miércoles, 13 de febrero de 2013

Ecuador 52: Mi vinculación al Centro de Investigaciones CIUDAD.


Comencé a escribir este relato el primero de febrero de 2013. A partir de ese día he comenzado jugar en el equipo de los jubilados. 

Con esa fecha envié a mis contactos, colegas, amigos, familiares y colaboradores una escueta nota de despedida que rezaba: 

“Queridos amigos y amigas. 

A partir de febrero comenzará una nueva etapa de mi vida. 

He decidido jubilarme. 

Eso implica que dejaré el Centro de investigaciones CIUDAD, institución en la que trabajo desde 1981. Esta decisión no ha sido fácil, pues mis vínculos con CIUDAD, primero como Investigador y en dos oportunidades como Director, han sido desarrollados con total compromiso, honestidad, pasión y responsabilidad. 

Creo sin embargo, que las personas debemos tomar decisiones en el momento que corresponde, por más tristes que éstas puedan ser. 

Mil gracias a todos quienes ahora hacen CIUDAD y a todas las personas que han pasado por la institución, mis agradecimientos por su amistad, espíritu de trabajo, solidaridad y compromiso. 

El esfuerzo de todos ha permitido que lleguemos a donde hemos llegado en todos estos años. Gracias a los amigos y amigas de todo el mundo con quienes compartimos  sueños, emprendimos proyectos e “hicimos cosas” interesantes… 

Un abrazo solidario y afectuoso a “todas y todos” (como se suele decir en los tiempos que corren)”.

Esta decisión me ha llevado a pensar y repensar sobre la historia del Centro de investigaciones CIUDAD y mis vínculos con esa querida institución. 

El nombre completo de CIUDAD es “Centro de Investigaciones de Urbanismo, Arquitectura y Diseño”, pero el nombre corto con el que se le conoce es “Centro de Investigaciones CIUDAD” o simplemente “CIUDAD”. Aunque muchos colegas nos conocían como “Grupo CIUDAD” en nuestros primeros años de vida.

CIUDAD comenzó a operar como un grupo de estudio y discusión de los problemas sociales y urbanos a fines de 1996. Se constituyó formalmente con el largo nombre ya mencionado el 4 de agosto de 1977, “con sede en la Capital de la República del Ecuador, teniendo como jurisdicción y competencia todo el territorio nacional… y como una entidad autónoma, apolítica y sin fines de lucro”, según rezan sus estatutos.

Los objetivos de CIUDAD según ese documento constitutivo, eran los siguientes: a) Promover y desarrollar investigaciones críticas de la realidad nacional, con el objeto de producir instrumentos teóricos para dilucidarla; b) Incursionar en los campos específicos de la arquitectura, el urbanismo y el diseño, en los ámbitos urbano y rural, a través de estudios teóricos generales y particulares; c) Desarrollar e incentivar la práctica investigativa; d) Difundir a través de diversos medios tanto las investigaciones y estudios realizados por CIUDAD, así como aquellos trabajos nacionales y/o extranjeros que puedan significar un aporte teórico o práctico para el desarrollo de la ciencia y la cultura nacionales; e) Promover un amplio intercambio de información con organismos, instituciones y personas públicas o privadas, nacionales o extranjeras que persigan fines similares a los de CIUDAD; f) Conformar un sistema de información sobre arquitectura, urbanismo, diseño, etc., y g) Participar con otros organismos similares dentro y fuera del país en trabajos de interés común.

Los nueve amigos fundadores de CIUDAD e integrantes de su “Asamblea General” (máximo órgano de la institución) fueron Diego Carrión, Fernando Carrión, Miriam Ernst, Jorge García, Handel Guayasamín, Henriette Hurtado, María Mercedes Jaramillo, Paulina Matta, Alfredo Rodríguez, Janette Rueda y Jaime Vásconez.

Diego Carrión, que acaba de graduarse de arquitecto, fue nombrado Director; Fernando Carrión, Jefe del Departamento de Investigación y Handel Guayasamín, Jefe del Departamento de Publicaciones. Los tres conformaban el “Comité Directivo”, órgano ejecutor, bajo cuya responsabilidad estaba el funcionamiento del Centro y el cumplimiento de las resoluciones, disposiciones e instrucciones emanadas de la Asamblea General. 

Según el acta constitutiva, los estatutos del Centro de Investigaciones de Urbanismo, Arquitectura y Diseño – CIUDAD, fueron discutidos y aprobados por la totalidad de los miembros fundadores, en reuniones de “Asamblea General” convocadas por el Director para ese efecto, los días 18 de julio, 26 de julio y 4 de agosto de 1977. Así lo certifican con sus firmas, en Quito a los 11 días de agosto de 1977, Diego Carrión, Director y Janette Rueda, Secretaria. 

CIUDAD obtuvo su personería jurídica ante el Ministerio de Educación Pública del Ecuador el 01 de septiembre de 1977. Los Estatutos fueron aprobados con el No. 7669 y fueron inscritos y publicados en el Registro Oficial  No. 420 de 12 de septiembre de 1977 con la firma del Ministro de Educación, Dr. Eduardo Granja Garcés. 


A las pocas semanas de la constitución legal de CIUDAD, Diego viajó a Inglaterra para cursar un posgrado… emprendió ese periplo en compañía de Henriette (con quién estaba casado en esa época) y de sus hijas Andrea y Carolina.

La dirección de CIUDAD fue confiada a su hermano Fernando, quién desempañó esas funciones hasta 1980. En ese período se desvincularon de CIUDAD buena parte de los miembros fundadores; Handel y Lisie al igual que Jaime y Janette decidieron buscar trabajo en algún otro lado pues sus premuras domésticas demandaban ingresos estables y no eventuales e inciertos como los que podían avizorarse en CIUDAD. Alfredo y Paulina regresaron a Chile y Memé, la esposa de Fernando también se retiró pues consiguió trabajo en el Museo Camilo Egas.

Fernando y Jorge quedaron a cargo de la oficina y no cerrarla fue un esfuerzo de titanes.
De ese duro período data mi vinculación a CIUDAD.

Según mi Carnet de afiliación al IESS (Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social) mi vínculo formal como empleado de CIUDAD se inició el 01 de mayo de 1982; pero en realidad, comencé a colaborar en la Institución desde  fines de 1977.



Antes de mi viaje a México yo mantenía una oficina de arquitectura, junto a mi amigo Marco Vásquez y trabajaba con nosotros su primo Carlos Guerrero Vásquez, el popular “Carlanga”, quien comenzaba a dar sus primeros pasos en la Facultad de Arquitectura de la U. Central.

Con Marco teníamos originalmente la oficina en la casa de sus papás, ubicada en la “Diagonal Universitaria”, llamada en esa época “Av. Márquez de Varela”. Posteriormente arrendamos una oficina de una habitación y un pequeño medio baño, construida sobre la losa del garaje de la casa paterna de un colega nuestro, el arquitecto Leonardo Arcos. Esa oficina, ubicada en la calle Fernando de Santillán y Av. La Gasca, fue originalmente el lugar donde CIUDAD inició sus actividades en 1977.

Cuando CIUDAD se mudó a un departamento más amplio en la Calle Adolfo de Valdez y Humberto Albornoz, en el extremo occidental del Parque Italia, Marco y yo arrendamos la habitación de la calle Fernando de Santillán.

A los pocos meses Fernando Carrión propuso sub-arrendarnos una parte de las instalaciones de CIUDAD para nuestras actividades de arquitectura. La idea era que nosotros estaríamos más cómodos en esas instalaciones y CIUDAD podría ayudarse con nuestra “cuota”, para el pago del arriendo. Así que con Marco y Carlanga, dejamos los altos del garaje de la familia Arcos y desembarcamos con nuestras mesas de dibujo y algunos otros muebles a una de las habitaciones del departamento que ocupaba CIUDAD frente al Parque Italia. 

Como ya he contado en un relato anterior, al egresar de la Facultad de Arquitectura de la U. Central, yo desarrollé -entre 1975 y junio de 1977-  junto a Hernán Burbano, Carlos Jácome y César Rosero, una tesis que fue famosa en su época: el Programa de vivienda popular de la Cooperativa “Santa Faz” de la ciudad de Riobamba.
 
Casi de inmediato Fernando Carrión nos invitó a Hernán y a mí a colaborar en CIUDAD en varias actividades de capacitación, en particular en la organización de un seminario sobre el proceso de diseño.

En un primer momento Fernando nos había invitado a sumarnos a las actividades de CIUDAD merced a una contribución económica.

En una carta personal fechada en octubre 25 de 1977, nos informaba de la constitución formal de CIUDAD y de los objetivos que perseguía el Centro; alrededor del desarrollo, promoción, difusión e intercambio de investigaciones en los campos de la arquitectura, el urbanismo y el diseño. 

Mencionaba que en CIUDAD se habían organizado departamentos especializados: publicaciones, investigaciones, capacitación; en cuyos planes de trabajo se contemplaba la ejecución de investigaciones, la publicación de trabajos y el desarrollo de seminarios y cursos sobre diversos temas ligados a tales prácticas.
Terminaba mencionando que como era conocido, este tipo de actividades carecía de apoyos oficiales o institucionales… y que por esa razón se dirigía a nosotros para recabar apoyo económico, en términos de una contribución pagadera en el plazo de un año. A cambio, se nos ofrecía la posibilidad de recibir gratuitamente las publicaciones de CIUDAD.

Un tiempo después, Hernán y yo respondimos que, para nosotros resultaría muy satisfactorio el poder contribuir a las actividades de CIUDAD a la medida de nuestras capacidades; analizábamos que en igual situación, estarían varias personas que podrían volcar su energía a la investigación y a la generación  de conocimientos… pero pensábamos que el mecanismo de ingreso “a través de una contribución económica” no era el más apropiado, pues personas verdaderamente capaces y con una formación sólida que pudieran estar interesadas en integrarse al Centro, al no poder hacer un desembolso de esa naturaleza, podrían tal vez abstenerse de brindar su aporte a la Institución. 

Añadíamos que a nuestro criterio, si el Centro aspiraba a producir en términos conceptuales, el mecanismo idóneo para el ingreso de las personas que tuviesen interés en sumarse al trabajo de CIUDAD, debería darse precisamente a través del trabajo y el aporte teórico. 

Añadimos que en nuestro caso, gustosamente podríamos continuar impulsando el desarrollo del seminario sobre el proceso de diseño en cuya organización estábamos colaborando y planteamos estructurar un proyecto de investigación que nos permitiera integrarnos al Centro en concordancia a sus objetivos.

Fernando aceptó la sugerencia y nos integramos a CIUDAD casi de inmediato. En mi caso, comencé a colaborar en todo lo que podía hacerse y al poco tiempo me hice cargo del “Departamento de Capacitación.

Con el apoyo de Hernán estaba armando aquel seminario sobre “metodologías de diseño”, cuando tuvimos que volcar nuestra energía a la organización de un ciclo de conferencias sobre la “planificación y sus perspectivas” y “el problema de la vivienda en América Latina” que iban a ser dictadas por el arquitecto colombiano Emilio Pradilla, durante los días 2, 3 y 4 de febrero de 1978.

En las conversaciones que pudimos mantener con el conferencista, nos enteramos que estaba viviendo en México y era docente del posgrado que la Escuela de Arquitectura – Autogobierno de la Universidad Nacional Autónoma de México, había abierto en dos áreas: “arquitectura” y “urbanismo”. 

Le comentamos nuestro interés en poder realizar un posgrado y muy amablemente nos ofreció gestionar nuestra admisión; para ello, siguiendo sus indicaciones, escribimos nuestras solicitudes formales y se las entregamos junto a varios anexos, para que pudiera llevarlas a la UNAM a su regreso a México.

Pradilla cumplió su ofrecimiento y nos envió las cartas de admisión y los certificados de estar inscritos en los cursos de posgrado. 

Así que aprovechando esa coyuntura, viajamos a México con Hernán a fines de 1978. 
Yo viví en esa ciudad hasta principios de 1981 y cursé la maestría en la Escuela de Arquitectura de la UNAM. 

Como ya he relatado, México fue un corte fundamental en mi vida. Me alejé de la familia, de la novia, de los amigos, de Quito, del Ecuador, de la vida universitaria de pre-grado…, allá viví maravillosas experiencias, conocí un mundo diferente, enfrenté retos y responsabilidades y de alguna manera, dejé mi primera vida de joven-estudiante-arquitecto-recién-graduado y pasé a ser joven-arquitecto-recién-graduado-con posgrado, comenzando a ser adulto.

Me fui con un “chimbuzo” de marino al hombro, con algo de ropa y un montón de sueños… y regresé casado (con la misma novia que dejé por acá), con una hija, un carro, muebles y enseres, un perro, la satisfacción de haber superado una meta, algo más de experiencia y un montón de responsabilidades.

Durante el período que Fernando fue director de CIUDAD incorporó a la Institución a mis colegas Marco Vásquez y Carlos Guerrero, que habían quedado a cargo de mi oficina durante mi aventura mexicana… y sumó además a un valioso grupo de jóvenes estudiantes de arquitectura: Edgar Flores, Luis Gallegos y Bolívar Romero (que más tarde junto a Carlanga, formaron la Fundación Ecuatoriana del Hábitat - FUNHABIT); a más de las colegas Anita García, Patricia Palacios y Silvana Ruiz (para que hubiera equilibro de género en la Institución). 

De forma paralela comenzaron a trabajar en CIUDAD, Mónica Manrique, en las tareas de secretaría y Miguel Samaniego, como mensajero y asistente de oficina.


A mi regreso de México a principios de 1981, una de las primeras cosas que hice fue caer por las oficinas de CIUDAD. 

Fernando Carrión, Jorge y Anita Garcia habían viajado a México para estudiar un posgrado; en el “Colegio de México” el primero y en la UNAM, igual que yo, los dos restantes. 

Diego Carrión había regresado de su posgrado en Inglaterra y había retomado las funciones de Director de la Institución. 

Me invitó con varios amigos a un asado en Villa Juárez, la magnífica quinta de su abuelo y cuando conversamos me reiteró su interés de que yo pudiera colaborar en CIUDAD… 
Sin embargo me aclaró que al momento, no tenía nada que ofrecerme en cuanto a salario o cualquier otro tipo de ingresos. 

Le respondí que me encantaba la idea de meter el hombro para sacar adelante  CIUDAD pero que tendría a la par, que buscar trabajo en algún otro lado para poder responder  a las exigencias domésticas y familiares.

Presenté en mis papeles en numerosas instituciones en busca de trabajo. Alberto de Guzmán me recomendó en el FONAPRE (Fondo Nacional de Pre-inversión), me entrevistó Raúl Gangotena su Director Ejecutivo y estuve a punto de trabajar con ellos, sin embargo, mi amigo Mario Solís le contó a Pepe Ordóñez, a la época Director de la Junta Nacional de  la Vivienda (JNV), que yo había regresado con un posgrado referido al tema habitacional; Pepe me invitó para conversar, me propuso colaborar con él… acepté y me contrató de inmediato. 

En las tardes a la salida de la JNV me daba un salto por CIUDAD y con Diego tratábamos de inventar alguna iniciativa o proyecto que nos permitiera conseguir algo de financiamiento para la institución.


Laboré en la Junta de la Vivienda desde el primero de junio hasta el 30 de septiembre de 1981. A pesar del apoyo de Pepe el ambiente de la burocracia estatal me oprimía. Ganaba bien pero eso no era todo. 

Yo he trabajado siempre de forma responsable e intensa pero el tener que timbrar tarjeta, estar pendiente del reloj para salir corriendo, no poder prolongar las jornadas cuando se estaba haciendo algo interesante y tener que calentar la silla cuando no había trabajo… me molestaba enormemente. De otro lado, casi de inmediato detecté que estaba en un ambiente lleno de rencores, envidias y pequeñeces… No me sentía a gusto… así que un día tome la decisión de renunciar. 

De inmediato, a partir del 01 de octubre de 1981, me integré a CIUDAD a tiempo completo.


Mi mujer casi me mata, había dejado un trabajo con salario estable y bien remunerado para integrarme a una utopía, para ganar la cuarta parte y con la incertidumbre de no saber si tendríamos sueldo luego de tres meses. 

Diego había conseguido un proyecto con el alcalde Rafael Sancho, para elaborar el Plan de Ordenamiento Territorial de El Puyo, trabajaban en esas tareas con el apoyo de Santiago Carcelén, Edgar Flores, Lucho Gallegos, Patricia Palacios y algunas otras personas; el trabajo estaba bastante avanzado así que no tuve mucho que aportar en los contenidos; pero me integré al equipo para encargarme de la corrección de estilo y de la edición de los textos finales del informe.

Esa fue una de las primeras tareas que desarrollé en CIUDAD a fines de 1981.

Ahora, casi 32 años más tarde he decidido dejar la institución. 

CIUDAD ha sido parte de mi vida. Le debo mucho. 

También le debo mucho a Diego con quién fue muy grato trabajar y de quién aprendí muchas cosas. 

Creo que también he dado bastante de mí a la Institución. Fui su director por un par de años entre 1992 y 1993 y luego por un período mucho mayor -de más de catorce años- entre 1998 y 2012. Actué siempre con dedicación y seriedad e hice todo lo posible por sacarla adelante. 

Pero sobre todo hay que destacar que en este largo periplo pude hacer muchas cosas interesantes y novedosas como parte de un equipo humano maravilloso… muchos de los colegas que pasaron por CIUDAD nos dejaron para dedicarse a otras tareas, algunos se mudaron para el más allá y otros siguen… pero una de las fortalezas que nos permitió sacar adelante una utopía y hacer de CIUDAD una realidad, sólida y tangible, fue el que todos supimos meter el hombro…  que todos fuimos en realidad un grupo de amigos…

Posiblemente tuvieron razón aquellos colegas que nos bautizaron como “Grupo CIUDAD” allá en 1977, en nuestros primeros años de vida. 

Es que como dice mi amiga Lucelena Betancur, directora de la Fundación Hábitat Colombia:

 “A un grupo de amigos, nadie le gana”…

Esa siempre fue y espero que seguirá siendo, la fuerza de CIUDAD.

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