en la que solicitaba: a) Eliminar la propuesta de jardinería que resultaba poco adecuada para una casa de hacienda andina y para el contexto circundante de un parque-bosque. Consideramos que un prado bien mantenido y recortado y la vegetación rústica que le rodeaba era más que suficiente para contextualizar a la edificación y para propiciar usos complementarios al aire libre (mesas con parasoles, carpas para recepciones, juegos infantiles, etc.); b) Sugerí que con esos recursos, se podía complementar la propuesta de uso de la casa, con un área de parqueo para veinte vehículos que podía ubicarse en el extremo noroccidental de la edificación, en un sector que se estableció como factible en la visita mencionada, y que se podía realizar con muy bajo costo y poco impacto ambiental; y c) Sugerí complementar esta obra, con un portón de acceso, una garita de control y el empedrado de dos o tres sectores pendientes de la vía existente que podía ser mejorada -con muy poca inversión- para garantizar acceso independiente a la Casa desde la avenida Simón Bolívar sin necesidad de que los vehículos requieran atravesar el Parque.

Parece que Carlos Pallares estaba de vacaciones cuando se dio trámite a esa carta; su colega Franklin Cárdenas atendió el primer requerimiento pero no decidió nada respecto a los otros dos, así que la restauración concluyó sin que la obra pudiera beneficiarse de un adecuado acceso y un sitio de parqueo.  

Según un informe que he podido conservar luego de que dejáramos el Parque, el miércoles 28 de agosto del 2007 cuando la obra de restauración ya estaba bastante avanzada y se podían ver la calidad de los trabajos y el gran cambio que la casa evidenciaba, recibimos la visita de la señora Lucia Donoso, hija del último propietario de la Hacienda. Yo no pude recibirla, pero la atendió Lady Franco que colaboraba con nosotros en el “Centro de Información, Operación y Servicios Generales”, entre sus responsabilidades estaba la atención a los visitantes y tuvo la oportunidad de recibir y acompañar a esta dama a una emotiva visita a la Casa-Hacienda.

Según el informe de Lady, la señora Donoso tenía ochenta y dos años cuando nos visitó aquel día; su padre el señor Juan Elías Donoso fue dueño de la Hacienda "Miraflores" que iba más allá del actual territorio del Parque, pasaba la avenida Simón Bolívar (que hoy es el límite norte de este espacio público) y llegaba hasta una quebrada en las inmediaciones de Nayón. El límite sur de la hacienda en la loma de Guangüiltagua, era más o menos a la altura de la actual planta de tratamiento de agua de la EPMAPS-Q.

Lady nos contaba posteriormente, al relatarnos los pormenores de la visita, que esta amable dama se emocionó hasta las lágrimas al ver la casa y constatar lo linda que estaba quedando como fruto de su restauración.

Según había referido, después de la expropiación solo había regresado en una ocasión anterior a la casa… y comentó con pesar:

- “…cuando la casa estuvo abandonada, habían destruido todo… venían grupos a hacer misas negras… en las paredes se veían dibujos muy miedosos, por dentro y por fuera. Los pisos de madera estaban quemados, parece que hacían fogatas adentro. Daba miedo acercarse…"

Esa información fue corroborada por la arquitecta Esperanza Fonseca del  FONSAL, quien reiteró:

- “…cuando comenzamos los trabajos se podían ver en las paredes dibujos horribles, diablos negros… cabezas con cachos, muy feos…”

Según Lady, la señora Donoso recordaba la casa:

- “…la construcción era de adobe… la parte oriental era el área social y el lado occidental era la zona destinada para los servicios. La arquitecta Fonseca le explicó lo que el FONSAL estaba haciendo y el destino que iban a tener los diversos ambientes… le comentó que “en algunas partes habían tenido que usar ladrillos porque los adobes ya no servían… 

Igual cosa aconteció con la madera… casi toda estaba destrozada y había sido necesario sustituir todos los pisos, las puertas, las ventanas, los dinteles y las vigas de la cubierta. Le contó que los cielorrasos se habían restaurado con el mismo tratamiento original con chagllas y carrizo”.

Esperanza le contó que “en los diversos cuartos iban a funcionar salones de uso múltiple para actividades culturales y un restaurante y que por eso, los pisos de madera se habían cambiado en parte y en otras zonas se había optado por la colocación de pisos de cerámica, más durables y resistentes al trajín”.

Parece que doña Lucía contó que en la esquina sur occidental de la casa, “frente a la entrada había una lagunita pequeña que se llenaba con agua lluvia”, la llamaban "la laguna de los patos” y tenía efectivamente muchos patos, peces y “guishi-guishis" (renacuajos). Al ver los restos del muro de adobe al occidente de la casa, comentó que “era la puerta de entrada a la huerta…”, añadiendo luego que  “la casa tenía una hermosa vista hacia el norte; pero ahora el bosque no permite disfrutar de esa vista”.

Doña Lucía relató varios de sus recuerdos de la vida cotidiana en la hacienda.

- “A esta casa veníamos poco… porque no tenía todas las comodidades…La casa no tenía agua corriente. En la parte baja de la hacienda, hacia el norte, había, dos vertientes de allí se traía el agua para la comida”.

- “En el patio de entrada, donde hay un árbol centenario de eucalipto, ese de tronco muy grueso, jugábamos, hacíamos picnics, e incluso pequeñas fogatas. Jugábamos con los niños de los trabajadores de la hacienda, al pan quemado, a las cogidas, al hombre negro, a lirón-lirón; a las escondidas, al lobo, a las ollas encantadas, a San Benito y a otras cosas que ya no me acuerdo... Como era cerca, veníamos, pasaban aquí el día y regresaban a Quito. El camino era pésimo”.

- “A veces, jugando, nos golpeábamos o lastimábamos. Para los golpes nos aplicaban carne cruda en la parte afectada o mantequilla. Para los lastimados y cortes nos ponían tela araña o tela de cáscara de huevo”.

- “Íbamos más a otra hacienda llamada "Huanginquí" que tenían mis padres en la parroquia Azcázubi. De ahí traían a la gente, acá para las cosechas. Aquí se cultivaba cebada y trigo, pero había poca gente para el trabajo, por eso anualmente venían trabajadores de la otra hacienda para  las cosechas”.

Cuando el Consorcio CIUDAD-Ecogestión recibió el Parque para su administración, en el extremo nor-occidental en una área de aproximadamente cinco hectáreas, encontramos un asentamiento humano, la “Comuna Miraflores”, donde vivían setenta y tres familias. Los moradores de la “Comuna Miraflores” son antiguos trabajadores de la Hacienda Miraflores y sus descendientes. Durante nuestra administración, varios miembros de la Comuna brindaron su concurso como miembros de la Microempresa de Guardabosques o de la Microempresa Ashintaco que se encargaba de las labores de mantenimiento, limpieza y jardinería.

Nosotros conocíamos que muchos de los viejos habitantes de la Comuna provenían de la provincia de Cotopaxi, de Nayón y de Calacalí. Parece que Lady consultó a la señora Donoso si recordaba ese detalle pero ella no le pudo dar mayor información al respecto.

Lady, sin embargo siguió con sus indagaciones y charló con varios de nuestros colaboradores que habían tenido alguna relación con la Hacienda.

Según el informe que me entregó: Fermín Alquinga había vivido “toda la vida” en la casa de hacienda, en la parte occidental dedicada a los servicios. Su hijo Pedro ahora vive en el Comité del Pueblo. María Presentación Cajamarca “cuidaba la casa”. Segundo Vaca “era el Mayoral o mayordomo de la hacienda”. “El papá de Enrique Galarza” también cuidaba la hacienda. María Guala que en ese momento cuidaba los materiales de construcción de la casa, “era hija de José Guala y Rosa Elena Chicaiza que trabajaron en la hacienda”.

Parece que María relató: - “Yo trabajaba en la casa y conocía a todos los hijos del señor Donoso, tenía un hijo varón y cinco mujeres…una hija se hizo monjita”.

Según el reporte de Lady, esa religiosa era justamente la señora Lucía Donoso, que nos había visitado. Ella corroboró ese hecho y relató además:

- “Mi hermana María Elena Donoso viuda de Coloma es la abuela de la ex-concejala Luz Elena Coloma, su papá se llamaba Juan Enrique Coloma”

- “Mi hermano Eduardo vivió un tiempo aquí con su familia, su esposa Toa les brindaba dulce de higos cuando veníamos. Ahora a él se lo puede encontrar en la Plaza Grande, le gusta ir allá para conversar con los jubilados”.

Al final de la visita la señora Donoso agradeció las atenciones de Lady y la preocupación que habíamos tenido para “no dejar destruir” la Casa-Hacienda; lo propio hizo su sobrina María Elena Vásconez Donoso quién la acompañó a este re-encuentro con el pasado. María Elena es hermana de mi amigo Juan Vásconez, médico, ex funcionario del Municipio y de UNICEF. Los dos son hijos de otra hermana de la monjita

La restauración de la Casa de la Hacienda Miraflores concluyó en el mes de diciembre de 2007 y el 20 de ese mes se efectuó una inspección interinstitucional, para la firma del acta de entrega-recepción.

En esa actividad me acompañaron la arquitecta Esperanza Fonseca del FONSAL, el arquitecto Carlos andino de la empresa constructora, la arquitecta Ximena Vela, fiscalizadora del FONSAL, Marcela Echeverría de “Vida para Quito”, Bolívar Romero y varios de mis colegas del equipo técnico del Consorcio.

Firmamos un acta de entrega-recepción y el inmueble pasó a cargo de la Administración del Parque. Dispuse que la Microempresa de Guardabosques garantice la seguridad diurna y nocturna de la casa y comenzó mi calvario para poder dar un uso adecuado a esa magnifica obra.

Como la casa de hacienda está localizada al interior del Parque, en un sector en el que nunca había existido red eléctrica, la edificación restaurada se encontraba en este momento sin posibilidad de prestar servicio ya que no disponía de dotación de energía eléctrica.

De otra parte en el contrato de construcción para la rehabilitación y restauración de la casa de hacienda, el FONSAL no contempló los rubros de cableado, instalación de accesorios eléctricos, ni la acometida del servicio (red de abastecimiento, transformador y medidores).

Resultaba indispensable contar con todas estas instalaciones para que el inmueble pudiera cumplir el fin para el que fue restaurado, así que solicité a varias firmas de profesionales que realicen un análisis y propuesta económica cotizando las obras respectivas.

Puse en conocimiento de “Vida para Quito” los estudios-propuesta en los que constaban los detalles de las obras, los costos y plazos respectivos y sugerí proceder a la contratación de estas obras con la Empresa Eléctirca Quito por las mejores condiciones técnico-económicas.


En mi carta a “Vida para Quito” les informaba que una vez que habíamos recibido la casa restaurada teníamos programado utilizar el inmueble para la instalación y funcionamiento de actividades culturales ligadas a diversos temas ambientales: exposiciones de arte (pintura, fotografía, afiches); charlas, seminarios y conferencias, así como cursos y talleres para niños, jóvenes y para la ciudadanía en general.

Señalaba que para poder dar uso a este bien inmueble era primordial contratar y ejecutar el tendido de la red eléctrica de alta tensión, colocar un transformador de baja tensión y realizar la acometida hasta el tablero de medidores de la Casa de Hacienda , así como el cableado de circuitos eléctricos de iluminación, tomacorrientes, redes telefónicas, redes de comunicación y alarmas. Instalación de accesorios eléctricos de iluminación interna y externa, tomacorrientes etc.

Señalé que vistos los documentos de las ofertas y analizados los montos y plazos ofertados, nos parecía que la propuesta de la Empresa Eléctrica Quito era la más recomendable, por las condiciones de precio, plazo y respaldo técnico. Sugerimos se proceda a su contratación.

Sin embargo, como fue una constante en nuestra relación con “Vida para Quito”, los mandos medios de ese organismo no tomaron ninguna decisión, no hicieron los contratos ni nos entregaron el dinero o la autorización para hacer esos trabajos. La Casa-Hacienda Miraflores, restaurada con calidad y buen gusto por el FONSAL permaneció sin uso hasta fines del 2010 cuando concluyó nuestro contrato y nos retiramos del Parque. Nunca pudo usarse por carecer de instalaciones eléctricas.

Este tipo de solicitudes también las formulamos en repetidas ocasiones en lo que tenía que ver con la dotación de agua potable.

Cabe mencionar que la solución del tema del agua y el saneamiento podía posponerse sin problema pues con el FONSAL acordamos que ante la carencia de alcantarillado, la casa debía contar con un sistema de fosa séptica y ante la inexistencia de acometida de agua potable, construimos una gran cisterna y un tanque para almacenar agua lluvia para poder abastecer desde allí a los excusados y otros servicios que no requerían de agua potable. Sin embargo la operación de estos reservorios requerían de una bomba eléctrica cuya adquisición nunca nos aprobaron y que igual, no habría podido operar por la inexistencia de la red y acometida eléctrica que nunca fue contratada. 

Nosotros hicimos todo lo posible por mantener sin deterioro a esta edificación, tuvimos que invertir recursos en su cuidado pues corría el riesgo de que sus instalaciones sanitarias y cerraduras fuesen robadas o volviera a ser deteriorada con grafitis o inscripciones de todo tipo.

Era absurdo que todo el esfuerzo desplegado y los recursos invertidos en la restauración no pudieran beneficiar a  los visitantes y usuarios del Parque.
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El resultado de todas nuestras gestiones fue siempre idéntico: ¡Ninguna respuesta! Los funcionarios de “Vida para Quito” que debían autorizar los contratos para que las Casa-Hacienda pudiera contar con los servicios básicos, jamás movieron un dedo para hacer realidad nuestras demandas. Miserias humanas. Cosas de la vida.

Sin embargo seguimos impulsando algunas otras cosas. En julio de 2007 yo suscribí un convenio con el Jardín Botánico de Quito para que poder realizar una  serie iniciativas conjuntas de mutuo interés. Una de esas actividades fue el poder inventariar varios árboles del Parque, entre ellos, algunos de lo que fueron los jardines de la Casa-Hacienda.

En mayo de 2009 nos visitaron técnicos del Jardín Botánico y  realizaron una serie de mediciones y verificaciones. Fruto de ese trabajo varios árboles del Parque son ahora parte del registro de “Árboles Patrimoniales de Quito”.

Entre otros se inventariaron un gigantesco eucalipto (Eucalyptus Altramus) de 6,60 m de perímetro en el tronco; 20,30 m de perímetro en la copa y 45 metros de altura; un enorme ciprés (Cipresus Macuocarpa) de 6.67 m de perímetro en le tronco; 16 m de perímetro en la copa y 30 metros de altura y un conjunto de pinos (Pinus Radiata) de 3.58 m de perímetro en el tronco; 19 m de perímetro en al copa y 25 metros de altura.

El 18 de noviembre de 2007 hicimos con mi mujer una visita al parque con varios queridos amigos interesados en el tema de la preservación y cuidado de los “árboles patrimoniales”: Juan y Magdalena Cueva, Nicolás Svistonoff y Sarita Sánchez, Hugo y Ana María Galarza, Diego y Christine Espinosa, en esa oportunidad pudimos admirar la casa restaurada y aquellos especímenes arbóreos tan especiales... al igual que varios cedros muy viejos y numerosas palmeras de coco “cumbi” que forman parte de lo que debieron ser los bellos jardines de la Casa-Hacienda.


Aun ahora, casi sin mantenimiento y cubiertos de plantas epífitas, musgo, líquenes y achupallas muestran al visitante una belleza singular y salvaje. La casa tiene un potencial indescriptible para actividades vinculadas al turismo.  


Con esas consideraciones nos preocupamos de conseguir recursos para la señalización del parque.

Con el apoyo de Rómulo y Juan Cruz Moya y Nancy Carchipulla de TRAMA pudimos contar con los diseños de la señalética interpretativa y de direccionamiento de las principales edificaciones que logramos restaurar mediante levantamiento de fondos. La elaboración y colocación de esos letreros de información para los turistas y visitantes fue también gracias al apoyo de empresas privadas e  instituciones amigas. 



A pesar de que Andrés Vallejo, Gerente de “Vida para Quito”, siempre nos apoyó, no logramos que sus colaboradores respaldaran nuestro trabajo. Ellos más bien nos boicotearon de forma constante. Jamás logramos hacer lo que habíamos previsto y tratado de impulsar con tanto entusiasmo y dedicación. Miserias humanas, cosas de la vida… 


Quienes deseen ver otras fotos del Parque pueden visitar el sitio:

4 comentarios:

  1. Señor Vásconez, he visitado la casa este fin de semana, y el estado de la misma es bastante bueno. Lamentablemente, no existe evidencia de uso o aprovechamiento, en realidad, está abandonada.
    Mi consulta: ¿existe algún organismo que gestione el acceso a la casa?.
    ¿Qué usos ha tenido la casa?.¿Qué otros potenciales usos podría tenerla?
    Saludos

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  2. Supongo que la dependencia municipal que se encarga de los Espacios Públicos debería hacer algo para que este bien no siga deteriorándose y cumpla la función para la que fue rehabilitada.

    Me apena saber que todo sigue igual...

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  3. Hola Mario
    mi nombre es Natalí soy alumna de la maestria de antropolog{ia de la flacso y estamos realizando una investigación sobre la comuna de Miraflores, tu crees que podríamos conversar del tema, realizarte una pequeña entrevista para poder contextualizar mejor, mi correo es natali.durang@gmail.com.
    Gracias y Saludos
    Natalí Durand

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  4. Hoy visité la casa de Hacienda Miraflores y me ha dado mucha pena ver como el esfuerzo y trabajo realizado para su reconstrucción no ha sido valorado, tiene graffitis y va camino a destruirse. Debería retomase urgentemente las gestiones para concluir el proyecto para la cual fue rehabilitada.

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