martes, 26 de agosto de 2014

Ecuador 62: El terremoto de Pujilí: errores y recomendaciones técnico - constructivas para mitigar riesgos sísmicos

El jueves 28 de marzo de 1996 la provincia de Cotopaxi, en la sierra central del Ecuador, fue sacuda por un terremoto de 5.7 grados en la escala de Richter que dejó un saldo de 62 muertos, centenares de casas destruidas y más de 3.900 familias damnificados.



El epicentro fue localizado en Rumipungo, zona rural no lejos de Pujilí, cabecera del cantón del mismo nombre.

La ciudad de Pujilí fue fundada en 1657 y está ubicada a 10 kilómetros de Latacunga, capital de la provincia de Cotopaxi.

El 80% de las edificaciones de la zona urbana de Pujilí y el 70% en la zona rural fueron afectadas por el sismo. Las construcciones de adobe y tapial no resistieron la intensidad del evento, pero también edificaciones de otros materiales sufrieron serios daños.

En esa época yo era profesor de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad Católica; el 2 de Abril (cinco días después del evento sísmico) dirigí una comunicación a mi amigo Diego Carrión, decano de la facultad, para informarle que con los estudiantes de Tercer Semestre de la cátedra de “Taller de Diseño Arquitectónico” que tenía a mi cargo, nos habíamos propuesto realizar una visita a Pujilí para verificar in situ los efectos del sismo y realizar un inventario de los principales tipos de daños originados en las edificaciones por ese evento.

Le mencionaba que habíamos creído conveniente realizar este inventario como una contribución de la FAD tanto para las actividades de reconstrucción previstas, cuanto para evidenciar los más frecuentes errores de tipo técnico-constructivo, mencionando que aspirábamos a que -con la visita- pudiéramos contribuir a la formación integral de los estudiantes y -con el documento-  a que, en el futuro otras edificaciones del país no se vieran afectadas de manera tan desbastadora como había acontecido en esa oportunidad en Pujilí.

Terminaba mi comunicación solicitando la autorización del decanato para realizar este trabajo el sábado 6 de Abril entre las 7 de la mañana y las 7 de la noche en la zona del desastre.

Diego aceptó con agrado la iniciativa, nos dio su apoyo y ofreció brindarnos toda la colaboración de la Facultad para el éxito de nuestra visita. Sin embargo el tiempo programado para ese viaje era tan corto que no podía ayudarnos ni con el transporte ni con ningún apoyo logístico; nos pidió posponer una semana la visita pero yo tenía miedo que las tareas de reconstrucción se hubieran ya iniciado y no fuera factible observar todos los estragos y los daños en las edificaciones… Tomé la decisión de no aplazar el viaje… así que aquel sábado, nos trasladamos en vehículos particulares hacia la ciudad de Pujilí, apenas nueve días después del evento. 

Los involucrados en ese viaje fueron mis estudiantes: Gabriela Aguilera, Diego Arteaga, Wilfrido Avala, Cinthya Ayarza, Diana Bernal, Víctor Chávez, Silvia Díaz, Diego Flor, Andrés Gavela, Diego Gavilanez, Pablo Moreno, Erika Muñoz, Francisco Muñoz, Sebastián Ordoñez, Tanya Pico, Diego Portero, Verónica Reed, José Luis Rojas, Ana Gabriela Salvador, Julio Saransig, Esteban Swoboda, Carlos Vilaña, Enrique Villacis, y Cristina Villalba.

Recuerdo que nos acompañaron también estudiantes de otros paralelos que fueron alumnos míos en los semestres precedentes: Pablo Cárdenas, Ronny Cifuentes, Janine Gallo, Carlos Guerra, Ana Isabel Gutierrez, Diego Guayasamín, Pamela Mendieta, Andrés Villamarín y algunos otros que se me escapan.

Con los estudiantes realizamos un recorrido general y pude explicarles que debían prestar atención a los principales errores constructivos que propiciaron daños en las edificaciones.
Esos errores o fallas técnicas podían verificarse tanto en la conformación de los cimientos, como en los distintos tipos de mampostería usados, en los diferentes tipos de estructuras utilizadas y en las soluciones más frecuentes de techos y cubiertas.

En otros casos los daños se debían a errores técnicos en la implantación de las edificaciones y por otro tipo de fallas y errores constructivos.

La gente estaba laborando febrilmente en la remoción de los escombros y la recuperación de los materiales y elementos constructivos que se hubieran salvado.

A pesar del apoyo anunciado del gobierno y de las autoridades seccionales los moradores de Pujií y de las áreas rurales había iniciado por su propia iniciativa, la reparación de los daños y la reconstrucción de sus viviendas.

El antiguo Palacio Municipal y la iglesia matriz se contaron entre las edificaciones históricas y patrimoniales afectadas por el sismo, al igual que otras iglesias y numerosas escuelas y edificaciones públicas.

A medida que realizábamos el recorrido por calles y plazas verificando el impactante resultado del sismo en las edificaciones, yo iba explicando los errores constructivos, que pudieron llevar a aumentar la vulnerabilidad de las edificaciones.

Les expliqué que la vulnerabilidad de un objeto arquitectónico o de un asentamiento humano tiene que ver con su incapacidad para soportar los efectos de fenómenos naturales (o humanos) peligrosos y su incapacidad para recuperarse de ellos.
Les expliqué que los desastres no son sino la coincidencia entre un “fenómeno o evento peligroso” -de origen natural o humano- y determinadas condiciones de vulnerabilidad de las edifica­ciones y los asentamientos humanos. Generalmente se usa de forma inapropia­da el término "desastre natural". 

Los eventos o fenómenos pueden ser naturales (de la naturaleza) pero los desastres no, éstos pueden evitarse si se disminuyen las condiciones de vulnerabilidad y riesgo en las edificaciones y asentamientos humanos.
Los riesgos son el peligro, probabilidad, contingencia… de daños o pérdidas humanas provenientes de la amenaza de un fenómeno natural (terremoto, inundación, deslave, hundimiento, alud, derrumbe, etc.) o de una obra del hombre (desplome, derrumbe de una obra construida). 


El riesgo depende de la vulnerabilidad de un objeto arquitectónico o de un asentamiento humano ante cualquier tipo de amenaza (de fenómenos naturales o no). El resultado puede ser un desastre.




En nuestro recorrido por Pujilí pudimos verificar que muchos errores técnicos y constructivos habían aumentado la vulnerabilidad de las construcciones y el riesgo para los seres humanos. La cantidad de casas colapsadas, seriamente afectadas o parcialmente destruidas así lo evidenciaba.
Fuimos tomando nota de los principales problemas constructivos y al final de la tarde nos reunimos para hacer un resumen de las observaciones, ello nos condujo a diversas constataciones en relación a los diversos tipos de problemas.  

Entre los principales tipos de errores en la cimentación de las edificaciones afectadas se podían contar: a) utilización de piedra bola o de río en zócalos o sobrecimientos; b) deficiencias de la argamasa o mortero (barro, terrocemento pobre, exceso de arena en la mezcla, etc.); c) desplome de cimientos o zócalos en suelos de relleno o por ubicación de la edificación al borde de cauces o caminos (falla del suelo); d) ausencia de cimentación (sobre todo en áreas rurales).


Entre los principales tipos de errores en la conformación de las mamposterías de las edificaciones afectadas se podían contar: a) ausencia de trabe en las esquinas y encuentros de paredes; b) falta de sección o de contrafuertes en esquinas; c) falta de arriostramientos (sobre todo en cerramientos); d) excesiva luz de los paños de pared (distancia entre apoyos o arriostramientos); e) inadecuada ubicación o distribución de contrafuertes; f) marcada asimetría en la ubicación de muros portantes; g) fallas de argamasa o masilla; h) altura excesiva de paredes (sobre todo en culatas); i) falta de adherencia y flexibilidad de los tímpanos por el uso de materiales inadecuados; j) apertura indiscriminada de puertas y ventanas; k) deterioro de la base de la mampostería por falta de impermeabilización del muro respecto al suelo; l) deterioro de la base de la mampostería por ausencia de aleros suficientes y m) mampostería soportante de poca resistencia (deficiente calidad de la tierra por exceso de limo o de arcilla; por inadecuada resolución de tos aparejos -trabas de los componentes o rellenos-; por el uso de mamposterías mixtas  (piedra sillar y piedra pómez,  por ejemplo y por la utilización del bloque alivianado de cemento como mampostería soportante).

Entre los principales tipos de errores en las estructuras de las edificaciones afectadas era frecuente la ausencia de cadenas inferiores o deficiencias constructivas de las mismas, por ello: a) no había amarre o confinamiento de los pies de las columnas; b) no había un anillo de consolidación inferior y c) no había solidaridad estructural ante fallas del cimiento. 

Entre los principales tipos de errores en las estructuras de hormigón armado se podían contar: 

a) sección insuficiente, y/o b) inadecuada distribución de estribos, y/o c) inadecuada conformación de estribos, y/o d) luces excesivas.  



Entre los principales tipos de errores en las estructuras de madera se podían verificar los siguientes:

 a) supresión arbitraria de contravientos o diagonales; b) marcada asimetría en la ubicación de las columnas; c) ausencia de soleras superiores; d) no había anillo de consolidación superior; e) no había amarre o confinamiento de cabezas de columnas; f) utilización de elementos inadecuados como soleras superiores (tablas o listones); g) falta de vínculo de las soleras con tos muros y h) dinteles de puertas y ventanas, demasiado cortos.








Entre los principales tipos de errores en las cubiertas de teja se podían verificar los siguientes: 

a) falta de tensores entre tijeras; b) tijeras con luces excesivas; c) falta de arriostramientos para vibración; d) excesivo peso de cubiertas (en relación a paredes o estructura portante); e) carga adicional excesiva en cubiertas (cielo rasos, o soberados); f) inadecuado anclaje de estructura de cubierta con las soleras.


Entre otros tipos de errores se podían constatar los siguientes: 

a) falta de juntas constructivas entre edificaciones aledañas; b) torres o frontispicios excesivamente esbeltos y c) campanarios,  remates de torres o frontones, pesados y sin anclaje suficiente.


La experiencia para los jóvenes estudiante fue impactante; ver las edificaciones colapsadas o gravemente afectadas y ver a la gente lanzada al trabajo para recuperar lo poco que podían rescatar y al mismo tiempo para tratar de recuperar su vida, era algo aleccionador.




Los moradores de la ciudad y del campo no esperaban ayuda externa, estaban trabajando en mingas y de forma individual, con tesón, con optimismo… la vida seguía… había que borrar el susto, el temor y la tragedia y seguir adelante.

Recuerdo una anécdota que relataban dos de las chicas que pudieron aproximarse a una mísera choza, parcialmente colapsada… allí vivía una viejita en condiciones muy precarias, sobre piso de tierra y protegida por muros de adobe y una vetusta techumbre de paja. Uno de los muros se había caído y había destrozado su fogón, sus pocas ollitas y había matado a sus cuyes… Las muchachas verificaron los daños conversaron unos instantes con la señora y le preguntaron si por ese sendero se llegaba hasta alguna otra vivienda…
La viejita les respondió que efectivamente, más arriba había todavía algunas casitas… añadiendo a continuación: - “pero allá viven los pobres”…

En algún momento del ese día me topé con mi amigo Patricio Cevallos, en esa época director de FUNHABIT. Él también estaba haciendo un recorrido para verificar los daños de las construcciones. Le interesaba sobre todo el comportamiento de las edificaciones de materiales tradicionales y los efectos del sismo en las casas de tapial, adobe, bareque, madera y teja; pues FUNHABIT trabajaba justamente en mejoras de esas técnicas y materiales para aplicarlas en la edificación y mejoramiento de la vivienda campesina y de las construcciones comunitarias en áreas rurales: casa comunales, escuelas, guarderías, puestos de salud, etc.

Patricio es ingeniero de profesión y era profesor de la facultad de Ingeniería de la Católica. Le comenté lo que estábamos haciendo con mis estudiantes y le pareció muy interesante; se ofreció amablemente a revisar las notas que pudiera tener al final de esa jornada de trabajo y me sugirió que debería presentarlas a un fondo que tenía la universidad para publicaciones de sus docentes.

Desde el día siguiente, al regreso de esa jornada inolvidable, me dediqué a sistematizar las notas, trabajé un par de días más y cuando tuve listo un primer borrador le mandé una comunicación para que lo revisara y pudiera añadir o sugerir alguna cosa que considerara pertinente.


Al día siguiente Patricio me respondió que había revisado la lista y que le parecía que se debería añadir un capítulo referido a errores de Implantación, allí podrían constar los siguientes problemas: a) implantación de la vivienda en suelos inclinados; b) ubicación de las edificaciones al borde causes, quebradas, caminos… (constaba en errores de cimentación); c) mala orientación respecto al sol y vientos; d) implantación en suelos con poco drenaje que colaboran a la humedad de paredes y e) implantación en suelos muy permeables y deleznables.

Adicionalmente Patricio sugería que en los errores de cimentación se debía añadir: cimentación inadecuada por poca profundidad. En errores de mamposterías se debía añadir: adosamiento de paredes de diferentes materiales. En errores de las estructuras se debía añadir: ausencia de soleras, vetustez y materiales inadecuados. En los errores de cubiertas se debía añadir: vetustez de la estructura y finalmente en errores varios se debía añadir: inexistencia de vereda perimetral favorece a la humedad de las paredes.

Le llamé para agradecerle los comentarios y le sugerí presentar la propuesta de publicación de forma conjunta pues él era profesor principal, miembro de la planta docente de la facultad de Ingeniería y tendríamos más posibilidades de que la Universidad Católica aceptara publicar el texto.

Patricio me sugirió que en todos los casos, a más del problema o error detectado, deberíamos hacer constar una serie de sugerencia o recomendaciones técnico-constructivas para mitigar la vulnerabilidad de las edificaciones y el riesgo para las personas ante los fenómenos sísmicos.

Estuve totalmente de acuerdo en esa sugerencia y de mi lado añadí que el documento debería ser acompañado de gráficos e ilustraciones que lo hagan más atractivo y útil, pues de lo contrario se corría el riesgo de que resultara un documento-informe que nadie iba a leer.

A la época yo era también profesor de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Central y había cursado una carta al decano, mi amigo el arquitecto Antonio Narváez, solicitándole autorización para realizar una visita semejante a la que realicé con mis estudiantes de la Católica.

Proponía viajar a Pujilí con los profesores y estudiantes del Taller 2 de la materia de Proyectos de la facultad de Arquitectura de la Central, el día viernes 12 de Abril. Antonio me dio su autorización pero me comentó que la facultad no podría apoyarnos económicamente para ese desplazamiento pues no tenía fondos para ese tipo de actividades.

Como coordinador del Taller 2, escribí un oficio al prefecto de la provincia para solicitarle dos buses para que los estudiantes pudieran cumplir con el propósito de visitar la zona afectada por el sismo y constatar los problemas técnicos que habían contribuido a diversos tipos de daños o al colapso de las edificaciones.

Desgraciadamente no tuvimos una respuesta favorable de la prefectura y el viaje y la visita prevista se frustraron. En una reunión interna del taller comenté a mis colegas la experiencia y los resultados de mi visita con los estudiantes de la U. Católica y me pidieron que con los materiales de ese viaje estructurara una charla para los estudiantes del Taller 2 de la U. Central.

Así lo hice. Con mis notas, las sugerencias de Patricio Cevallos y un video que realicé durante la visita a Pujilí, preparé una charla para los profesores y estudiantes de nuestro taller.

Durante la charla que titulé “El terremoto de Pujilí: errores constructivos y recomendaciones técnico-constructivas para mitigar riesgos sísmicos” entregué copias de mis notas y fui ilustrando mis comentarios sobre los diversos tipos de errores constructivos con diversos dibujos y esquemas.

Como parte de las responsabilidades de los estudiantes, les pedimos que realizaran una síntesis y sistematización de la charla para la siguiente clase.

Un par de días después  recogimos esos trabajos y me topé con la sorpresa de que algunos eras realmente muy bien estructurados y  presentados.

Uno que me llamó la atención era de los estudiantes Nello Manciati y Diego Parra, ellos habían hecho una especie de tabla con los errores de las construcciones que se puntualizaban en mi documento y acompañaban cada caso con dibujos del problema y de su posible solución.

Me pareció muy interesante su aporte así que les consulté si les interesaría ilustrar la publicación que pensábamos proponer a las autoridades de la U. Católica. Estuvieron de acuerdo y nos pusimos manos a la obra.

En menos de un mes tuvimos el borrador listo para impresión. Entregué el documento a Patricio para que tratara de lograr su publicación a través de la facultad de Ingeniería pero todo se fue diluyendo sin una decisión favorable.

Paralelamente yo había hablado con Diego para que tratara de publicarlo en la FAD pero desgraciadamente no tenía fondos para la edición de textos o libros. Ese tipo de productos tenían que ser decididos por las autoridades de la universidad a través de mecanismos y decisiones centralizadas.

Diego se movió y logró que se le autorizara solicitar a los profesores de la facultad de Arquitectura y Diseño proponer textos de apoyo a la docencia para su posible publicación.

El 17 de Julio de 1996 dirigí una carta a Diego en su calidad de decano de la FAD – PUCE acompañando el documento elaborado luego del terremoto de Pujilí, que podría ser de interés para fines docentes y como un aporte para prevenir errores constructivos en el futuro.

El Título de la posible publicación era: “El terremoto de Pujilí: errores constructivos que propiciaron daños en las edificaciones / Autores: Arq. Mario Vásconez - Facultad de Arquitectura y Diseño & Ing. Patricio Cevallos - Facultad de Ingeniería – PUCE / Gráficos: Diego   Parra   y   Nello   Manciati   -   Estudiantes de  Arquitectura - FAU - U. Central / Contenido: a) Presentación; b) Créditos; d) Principales  errores  de: implantación, cimentaciones, mamposterías, estructuras (madera / hormigón) y cubiertas; f) Recomendaciones / Tipo de publicación: Folleto / Número de páginas: 18-20 / Formato: Medio INEN A-4 / Papel: Bond 75 gr / Carátula: Cartulina 90 gr. dos colores / Detalles de Contenido: Gráficos sencillos y textos cortos con principales errores, efectos del sismo y soluciones posibles / Estado actual: Texto en diagramación básica; por diseñarse el formato de presentación final, carátula: por diseñarse.

Desgraciadamente las autoridades de la PUCE no aprobaron la publicación con el argumento peregrino de que los gráficos eran hechos por estudiantes de otra casa de estudios.

Tuve que buscar otra solución.

Esta llegó casi dos años después. En ese momento yo era ya Director de CIUDAD y en esa institución manteníamos un proyecto denominado “Vida en las Laderas”, que apuntaba al mejoramiento del hábitat, a promover un adecuado manejo ambiental y a fortalecer la organización comunitaria en los asentamientos vinculados a la Federación de Barrios Populares del Noroccidente de Quito; ese proyecto era coordinado por nuestra colega Silvana Ruiz; me reuní con ella y decidimos usar unos pocos recursos disponibles para editar el texto preparado, a manera de cartilla de difusión, como un producto de ese proyecto para ser repartido entre las organizaciones de moradores de esos barrios.

Como tenía el borrador preparado para la fallida edición de la U. Católica, lo entregué a Anita García responsable de las publicaciones de CIUDAD y ella con gran celeridad en menos de una semana  le dio forma de folleto.

Esa cartilla fue publicada por El Centro de Investigaciones CIUDAD y la Federación de Barrios Populares del Noroccidente de Quito con el título: “Recomendaciones técnico-constructivas para mitigar riesgos sísmicos - Campaña por la vida” / Autores: Arq. Mario Vásconez - Centro de Investigaciones CIUDAD e Ing. Patricio Cevallos - Facultad de Ingeniería PUCE / Primera Edición: CIUDAD-FBPNQ /  1998 / Copyright: CIUDAD / Dibujos: Nello Manciati y Diego Parra / Tiraje: 1.500 ejemplares /  Quito - Ecuador / Auspicio: “Programa Vida en las Laderas” - INTERMON - UNION EUROPEA.

En la presentación de la publicación Silvana señalaba: “Esta Cartilla forma parte de la serie de materiales de difusión publicados por el Programa “Vida en las Laderas”, implementado por el Centro de Investigaciones CIUDAD y la Federación de Barrios Populares del Noroccidente de Quito, con el apoyo de Intermón y de la Unión Europea”.

“Uno de los problemas que sufren los sectores más pobres de la población ecuatoriana, es la precariedad constructiva de sus viviendas, lo que las hace más vulnerables en caso de eventos sísmicos. Una de las preocupaciones del “Programa Vida en las Laderas”, es el mejoramiento de las condiciones habitacionales de los sectores populares, por ello el objetivo de la presente Cartilla es apoyar el mejoramiento habitacional a través de una exposición clara de defectos constructivos que pueden ser evitados en la edificación de las viviendas salvaguardando de esta manera la vida de sus moradores”.

“Su contenido puede servir de guía no sólo a los habitantes del Noroccidente de Quito, sino en general al conjunto de la población para la cual resulta prioritario este tipo de información”.

Después de haberle metido tanta energía y pasión a esta publicación, logré que viera la luz aunque fuese con un mínimo tiraje: mil quinientos ejemplares apenas.

En esa misma época en CIUDAD publicamos el folleto "Qué hacer ante una posible erupción del Pichincha" del que logramos lanzar 55.0000 ejemplares en tres ediciones y la cartilla "Guía para la organización comunitaria ante una eventual erupción del volcán Guagua Pichincha", de la que lanzamos 15.000 ejemplares.

Los “riesgos sísmicos” se quedaron en un 10% de ese tiraje…pero, así es la vida. Creo que su contenido daba para que hubiera podido tener una aceptación masiva y ser de gran utilidad para las facultades de ingeniería y arquitectura, para las organizaciones que bregan con los desastres y la prevención de riesgos, para los gobiernos locales y para las organizaciones comunitarias.

Ojalá algún rato… 




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