COLIBRÍ
CORUSCANS
Quinde Herrero
Foto:
Nicolás Svistonoff

En agosto de 2005 el Consorcio presentó
a consideración de “Vida para Quito” una idea del proyecto denominado “La ruta del quinde” para crear y consolidar en el costado oriental del Parque Itchimbía, un
espacio destinado a exhibir y precautelar la vida vegetal y animal propias de
ese sector de Quito, que pudiese ser observada por los visitantes del parque y
que pudiera ser a la vez, un lugar privilegiado para los estudiosos de la flora
y la fauna nativas.
Vida para Quito” consideró que la idea propuesta era
válida y solicitó al Consorcio presentar un perfil avanzado del
proyecto, para concretar su apoyo y concertar un acuerdo para su
puesta en marcha.
Se acordó desarrollar un proceso que en grandes términos
contemplara los siguientes pasos: a) identificación de los componentes del
proyecto: características, condiciones y dimensiones principales; b) programa
arquitectónico general; c) definición de la zona de implantación del proyecto;
d) propuesta preliminar del perfil del proyecto, que contuviera: el plan masa
de la propuesta, su dimensionamiento básico, una estimación gruesa de los
costos de inversión, de operación y alternativas de modelos de gestión aplicables;
e) validación de la propuesta preliminar por parte de los actores claves y f) formulación
del perfil del proyecto.
Se consideró que la exhibición de aves, batracios, mariposas y plantas podía constituir la idea central básica del proyecto.
Una de las decisiones adoptadas fue que expertos en cada uno de esos temas emitan un opinión calificada sobre los diferentes aspectos técnicos de la propuesta.
Los aspectos contemplados en un cuestionario previsto
para recabar la opinión de esos expertos fueron: elementos que deberían
mostrarse; relación de los elementos con los usuarios; requerimiento de espacios
de exhibición y áreas complementarias (lo que no se ve); requerimientos técnicos;
condiciones ambientales; instalaciones especiales; colindancias deseadas y no
deseadas; etapas de implementación de la propuesta; sugerencias de formas de
gestión (aspectos operativos, administrativos, financieros, sostenibilidad,
costos de inversión, de operación y
mantenimiento) y otros aspectos que los expertos considerasen necesarios.
Todas estas personas entregaron sus respuestas a los cuestionarios
y, sobre la base de sus opiniones, con Alberto Rosero estructuramos el programa
básico del proyecto, un plan masa tentativo, el presupuesto y el modelo de
gestión que se sugería instaurar.
El objetivo general del Proyecto “La ruta del quinde” era
construir un elemento de atracción turística para el Parque Itchimbía y
paralelamente un espacio de observación, reflexión y motivación de los usuarios
para fomentar su disposición a precautelar la vida animal, vegetal y el entorno
ambiental del Distrito Metropolitano de Quito.

En las opiniones entregadas por los especialistas en el
taller, se identificaron los siguientes componentes funcionales y espaciales de
este posible proyecto: a) área de exhibición para mostrar diversas especies de ranas,
aves, mariposas y plantas; b) centro de interpretación y organización de grupos;
c) centro de administración y d) áreas destinadas a diversos servicios técnicos.

En el área de exhibición de aves se previó la exhibición
de ejemplares de quindes, en un espacio provisto de abundante agua y vegetación
arbustiva al interior y en el exterior de ese espacio. En otro espacio semejante se proponía la
exhibición de otras especies de aves propias de la región andina (huirachuros, tangaras,
mirlos, pinchaflores, jilgueros y otros). La vegetación arbustiva y las condiciones de humedad serían
similares a las requeirdas por los quindes. Cada uno de estos espacios podía abarcar un
área de entre 150 y 200 m2.
En el área de exhibición de mariposas se presentarían
variedades nativas del Ecuador, de diversos pisos climáticos y diferentes
alturas, incluyendo la zona del DMQ. Estarían reunidas en un espacio tipo
burbuja, lleno de plantas. La exhibición se realizaría en un recorrido sobre
“un camino serpenteante” bordeado de vegetación exuberante. Este tipo de
espacio demandaría una cobertura de malla, vidrio o policarbonato. Las especies
deberían estar protegidas de aves y roedores. Se consideró que esa exhibición
debía abarcar una superficie de entre 300 y 400 m2 y estar servida por
un invernadero de 600 m2.
Para el área de exhibición de plantas se previó un jardín
botánico de tamaño medio. El criterio para la exhibición de las plantas fue que
formen parte de los espacios previstos para los otros elementos ya citados así
como de los espacios de conexión entre ellos. Sin embargo ciertas especies
botánicas podían ser destacadas en áreas específicas de exhibición. La
provisión de agua era prioritaria en
este tipo de instalaciones: riego por aspersión; riego por filtración en los
taludes, cascadas con recirculación de agua. Al talud existente en el parque se lo podía trabajar para crear ambientes similares a lo que existen
en las carreteras llenas de epífitas.

El centro de interpretación y
organización de grupos permitiría linstruir y organizar a
los visitantes antes del inicio de sus recorridos y difundir criterios y
procedimientos orientados a la conservación del ambiente. El centro estaría
constituido por espacios de instrucción y organización de grupos y espacios
logísticos (unidad de trabajo, archivos, bodega de materiales...)
El centro de administración y servicios estaría destinado
a oficinas de la administración y áreas de servicios vinculadas con los
visitantes: ventas y servicios (una pequeña cafetería y baterías sanitarias).
El área técnica estaría constituida por una
sala de máquinas que albergaría un sistema hidroneumático para la circulación
de agua en los espacios de exhibición, su
tratamiento y disposición y un generador de emergencia. También formaría parte
de este componente el área de personal –vestidores y baños– y una bodega de
insumos y materiales.
Los estudios definitivos para la posible implementación
de esta iniciativa deberían contemplar la posibilidad de construir una laguna o reservorio si parecía
conveniente desde el punto de vista técnico.
Como criterios generales para hacer realidad esta
propuesta se sugerían que la “Ruta del Quinde” sea un paseo escénico natural y un
circuito-mirador de la flora y la fauna andinas. Se buscaría propiciar un
maravilloso jardín -el primero del
Ecuador- ornitológico, de ranas y de mariposas; para que pudiera convertirse en un modelo nacional y regional de
restauración del bosque y flora andinos y se convierta en un refugio natural de
aves, mariposas y ranas de esta zona del planeta.

Desde el punto de vista de la topografía, el área
seleccionada presentaba tres espacios diferenciados: a) una ladera de baja
pendiente que se origina en el estacionamiento del sur; b) una pequeña meseta
de pendiente suave, que está en la parte central del área seleccionada y c) una
ladera con un talud más pronunciado que
llega desde la hondonada que sería el acceso norte.
Para la organización de
los espacios que formarían parte de la “ruta del quinde” se
establecieron los siguientes conceptos:

Los grupos de visitantes deberían estar conformados por 8
o 10 personas como máximo para que su presencia
no afecte a las especies exhibidas y para que las instrucciones o comentarios de los
guías sean mejor aprovechados.

La economía de recursos debía reflejarse en la posibilidad de compartir espacios; el invernadero del área de las
mariposas por ejemplo, podía ser compartido con la exhibición de plantas prevista.
En este mismo sentido los taludes existentes servirían como limites de ciertos espacios y a la vez como lugares de exhibición de sapos y ranas, por ejemplo.
En este mismo sentido los taludes existentes servirían como limites de ciertos espacios y a la vez como lugares de exhibición de sapos y ranas, por ejemplo.
Las técnicas constructivas y los materiales empleados
para la edificación de los espacios deberían ajustarse a los requerimientos particulares de cada
elemento exhibido (en unos casos deberían ser permeables a las
condiciones ambientales y en otros casos no) y todos, deberían ser semejantes para
no perder la unidad de conjunto.
Las construcciones debían permitir una integración con el paisaje circundante sin perder el carácter de una propuesta arquitectónica contemporánea.
Las construcciones debían permitir una integración con el paisaje circundante sin perder el carácter de una propuesta arquitectónica contemporánea.

La localización del sistema de bombeo así como la buena operación de los equipos debía ser una condición obligada y en ese tema no cabía escatimar recursos.

La accesibilidad por tanto, debería responder a criterios de equidistancia que permita un trato justo y equitativo.

Desde los dos estacionamientos se previó la creación de senderos que vinculasen los sitios de arribo de los visitantes en el norte y en el sur, con la plaza de llegada al centro de interpretación. Tendrían dos metros de ancho, piso de grava y una baranda de protección en su lado oriental. Las personas discapacitadas podrían utilizar la vía técnica en el caso de que la superficie de estos senderos impidiese su movilización.

El centro de interpretación y el área administrativa y de
servicios, deberían conformar una unidad funcional. Desde el centro de interpretación y de organización
de grupos se originaría el recorrido de los visitantes por las áreas de
exhibición que se armarían en una secuencia lineal mediante módulos unidos por
corredores. Se propuso un camino
peatonal, al oriente de la vía técnica -un paso peatonal sobre la quebrada, al
otro lado de la vía técnica- que permitiera retornar al punto de origen al
término de cada módulo de exhibición.
Se sugirió situar el invernadero que produciría las plantas de exhibición y aquellas que precisaba el mariposario, al sur del centro de interpretación, espacio con el que se vincularía por medio de la vía técnica.
El Centro de Interpretación, la administración y los servicios
deberían conformar un conjunto volumétrico integrado al paisaje, transparente, visualmente
permeable y rodeado de vegetación. El empleo de madera estructural, vidrio,
malla y tabiquería liviana fue una opción que se consideró válida.

Se proponía espacios en dos niveles: un andén superior próximo al talud, desde el cual se pueda tener una visión de conjunto de los elementos de exhibición y uno inferior, que permita el contacto más directo con las especies. En el caso del sapario, desde ese andén se podrían observar espacios excavados en el talud que formen parte de la exhibición, así como cascadas o fuentes de agua. Se deberían considerar circulaciones verticales que permitan vincular los dos niveles y organizar el recorrido secuencial de cada módulo. Las dimensiones propuestas para estos módulos serían de 15 m x 8 m y una altura de 5 m de alto.
Los corredores o conectores, serían de materiales similar
al de los módulos y su forma podría ser tubular. A la mitad del recorrido
permitirían la salida de los usuarios para conectarse con el paso peatonal que
retorna al Centro de Interpretación. La longitud de estos elementos sería de 10 m; 3 m de ancho y 3 m de
alto.
Los pasos peatonales sobre la quebrada oriental, que
permitirían el retorno de los visitantes al Centro de Interpretación, podrían
ser construidos con estructura de madera anclada en el talud de la quebrada. El
nivel de este paso podría ser el mismo -
o ligeramente inferior – al de la vía técnica. Se propuso generar la sensación
de estar en el aire sobre la quebrada. La transparencia de sus elementos
constructivos era indispensable, sin merma de su solidez y seguridad.
Para estos
elementos podrían considerarse un mezcla de madera rolliza con elementos de
acero inoxidable (por ejemplo para tensores y partes de los pasamanos) siempre
que se ajusten a los requerimientos de transparencia e integración paisajística ya señalados.

El perfil de esta propuesta -a nivel de pre-factibilidad- fue desarrollado con
gran calidad y profesionalismo por Alberto Rosero.
Desgraciadamente no pudo hacerse realidad.
Desgraciadamente no pudo hacerse realidad.
A pesar de disponer del presupuesto respectivo, de
constar en nuestro contrato como una de las obras a ser desarrolladas en el
Itchimbía, Jimena Araujo y César Burneo, funcionarios de “Vida para Quito” que
debía apoyar y tomar decisiones sobre la construcción fueron dando largas al
asunto.
Por temores sin fundamento, prejuicios e ideas
preestablecidas sobre el “posible rechazo ciudadano” a esta iniciativa,
trabaron la contratación de la planificación definitiva y, a pesar de haber
financiado los estudios de pre-factibilidad (que recibieron a satisfacción), con
su indecisión y falta de visión impidieron que pudiéramos edificar esta
singular propuesta.
Miserias humanas.
Nuestra propuesta se “pasmó” en mitad del proceso. No fue
factible construir y poner en operación esta obra arquitectónica que pudo tener
gran trascendencia para Quito, para la colectividad y para el turismo.
Así es la vida…