viernes, 5 de octubre de 2012

Ecuador 47: En helicóptero: el Parque Metropolitano Guangüiltagua desde el aire.

Como ya he relatado el Consorcio CIUDAD-Ecogestión administraba el Parque Metropolitano Guangüiltagua (PMG) luego de haber ganado un concurso convocado por el Municipio Metropolitano y la Corporación “Vida Para Quito”.

Tuvimos a nuestro cargo la gestión integral del parque por màs de tres años, desde fines de 2006 hasta el 31 de agosto de 2010.

Ahora que los helicópteros de Aeropolicial han cumplido un rol importantísimo en el control de los incendios forestales, he recordado un vuelo que realizamos con oficiales de ese organismo para recorrer el Parque Metropolitano Guangüiltagua y definir la posible ubicación de un sitio para el aterrizaje de ese tipo de aeronaves en casos de emergencia. 


El 02 de junio de 2009 recibí una carta de la licenciada María del Pilar Loachamín, Administradora de la Planta de Agua Potable de la EMAAP-Q, ubicada en el PMG, en la que me pedía realizar un reclamo formal a la Comandancia General de Policía por cuanto un helicóptero de “Aeropolicial” había realizado un aterrizaje no autorizado en los terrenos de esa planta de potabilización el sábado 30 de mayo.

Me comuniqué de inmediato con María del Pilar para pedirle más información y me reiteró lo sustancial de su carta, añadiendo que el aparato había aterrizado de improviso sobre los tanques de almacenamiento de agua que están debajo de una losa de hormigón, recubierta de césped… su alarma se debía a que el peso del aparato podía haber comprometido la estructura y originado un desastre de proporciones desconocidas si hubiese llegado a trizar la cubierta de esos tanques que abastecen de agua a la mayor parte del norte de la ciudad.

Ya con más elementos de juicio dirigí una carta al General Freddy Martínez, Comandante General de la Policía Nacional, pidiendo nos aclarara el incidente y adjuntando el reclamo de la EMAAP-Q

Nuestra solicitud fue tramitada de inmediato y a los pocos días recibí la amable visita del Teniente Coronel Guillermo Ortega, Comandante del Servicio Aeropolicial, quien personalmente me traía una copia del Informe firmado por el Mayor Byron Haro, explicando que tuvo que realizar ese aterrizaje en el PMG al haber detectado fallas técnicas al sobrevolar zonas habitadas y construidas del norte de la ciudad.

Agradecí al Teniente Coronel Ortega su amable deferencia y acepté las explicaciones que eximían de toda responsabilidad al Mayor Haro. Le aclaré sin embargo, que los terrenos en los que aterrizó, aún si parecen un campo verde, son en realidad losas de hormigón cubiertas de césped y deberían registrar ese particular para no repetir la maniobra en el futuro.

Quedamos en hacer una visita técnica para poder establecer un sitio adecuado para el aterrizaje de helicópteros en el Parque para cualquier emergencia -como la que se presentó en esa ocasión con la aeronave policial-, pero también para que el Parque  y la planta de la EMAAP-Q pudieran disponer de un espacio para aterrizaje de  helicópteros para atender cualquier requerimiento de seguridad o de auxilio a usuarios, visitantes o trabajadores.

El Teniente Coronel Ortega me invitó a realizar un sobrevuelo del parque al día siguiente para poder detectar posibles lugares donde se pudiera prever un “helipuerto” en el PMG.

El posible soporte de Aeropolicial en caso de emergencias era una necesidad vital para el disminuir la vulnerabilidad del PMG, así que acepté gustoso el ofrecimiento del comandante de esa unidad. Yo tenía un par de ideas de los posibles sitios para ubicar una plataforma para aterrizaje de helicópteros, por tanto quedamos en verificar -in situ- si brindaban las facilidades y condiciones requeridas.

El 18 de junio de 2009 a las 07h30, con Anita Torres, la famosa “Pequitas”, nuestra  comunicadora y relacionadora, fuimos hasta el aeropuerto Mariscal Sucre, donde nos esperaban el piloto y su acompañante para hacer el sobrevuelo con nosotros.




A las 08h00 luego de recibir ciertas indicaciones básicas de seguridad, sobre la forma de comunicarnos internamente mediante radio y de cumplir la rutina de verificación de una serie de detalles previos al vuelo, nuestro pequeño helicóptero se elevó rumbo al Parque.


Luego de salir de los terrenos del Aeropuerto, recorrimos la avenida 10 de agosto, el sector fabril de El Inca; la avenida Eloy Alfaro y llegamos hasta la avenida Granados. Ingresamos al Parque a la altura del Redondel del Ciclista; brevemente pudimos ver la pista de BMX que con tanto esfuerzo construyeron los padres de familia y los deportistas del Club Deportivo de la UTE.


El territorio del Metropolitano que tantas veces recorrimos y nos resultaba tan familiar y querido, era en esta ocasión diferente e, incluso, impresioantemente grande, visto desde el aire.

Cruzamos la zona boscosa del límite noroccidental del PMG y llegamos hasta la Comuna Miraflores; pudimos ver la cancha de uso múltiple y el kiosco que construimos durante nuestra gestión en el área comunal de ese conglomerado humano. Se veía también las obras de la Casa Comunal que los moradores habían comenzado a levantar para reemplazar la vieja sala de reuniones que estaba en territorio del Parque. Reconocimos las casas de muchos de nuestros colaboradores pues los miembros de la Microempresa “Ashintaco”, encargada del mantenimiento, limpieza y jardinería del Parque, al igual que varios miembros de la Empresa de Guardabosques, eran moradores de la “Comuna”.

Sobrevolamos luego la cancha de la Liga Barrial Miraflores. Ese espacio deportivo y sus instalaciones no forman parte del territorio de la Comuna Miraflores. En los campeonatos y otras actividades de la Liga Barrial participan varios equipos y deportistas de la Comuna pero la Liga agrupa a numerosos otros equipos de barrios vecinos al Parque. Sus precarias instalaciones y sus prácticas deportivas y cerveceras dependen de la Federación de Ligas Barriales de Quito. Con el presidente de la Liga tratamos muchas veces de conseguir del Municipio la donación de otro terreno más adecuado para las actividades de esta agrupación. Sin embargo nuestras gestiones no tuvieron éxito y la Liga Barrial sigue usando el espacio del Metropolitano para sus prácticas y entretenimientos, deportivos y non-santos.

Nuestro vuelo continuó luego hacia el sur, atravesando el bosque del borde occidental del Parque desde donde pudimos ver las urbanizaciones cercanas y con mucha claridad, el Estadio Olímpico “Atahualpa” de El Batán.

Seguimos por sobre las líneas de trasmisión que vienen desde Cumbayá y atraviesan el parque hasta la Sub-Estación de la Empresa Eléctrica Quito y llegamos hasta la Quebrada “Ashintaco” y luego al parqueadero del mismo nombre

Nosotros restauramos el Parqueadero “Ashintaco” con tecnología y materiales ecológicos gracias al concurso de la firma "Consolit" representada en el Ecuador por nuestro buen amigo Felipe Adolf.

Atravesamos la vía de acceso al Parque, aquella que une la calle Guangüiltagua con la planta de Tratamiento de Agua de la EMAAP-Q y llegamos al nuevo parqueadero “Chuquipata” que construimos también en nuestro periodo, merced  a un contrato suscrito con el Ingeniero Raúl Duque.

El parqueadero “Chuquipata” lo planificamos usando el trazado, los bordillos y el alcantarillado existentes, de varias manzanas de la antigua urbanización que la Cooperativa de empleados y trabajadores del IETEL (Instituto Ecuatoriano de Telecomunicaciones) pretendió construir en ese territorio.

En esa zona existían varias casas y numerosos cerramientos que algunos miembros de la cooperativa edificaron tratando de presionar por ese medio su permanencia en el actual Parque Metropolitano. Sin embargo prevaleció la declaratoria de utilidad pública y cuando nosotros nos hicimos cargo de la administración del Parque tuvimos que derrocar esos cerramientos y rellenar las calles que habían sido trazadas y excavadas.

Recuperamos así el perfil original de la colina y reforestamos con especies nativas las antiguas manzanas para poder integrar esa zona, al territorio del Parque. Restauramos dos de las casas ruinosas existentes para dedicarlas a otras funciones: una, llamada Yuyu-Tambo (la Posada de las yerbas) la dedicamos a la producción y expendio de hierbas medicinales y hortalizas orgánicas, gracias al apoyo de la ONG Chisp-Ecuador; y otra; llamada Puma-Tambo (la Posada de los Pumas) a la sede de la microempresa de Guardabosques del PMG, los famosos “Pumas”. Una tercera casa de propiedad de una familia Espinosa que seguían litigando para evitar ser desalojados del Parque, siguió en pie por casi todo nuestro período y solo fue derrocada por el Municipio merced a una orden judicial a mediados de 2010.

Volamos sobre la antigua urbanización del IETEL y pudimos observar la iglesia que aquella cooperativa comenzó a edificar en ese espacio. Hernán Burbano nos hizo un maravillosos proyecto para restaurarla como sede de la administración del Parque y  “Centro de actividades culturales” pero su ejecución no fue aprobada por “Vida para Quito” a pesar de nuestras innumerables cartas y pedidos… Allí sigue, sin uso y deteriorándose, cuando puedo estar operativa y brindando adecuados servicios a usuarios y visitantes.

El helicóptero se desplazó luego hacia el oriente  y sobrevolamos la vía con parterre central que, por mucho tiempo, fue el único parqueadero del Parque, vimos la “pista de  socialización canina” y la “zona deportiva” que construimos y rehabilitamos en nuestra gestión y el “Centro de Información y Servicios Generales” de donde salieron a saludarnos nuestros colaboradores y colegas que sabían que realizaríamos esa inspección aérea.

Pedimos a nuestros pilotos enrumbar el vuelo del helicóptero hacia la planta de tratamiento de la EMAAP-Q para pudieran verificar que el sitio dónde ellos se había posado en días pasados no era un prado -como eventualmente pudo parecer desde el aire- sino una losa con recubrimiento vegetal.

Volamos sobre el gran reservorio de almacenamiento de agua cruda y sobre los numerosos tanques en los que el agua recibe tratamiento para poder salir luego hacia la ciudad en condiciones óptimas para el consumo humano. La vista de todas estas instalaciones y la visión del paisaje de la cordillera en el límite oriental del valle de Cumbayá y Tumbaco eran sobrecogedoras desde el aire, con la luz de la mañana que se reflejaba en el agua de la planta y en la bruma que apenas estaba comenzando a  despejarse sobre el valle.

A más de guardar ese instante en una serie de hermosas fotografías, Pequitas hizo un lindo registro en video de esa parte del recorrido aéreo.

Luego de dar una vuelta para ver el bosque del límite oriental del Metropolitano, nos dirigimos hacia el sur. Volamos sobre la meseta llamada de las “Tortugas” por las esculturas allí localizadas.

Justamente pudimos ver desde el aire en primer plano la obra a la que la gente la conoce como “Las Tortugas” del escultor holandés Mark Brusse llamada realmente “Mirando al Señor Cotopaxi”; al fondo el gran arco multicolor denominado “Inducción Cromática Ecuatoriana” de Carlos Cruz Diez de Venezuela, escultura conocida como  “El Arco Iris” y a la derecha, las “Columnas” de Saturo Sato, artista japonés.
    
Nos dirigimos luego hacia el lugar donde se encontraba la escultura “Cenital” de Joseph María Camí de España. Al inicio de nuestra gestión, la escultura fue retirada por el Municipio para ubicarla en la avenida Simón Bolívar. Nos dejaron la base semi-destruida y cómo no hubo forma de lograr que la retirasen o la reparasen, optamos por usarla para conformar un ágora para actividades al aire libre conformando con tierra y césped unos graderíos semicirculares en su costado sur.

Ese era uno de los sitios que podría ser utilizado para el aterrizaje de helicópteros en caso de emergencia. Nuestros pilotos dieron varias vueltas y verificaron que el diámetro del círculo efectivamente era más que suficiente para esas posibles maniobras… sin embargo desecharon esa opción por la cercanía de grandes árboles de eucalipto en las inmediaciones, ello pondría en peligro un eventual aterrizaje, sobre todo en período de vientos.

Volamos luego la zona de bosque del límite sur del parque desde donde pudimos divisar las casas y edificaciones del Barrio Bellavista entre otros, la “Capilla del Hombre”, legado del connotado pintor Oswaldo Guayasamín. Desde allí se veían también la iglesia y residencias de Guápulo y los grandes edificios de la avenida Gonzáles Suárez.




No dirigimos nuevamente hacia el centro del Parque, allí quería que los pilotos evaluasen el otro posible lugar que podría servir para el aterrizaje de helicópteros: una semi-manzana de la antigua urbanización de IETEL, ubicada junto a la pista de socialización canina… El lugar les pareció ideal pues se encontraba distante de árboles, redes eléctricas o cualquier otro tipo de obstáculo; el terreno era plano y accesible para poder trasladar a cualquier persona accidentada o para permitir el desplazamiento de socorristas o policías para atender cualquier emergencia en el parque.


No aterrizamos en ese predio porque la vegetación estaba un poco alta… pero si lo hicimos en la pista de socialización canina, a un costado de los equipamientos que ésta disponía para ese tipo de servicio a la comunidad. 

No pudimos descender del aparato pues, inmediatamente después de nuestro aterrizaje, los curiosos comenzaron  a correr hacia el helicóptero y los pilotos tuvieron recelo que las aspas que continuaban girando, pudieran ocasionar un accidente.

Nos volvimos a elevar y luego de saludar con la mano a todos quienes se estaban acercando, emprendimos el viaje hacia el Aeropuerto de Quito en donde aterrizamos a las 08h47 luego de un interesantísimo tour de algo más de tres cuartos de hora.  

El acercamiento con la institución Aeropolicial, permitió que hayamos podido definir conjuntamente, el lugar idóneo para que las naves de Aeropolicial puedan realizar aterrizajes en el PMG para eventuales necesidades de apoyo y casos de emergencia.

En una carta que dirigí al Comandante General de la Policía, al Comandante del Servicio Aeropolicial y a nuestros pilotos, agradecí a nombre del Consorcio CIUDAD-Ecogestión las atenciones recibidas y les reiteré nuestro compromiso de colaboración para que la Policía Nacional y Aeropolicial puedan disponer de un lugar de aterrizaje para que puedan desarrollar sus actividades de la mejor manera para servicio de la comunidad y en beneficio de quienes laborábamos en el PMG.

Durante nuestra gestión mantuvimos podado y despejado de árboles u otros obstáculos el área prevista para posibles aterrizajes de helicópteros y sugerimos a nuestra colega Mayra Calderón, Directora del Parque Itchimbía, que destinara un espacio adecuado en ese Parque, para idénticos fines.

Ojalá el Municipio haya preservado esta iniciativa y no sólo el Metropolitano y el Itchimbía, sino otros espacios públicos puedan disponer de áreas adecuadas para este tipo de operaciones en casos de emergencia.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Filipinas 2: Los yipnis y otras cosas curiosas de mis viajes a Filipinas



Escribí hace poco un relato que titulé “La cultura gastronómica filipina y las influencias culturales”, ese texto me ha llevado a recordar una serie de anécdotas y vivencias de mis viajes a Filipinas.

En total he estado en Filipinas en tres ocasiones. En todas pude compartir vivencias extraordinarias con queridos amigos y conocer distintos lugares fantásticos en ese bello país del sudeste asiático.

La primera ocasión que estuve en Filipinas fue en Mayo de 1994 para asistir al Seminario internacional “Agua Y sociedad civil: Estrategias para un desarrollo sostenible y justo”, organizado por el “Secretariado Internacional del Agua - SIA” y “Aprotech-Asia”, evento que se desarrolló en un magnífico hotel en la provincia de “Laguna”.

La Provincia de Laguna se ubica en la isla de Luzón. Lilia Ramos  presidente del SIA y Directora de la ONG local “Aprotech-Asia”, había reservado para nuestra reunión un formidable resort llamado “Lagos del Sol”, situado entre las aguas del lago “Caliraya” y el frondoso bosque de sus alrededores.

El resort estaba ubicado a dos horas de Manila y se llega hasta allí luego de recorrer magníficos  paisajes tropicales de la campiña filipina llenos de cocoteros, coloridas buganvillas y cucardas y exuberante vegetación de gigantesco follaje.

Como se señalaba en su publicidad “Lagos del sol” es un hotel, verdaderamente, “besado por el sol”.


Las comodidades de las instalaciones en medio de la belleza del lago y de la naturaleza hacen de ese lugar un verdadero paraíso.

Para asistir al Seminario, los participantes nos desplazamos hasta el hotel en un “yipni” de carrocería cromada.

Viendo las fotos que he podido extraer de un viejo video de esa época, resulta impresionante no solo vernos tan jóvenes sino además, mucho más delgados (sobre todo, mi amigo Raymond Jost quien aparece en las imágenes con cuarenta kilos menos).


Los “yipnis” son el medio de transporte público más popular de Filipinas y tienen una imagen parecida a la de los carros que se vendían en Ambato en la feria de juguetes de “Finados” o al “Andino” que fue el primer vehículo producido en el Ecuador en la década de los sesenta.


Los “yipnis” fueron originalmente hechos con jeeps de las fuerzas armadas de los Estados Unidos luego de la Segunda Guerra Mundial. Desde esa época son reconocidos por su carrocería plateada con decoraciones coloridas y extravagantes.


Cuando las tropas estadounidenses comenzaron a salir de las Filipinas al final de la Segunda Guerra Mundial, los centenares de jeeps del ejército fueron “dados de baja” y vendidos a mecánicos y trasportistas locales quienes reconstruyeron los jeeps para permitir el transporte de pasajeros. Poco a poco la habilidad de esos artesanos fue originando el aspecto actual de los “yipnis” con parrilla de metal para la carga, ornamentos brillantes de cromo en el capot y las paredes laterales y adornos de colores llamativos.

Ahora circulan por todo lado, en Manila y en el resto del país, repletos de pasajeros.

El yipni se hizo rápidamente popular y fue una manera creativa de restablecer el transporte público barato, que había sido destruido virtualmente durante la segunda guerra mundial. Cuando el gobierno filipino se dio cuenta de la masiva utilización que se estaba dando a esos vehículos adaptados, comenzó a poner cierto tipo de restricciones: las rutas debía ser regulares y los precios razonablemente fijados.

Aunque los “yipnis” originales eran simplemente jeeps militares restaurados, los yipnis modernos ahora son producidos en fábricas independientes dentro de Filipinas, usando camiones japoneses de segunda mano, previstos originalmente para llevar carga y no pasajeros.

Los fabricantes de “yipnis” compiten con las empresas que traen vehículos importados; muchos construyen “yipnis” parecidos a los Hummer o a Toyota, usando partes y accesorios de esos otros vehículos.

Viajar en “yipni” es una experiencia fabulosa, no todos disponen en vidrios en la zona prevista para los pasajeros y cuando llueve, se utilizan unas cortinas de plástico transparente para evitar que la lluvia haga estragos en su ropa y en su humanidad.

Me llamó la atención que en la mayoría de estos vehículos se venera al “Niño Jesús de Praga”. El conductor que nos condujo a "Laguna" estuvo fascinado cuando reconocí la estatuilla y le mencione su nombre. No le cabía en la cabeza que un extranjero conociera el nombre de esa imagen que parece, es muy venerada en Filipinas (no me pregunten el por qué). Yo era el único entre nosotros que conocía a aquel buen Jesús.

Aproveché al ocasión para relatar a mis amigos que, cuando yo era chico, en la casa de mi abuela, había un “Niño Jesús de Praga” en el cuarto de planchado… La abuelita siempre nos advertía, -“¡Cuidado vayan a romper el Niño Jesús de Praga, con esa pelota!”… Por muchos años yo pensé que “Praga” era el material del que estaba hecho el niñito… como si la advertencia  se hubiese referido al “Niño Jesús” de porcelana, de cerámica o de barro.
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Mi segundo viaje a Filipinas fue en noviembre de 1997. Viajé a Manila para participar en el 4to. Foro Mundial del Agua del “Consejo de Colaboración sobre Agua Potable y Saneamiento - WSSCC”. Para conducirnos al hotel, los participantes fuimos recogidos en el aeropuerto en los famosos “yipnis”.

Aprovechando ese evento, Raymond Jost previó hacer una reunión del Consejo de administración del “Secretariado Internacional del Agua – SIA”. En esa época, éramos parte de ese organismo Houria Tazi-Sadeq de Marruecos (presidenta), Mario Vásconez de Ecuador y Bunker Roy de la India (vicepresidentes), S.M.A. Rashid de Bangladesh y Lilia Ramos de Filipinas. Todos habíamos sido invitados por el WSSCC al Foro Mundial y estábamos alojados en un magnífico hotel en una zona turística de primer orden en la capital de Filipinas.

Raymond era secretario general del SIA y Gabriel Regallet, el secretario adjunto; los dos, así como otros miembros del SIA no eran parte de las lista de participantes invitados por el WSSCC, así que se alojaron en una modesta casita en un barrio de clase media de Manila. Sin embargo esa fórmula acarreaba dos problemas: el primero era que algunos de los miembros del SIA estaríamos en el hotel lujoso hotel y los demás en aquella casita sin posibilidad alguna de reunirnos a causa de la distancia; y el segundo que el SIA no tenía fondos suficientes para solventar el arriendo y la alimentación de aquellos colegas que iban a alojarse en esa casa.

Decidimos que la opción era que los demás debíamos abandonar el hotel y contribuir con nuestros viáticos al pago del alojamiento y la comida de todos. Así lo hicimos Bunker, Rashid y yo.

Nunca me he visto degradado de una manera tan contrastante.

De estar alojado en un hotel de cinco estrellas, en el que tenía un suite individual, realmente lujosa (creo sin temor a equivocarme, que ese hotel era uno de los más sofisticados en los que me he alojado en mis numerosos viajes) pasé a compartir habitación  con Raymond, en una casita de madera, sin aire acondicionado, ni ventiladores.

Nuestro dormitorio, en el que apenas cabían dos estrechas camas de madera rústica, era un verdadero horno… el baño que compartíamos con otros colegas era realmente precario: una ducha resbalosa, un viejo inodoros y un pequeño lavamanos…

Todos los demás miembros del SIA estaban alojados en estrechos dormitorios semejantes al nuestro… Sin embargo las alegres reuniones y las deliciosas comidas preparadas por Raymond, compensaban las incomodidades. De esas precarias condiciones habitacionales salieron planteamientos muy serios e incluso resultados estratégicos muy interesantes. Gabriel Regallet y yo fuimos electos representantes de las ONG -del norte y del sur- al Comité de dirección del  Consejo de Colaboración sobre Agua Potable y Saneamiento – WSSCC, función que ejercimos, por al menos, cuatro años y pudimos alojarnos en hoteles decentes en las reuniones preparatorias y en los siguientes Foros Mundiales de WSSCC.     

Como ya he relatado, mi tercer viaje a ese país fue en septiembre de 2003 en el marco de un Taller de intercambio de experiencias de vivienda popular, Unión Europea - América Latina – Asia, organizado por  “Hábitat para la Humanidad” de Filipinas. Varios colegas del proyecto “Paso a Paso“-que impulsábamos en Perú y Ecuador- viajamos a Filipinas para conocer las experiencias habitacionales impulsadas por “Hábitat para la Humanidad”. A ese periplo se sumaron Carlos Guerrero de ASDE (España), Gustavo Riofrío y Juan Tokeshi, de DESCO (Perú), Jenny Maldonado, Silvana Ruiz, Nancy Sánchez y yo, de CIUDAD (Ecuador), junto a los anfitriones de “Hábitat para la Humanidad” de Filipinas, Elizabeth Quijano, María Barbosa, Sophía Montañez, Charlito S. Ayco y Darren Ubongen.

Todos nuestros desplazamientos a los diversos sitios que visitamos,, para conocer los proyectos locales, los realizamos también en “yipni”.


En una de esas salidas tuvimos la oportunidad de visitar el conocido sitio turístico llamado “Chocolate Hills” (Colinas de Chocolate), formación geológica muy particular situado en la provincia de Bohol.

En “Chocolate Hills” es factible ver casi mil trecientas colinas semiesféricas, en una superficie de 50 hectáreas; todas cubiertos de hierba verde que se vuelve marrón durante la estación seca, de ahí el nombre.

Las colinas son una importante atracción turística tanto que aparecen en la bandera y en el escudo de la provincia y han sido declaradas “Monumento Geológico Nacional” y se ha propuesto para su inclusión en la lista de espacios a ser declarados “Patrimonio Natural de la Humanidad” por la UNESCO.


En ese viaje tuvimos la oportunidad de visitar otro sitio realmente extraordinario. Las famosas cataratas de Pagsanjan donde Francis Ford Coppola rodó las escenas finales de su película “Apocalypse Now” sobre la guerra de Vietnam

Ese magnífico lugar turístico se encuentra a tan solo 80 kilómetros de Manila y llegamos hasta allí también en los célebres “yipnis” filipinos.

Las Cataratas Pagsanjan son unas de las cascadas más famosas en las Filipinas. Están situadas también en la provincia de Laguna y constituyen una de las principales atracciones turísticas de la región.

Las cataratas son accesibles en canoa luego de un recorrido por el hermoso río del mismo nombre a la altura de un pueblo homónimo, que data de comienzos de la colonia española, situado en la confluencia de los ríos Balanac y Bumbungan.

Las cataratas fueron declaradas “Parque Nacional” desde 1939 y ratificadas como patrimonio natural en 1976. El parque nacional abarca una superficie de 152,64 hectáreas.

Nosotros no llegamos a las cataratas más importantes donde se rodó el filme Coppola pero pudimos visitar los rápidos y recorrer las apacibles aguas del río.

A fines de los años setenta la dificultad de grabar la película en Vietnam obligó al célebre director a buscar escenarios semejantes a otros países. La escena final de “Apocalipsis Now” se rodó en el entorno de las cataratas de Pagsanjan.

Los colegas de “Hábitat para la Humanidad” tuvieron la gentileza de invitarnos a un almuerzo en un restaurante flotante que recorre de manera calma ese paradisíaco entorno natural.

 


El restaurante, cubierto, está construido sobre una especie de balsa que se desplaza sobre dos canoas impulsado por una tercera canoa ubicada en la parte posterior en la que se acomoda el motorista. Este personaje guía su embarcación y el restaurante flotante observando el rio por debajo de aquella estructura.

A bordo, un cocinero y varios meseros se encargan de atender a los pasajeros que se ubican en mesas confortables para disfrutar del almuerzo y de los paisajes del río. Todo acompañado de una música suave y delicada y detalles exquisitos de decoración y buen gusto,


Recuerdo un aperitivo servido en un coco para cada persona. La apertura hecha en la parte superior para poder mezclar el agua natural de esa fruta con los otros ingredientes de esa bebida, venía cubierta con una fina hoja de plátano, a través de la cual pasaba el sorbete y decorado con una bonita flor de color rojo intenso que contrastaba con el encendido verde de ese recipiente natural.


El almuerzo, servido sobre hojas de banano era un plato mixto de pollo, cerdo, camarones y moluscos fritos en paila y servido con una salsa espesa dulzona y algo picante… deliciosa. 

Al llegar a tierra y antes de emprender en nuestros “yipnis” el camino de regreso hacia Manila, tuvimos la ocasión de observar varios ejemplares de un animalito que ha llegado a constituir un verdeo símbolo de Filipinas, el tarsier o ungooy.

Los tarseros (como sería la traducción de su nombre al español) son primates que antes se clasificaba como prosimios (como los lémures) pero ahora se consideran haplorrinos a diferencia de otras especies de primates clasificadas como platirrinos y catarrinos.

Su hábitat se ha visto muy reducido y actualmente se restringe al sudeste asiático: Filipinas, Borneo y Sumatra; los tarseros están ahora, en peligro de extinción

El Tarsier es muy pequeño (mide unos 20 centímetros incluido el rabo), su peso está entre 80 y 150 gramos; es básicamente insectívoro y tiene una graciosa forma de cazar saltando sobre su presa. Es difícil verlo en su hábitat natural ya que es un  animal de hábitos nocturnos como se puede observar sus enormes ojos. Su cuello es muy flexible y puede girar la cabeza casi 360º.

Su pelaje es marrón grisáceo oscuro en la espalda y grisáceo amarillento en el vientre. Su cabeza redondeada, sus orejas desnudas y membranosas y su nariz peluda. Sus extremidades anteriores son cortas pero sus dedos son muy largos y delgados.

Su capacidad de salto se debe a sus muy largas patas traseras y al hecho de tener soldados la tibia y el peroné en un único hueso. Su cola se presenta desnuda, excepto en la punta. Tiene uñas achatadas a excepción de las del segundo y tercer dedo del pie cuyas garras son usadas para acicalarse.

Los tarseros viven en grupos y tienen costumbres arbóreas; duermen sobre ramas verticales o  en huecos de los troncos. Se alimentan de insectos o de pequeños vertebrados sobre los que saltan y atrapan con sus manitas de dedos alargados. Viven aproximadamente unos 12 años y su periodo de gestación es de 181 a 194 días.

Una “banda” de tarseros me confundió con su “yipni” y tres de ellos brincaron de su rama a mi cabeza. Mis colegas gritaban aterradas, pero en realidad son animalitos muy pacíficos y no me causaron ningún daño. Pude mantener la calma y posar con ellos para la foto, fue un rato muy entretenido.

Un poco más tarde, mientras hacíamos una visita a un programa de vivienda que “Hábitat para la Humanidad“, desarrolla para una cooperativa de recicladores, otra “banda” –esta vez de niños de los alrededores- nos rodearon y reían con nosotros al escuchar que sabíamos numerosas palabras en “tagalo”, el idioma local.

Ya he relatado que la presencia española en Filipinas, semejante a la que tuvimos por acá por más de cuatro siglos, marcó culturalmente a esa nación en cosas como el idioma. El hecho de que una gran cantidad de objetos que eran desconocidos en las islas, hayan venido de la metrópoli condujo a la incorporación de esos nombres al “tagalo”; todo el mundo cree que está hablando en tagalo cuando llama “casa” a una casa, “mesa” a una mesa, “silla” a una silla, “puerta” a una puerta y, ”ventana” a una ventana...   

Juan Tokeshi, colega de DESCO, peruano de origen japonés, fue el más asediado; con gran ingenio respondía en español las preguntas que los niños le planteaban en “tagalo” y reían y gritaban estrepitosamente cuando Juan daba el nombre -en español- de una serie de objetos que ellos señalaban con sus menudos deditos; la mayoría de las veces la respuesta de Juan era la correcta… eran palabras provenientes de español, no había lugar a dudas.



Yo también hice las delicias de nuestros juveniles acompañantes, haciendo para ellos una serie de malabares y trucos de magia. Al final fue más difícil sacarnos de encima a esa “banda” de párvulos que a la “banda” de “tarseros” de nuestra anterior escala.


Al día siguiente nuestra facilidad de “animadores” hizo que tuviéramos que repetir las adivinanzas en “tagalo” de Juan y mis trucos de magia, en el seminario de clausura de nuestra “visita de intercambio”.


Gustavo se sumó al elenco y deleitó a los presentes con una pantomima genial en la simulaba  ensartar un hilo imaginario en una aguja invisible, para luego ir cosiendo sus dedos a la palma de su mano con puntadas largas y teatralmente dolorosas… todo el mundo reía hasta más no poder con su actuación; sobre todo cuando, con un gesto de gran alivio, liberó sus dedos cosidos e inmóviles, con la ayuda de una tijera de fantasía… 

Fue un lindo cierre para jornadas y experiencias que se podrán calificar de extraordinarias, tanto en lo profesional cuanto en los intercambios culturales.   



Pero no todo fue risas e intercambios turísticos. Hicimos sesudas contribuciones al debate sobre le tema habitacional en el “Seminario de intercambio de experiencias de vivienda popular, Unión Europea - América Latina – Asia”, organizado por  “Hábitat para la Humanidad” de Filipinas.




Adicionalmente, tuvimos la ocasión de participar en diálogos muy serios sobre el problema de la vivienda y el desarrollo urbano, en el Senado de Filipinas y en la delegación de la Unión europea en ese país junto a nuestros anfitriones, los colegas de “Hábitat para la Humanidad” de Filipinas, Elizabeth Quijano, María Barbosa, Sophía Montañez, Charlito S. Ayco y Darren Ubongen.


En resumen: una formidable oportunidad para debatir sobre temas que nos han apasionado por muchísimos años pero también para conocer un cultura que podría ser muy diferente e impenetrable pero que resulta más bien cercana debido a una serie de raíces comunes.