lunes, 15 de junio de 2015

México 16: El terreno de los Bohíos y doña Emma Escandón


Como ya he relatado, viví en México desde fines de 1978 hasta principios de 1981. Viajé a ese país con Hernán Burbano, pues nos habían aceptado en una maestría en la Escuela de Arquitectura de la UNAM.


Nuestro común amigo Jorge Escandón ya estaba en México cuando llegamos a esa ciudad; se encontraba estudiando un posgrado en el Colegio de México. Unos pocos días después de nuestro arribo, llegaron también los demás integrantes de la familia Escandón: Emma, quien iba a estudiar en la FLACSO y los hijos de la pareja: Jorge Alberto, de once años y María Belén de nueve.



La vida doméstica de los Escandón y de los Escandoncitos no fue necesariamente fácil al principio pues estuvieron alojados por aquí y por allá, mientras encontraban un lugar donde vivir.


Doña Emma Luisa Calderón Díaz, mujer de carácter, había decidido que esa situación no podía continuar. Cuando conoció el conjunto habitacional “El Altillo” le pareció que ese era un lugar adecuado para iniciar la vida en tierra azteca. 


Sin embargo no tenían suficientes recursos para poder arrendar un departamento en ese condominio, así que nos convocó a Hernán y a mí… nos había escuchado decir que nosotros también pensábamos dejar la horrorosa suite en la que morábamos y… -en una semana- Jorge, Emma, sus hijos, Jorge Alberto y María Belén y sus dos nuevos hijos putativos “Mario Vásconez” y el “compañero Burbaniú” nos mudamos al “Altillo”.


Durante el tiempo que vivimos con los “Escandones” disfrutamos de un caluroso hogar y de un gran afecto de familia.  



Cuando Marie Thérèse vino a México, le abrieron los brazos con cariño.



Cuando nos casamos, nos acompañaron en ese acontecimiento y Emma fue testigo de nuestro matrimonio.


Construimos una amistad entrañable que perdura hasta ahora a pesar del tiempo y la distancia.


Los Escandones se quedaron en México. Jorge y Emma son abuelos, los niños que vimos enfrentar sus primeros años de adolescentes en ese país extraño -que ahora es el suyo- se casaron, tienen lindas familias.



Nosotros regresamos al Ecuador y acá pudimos también hacer la vida y criar a nuestras hijas. Manon -que nació en México- y Manuela –nacida en Quito-.


Cuando yo estaba a punto de regresar al Ecuador en febrero de 1981, doña Emma Luisa me pidió un favor que me ha tomado casi treinta y cinco años cumplirlo. Pero el 10 de junio de 2015, pude mandarle un correo electrónico comunicándole que por fin había finiquitado su encargo.


Así que me he puesto a escribir este relato, para dar cuenta de una historia que ha durado excesivamente pero que tuvo felizmente un desenlace satisfactorio.


La historia es más o menos así:


Antes de viajar a México en 1978, doña Emma trabajó muchos años en la Junta Nacional de Planificación que después se transformó en el Consejo Nacional de Desarrollo -CONADE-.


Durante el período en el que colaboró en el CONADE, sus funcionarios y empleados crearon e integraron una Cooperativa de huertos familiares denominada “Los Bohíos”.


Una vez conformada legalmente, con estatutos, directiva y personería jurídica, la Cooperativa adquirió a crédito, dos predios en el valle de Los Chillos, uno ubicado en el sector denominado Capelo y otro en lo que fue la hacienda Jatumpamba. Para cada predio diseñaron una urbanización con lotes de aproximadamente 2.000 m2 y una vez obtenidos los permisos respectivos del Municipio de Rumiñahui, sortearon los lotes entre sus socios. A doña Emma le correspondió un lote en la urbanización Jatumpamba.


Los miembros de la Cooperativa se comprometieron a realizar un pago mensual que permitiría  de un lado, amortizar la compra del terreno y de otro, iniciar las obras de habilitación de los terrenos: apertura de calles, tendido de redes eléctricas, construcción del alcantarillado sanitario y pluvial, tendido de la red de agua potable, construcción de bordillos, veredas, espacios verdes y recreativos…


Emma fue cumpliendo de forma regular sus pagos a la Cooperativa, durante algún tiempo.


Cuando viajó a México las cosas se complicaron pues el monto de la beca de FLACSO -que era calculada para una sola persona- en su caso, debía servir para alojamiento, comida, transporte y otros consumos de dos adultos y dos adolecentes. Restringieron al máximo sus gastos y les fue imposible pagar las mensualidades a la Cooperativa Los Bohíos.


En enero de 1981 Emma recibió un telegrama de la Cooperativa (enviado a FLACSO en diciembre de 1980) en el que le indicaban que debía 41 cuotas (más o menos 1.500 dólares) y que si no cancelaba la deuda de inmediato, corría el riesgo de ser excluida como socia.


Respondió el 15 de enero, manifestando su decisión de continuar perteneciendo a la Cooperativa y ofreciendo cancelar el valor adeudado en el plazo de un mes. 
Sin embargo  no fue fácil hacer un giro en dólares desde México y como yo estaba a punto de regresar al Ecuador, optó más bien por entregarme el dinero acompañado por un poder, suscrito en el Consulado de nuestro país en México, para que pudiera realizar el pago y encargarme de cualquier otro lío de su terreno en el futuro.

Ni ella ni yo nos hubiéramos imaginado que este asunto iba a durar casi 35 años.


Cuando llegué a Quito el 18 de febrero, una de las primeras cosas que hice fue visitar a los directivos de la Cooperativa en el edificio del CONADE. El 19 de febrero me reuní con el presidente don Víctor M. Zúñiga y el gerente, ingeniero Trajano Quintana. Al conversar con ellos supe que los requerimientos de cobro a los socios morosos había comenzado en agosto del 80 y que en el caso de Emma, en diciembre le habían dado un plazo de pago hasta el  2 de enero del 81.


A pesar de haberme acercado a esa reunión con el dinero en el bolsillo, no pude hacer el abono a la cuenta de Emma pues según me enteré, el 14 de enero, ella había sido excluida de la Cooperativa. 
Me sugirieron presentar una solicitud de apelación a la Asamblea General de Socios que se iba a reunir el 13 de marzo. El día 4 presenté una carta en ese sentido y concurrí a la asamblea el día 13. Hice un alegato que resumía el problema y luego me retiré para que pudieran deliberar.


Cuando terminó la asamblea me comentaron que los socios habían tratado en paquete, la mía y otras cinco solicitudes y las negaron por extemporáneas.


El 20 de marzo presenté un documento de seis páginas dirigido a mi amigo Humberto Vinueza, quien se desempeñaba como Director Nacional de Cooperativas, apelando la decisión de la asamblea de la Cooperativa… le pedía que analizara la posibilidad de que se reviera esa decisión, se reincorporara a Emma como socia y se me permitiera pagar el dinero que ella había enviado conmigo.   


El Director de Cooperativas citó al presidente y al gerente de Los Bohíos a una reunión el 9 de julio para tratar la exclusión de Emma. En esa reunión les entregué copias de mi alegato y todos pudimos expresar nuestros argumentos.



Luego de esa comparecencia, que tuvo carácter informativo, el Director de Cooperativas nos convocó a otra sesión el 7 de agosto para poder tomar decisiones. En esa ocasión los directivos de Los Bohíos concurrieron con su abogado y llevaron los estatutos y una serie de documentos que amparaban y justificaban su decisión. A pesar de que en esa oportunidad yo expuse una serie de vicios -de fondo y de forma- de la exclusión, los directivos mantuvieron y defendieron esa decisión. Nos pidieron salir de la sala hasta que los funcionarios y asesores jurídicos de la Dirección de Cooperativas trataran el asunto. Una hora más tarde nos informaron que mi alegato había sido negado.


En los días posteriores tomé contacto con los directivos para saber qué debía hacer para recuperar el dinero de Emma; ellos se comprometieron a avisarme el tipo de gestión que debería realizar. Sin embargo el asunto tomó mucho más tiempo de lo que podía suponerse pues todos los recursos de la Cooperativa habían sido usados para el pago de los terrenos y casi no tenía liquidez. Ofrecieron avisarme el momento en que tuvieran un excedente para proceder a la devolución.


Varios meses después, en los primeros días de mayo de 1982 recibí una llamada de la Eco. Rosario Valladares, contadora de la Cooperativa, indicándome que ya disponían de fondos para realizar la devolución del dinero. Al mismo tiempo, me comentó que la Cooperativa había decidido vender unos pocos lotes sobrantes (así como los lotes de los socios que habían sido excluidos), para obtener recursos frescos para los gastos de urbanización. Me sugirió llamar al Eco. Marco Jaramillo, responsable de la Comisión de Crédito y Finanzas de la Cooperativa, para ver la posibilidad de que el lote de Emma le fuera vendido a ella misma pero a precio de mercado.


Así lo hice; le expliqué el asunto y ofreció darme todo el apoyo del caso, no sólo porque era muy amigo de Emma y de Jorge, sino porque le parecía justo que la Cooperativa pudiera ayudar a alguien que había sido socio fundadora. Me ofreció informarse del caso y con los datos y las cifras en la mano, reunirse conmigo para analizar la mejor estrategia para enfrentar el asunto.


Me llamó a los pocos días y me reuní con él el 6 de mayo.


Me comentó que según pudo averiguar, Emma tenía depositados en la Cooperativa casi 89.000 sucres (3.264 dólares) y que el lote que había sido suyo tenía una extensión de 1.768 m2.


Adicionalmente me comentó que la Asamblea había decidido vender los lotes remanentes a un valor de s/. 600 c/m2.


Sacó cuentas en un papel y me hizo ver que ella tendría que pagar s/.1’060.800 ($ 39.000) para comprar el lote. Si entre lo que tenía en la Cooperativa y lo que yo había traído completaba s/.153.291 ($ 5.636), el saldo por pagar sería más o menos de s/.907.300 ($ 33.357). Sin embargo, me explicó que la Cooperativa exigía un abono inicial de entre el 15% y el 20% y el pago del saldo a 60 meses, con un año de gracia en el que no tendría que pagar intereses.


Vimos que el 15% ascendía a s/.159.120 y el 20% a s/.212.000 y las cuotas mensuales serían de s/.15.121 ($ 556)… Si para Emma y su familia había sido casi imposible pagar las cuotas mensuales de apenas s/.1.050 ($ 40), yo sabía que esta opción de quedar endeudada para abonar más de quinientos dólares por mes iba a resultar absolutamente imposible.


Le planteé a Marco que se analizara la posibilidad de que el precio de venta no fuera de 600 sucres sino de 500 por m2. Pero aún así las cuotas salían altísimas ($ 447).


En una hoja adicional hizo otros cálculos y me planteó un plan b.


Estaban a la venta un par de lotes más grandes de 2.133 m2. Emma podría comprar la mitad de uno de ellos (1.067,5 m2), si conseguía otra persona interesada en comprar la otra mitad. En ese caso el valor total a pagar sería de s/.640.500 ($ 23.548), menos los recursos disponibles el saldo sería de $ 17.912 y las cuotas de casi 300 dólares. Sin embargo ese monto seguía siendo muy alto para las finanzas de los Escandón.


En el plano de la urbanización vimos que existían otros lotes de 2.005 m2., que también se iban a vender. Si Emma compraba uno -a medias con otra persona- las cuotas serían $ 275 si el precio era de s/.600 por m2 o de $ 215 si el precio se lo fijaba a s/.500.     


El 10 de mayo dirigí una carta al señor Víctor Zúñiga, Presidente de la Cooperativa "Los Bohíos" manifestando que Emma estaba dispuesta a adquirir un lote en el predio Jatumpamba.


En la carta solicitaba además, que se le permitiera adquirirlo a un precio preferencial de quinientos sucres el metro cuadrado (s/. 500/m2), inferior al que se estaba comercializando a terceras personas, por su calidad de socia fundadora.


Me respondieron una semana más tarde manifestándome que la solicitud había pasado al  Comisión de Crédito y Finanzas para su estudio. Luego de eso me darían una respuesta.


La cosa se enrumbó bien paro ahora tenía que encontrar un posible comprador para el 50% de terreno, pues en caso contrario Emma no podría comprar su parte.


Charito y Marco me preguntaron si no quería comprar la otra mitad del lote. Les respondí que lo iba a pensar y que de todas formas, antes de darles una respuesta debía consultar con Emma su interés en el asunto, la posibilidad de cubrir las cuotas y si no le importaba que sea yo el socio comprador del otro 50%.


En la noche llamé a los Escandón y les pareció bien la alternativa que habíamos borroneado con Marco. Me dieron luz verde y al día siguiente fui al CONADE para ratificar nuestro interés de comprar un lote de 2005 m2.


El 16 de mayo me reuní con Marco, incluso antes de recibir esa carta, pues él ya había convocado a la Comisión y decidieron aceptar mi solicitud pero a s/.600 el m2. Incluso él había depositado S/.12.000 a nombre de Emma para reservar el lote. Le agradecí su apoyo y ese mismo día le devolví el valor anticipado.


Un par de días antes yo había ido a la oficina de Charito Valladares para solicitar la devolución de los dineros de Emma para poder abonar al nuevo lote, entregando copia del poder para avalar lo solicitado.


Pagué la cuota de entrada de Emma y un monto igual por mi parte, s/. 137.479,20 ($ 5.054) cada uno. Nos asignaron el lote No. 89 y desde ese momento comenzamos a pagar regularmente nuestras cuotas mensuales.  


En un estado de cuenta que me entregaron el 12 de enero de 1984, certificado por el Ing. Trajano Quintana y Rosario Valladares, gerente y contadora de la Cooperativa, se podía verificar que tanto Emma como yo, habíamos abonado al valor total del predio un monto de s/. 278.412,48 cada uno. 

 

El 18 de Agosto de 1992, me entregaron un documento suscrito por el Eco. Pablo Viteri, nuevo gerente de la Cooperativa de Huertos Familiares "Los Bohíos" en el que se certificaba: que la Cooperativa vendió el lote No.89 de la Lotización "Jatumpamba", el 14 de Mayo de 1982 (diez años atrás) a Mario Vásconez y a Emma Calderón de Escandón.


Se mencionaba que la compra la hicimos las dos personas, por separado y en partes iguales.


Se certificaba que yo había cancelado la totalidad del valor del terreno el 6 de Abril de 1987 y los valores correspondientes a urbanización el 15 de abril de 1991 y que Emma había cancelado el valor del terreno y los costos de urbanización el 2 de Marzo de 1988.

.Finalmente se aclaraba que como la venta del lote No. 89 se hizo en dos partes desde un inicio, el lote disponía de dos acometidas de instalaciones y dos salidas de canalización, para que cada uno de los compradores pueda disponer de su parte, debidamente habilitada


Con ese documento, un esquema del emplazamiento y un cuadro de áreas y linderos que también nos entregaron, nos sería factible concurrir a la notaría para la elaboración de las escrituras respectivas.


Me informaron que las escrituras se debían firmar en la Notaría 25 del Dr. Daniel Freire en los días subsiguientes. Las minutas borrador y los documentos habilitantes ya estaban en poder del notario y era cuestión sólo de acercarse para firmar esa documentación.


Así lo hice, concurría a la notaría con mis documentos y el poder que me había dado Emma  años atrás y expliqué al notario el motivo de mi visita.


 Ahí comenzó otro calvario que nos tomaría 23 años más.

Todo comenzó cuando el notario revisó la documentación de Emma. Descubrió que yo sólo tenía copia de la cédula y no el original y que además, ésta ya estaba caducada. 
De otra parte, el poder que me facultaba para hacer todos esos trámites ya no era válido; había salido una nueva disposición legal por la cual los poderes emitidos por personas casadas, debían tener la firma de los dos cónyuges… y el poder de Emma sólo era suscrito por ella.


¡Horror!


Cuando me serené, pude avizorar que la solución de este enredo parecía más o menos simple. Era cuestión de pedir a doña Emma Luisa Calderón de Escandón que se acercara al Consulado del Ecuador en México, sacara otra cédula de ciudadanía y solicitara un poder a mi nombre, en el que debían firmar Jorge y ella.


Parecía simple; pero el asunto no lo fue. Emma había extraviado la cédula y pasaporte ecuatorianos, nunca denunció su pérdida ni ante las autoridades mexicanas ni en el consulado. Además ella nunca se había inscrito en esa dependencia como ecuatoriana residente en México, por tanto no existía para nuestras oficinas consulares. Tampoco disponía de otro documento que probara su nacionalidad, salvo una vieja fotocopia en blanco y negro, casi ilegible de su cédula. Fue varias veces al Consulado y terminó teniendo un altercado con los funcionarios de esa oficina que no pudieron o no quisieron ayudarla.


El resultado fue que por mucho tiempo se fue aplazando la firma de las escrituras de la compra del terreno.



La cosa se complicó aún más con la extinción del la Cooperativa Los Bohíos. Una vez que fueron entregados los lotes a los socios, desapareció el motivo de su creación y por tanto la Asamblea voto por su disolución.


El predio que había sido administrado por la Cooperativa pasó a llamarse legalmente “Urbanización Los Bohíos de Jatumpamba” y su gestión y mantenimiento pasaron a cargo de un “Comité Pro-mejoras” con personería jurídica, directiva, registro de contribuyentes y quién sabe, cuántas otras cosas.


Como Emma no pudo enviarme los papeles yo también deje pasar el tiempo y nunca llegamos a firmar las escrituras.


Todos los años sin embargo, desde 1986 hasta 2013 tuve la precaución de pagar los impuestos prediales por el lote 89, aún si seguía contando como propiedad de la lotización y luego de la urbanización Jatumpamba. 

También tuve la precaución de pagar las cuotas de mantenimiento y todas las cuotas extras que solicitaba el Comité Pro-Mejoras de la Urbanización, así que en diversos momentos lo requerí, pude pedir un Certificado de Expensas sin ningún problema.



En varias ocasiones consulté a diversos abogados sobre el camino a seguir para obtener las escrituras. Al haberse extinguido la Cooperativa, la única forma de lograr ese cometido, era planteando un juicio contra la Dirección Nacional de Cooperativas en un Juzgado de los Civil, para que un juez dispusiera que los lotes fueran adjudicados a nuestros nombres.


Traté de hacer ese proceso en dos ocasiones pero me topé con el mismo problema. El poder de Emma ya no era válido y su cédula estaba caducada. Además ella y Jorge no tenían tiempo, condiciones y facilidades para hacer el viaje y permanecer en el país por un tiempo incierto mientras se desarrollaba el juicio


Puse el asunto en manos del doctor Gustavo Salazar quien me recomendó que la única salida que él veía posible, era que yo planteara la demanda por mi lado y que, una vez que se me adjudicara el terreno, lo vendiera para entregar su parte a Emma.


Consulté esta opción con los Escandón y una vez que tuve su visto bueno, di luz verde al doctor Salazar para que comenzara los trámites judiciales.


La demanda debía presentarla junto con mi esposa, así que una vez que vimos que esa era la mejor salida, Marie Thérèse y yo solicitamos la prescripción adquisitiva de dominio sobre el lote 89 de la Urbanización “Los Bohíos de Jatumpamba” en escrito entregado en el Juzgado de lo Civil de Sangolquí, el 17 de abril de 2012.



El 9 de mayo el Juzgado 17 de lo Civil y Mercantil  de Pichincha, avocó conocimiento del juicio, calificando la demanda de clara, precisa y que cumplía todos los requisitos exigidos por la ley. En la misma providencia citaba al Director Nacional de Cooperativas como actor demandado.


El juicio duró 15 meses, y una vez que las partes presentamos los escritos, pruebas, documentos, testigos y demás formalidades, el juez nos entregó las escrituras del terreno, el 11 de julio de 2013. Mis amigos y colegas de CIUDAD, Jenny de Endara y Jorge García amablemente declararon como testigos a mi favor. Así pudimos ganar esa demanda.


Apenas tuve las escrituras en mi mano, puse el terreno a la venta de inmediato. Contraté a Karina Romero, asesora comercial, de la firma “Gestión Inmobiliaria y le entregué todos los papeles para que consiguiera un comprador.


El 3 de diciembre llegué a un acuerdo de compra-venta con una persona interesada y firmamos  las escrituras en febrero de 2014.


Naturalmente, lo primero que hice al concretarse la venta, fue comunicar a Emma las buenas nuevas y pedirle que me dijera qué hacer con su dinero.


Yo tenía todas las cuentas al día, así que una vez descontado lo que Emma me debía por el dinero que había adelantado en todos esos años, por impuestos prediales, cuotas de mantenimiento, gastos de abogados, pago a la corredora y otras cosas menores, dividí el saldo en dos partes iguales y deposité la suya en una cuenta de ahorros para que ganara algo de intereses, mientras esperaba sus instrucciones.


Hace un par de días, aprovechando que Jorge estaba de paso por el país, hemos podido tomar decisiones y hemos procedido a realizar varias inversiones siguiendo un plan instruido por Emma.


Eso es todo.


He podido cumplir con el encargo que Emma me confió en febrero de 1981. Largo tiempo después pero he cumplido. 


¡¡Que lo disfruten Escandones!! 

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