viernes, 21 de diciembre de 2012

Cuba 1: Problemas de aviones y maletas para llegar a La Habana.


Si mal no recuerdo, en el marco del quinto centenario de la llegada de España a tierras americanas se generó un programa de cooperación entre ese país  y los países de Iberoamérica denominado “Ciencia y Tecnología para el Desarrollo” – CYTED.

El CYTED era un programa internacional y multilateral de cooperación científica y tecnológica, creado en 1984 por los gobiernos de los países iberoamericanos y España, como una herramienta para facilitar el desarrollo tecnológico y la innovación mediante la coordinación y cooperación de los recursos existentes en las Universidades, en los Centros de investigación y desarrollo y en las empresas innovadoras.

El Programa CYTED se concibió como un camino para promover la modernización productiva y la mejora de la calidad de vida de todos los países participantes, a través del fomento de la cooperación en investigación y desarrollo.

El programa buscaba fomentar la cooperación en el campo de la investigación aplicada y el desarrollo tecnológico, para la obtención de resultados transferibles a los sistemas productivos y a las políticas sociales de los países iberoamericanos.

Los campos de acción y los temas del Programa CYTED eran numerosos y variados: Metodología en ciencia y tecnología; acuacultura; biotecnología; biomasa como fuente de productos químicos y energía; catálisis y adsorbentes; nuevas fuentes y conservación de la energía; electrónica e informática aplicadas; tecnología de materiales; microelectrónica; química fina farmacéutica; tratamiento y conservación de alimentos; diversidad biológica; tecnología mineral; tecnología para vivienda de interés social; corrosión, impacto ambiental sobre materiales; gestión de la investigación y el desarrollo.

Para abordar estas problemáticas el Programa CYTED se estructuró en “Sub-programas” en las que participaban investigadores y profesionales de España y de los diversos países de nuestra región.

El tema de las “tecnologías para vivienda de interés social” fue abordado por un Sub-programa coordinado por Silvio Ríos de Paraguay, que se denominó “Sub-Programa XIV – Vivienda”, en el que comenzamos a trabajar Diego Carrión y yo en representación del Ecuador.

Al poco tiempo de iniciar nuestras operaciones este sub-programa de vivienda adoptó el nombre más amplio de “Sub-programa - Hábitat” y posteriormente devino en “HABYTED” que resume la idea fuerza “el hábitat en el programa  CYTED”.

El sub-programa XIV - “HABYTED” desarrolló sus actividades desde 1987 y llegó a contar con la participación de 111 colegas de 90 instituciones especializadas de 21 países de la región.

En las reuniones y asamblea de ese sub-programa vimos que la problemática de la vivienda y el hábitat, abarcaba numerosas vertientes del problema y decidimos dividir su accionar en cinco redes temáticas identificadas con una letra: XIV-A “HABITERRA” coordinada por Alberto Calla; XIV-B “Viviendo y Construyendo” coordinada por Edín Martínez; XIV-C “Transferencia y Capacitación Tecnológica ” coordinada por Walter Kruk; XIV-D “Alternativas y Políticas de Viviendas” coordinada por Rubén Sepúlveda y XIV- E “Vivienda Rural ” coordinada por Jorge González.

Yo me integré a la red XIV-B “Viviendo y Construyendo” que era coordinada por Edín Martínez, de FUNDASAL de EL Salvador y Diego a la red XIV-D “Alternativas y Políticas de Viviendas” coordinada por nuestro colega Rubén Sepúlveda de la Universidad de Chile.

La red XIV-B “Viviendo y Construyendo” buscaba crear, consolidar y reforzar capacidades así como el desarrollo científico y tecnológico y de las actividades de servicios, priorizando el apoyo a los sectores de bajos recursos y marginados en el campo del hábitat iberoamericano, a través de diversas líneas de trabajo, el intercambio de experiencias exitosas en la región, la investigación compartida, la capacitación y transferencia de saberes, el intercambio de  bases de datos; publicaciones diversas y servicios de asesoramiento y consultorías.

En ese contexto, en 1994 la red “Viviendo y Construyendo” organizó en Cuba el Seminario Internacional “Tecnologías para la producción y rehabilitación del hábitat participativo” (que en realidad debió llamarse “Tecnologías para la producción y rehabilitación participativa del hábitat”, pero ese es otro enredo).

Aprovechando la realización de aquel seminario, la red "Viviendo y construyendo" nos convocó simultáneamente a su II Asamblea General.

Los dos eventos se levarían a cabo en La Habana  entre el 21 y el 23 de noviembre de 1994.

Yo nunca había estado en Cuba anteriormente, como arquitecto tenía  mucho interés en conocer La Habana cuyo centro histórico había sido declarado “monumento nacional” por el gobierno cubano en 1976 y “Patrimonio de la Humanidad” por la Unesco en 1982.

Yo sabía que la magnífica “Habana Vieja” se había preservado de la voracidad del auge de la construcción, del modernismo y de la especulación inmobiliaria que destrozaron muchos centros históricos de otras ciudades latinoamericanas, pero conocía que si bien se había mantenido el conjunto edilicio, el deterioro de las edificaciones individuales era muy significativo. Conocía sin embargo que se estaban haciendo esfuerzos importantes para restaurar no solo la arquitectura monumental sino las antiguas residencias y otras muestras de arquitectura civil del centro histórico que lucían averiadas y vetustas. Se habían realizado estudios muy completos así como propuestas y ejecuciones de restauración realmente importantes, a cargo de un equipo de historiadores y arquitectos dirigidos por el “Historiador de La Habana” Eusebio Leal, responsable de todos los trabajos de renovación.

Durante nuestra estadía en La Habana tuvimos la inmensa suerte de realizar un recorrido por el centro histórico guiados por el propio Eusebio y sus colaboradores. Fue una experiencia inolvidable.

Pero volvamos al tema de este relato: una serie de problemas de aviones y maletas que tuve que enfrentar para para llegar a La Habana para tales eventos.

Edín Martínez, coordinador de la Red XIV-B “Viviendo y Construyendo”, envió a los miembros de la red una carta formal de invitación, el programa de la asamblea y del seminario y el pedido de que buscáramos el vuelo más económico para llegar con antelación a La Habana.

Desde Quito las opciones para realizar ese viaje no eran muchas. Conseguí un vuelo por la línea venezolana VIASA y así le comuniqué a Edín por fax, informándole que llegaría a esa ciudad el domingo 20 de noviembre a las 19h00, la víspera de la inauguración oficial del evento.

Apenas había acabado de enviar el fax cuando recibí una llamada urgente de Raymond Jost desde Montreal. Me pedía que vaya a Canadá para un acto muy importante, la pre-inauguración de la Biosfera, un museo interactivo dedicado al río San Lorenzo y al agua, que había sido construido, reciclando la famosa esfera de Fuller.

Esa edificación fue originalmente el pabellón de los Estados Unidos de la Expo 67; fue ideado por el arquitecto Richard Buckminster Fuller y devino en el símbolo de la Exposición Mundial de Montreal. En los años siguientes, la esfera permaneció por años en total abandono, en los terrenos de la isla en medio del Río San Lorenzo, que acogió ese evento universal en 1967.
  
El Secretariado Internacional del Agua, del que yo era vicepresidente en ese entonces, tiene su sede en Montreal y como organismo que trabaja en la problemática del agua, fue uno de los importantes invitados a aquella pre-inauguración.

Conseguí un vuelo vía Miami. Felizmente yo tenía visas vigentes para Estados Unidos y Canadá, así que desembarqué en Montreal el jueves 17 de noviembre en la tarde...

El pasaje de regreso estaba previsto para el domingo 20. Saldría de Montreal vía Miami… pero esta vez ya no con destino a Quito, sino a Caracas, para atrapar mi conexión a La Habana.

Previamente había conseguido que en VIASA me modificaran, sin costo extra, el itinerario. El domingo 20 en vez de embarcarme en Quito, llegaría a Venezuela desde Miami y podría tomar mi vuelo para asistir al Seminario y a la Asamblea del CYTED.

Todo parecía fácil, pero las cosas no necesariamente suelen salir como se las planifica.

En Montreal todo estuvo perfecto, asistimos al evento de la Biósfera, nos maravillamos con una serie de actividades interactivas y exposiciones previstas para difundir y propiciar el debate sobre cuestiones ambientales relacionadas con el agua, el cambio climático, el desarrollo sostenible y el consumo responsable.

Aprovechamos para realizar una reunión del Consejo de Administración del Secretariado del Agua y Raymond me acompañó al aeropuerto para tomar mi vuelo hacia Miami.

En el aeropuerto de Dorval hice el chequeo del pasaje y equipaje y me encaminé a migración para poder pasar a la sala de espera de los vuelos internacionales. Allí comenzó el drama.

Parece que esa zona del aeropuerto estaba en restauración, había pocas ventanillas de atención para el control de pasaportes y a esa hora coincidieron cientos de pasajeros que pugnaban por tomar sus vuelos. En resumen, nos demoraron tanto que llegamos tarde y perdimos el vuelo.

La complicación adicional radicaba en que los equipajes fueron embarcados hacia Miami y mientras yo discutía con cien mil funcionarios, tratando de encontrar una solución, mi maleta volaba hacia la Florida sin su propietario.

Me informaron que había la posibilidad de tomar más tarde, varios vuelos para Miami, pero lo complicado era que haciendo uso de cualquiera de ellos, yo perdería la conexión que debía tomar para arribar a Caracas y poder tomar mi vuelo para Cuba.

Parecía que con las opciones de vuelos que me ofrecían, tendría que quedarme en Montreal, en Miami o en Caracas, no había forma de llegar a La Habana ese domingo.

Luego descubrí otra situación más complicada, mi pasaje de VIASA no aceptaba modificaciones de fecha ni siquiera pagando una penalidad. Si no lo usaba esa noche no tendría forma de llegar a La Habana.

Luego de múltiples averiguaciones, la opción que me dieron fue la siguiente: podía canjear mi pasaje de American a Miami por un pasaje de Air Canadá que saldría en un par de horas de Montreal a La Habana.

Lo del equipaje iba a ser más complicado. La maleta llegaría a Miami sin su propietario pero si yo no la retiraba para tomar el itinerario a Caracas, posiblemente sería retirada y luego sería destruida pues, por las razones políticas de dominio público no había forma de que llegase a La Habana.

No me quedaba otra alternativa. Decidí embarcarme en Air Canadá para La Habana aun con el riesgo de perder la maleta. Si tomaba otro vuelo para Miami podría recuperar la maleta, pero perdería mi conexión de Caracas a La Habana, tendría que pagarme una noche de hotel en Miami o en Caracas y no era seguro que pudiera regresar a Quito con mis pasajes sin el pago de una penalidad posiblemente alta.

En la maleta tenía ropa ligera apropiada para el clima del Caribe y algo de la ropa más abrigada que había llevado para el otoño canadiense. Perdería también mis artículos de aseo personal y algo realmente importante: diez docenas de copias de la ponencia que iba a presentar en el Seminario de La Habana, titulado “Procesos habitacionales populares: apuntes para la discusión del caso ecuatoriano”.

Yo sabía de las dificultades que existían en Cuba para una serie de facilidades como las fotocopias por ejemplo, así que había decidido llevar impresos y encuadernados al menos 120 ejemplares de la ponencia, para poder distribuirlos entre los colegas del CYTED y los demás  asistentes al seminario.

En mi maletín de mano, a más de mi cámara de video, pasaporte, pasajes y un libro, tenía el original de la ponencia; así que no vi mayor inconveniente en decidir que era más lógico quedarme sin la maleta que perder conexiones y pasajes y además, no llegar a La Habana como estaba previsto.

En el aeropuerto compré una peinilla, cepillo de dientes, dentífrico, champú, un par de calzoncillos y calcetines de recambio y así equipado, me embarqué hacia La Habana, sin maleta pero optimista.

Casi enseguida del despegue de la aeronave, un pasajero que se acomodó a mi lado me saludó amablemente con acento típicamente cubano: -“¡Hola, buenos días!”, se presentó por su nombre: -“¡Pedro Izquierdo Valdéz, mucho gusto!”… Luego de que yo le devolviera el saludo, respondí de igual forma: “Mario Vásconez… un gusto también”…

A partir de ese momento comenzó una conversación interminable que no terminó sino cuando nos dispusimos a abandonar el avión luego de aterrizar en el aeropuerto Internacional “José Martí” de las ciudad de La Habana.

Nuestro diálogo se inició enseguida de que le di mi nombre.

Pedro me soltó de inmediato la primera pregunta de un inquisidor diálogo, a la velocidad de un encuentro de pin pon: -“y...tú, ¿de dónde eres Mario?”...

-“De Quito” respondí, “…de Ecuador”, añadí.

Me sentí mal por haber hecho esa precisión innecesaria, pero mi interlocutor solo asintió con un movimiento de cabeza…

-“¡Ecuatoriano!...”, dijo… y preguntó de inmediato:

-“… y… ¿a qué vas a Cuba, chico?...

Le conté de forma simplificada la complicada historia del seminario del CYTED y de la asamblea de la Red “Viviendo y Construyendo”…

Pedro se mostró atento e interesado, mientras yo le contaba ese enredo nada fácil… en medio de mi explicación preguntó dos o tres cosas, como para estar claro que estaba entendiendo todo aquel asunto… y, casi de inmediato, me consultó (como admirado):

-“…oye… explícame algo que no acabo de entender: si eres del Ecuador, ¿cómo es que te has embarcado en Montreal para ir a La Habana?”…

Sin dejarme contesta, añadió: -“¿es que tú vives en Montreal, chico?...

Le conté de forma simplificada la también complicada historia del Secretariado Internacional del Agua y del evento de pre-inauguración de la Biosfera y de paso le relaté mis aventuras de esa mañana en el aeropuerto y de mi fallido viaje a Caracas para poder tomar un avión a su país.

Le conté que con mucha suerte había podido tomar el vuelo en el que nos encontrábamos…

Le comenté también el complemento de mi historia, respecto a preocupación que tenía en relación a mi maleta…

-“Se fue sin mí, a Miami”, le dije…y “no estoy muy seguro de poder recuperarla”… añadí.

-“Por eso no te preocupes, chico”, dijo Pedro…

Añadiendo enseguida: -“¡déjamelo a mí, yo me encargo!”…

Sacó su billetera del bolsillo trasero de su pantalón y de ella una tarjeta de visita (que conservo hasta ahora)…  escribió algo y me la extendió… diciéndome:

-“-Mira Mario…yo soy el Gerente de ASISTUR, la oficina de asistencia al viajero de Cuba, mañana no estaré en mi oficina pero tú vas allí (busca el Paseo del Prado 254) y preguntas por Iván; a él le mencionas que vas en mi nombre y le dices -claro- que te ayude a buscar tu maleta en el aeropuerto de Miami y que te la traiga acá a Cuba… ¿me entendiste?...

Como su estilógrafo fallaba, me pidió un bolígrafo y escribió algo adicional.

-“Te anoto también la dirección de mi madre para que me puedas localizar en caso de que se presente algún problema”.

Y añadió enfático, a continuación:

-“¡No vamos a dejar que se pierda tu maleta, ni las ponencias que traes para este importante seminario que tú me cuentas, oíste!...

Le agradecí muy sinceramente por su ayuda, no sin antes preguntarle alguna referencia para poder llegar a la dirección de su oficina.

Pedro rezongó para sí mismo:

-“Claro, tú no conoces La Habana… si me acabas de decir que esta es la primera vez que vienes a Cuba… ¡si seré bobo!...

-Mira Mario…

Se quedó pensando unos segundos y preguntó:

“…Oye… ¿en qué hotel… tú vas a alojarte, chico?

Busqué en mis papeles y le di el nombre de mi hotel…

-"Hotel Sevilla", le dije...

Pedro exclamó de inmediato:

-“¡Formidable!... estás a menos de cien varas de mi oficina”.

Me arrancó la tarjeta de la mano y sacó un bolígrafo de su bolsillo… dibujó una suerte de plano en la que marcó la avenida Sevilla en la que se encontraba mi hotel y la intersección con el Paseo del Prado donde se ubicaba ASISTUR, su oficina.

Mira, dijo: -“tú estás aquí y nosotros acá”... me mostró ubicando con dos trazos de su bolígrafo, el hotel y su oficina….

-“Mañana, al final de la mañana, te dejas caer por allí e Iván te ayudará a resolver el asunto ese de tu equipaje…  
      
Inmediatamente después de mi llegada, llamé al hotel donde íbamos a  alojarnos y pude hablar con mis colegas del CYTED. Les comenté mis desventuras y el porqué de mi llegada antes de los previsto… me informaron que Gustavo Romero y Alejandro Suárez iban a llegar casi enseguida en un vuelo que venía de México, así que me recomendaron esperarles para poder usar el transporte que se había previsto para ellos.

Así lo hice. Esperé algo más de treinta minutos y cuando llegó su avión me acerqué a la persona que había venido a buscarlos; me identifiqué con él y pude llegar al hotel sin contratiempos.
  
La asamblea fue por demás exitosa; pude allí reunirme con queridos amigos de muchos países de América Latina. Además de Edín Martinez, coordinador de la red y de su asistente Ana Silvia Menjívar de Síntigo (de El Salvador), asistimos a este evento: Víctor Saúl Pelli (de Argentina), Rafael Rueda (de Colombia), Marian Pérez (de Costa Rica), Rubén Sepúlveda (de Chile), Rosando Mesias (de Cuba), Mario Vásconez (de Ecuador), Gustavo Romero y Alejandro Suárez Pareyón (de México), Nínette Morales (de Nicaragua), Isabel Moromi (de Perú), Teolinda Bolívar y Leandro Quintana (de Venezuela).

En esa ocasión a la asamblea se incorporan como observadores otros amigos muy recordados como Alberto Calla (de Bolivia), Juan Manuel Bojoca (de Colombia) y Selma Díaz (de Cuba) entre otros.

El lunes en la tarde luego de la inauguración, fui hasta la oficina de Pedro y pude dialogar con el famoso Iván. Tomó nota de todos los datos que le podían ser útiles para el increíble reto de recuperar un equipaje en Miami, reclamado por un ecuatoriano desde La Habana.

Le dejé copia de mi pasaporte, de mi visa, del pase a bordo no usado, de mi pasaje… llené un formulario con mis datos personales, el nombre de mi hotel, teléfono y el número de habitación, así como mi dirección y teléfonos en Quito. 

Iván me dijo que le llamara o me diera un salto por allí el miércoles en la tarde, para averiguar qué novedades me podía tener.

Le agradecí y poco esperanzado, abandoné las oficinas de ASISTUR.

En la noche fuimos en grupo en busca de un daiquiri al famosísimo bar “Floridita”.

El bar Floridita, también conocido como “El Floridita”, es uno de los bares más reputados de La Habana. El Floridita funciona desde 1817 y se hizo famoso gracias a que el renombrado escritor y periodista Ernest Hemingway, era su asiduo cliente en las largas temporadas que pasaba en la isla… prácticamente iba al Floridita todas las noches y daba cuenta de un buen número de daiquiris, su coctel favorito.

El daiquiri o daiquirí es un tipo de cóctel hecho con ron blanco y jugo de limón criollo (conocido como limón sutil o lima, en otras latitudes).

Para un daiquirí clásico se usa 1 1/2 onzas de ron blanco, el jugo de medio limón y 1 cucharada de azúcar. Todos los ingredientes se mezclan en una coctelera con hielo picado. Se bate intensamente unos 30 segundos hasta que quede "frappé" y se sirve en una copa de cóctel de boca ancha con dos sorbetes o pajitas cortas. Se lo puede servir añadiendo dos o tres cubos de hielo. Para un daiquirí “Floridita” en ese bar usan los mismos ingredientes pero añaden a la mezcla unas 5 gotas de Marrasquino. El resultado es sensacional.

El Floridita se precia de ser "la cuna del daiquirí", pero Hemingway -en vida y luego de sus días- terminó por convertirse en el principal atractivo de ese bar. Cientos de turistas llegan de todo el mundo a conocer El Floridita y se fotografían junto a una estatua de Hemingway que ocupa el sitio donde el célebre premio nobel se sentaba el extremo de la barra del bar.

Hasta ahora conservo los tapetes de papel con el nombre del restaurante Floridita sobre los que me sirvieron los tres o cuatro deliciosos daiquiris que me pegué esa noche inolvidable. En ellos se lee: "Restaurante Floridita - Cuba / Cuna del daiquiri"

El martes en la mañana hicimos el recorrido por la Habana Vieja con las sabias explicaciones de Eusebio Leal que ya relaté anteriormente y en la tarde comenzaron los debates de nuestra Asamblea.

El miércoles entero pasamos en las deliberaciones de la larga agenda de ese evento y al final de la tarde me escapé un momento para averiguar de mi maleta.

Iván me informó que ya la habían localizado y que posiblemente me la tendrían en La Habana el jueves en la tarde. Le agradecí -todavía poco esperanzado- y abandoné las oficinas de ASISTUR, prometiéndole regresar al día siguiente.

En la noche fuimos también en grupo a la “Bodeguita del Medio” el otro archifamoso bar restaurante de La Habana.

El origen del nombre de este bar es muy curioso. Según reza un folleto que reparten en aquel sitio, en Cuba casi todas las fondas (restaurantes modestos) y bodegas (pequeñas tiendas de abarrotes de un barrio o vecindario) se hallaban estratégicamente situados en las esquinas de una manzana, en el cruce de dos vías.

Este célebre bar era una bodega que a diferencia del resto, estaba a mitad de la manzana. Así pues la gente comenzó a llamarla con su actual nombre la “bodeguita del medio”; cuando el local pasó a ser restaurante, su dueño decidió conservar el nombre con el que los clientes ya habían bautizado a su negocio.

El menú clásico de la “Bodeguita del Medio” es la típica comida criolla: arroz blanco, frijoles negros, yuca con mojo de ajo, masas de puerco, pierna de puerco asada, chicharrones y tostones...

Pero lo que resulta infaltable para cualquier visitante de este bar es el tomar “antes, durante y después de la comida” sus célebres mojitos.

El mojito es el más popular cóctel originario de Cuba.

Los ingredientes de esta popular bebida son los siguientes: 4 onzas de ron blanco; jugo de medio limón; 1 ramita de hierbabuena; 2 cucharaditas de azúcar; 4 cubos de hielo; agua con gas; 1 rodajita de limón para adornar o una ramita de hierbabuena. Opcionalmente se añaden unas gotitas de angostura, para obtener un "mojito criollo".

Se coloca el jugo de limón y el azúcar directamente en el vaso y se machaca la mezcla con un mortero. Se agrega luego la hierbabuena, machacándola igualmente pero no demasiado.   Después se pone el hielo, se añade el ron blanco y se completa el vaso con agua con gas. Se remueve todo y se adorna el vaso con un sorbete o removedor, una rodaja de limón y una ramita de hierbabuena.

La “Bodeguita del Medio” es uno de los grandes destinos turísticos de la ciudad. Por allí han pasado numerosos visitantes famosos de todo el mundo (escritores, músicos, artistas y políticos). La tradición es que ellos dejan su huella en el local mediante algún recuerdo, fotos, objetos personales y sobre todo con grafitis en sus paredes y otros rincones del local.

Todos los visitantes firman o escriben su nombre junto al de las celebridades que han cenado o se han tomado un trago en la “Bodeguita del Medio”. Fue  fantástico descubrir los nombre y firmas de todo tipo de personajes importantes y artistas en esos vetustos muros.

El propio Hemingway acrecentó la fama de este local -al igual que el de El Floridita- con una frase que aún puede leerse, escrita con su puño y letra en una de las paredes, que atrae a turistas de todo el planeta: "Mi mojito en La Bodeguita, mi daiquirí en El Floridita".
   
Compartimos esa célebre velada en la “Bodeguita del Medio” con las queridas amigas centroamericanas Marian Pérez y Ana Silvia Menjívar de Síntigo y los colombianos Rafael Rueda y Juan Manuel Bojoca… este último, un contador de chistes realmente formidable; nos tuvo entretenidos toda la noche.  

Nos tomamos todos los mojitos del mundo y comimos delicioso… permanecimos contando chistes y charlando hasta que prácticamente, nos botaron del local; no sé hasta qué hora de la madrugada estuvimos allí… pero el caso es que no todos los días se puede tomar unos tragos en un sitio tan acogedor lleno de recuerdos e historia…

El jueves comenzó para nosotros el seminario internacional (los tres primeros días se había iniciado con conferencistas nacionales) y a partir de ese día debíamos sumarnos los expositores internacionales. Yo no tenía -felizmente- que intervenir ese día; con toda franqueza debo anotar que la cabeza me daba vueltas y sentía la lengua bastante lenta como consecuencia de la jarana de la noche anterior.

El seminario internacional se había organizado con cuatro o cinco temas que eran tratados en simultánea por varios conferencistas en diversos salones. La charla que yo había preparado sobre “los procesos habitacionales populares” correspondía al tema “alternativas organizativas para la vivienda popular”; yo debía intervenir el viernes a las 11h00 y todavía no había tenido noticias de mi maleta y de las copias de la ponencia que ella alojaba en su interior.

Al final de la tarde pasé por hotel para verificar si no tenían alguna noticia de mi equipaje, antes de dirigirme a las oficinas de ASISTUR.

Para mi asombro, en la recepción me esperaba mi maleta… la cerradura estaba rota pero no faltaba nada.

Esa noche ya puede lucir una camisa planchada y pantalones de recambio. Me sentí aliviado de poder dejar de lavar calcetines y calzoncillos todas las noches y al día siguiente pude exponer mi tema a una buena cantidad de personas interesadas. Todos recibieron un ejemplar de mi ponencia y dejé las restantes a los organizadores para su difusión a otros colegas y estudiantes.

El viernes en la noche tuvimos una magnífica cena de despedida y clausura del seminario y de la asamblea del CYTED. 


Recibí mi certificado de participación suscrito por mi amigo Edin Martínez, Coordinador de la Red XIV-b del CYTED y por el ingeniero Héctor Cuervo Masoné, Director del Instituto de Planificación Física de La Habana.

Regresé a Quito, vía Caracas, muy temprano el sábado. Casi no pude conocer La Habana pero guardo los gratos recuerdos de los sabores y las vivencias del Floridita y de la Bodeguita del Medio y sobre todo, guardo mi admiración por la eficacia de los funcionarios cubanos de ASISTUR

¿Cómo hicieron para traer mi maleta a Cuba desde Miami? Hasta ahora me pregunto: ¿cómo?...

Seguramente no tendré nunca una respuesta… ese dato duerme en los archivos del bloqueo y de la guerra fría en medio del calor del trópico.

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