martes, 9 de septiembre de 2014

Ecuador 63 El desastre de la Josefina de 1993

Reconstrucción de viviendas y reasentamiento de la población afectada por el desfogue de las aguas del represamiento de La Josefina en la zona de Paute.

 

 El origen del problema

El río Paute se origina al norte de la provincia del Azuay, es parte del límite fronterizo entre las provincias del Azuay y Cañar y después desciende hacia la provincia de Morona Santiago como afluente del río Santiago, para desembocar luego en el Amazonas.

En el tramo del río conocido como la "Cola de San Pablo" se construyó hace muchos años, el Complejo Hidroeléctrico Paute que genera buena parte de la energía eléctrica del país.

El lunes 29 de marzo de 1993, a las nueve de la noche, en el Cerro llamado Tamuga situado en la  cuenca media del río Paute, se produjo un impresionante deslizamiento de aproximadamente 30 millones de metros cúbicos de tierra y rocas; el alud represó las aguas en el sector denominado “La Josefina” a 17 kilómetros de la ciudad de Cuenca. 


En cuestión de minutos todo lo que antes fue un angosto y fértil valle de gran belleza, en el sector conocido como “El Descanso”, entre  La Josefina y la ciudad de Cuenca, se convirtió en un gigantesco lago.

Aproximadamente  200 millones de m³ de agua se acumularon en el sector, en el lapso de un mes. Más de sesenta casas quedaron sumergidas bajo el agua. Además se cortaron las principales vías de comunicación, la carretera Panamericana y el ferrocarril. La magnitud de la tragedia fue tan grande que, un mes después, las autoridades no podían precisar el número de víctimas y la magnitud de los daños.

Como el nivel del represamiento seguía subiendo, una serie de instalaciones fabriles, numerosas quintas y la propia capital del Azuay estaban seriamente amenazadas. Las autoridades tomaron una resolución dramática: con la ayuda de explosivos y de misiles de poco impacto, el dique fue debilitado y la fuerza del agua hizo el resto.


El 30 de abril, un mes después de que el deslizamiento de tierra generara ese enrome represamiento, el agua comenzó a fluir por el cauce seco del rio.

Parecía que todo se había solucionado.

Cuanto la avalancha llegó al valle del Paute, las aguas turbulentas abandonaron el cauce e inundaron las fértiles y productivas vegas próximas al poblado. Pero lo peor estaba todavía por verse.

El torrentoso desfogue acarreaba rocas, troncos y todo tipo de escombros… todos esos materiales  de acumularon contra el puente metálico que cruzaba el río a la salida del poblado, represando nuevamente las aguas. 

Las aguas y el lodo, al toparse con aquel nuevo obstáculo, no se fueron acumulando lentamente, venían ya con la velocidad y fuerza destructiva de cientos de caballos desbocados, chocaron con ímpetu contra el nuevo dique, se salieron del cauce y entraron al poblado destrozando todo a su paso. Entraron y salieron del pueblo a manera de un gigantesco remolino, como una mano colosal girando sobre una torta de lodo. 

El torrente arrasó con todo, en las manzanas más cercanas al rio, tumbó muros, rompió puertas y ventanas y penetró en las casas colmándolas con un espeso lodo que acabó con muebles y electrodomésticos y llegó a las manzanas más distantes inundando calles, patios y huertas con más de un metro de agua lodosa, de olor nauseabundo.

El problema luego del desfogue

En la zona de Paute, el desfogue de las aguas del represamiento de La Josefina afectó una embotelladora de licores y dos plantaciones de flores para la exportación, destruyó 2000 hectáreas dedicadas a actividades agropecuarias y dejó inservibles 112 unidades agrícolas campesinas. También se afectaron 36 fincas vacacionales y residencias de fin de semana. 


Las fuentes de trabajo asalariado y las actividades productivas rurales sufrieron un serio impacto que se prolongó por meses. Las vías de comunicación, las redes eléctricas y un canal de riego también se destruyeron, ello agravó la reconstrucción y la reactivación económica de la zona.

En los asentamiento humanos la situación fue también muy grave: Lumapamba desapareció totalmente y se destruyeron -o sufrieron serios daños- numerosas edificaciones en Paute,  Zhumir, El Cabo, La Estancia, Chicti, Tutucán, Uzhupud, Amaluza y Guachapala. En todos estos poblados las actividades comerciales y los servicios se vieron afectados no sólo por los daños, sino también por el desabastecimiento y la crisis económica posterior al desastre. 



Los actores de la reconstrucción y la reactivación

El equipo pastoral de Paute que dirigía el padre Hernán Rodas y la ONG CECCA (Centro de Educación y Capacitación Campesina del Azuay) que dirigía el arquitecto Iván González, se convirtieron en las cabezas del proyecto de reconstrucción y reactivación de la zona.



Hernán Rodas es ese tipo de personas que resultan inolvidables cuando se las conoce; tiene la cabeza en constante ebullición; permanentemente está inventando proyectos y acciones de beneficio comunitario; trabaja infatigablemen­te en sus labores pastorales; adora el vino, toca guitarra y charango y el número de pasillos, boleros, rancheras, vallenatos, cuentos, anécdotas e historias que conoce sólo es comparable al número de libros que acumula su nutrida biblioteca. 


Es un artista notable; en numerosas iglesias, en los talleres comunales, en la hospedería pastoral, en la sede de CEDECO y en su propia casa en Paute, pueden observarse cuadros, vitrales y detalles de buen gusto que surgen de sus manos como guiadas por la mano de Dios.


Hernán y CECCA, presentaron una propuesta a CEBEMO, organización de cooperación al desarrollo, con sede en los Países Bajos, para buscar apoyo financiero para poder emprender las tareas de reconstrucción. La propuesta fue aprobada y con esos recursos, Hernán e Iván tomaron una serie de decisiones para enfrentar el reto de la reconstrucción con celeridad y eficiencia.


El programa de reconstrucción de Paute fue un éxito. En seis meses intervinieron en toda la zona, atendieron la reconstrucción y reparación de viviendas; apoyaron de manera diferenciada a quienes habían perdido todo y a quienes sufrieron daños parciales pues lo que buscaban era reactivar la economía y normalizar las actividades cotidianas; formaron un banco de materiales y otro de mano de obra y propiciaron la formación de talleres y microempresas de producción de insumos para la construcción.

Respetaron la voluntad de cada familia de regresar al lugar donde estuvo su casa antes del desastre; permitieron que cada una decidiera sus requerimientos de áreas y ambientes; y, no cometieron el error de diseñar prototipos de vivienda para no generar desarraigos o contradicciones culturales o sociales.

Meses después, cuando su labor tenía ya positivos efectos, visibles en la zona, CEBEMO decidió emprender una evaluación del proyecto; pidió al Comité Ecuménico de Proyectos (CEP) que buscará un consultor para evaluar los resultados y… yo fui invitado para realizar ese trabajo.   

Viajé a Cuenca y luego a Paute y pude conocer los detalles de la tragedia y los logros del proceso de reconstrucción emprendidos por estos amigos en esa zona gravemente devastada y afectada. 

De las notas del informe que presenté como fruto de esa visita, he extraído algunos materiales para hilvanar estos recuerdos y evitar que queden en el olvido luego del gigantesco esfuerzo de estos colegas y de los magníficos resultados a los que llegaron en aquel momento.

Reconstrucción y reparación de viviendas

Las estructuras afectadas eran de diverso tipo, casas de habitación, unidades productivas agrícolas, instalaciones industriales, comercios, servicios, etc.  Las pérdidas en la embotelladora de licores, las plantaciones de flores y en otras unidades  agropecuarias, fincas vacacionales y residencias de fin de semana  fueron cuantiosas y dramáticas.  Sin embargo, sus propietarios podían acceder a variadas fuentes de financia­miento para su reconstrucción. 

CECCA decidió que el proyecto atendería básicamente la reconstrucción y reparación de viviendas de los habitantes más pobres de la zona. La decisión fue adecuada pues en la mayoría de los casos eran personas de escasos recursos sin acceso al crédito bancario o a otras formas de financiamiento. 

CECCA promocionó la idea de que el objetivo de la acción no era "hacer casas" sino ayudar a las personas a que superen el impacto negativo del desastre; que encuentren un soporte para que dejen de considerarse "damnificados a perpetuidad".

Pérdidas totales y pérdidas parciales

La magnitud de los daños era diferente en las distintas unidades domésticas y entre los diferentes tipos de afectados. CECCA decidió apoyar de manera diferenciada a quienes habían perdido todo y a quienes sufrieron daños parciales o menores en sus viviendas. 150  vivien­das se destruyeron totalmente y 198 se afectaron de forma parcial. El proyecto atendió a todas esas familias en la construcción o en la rehabilitación de las edificaciones; sin embargo, aquellos que perdieron todo, requerían  más ayuda.

La ubicación de las viviendas afectadas era muy variada: muchas habían estado situadas en las áreas urbanas y otras eran viviendas campesinas, dispersas en la zona afectada. CECCA decidió intervenir en la totalidad de la zona, sin generar diferencias por la implantación de las casas en la etapa anterior al desastre. 


¿Ayuda, apoyo o préstamo?

La situación económica de la mayoría de las familias afectadas era muy conflictiva pues sus viviendas habían desaparecido o estaban seriamente dañadas; también se habían afectado o perdido sus cultivos, empleos o fuentes de ingresos. 

CECCA decidió que las intervenciones se harían a título de ayuda o apoyo y no de préstamo pues la capacidad de pago de los beneficiarios era prácticamente nula al momento y se preveía que continuaría afectada por un buen tiempo adicional. Los más pobres no hubieran podido ser calificados como sujetos de crédito y la capacidad de pago de cualquier tipo de préstamo era casi nula en el resto de la población. Por ello esta fórmula resultó la más adecuada. 

Un banco de materiales y otro de mano de obra

El objetivo del proyecto era la reconstrucción de las viviendas pero la población sufría al mismo tiempo de otras necesidades y problemas igualmente prioritarios. Si las familias recibían una ayuda monetaria, ésta habría podido encauzarse hacia otros requerimientos y aún dilapidarse de muchas maneras. 


CECCA decidió apoyar a la reconstrucción sin entregar dinero, sino proporcionando materiales de construcción y pagando la mano de obra requerida. Formó para ello un banco de materiales y otro de mano de obra (albañiles, carpinteros, plomeros, cerrajeros, etc.) para abastecer a las familias que emprendían la reconstrucción de sus casas. 

Este propósito, sin embargo, fue superado por el curso de los acontecimientos; en la práctica, la reconstrucción comenzó a ejercer una demanda de mano de obra mucho mayor que la oferta y todos quienes habían aceptado integrarse al banco de "mano de obra", pronto comenzaron a   cotizar cada vez más alto su salario y optaron por trabajar para quienes podían pagarles más. Esta situación fue de difícil control y por ello el rubro de mano de obra se elevó considerablemente en todas las acciones del proyecto.

Talleres y mi­croempresas de producción de insumos para la construcción.

El Proyecto propició por otro lado, la formación de talleres y microempresas de producción de insumos para la construcción. Se formaron microempresas de producción de blo­ques de concreto, puertas de madera y ventanas de hierro.

La decisión de hacer bloques fue lógica porque se disponía de abundante grava y arena arrastradas por la correntada. De otra parte, debido al mal estado de los caminos era más fácil transportar cemento y ardex desde Cuenca que ladrillos o tejas desde algún otro sitio. La decisión de hacer sólo las puertas de madera y confeccionar las ventanas de hierro fue adecuada; no se generó una demanda excesiva de madera -lo que habría encarecido ese material- y se brindó oportunidades de trabajo a otros artesanos (cerrajeros).

Los materiales de construcción

Como se ha dicho, cada familia recibía  ayuda, no en dinero sino en materiales de construcción. Las familias retiraban los materiales producidos localmente, directamente de las microempresas; mediante un recibo de entrega-recepción. 

El microempresario cobraba luego del proyecto según en número de unidades entregadas. 

En muchos casos también se destinó un monto para el transporte de materiales hasta la construcción familiar.  El material pétreo y  los áridos requeridos para las edificaciones fueron extraídos del río y entregados a cada familia según un volumen previamente especificado. Para el efecto, el municipio proporcionó maquinaria y equipos (tractores, cargadoras, volquetes).

El problema del tiempo: planificar o reconstruir.

La totalidad de familias afectadas estaban viviendo en carpas en varios campamentos por lo cual la intervención tenía que ser efectiva y rápida para que la normalización de la vida doméstica y la reactivación de las actividades económicas y cotidianas pudiesen producirse en el menor plazo.

CECCA decidió superar de forma ágil todas aquellas etapas de planificación y programación arquitectónica que habrían requerido un tiempo considerable y habrían prolongado la permanencia de las familias en los campamentos.  Cada casa fue "diseñada" prácticamente en el terreno, sobre la base de los requerimientos de cada propietario. Los planos fueron más bien esquemas y se brindó asesoría técnica a manera de recomendaciones. El peso de la planificación y construcción recayó sobre los propios beneficiarios y de los maestros de obra.

La programación y planificación arquitectónicas suelen entenderse como pasos para buscar mejores soluciones técnicas y funcionales a los requerimientos de espacios de la gente y se concibe al arquitecto como el sujeto capacitado para buscar esas soluciones y realizar aportes estéticos y formales. 

Sin embargo, el 80% de las edificaciones del planeta no fueron hechas por arquitectos. Confiar en que la gente pueda hacer sus viviendas no fue una medida equivocada. El mundo está lleno de arquitectos descalzos. Es importante aprender a confiar en ellos.


No a los prototipos de vivienda

Las edificaciones que debían reconstruirse o repararse eran de muy diverso tipo, no sólo por su ubicación en zona urbana o rural, sino también por el tipo de terreno donde debían implantarse. 

CECCA decidió no elaborar planos arquitectónicos pues prácticamente cada caso habría requerido una solución diferente. Por ello tampoco cometió el error de establecer uno o varios prototipos de vivienda; permitió que cada familia decidiera sus requerimientos de áreas y ambientes. Sin embargo dejó abierta la posibilidad de brindar asistencia técnica para la planificación y/o la construcción cuando ese apoyo fuese requerido y demandado por las familias beneficiarias del proyecto.

Cada familia decidió sus requerimientos de áreas y ambientes

Cada damnificado diseñó su vivienda. Esta resolución aumentó el entusiasmo de la población para intervenir y participar en la reconstrucción. Uno de los graves conflictos que originan en los usuarios los llamados "programas habitacionales" es la difícil aceptación de un modelo único de pequeñas viviendas, repetido en largas hileras y en interminables y monótonas manzanas. Esta decisión pudo ser cuestionable, pues muchas casa quedaron inconclusas; pero ello no fue motivo de alarma; innumerables familias de los sectores populares siguen construyendo su casa mientras la habitan. Ello es parte de una estrategia de supervivencia. No pagan arriendo y pueden acumular materiales y recursos hasta que les sea factible avanzar de a poco. En algún momento acabarán su vivienda.

No elaborar ni aprobar planos arquitectónicos

La decisión de dejar en libertad a cada familia para construir su casa -a su manera y a su gusto- como una forma de agilizar el proceso de reconstrucción, pero también de respetar sus opciones y requerimientos, originó ciertas fricciones con personeros del municipio, empeñados en hacer respetar ciertas regulaciones municipales como la aprobación de planos.

La decisión de eliminar los planos como un requisito formal, (bien dibujados y presentados, revisados y aprobados) fue una medida adecuada. Si se piensa que se requerían 150 planos de casas nuevas y 198 levantamientos de edificaciones semi-destruidas (e igual número de planos para su reconstrucción) pensar en planos aprobados, mientras la gente vivía en campamentos y viviendas improvisadas, era realmente absurdo. La reconstrucción no podía esperar. En casos de desastre, planificar sólo lo indispensable y actuar de inmediato, parece la medida adecuada.


Asistencia técnica

Se formaron comisiones de construcción y control en las propias comunidades. Contaron siempre con asistencia técnica  (equipos de maestros mayores y técnicos de CECCA). Con buen criterio, no se optó por formas, tecnologías o sistemas constructivos "innovadores", sofisticados o desconocidos en el medio, que hubieran podido generar rechazo en la población o problemas con la calificación de la mano de obra. Los moradores de la zona y los obreros de la construcción están familiarizados con tecnologías como el hormigón, la mampostería de piedra, ladrillo,  bloque, etc. por ello las viviendas se construyeron sin problemas y en poco tiempo. 

Re­cons­truir: ¿dónde? 

Las diversas familias solicitaron reconstruir sus viviendas en sus respectivos barrios y terrenos, por razones afectivas, culturales y/o económicas. Cada familia regresaría a su lugar de origen, salvo aquellas cuyo terreno se hubiese afectado seriamente o presentase graves riesgos o inconvenientes. No se emprendieron programas habitacionales que hubiesen podido generar desarraigos o contradicciones culturales o sociales. Muchas viviendas se construyeron o reconstruyeron en los propios sitios donde estaban ubicadas originalmente. Si a más del conflicto del desastre se propiciaban desarraigos, el impacto podía multiplicarse y el programa llegar al fracaso.

CECCA contribuyó en la búsqueda y adquisición de terrenos para algunas familias que debieron reubicarse ante un peligro evidente o debido a la destrucción del terreno. En esos casos se les brindó la oportunidad de seleccionar el sitio donde querían trasladarse. 

Reconstruir: ¿qué materiales y tecnologías?

Se propició la re­construcción de las viviendas con los materiales y tecnologías preferidas por la población. Las viviendas se construyeron con cimientos de piedra; plintos, columnas y vigas de hormigón armado; muros de bloque prensado de cemento; cubiertas de ardex, pisos de duela de eucalipto, puertas de madera, ventanas de hierro, cielo rasos de estuco o madera contrachapada; enlucidos de cemento / cemen­tína y  pintura de látex. 

Un intento de propiciar la re­construcción de las viviendas con materiales o tecnologías alternativas o el uso de sistemas constructivos tradicionales (el tapial, por ejemplo); debe entenderse como un proceso casi siempre largo y resultaba inconveniente en ese momento.

Reconstruir: ¿cómo?

El proyecto se propuso desde el principio respetar el derecho de la gente de decidir sobre su forma de vivir. La reconstrucción luego de un desastre es el momento menos adecuado para experimentar formas de agrupamientos urbanísticos o usos del suelo distintos a los que la gente conoce e identifica como suyos. Si las familias son de origen rural (acostumbrados al chanchito, los cuyes, las plantitas medicinales y tantas otras cosas) resulta un grueso error encasillarlas en  modelos que pueden ser adecuados para ámbitos urbanos. Y si las familias están acostumbradas a un espacio individual por más humilde que fuere; también es equivocado el creer que podrá adaptarse a fórmulas en condominio, de casas en hilera. La gente está contenta con la casa "que quiso" en el Paute post-desastre.

Casas comunales, centros infantiles,  juveniles y de ancianos

En ciertos casos CECCA emprendió otras acciones que complementaban las anteriores, en acciones de beneficio colectivo (construcción de casas comunales, un centro de capacitación o ayuda a la reconstrucción del centro infantil, centro de ancianos y centro juvenil de la comunidad salesiana que también fueron afectados por el evento).

Re-construir un conglomerado social

En el Paute, el Equipo Pastoral y CECCA propiciaron la re-construcción de un conglomerado social más que la simple edificación de obras materiales. En cada barrio se crearon comités y comisiones de construcción, distribución de materiales,  fiscalización y control. La organización comenzó en los propios campamentos donde las familias tuvieron que refugiarse ante la perspectiva del evento y luego -cuando éste sobrevino-. 
 
Del conjunto de comités salió "Paute Construye", entidad que jugó un rol central en el proceso, antes, durante y luego, de la reconstrucción. Un conjunto de palabras que fueron seleccionadas como su carta de presentación, evidencian de manera objetiva sus propósitos y sus logros: comunidad, cooperación, coordinación, colectividad, cordialidad, creatividad, comunicación, cambio. 


"Paute Construye" se conformó sobre la base de los Comités, CECCA, la curia y el municipio.  Posteriormente actuó como un verdadero cabildo abierto donde se discutía los problemas, se analizaban soluciones y se tomaban decisiones inherentes a la gestión de la zona. 


Se cumplió el propósito de esa forma de entender la "re-construcción" que buscó apoyar con financiamiento no sólo lo que tiene que ver con las edificaciones, sino también propiciar mecanismos productivos y de desarrollo y fundamentalmente, formas alternativas de participación y democracia.


Vale la pena visitar Paute, conocer estas interesantes acciones de re-construcción y conversar con los habitantes de la zona que lograron re-construir sus vidas. Pero también vale la pena tomarse un trago con el padre Rodas y deleitarse con sus canciones, sus historias y sus obras de arte.

sábado, 6 de septiembre de 2014

Ecuador 65: El taller de diseño arquitectónico en la Facultad de Arquitectura de la U. Católica: los primeros años.

1.    Los inicios de la FADA-PUCE

Como ya he relatado, la Facultad de Arquitectura y Diseño de la PUCE,  nació a inicios de 1994. La propuesta había sido presentada por los arquitectos Diego Carrión, Fernando Calle y Jorge García, al rector, padre Julio Terán Dutari S.J., quien tomó la decisión de crear la facultad y dio el visto bueno para el inicio de las actividades.

Diego fue nombrado decano, Fernando sub-decano, Jorge asumió la dirección del área de arquitectura y Lucho Bossano la dirección del área de diseño. La nueva facultad se inauguró en junio de 1994 y el inicio formal de actividades fue el 26 de septiembre de ese año.

En 1995 se posesionó como nuevo rector el padre Hernán Andrade S.J., quien también apoyó los objetivos y el sistema planteado para el funcionamiento de la FADA.

En 1997 el rector pudo inaugurar el nuevo edificio de la Facultad de Arquitectura y Diseño construido por Fernando Calle.

2.    Los primeros pasos de "Taller de diseño arquitectónico"


En los primeros semestres yo fui profesor de una materia llamada “espacio y percepción” y  desde fines de 1995, cuando los primeros estudiantes comenzaron el tercer semestre, asumí labores docentes y la coordinación del “taller de diseño arquitectónico”; responsabilidades que mantuve hasta cuando dejé la facultad en junio de 2003.

De aquel periodo, debo destacar el compromiso de todos quienes brindaron su concurso como docentes de “Taller” en la FADA. En el día a día, los profesores bregaban con pasión, creatividad y dedicación, por el éxito de una empresa que la sentíamos de todos.

El sistema implementado en la FADA permitía una adecuada selección del personal docente para garantizar la excelencia académica, pero también demandaba de los profesores compromiso, responsabilidad y calidad. Las evaluaciones participativas eran permanentes y la renovación de los contratos dependía de esas evaluaciones.


Una importante innovación de la FADA-PUCE fue la creación de las coordinaciones de paralelos y niveles en cada unas de las carreras. Inés Pazmiño y Mariana Torres fueron las primeras coordinadoras de “Taller”, ellas apoyaban a los profesores en la organización y el cumplimiento de la programación semestral y en todo tipo de ayuda que requiriesen docentes y estudiantes. Posteriormente, Inés se integró a la planta de profesores y pudimos contar con la colaboración de las arquitectas Ximena Rohn y Patricia Castro como coordinadoras de los cursos inferiores (3ro a 6to semestres); Mariana pasó a la coordinación del Taller Vertical (7mo a 9no semestres) y la arquitecta Miroslava Garzón se sumó al grupo como coordinadora del Taller de Fin de Carrera (10mo semestre).

3.    Docentes del Taller de diseño arquitectónico (1995 - 2000)

1995 - 1996
En el semestre académico desarrollado entre septiembre de 1995 y febrero de 1996, cuando la primera promoción comenzó el tercer nivel, el equipo inicial de profesores de “Taller”, estuvo conformado por los arquitectos Milton Barragán, José María Sáez y Mario Vásconez.


1996 -1997
En el semestre desarrollado entre marzo y agosto de 1996 cuando la segunda promoción comenzó el tercer nivel y la primera inició el cuarto semestre de su carrera, habíamos decidido que los grupos de trabajo de "Taller" debían ser menos numerosos para poder generar una relación más cercana profesor-alumno, así que duplicamos el número de profesores.

- En 3er nivel al grupo inicial (M. Barragán, J.M. Sáez y M. Vásconez) se sumaron tres nuevos profesores Hernán Burbano, Héctor Chaves y Mauricio Moreno.


- El 4to nivel también fue estructurado con seis profesores; los arquitectos: Fernando Bucheli, Fernando Calle, Nancy Méndez, M. Moreno, Roberto Noboa y Enrique Vivanco.
 

En el semestre desarrollado entre septiembre de 1996 y febrero de 1997, los estudiantes tuvieron como docentes a los siguientes arquitectos:

-  3er nivel: H. Burbano, Handel Guayasamín, J.M. Sáez y Jaime Vásconez.

 
-  4to nivel: F. Bucheli, F. Calle, Alexis Mosquera y M. Vásconez / N. Méndez.
-  5to nivel (cursado por la 1ª. Promoción): M. Barragán, H. Chaves, M. Moreno y E. Vivanco.

1997 -1998
En el semestre desarrollado entre marzo y agosto de 1997 los profesores de "Taller" fueron los siguientes arquitectos:

-  3er nivel: H. Guayasamín, J.M. Sáez y J. Vásconez.
-  4to nivel: F. Bucheli, F. Calle, Carlos Jácome y M. Vásconez / Inés Pazmiño.
-  5to nivel: M. Barragán, M. Moreno y E. Vivanco.
-  6to nivel: H. Burbano, Álvaro Martínez, A. Mosquera y Edwin Samaniego.
En el semestre desarrollado entre septiembre de 1997 y febrero de 1998 la planta docente de "Taller" estuvo integrada por los arquitectos:

-  3er nivel: H. Guayasamín, J. Vásconez y Mario Vivero.
-  4to nivel: F. Calle, C. Jácome y M. Vásconez.
-  5to nivel: M. Barragán, H. Burbano, Andrés Núñez y E. Vivanco.
-  6to nivel:   H. Burbano, Á. Martínez, A. Mosquera y E. Samaniego.
-  7mo nivel: M. Moreno, R. Noboa, Tomás Uribe y J.M. Sáez.


1998 - 1999
Para el semestre desarrollado entre marzo y agosto de 1998 se experimentó una fórmula nueva  que tuvo mucho éxito: propiciar el trabajo docente mediante equipos de dos profesores y asumir un “énfasis” particular en los ejercicios de cada nivel (orden geométrico, orden conceptual, investigación, entorno y taller vertical). La planta docente de "Taller" estuvo integrada por los siguientes equipos de arquitectos:

-  3er nivel (orden geométrico): a) C. Jácome y Manuel Uribe, b) I. Pazmiño y T. Uribe.
- 4to nivel (orden conceptual): a) J.M. Sáez y Juan Javier Malo; b) H. Guayasamín y Eugene Mangia.
- 5to nivel (investigación): a) M. Vásconez y A. Mosquera; b) José Eduardo Báez y Patricia Fondello; c) Á. Martínez y Diego Salazar
-  6to Nivel (entorno): M. Barragán y Carlos Veloz
- 7mo y 8vo niveles (taller vertical / práctica de diseño avanzado): a) J.M. Sáez y M. Uribe; b) M. Moreno y María Dolores Montaño; c) Alfredo Rivadeneira;  d) T. Uribe; e) Francisco Monroy; f) R. Noboa y g) Roberto Andrade.

A partir del séptimo nivel la materia fue organizada bajo la modalidad de taller vertical; ello implica que los estudiantes de séptimo, octavo y noveno niveles deberían desarrollar conjuntamente, ejercicios de diseño con semejante nivel de complejidad, aunque con mayor nivel de exigencia para los estudiantes de los cursos superiores, en unidades académicas que disponían de un espacio físico propio, bajo la responsabilidad de uno o dos profesores.

Para el semestre académico desarrollado entre septiembre de 1998 y febrero de 1999, la planta docente de Taller estuvo integrada por los siguientes equipos de profesores:

-  3er nivel (orden geométrico): a) C. Jácome y M. Uribe, b) I. Pazmiño y T. Uribe.
-  4to nivel (orden conceptual): a) J.M. Sáez y Ariel Castro; b) y E. Mangia J.J. Malo.
-  5to nivel (investigación): a) M. Vásconez y A. Mosquera; b) José Eduardo Báez y Patricia Fondello; c) H. Guayasamín y Á. Martínez.
-  6to Nivel (entorno): M. Barragán y Carlos Veloz
-  7mo, 8vo y 9no niveles (taller vertical): a) J.M. Sáez y A. Castro; b) M. Moreno y M.D. Montaño; c) A. Rivadeneira;  d) T. Uribe; e) F. Monroy; f) R. Noboa y g) R. Andrade.


1999 - 2000
Para el semestre académico desarrollado entre marzo y agosto de 1999, la planta docente de Taller estuvo integrada por los siguientes profesores:

-  3er nivel: a) M. Uribe, b) I. Pazmiño y T. Uribe
-  4to nivel: a) J.M. Sáez y J.J. Malo, b) H. Guayasamín y E. Mangia.
-  5to nivel: a) Á. Martínez; b) A. Mosquera; c) D. Salazar
-  6to nivel:  a) M. Barragán, b) C. Jácome; c) Carmen E. Ribadeneira y F. Calle
-  7mo, 8vo, 9no niveles (taller vertical): a) J.E. Báez b) Gonzalo Bustamante; c) Henry Carrión; d) Patricio Endara; e) M.D. Montaño y F. Monroy; f) A. Rivadeneira; g) T. Uribe.
-  10mo nivel (trabajo de fin de carrera): a) F. Calle; b) M. Moreno; c) R. Noboa; d) M. Vásconez.


En el año 2000 invitamos a los arquitectos Alberto Rosero y Ovidio Wappenstein a sumarse al equipo del Taller de fin de carrera. 

Ese año graduamos la primera promoción de arquitectos; los nuevos profesionales de esa promoción y de las siguientes, tenían una sólida formación y gran solvencia técnica, conceptual, teórica y práctica, sumadas a cualidades éticas y humanas. Habíamos logrado cumplr el reto de todos cuantos estábamos empeñados en la formación de esos nuevos arquitectos.

4.    Sistematización de retos, propósitos y experiencias


En 1998 escribí un documento académico titulado “Modelo conceptual para el diseño de objetos arquitectónicos: Contribución a la enseñanza-aprendizaje del diseño arquitectónico”

Ese texto sintetizaba los criterios y fundamentos del “Programa general del taller de diseño arquitectónico” que elaboré como resultado de constructivos debates y discusiones con los colegas del colectivo de profesores de “Taller”.

El objetivo de ese documento era contribuir a que los trabajos de diseño que realizaban los estudiantes de “Taller” tuvieran como punto de partida, la comprensión de un conjunto de elementos conceptuales que les dieran sustento. A esa intención se sumaba la aspiración de que el documento suscitara el debate y la crítica; se nutriera de ideas y conceptos… y propiciaran una mejor definición y colectivización de los términos usados en el diseño, el análisis histórico, la crítica y la docencia de la arquitectura.

Al entregar ese texto a la comunidad de colegas y estudiantes de la FADA-PUCE lo hice convencido, de que requería muchas contribuciones y correcciones; en ese momento, era nada más que la primera piedra.

En el presente relato me he propuesto realizar una síntesis de aquel documento por considerarlo una base importante de lo que la facultad pudo hacer desde su creación hasta que dejé las aulas en 2003 y también –debo suponer- de lo que ha podido hacer en años posteriores.

5.    Fundamentos del “taller de diseño arquitectónico” en la FADA-PUCE


Los profesores de “Taller” nos habíamos planteado una serie de preguntas referidas a las metas de la materia y de la facultad: a) ¿Cómo contribuir a la formación integral de los estudiantes de arquitectura?; b) ¿cómo contribuir al desarrollo de sus capacidades para intervenir profesionalmente en distintas realidades, a través de propuestas y soluciones innovadoras?; c) ¿cómo prepararlos para enfrentar diversos contextos y problemas particulares, aplicando en ello conocimientos universales y un alto compromiso ético?.

Considerábamos que en la búsqueda de adecuadas respuestas a esas interrogantes radicaba el reto de todos cuantos estamos empeñados en la formación de nuevos arquitectos.

Pero no sólo nos hacíamos preguntas filosóficas y de fondo, nos preguntábamos también cosas prácticas y terrenas: a) ¿Cómo buscar un sistema de formación coherente, direccionado, que articulara los diferentes niveles y materias?; b) ¿cómo estructurar equipos docentes consolidados que se interrelacionaran horizontal y verticalmente, con objetivos, metodología y contenidos claros?; c) ¿cómo lograr una aproximación a esos objetivos con sistemas de evaluación y seguimiento no subjetivos?

Creíamos que en las respuestas a esas dudas radicaba un reto complementario que apuntaba a entender el proceso de enseñanza-aprendizaje de manera diferente.

En este contexto y ante esos retos, el taller resultaba ser el espacio formativo por excelencia: aportaba conocimientos y desarrollaba actitudes y prácticas en los estudiantes; era el eje estructurante de la carrera profesional de la arquitectura.

Pero como docentes debíamos responder también algunas cuestiones ligadas a los fines de la carrera de arquitectura, para que los jóvenes graduados pudiesen aportar de forma adecuada al desarrollo del país: ¿qué tipo de arquitecto queríamos formar?, y ¿qué tipo de arquitectura debería ser realizada por los arquitectos egresados de la FADA-PUCE en el futuro?
6.    Problemas y sub-problemas

En “Taller” se buscaba desarrollar -conjuntamente con los estudiantes- un método reflexivo que permitiera entender los problemas arquitectónicos como “sistemas” en los que diferentes sub-problemas demandaban una solución integral: a) de partido general arquitectónico; b) funcionales; c) formales y estéticos; d) espaciales; e) técnico-constructivos; f) de confort; g) de emplazamiento; h) ambientales; i) de contexto; j) legales; k) económicos y financieros; etc.

7.    Dominios básicos para el diseño arquitectónico

En las formas tradicionales de enseñanza de la arquitectura era frecuente constatar incongruencias como: a) el fraccionamiento entre niveles, materias y criterios de los profesores; b) el fomento en los estudiantes de una actitud acomodaticia a los criterios de los docentes; c) falta de rigor en las propuestas o excesivo convencionalismo; d) descontextualizaciones físicas, sociales, históricas o culturales; e) deficiente información sobre los fundamentos de la arquitectura; f) deficiencias en instrumentos de expresión; g) ausencia de un método explícito de diseño, etc.


El trabajo en “Taller” debía tratar de corregir esas contradicciones estableciendo niveles de conocimiento y alcances de cada nivel. Esos niveles y alcances debían guardar estrecha relación con las otras materias del pensum académico, con los objetivos generales y específicos de la facultad y de “Taller” y con ciertos dominios básicos que debían exigirse a los estudiantes de cada nivel: a) dominio representativo-expresivo; b) dominio crítico-descriptivo-interpretativo; c) dominio reflexivo; d) dominio creativo; y e) dominio productivo-constructivo.

8.    Una metodología de enseñanza-aprendizaje

Cada uno de los ejercicios abordados debía ser entendido como un “medio de enseñanza-aprendizaje" y no como "un fin" en sí mismo. Sin embargo si bien se debía valorar el proceso también se debía evidenciar y evaluar los resultados.

En la práctica de “Taller”, se debía ayudar al estudiante a descubrir y precisar las intenciones iniciales del ejercicio y los objetivos del proceso que orientasen y definiesen el desarrollo del diseño. Estas pautas proporcionaban parámetros claros que reducían la subjetividad en la valoración del proyecto y facilitaban la comunicación profesor-alumno y alumno-alumno permitiendo mejorar las actividades de autocrítica o de trabajo en grupo.

El alumno se iba acostumbrando a la búsqueda de soluciones creativas para los objetivos iniciales de su diseño, a través de la investigación crítica de los sub-problemas y a desarrollar de forma coherente esos objetivos en el proceso de diseño. Se debía evitar el no forzar la creatividad intuitiva y se debía potenciar la creatividad a través de un método de aproximación al diseño basado en el orden de partida como elemento estructurante.

9.  El ¿para qué? de este rollo

Con estos mecanismos se apuntaba a que los estudiantes pudieran ser rigurosos (en sus análisis y propuestas); flexibles (para que pudieran contextualizar sus intervenciones); críticos y creativos (para que pudieran interpretar la realidad); propositivos en sus soluciones (con sólidos conocimientos técnicos, teóricos e instrumentales) y conocedores de un método claro de diseño (que les permitiera integrar sistemas y trabajar de forma colectiva e interdisciplinaria).

Con este tipo de formación podían demostrar -en sus trabajos futuros- sus conocimientos y compromiso ético; su capacidad reflexiva y su creatividad; el manejo de elementos conceptuales e instrumentales, sus habilidades y práctica; su sensibilidad e ingenio; su rigurosidad y vínculo con la realidad; las destrezas y la capacidad para tomar decisiones para que sus propuestas pudieran constituir respuestas y referentes validos para nuestro medio.

Ahí radicaba el reto de todos cuantos estábamos empeñados en la formación de nuevos arquitectos.
  

10.    El ¿por qué? de este relato


El documento que dio origen a este texto constaba de tres partes: a) un análisis referente a los criterios y lineamientos que estábamos tratando de aplicar en el proceso de enseñanza-aprendizaje del diseño arquitectónico en la FAD-PUCE; b) una propuesta de modelo aplicable a la sustentación conceptual del diseño arquitectónico, y c) un glosario básico de un conjunto de términos usados en el quehacer del diseño arquitectónico.

En este relato he tratado de sintetizar la primera parte (los criterios y lineamientos).

En alguna biblioteca de la PUCE debe reposar la propuesta del modelo conceptual y el glosario básico de términos que lo acompañaba… los interesados pueden remitirse a esos documentos originales… ojalá yo pueda volver sobre ello, en otro espacio y en otra ocasión.

En este relato me parecía importante además que pudieran quedar registrados los inicios del “Taller de diseño arquitectónico” de la FADA-PUCE, así como los nombres de sus protagonistas y gestores. No cabía que esas acciones que demostraron ser tan exitosas y llenos de “lecciones a aprender”, pudieran traspapelarse y quedar en el olvido, por decisión u omisión de alguien.