martes, 25 de septiembre de 2012

Filipinas 1: La cultura gastronómica filipina y las influencias culturales.

Escribí hace poco un relato que titulé “El origen de las palabras” e incluí una serie de versiones sobre el origen de las palabras guaitambo, guachimán, morlaco, cocolón, seco, limón sutil y ceviche.

En ese texto detallaba que el pequeño limón verde amarillento de cáscara muy fina y juego muy acido, infaltable para dar un toque especial a muchas comidas -sobre todo de pescado y mariscos- al que llamamos “limón sutil” provenía de Ceuta y así se lo denominaba originalmente “limón de Ceuta” o “limón ceutí”. Cuando vino a  América la facilidad de pronunciación hizo que el nombre de la fruta derivara de “limón ceutí” a “limón sutil”.

En aquel relato mencionaba también, que el ceviche (plato elaborado con pescado o mariscos marinados en limón, también llamado cebiche, seviche o sebiche en los diferentes países de América Latina), tendría  su origen en la palabra “sei-vech” plato moro elaborado en base a pescado marinado en zumo de “limón ceutí”. Sin embargo un amigo que estuvo en el Caribe se topó con una versión local del ceviche llamada “seabech” (contracción de “sea & beach food”… “comida de mar & playa”)...

Luego de la publicación de ese relato, mi amigo Gustavo Riofrío me escribió desde Lima para recordarme que en un viaje que emprendimos juntos a Filipinas, nos invitaron a probar un "civichito", plato "típico" local en base a pescado, un limón "especial" que ellos llaman "lemoncitto" y "comotte" (camote).

Yo había olvidado efectivamente mencionar esos detalles maravillosos en mi relato sobre el origen de las palabras, pero el aporte de Gustavo me ha llevado a recordar una serie de anécdotas y vivencias de mis viajes a Filipinas.


Aquel viaje en el que estuve con Gustavo, fue el tercero de un total de tres en los que tuve la ocasión de compartir vivencias con queridos amigos y conocer distintos lugares extraordinarios en ese bello país del sudeste asiático ubicado en el costado oriental del Océano Pacífico.

La primera ocasión que estuve en Filipinas fue en Mayo de 1994 para asistir al Seminario internacional “Agua y Sociedad Civil: Estrategias para un desarrollo sostenible y justo”, que se desarrolló en un magnífico hotel llamado “Lagos del Sol” en una provincia llamada precisamente –“Laguna”. 


El evento fue organizado por el “Secretariado Internacional del Agua - SIA” y “Aprotech-Asia”, gracias al apoyo del Gobierno Holandés, el PNUD y el Banco Mundial.



Aprovechando ese Seminario hicimos una reunión del Consejo de Administración del SIA.

En esa época eran parte de ese organismo varios recordados colegas: Lilia Ramos de Filipinas (presidenta), Mario Vásconez de Ecuador e Ibrahima Cheikh Diong de Senegal (vicepresidentes); Bunker Roy de la India, S.M.A. Rashid de Bangladesh, Regina –Biba- Pacheco de Brasil, Houria Tazi-Sadeq de Marruecos, Raymond Jost (secretario general), Gabriel Regallet (secretario adjunto) -los dos de Canadá- y otros colegas que no pudieron estar presentes. (Recuerdo que Ibrahima no pudo acompañarnos en esa reunión y tampoco Biba, en su lugar asistió otra colega brasilera).

En la reunión del Consejo de Administración se produjo un recambio luego de que Lilia Ramos había estado al frente de la presidencia del SIA por varios años; en Filipinas le hicimos un  especial homenaje de agradecimiento y renovamos la directiva Houria asumió la presidencia y  Bunker y yo las dos vicepresidencias.

Viendo las fotos que he podido extraer de un viejo video de esa época resulta impresionante no solo vernos tan jóvenes sino además, mucho más delgados (sobre todo Raymond, que aparece en las imágenes, con cuarenta kilos menos).



Mi segundo viaje a Filipinas fue en noviembre de 1997. 

Viajé a Manila para participar en el Cuarto Foro Mundial del Agua que el “Consejo de Colaboración sobre Agua Potable y Saneamiento - WSSCC” organizó en esa ciudad, con el auspicio del Gobierno Filipino y el Banco Asiático de Desarrollo.

En ese gigantesco Foro estuve también en compañía de Lilia, Houria, Bunker, Raymond y Gabriel pero también con estimados colegas del WSSCC, entre otros mi compatriota Alejandro Castro, representante de ANDESAPA, recientemente fallecido. 
 

Mi tercer viaje fue en septiembre de 2003 en el marco de un Taller de intercambio de experiencias de vivienda popular, Unión Europea - América Latina - Asia. 
 
CIUDAD del Ecuador y DESCO del Perú estaban impulsando el proyecto binacional llamado “Paso a Paso”, con auspicio de La Comisión Europea, KATE de Alemania y IEPALA de España. El seguimiento y monitoreo de ese proyecto, por encargo de KATE, lo hacía ASDE de España, cuyo director es nuestro buen amigo Carlos Guerrero.

Carlos estaba haciendo un trabajo semejante en relación a un proyecto de vivienda que impulsaba “Hábitat para la Humanidad” de Filipinas, con apoyo de la Comisión Europea… así que decidimos hacer un intercambio de experiencias que estaba contemplado en los dos proyectos, por medio de vistas técnicas interregionales.

En un primer momento los colegas de “Hábitat para la Humanidad” de Filipinas, Elizabeth Quijano, María Barbosa, Sophía Montañez, Charlito S. Ayco y Darren Ubongen, vinieron a Quito para visitar nuestros programas de vivienda  y participar en un Seminario Organizado por CIUDAD y DESCO y, en un segundo viaje, los equipos de “Paso a Paso“, de DESCO y CIUDAD, viajamos a Filipinas para participar en un Seminario y conocer las experiencias habitacionales impulsadas por “Hábitat para la Humanidad” en Filipinas.

A más de Carlos, en ese periplo participamos Gustavo Riofrío y Juan Tokeshi, de DESCO, Jenny Maldonado, Silvana Ruiz, Nancy Sánchez y yo, de CIUDAD

Fue en ese viaje que –según relata Gustavo- tuvimos la ocasión de probar un “cevichito” filipino… una prueba más, de la enorme cantidad de nexos y elementos que vinculan la cultura Filipina y la cultura de América Latina, aunque nos separen las inmensidades del Océano Pacífico.

“El Archipiélago filipino, cuya capital es Manila, comprende más de siete mil islas agrupadas en tres divisiones geográficas: Luzón, Visayas y Mindanao.

Filipinas tiene una población de más de 94 millones habitantes y por su ubicación, cercana a países como China, Vietnam, Taiwan, Malasia e Indonesia y a numerosos otros países de esa región del planeta, varias etnias y culturas se establecieron en su territorio e influenciaron en su cultura, a lo largo de su historia.

Los primeros habitantes conocidos como “negritos” recibieron oleadas sucesivas de pueblos de regiones como Australia, Polinesia e Micronesia; el comercio introdujo influencias culturales chinas y en años posteriores también recibieron manifestaciones culturales y religiosas de la India y del mundo islámico.

En 1521 la llegada de Fernando de Magallanes marcó el comienzo de una era bajo dominio español en la que se estructuraron una serie de raíces que forman parte de la cultura filipina contemporánea.

Luego de la guerra Hispano-Estadounidense los Estados Unidos remplazaron a España como potencia dominante y salvo un breve período de ocupación japonesa, los estadounidenses mantuvieron la soberanía sobre las islas hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando el archipiélago obtuvo su independencia. La herencia de los Estados Unidos en Filipinas perdura en el idioma inglés y en una mayor afinidad con la cultura occidental”.

La presencia española, semejante a la que tuvimos por acá, por más de cuatro siglos, marcó culturalmente a esa nación en cosas como el idioma por ejemplo. El hecho de que una gran cantidad de objetos que eran desconocidos en las islas, hayan venido de la metrópoli condujo a la incorporación de esos nombres de manera definitiva al idioma local “el tagalo”; todo el mundo cree que está hablando en tagalo cuando llama “silla” a una silla, “mesa” a una mesa, “cuchara” a una cuchara, “cuchillo” a un cuchillo y, ”plato” a un plato...   

Pero ya que hablamos de “platos”, hay que mencionar que también la gastronomía filipina evolucionó durante varios siglos desde su origen malayo-polinesio para convertirse en una cocina mixta con muchas influencias hispanas durante el dominio colonial español.

La gama de platos de origen español son numerosos y variados; en Filipinas es frecuente encontrar en los menús de cualquier restaurante platos “filipinos” que también se preparan y se sirven en las casas, como: el “cocido”, la “paella”, el “lechón”, el “adobo”, los “tamales” o las “tapas”.

Por regla general los filipinos tradicionalmente tienen tres comidas al día: almusal (que en tagalo sería “almuerzo” pero que equivale a desayuno); tanghalian (que en tagalo sería “comida” y equivale a almuerzo) y hapunan (“merienda en tagalo”, que se sirve por la tarde y equivale a la cena).

En mi primer viaje a Filipinas, nuestra colega Lilia Ramos, directora de “Aprotech-Asia” y presidenta del “Secretariado Internacional del Agua”, nos invitó a un día de campo en una magnífica propiedad rural de su familia.

El plato principal del “tanghalian” (almuerzo) fue un delicioso “lechón” entero, asado a la braza… (primo-hermano del “hornado” que comemos por acá pero sobre todo, a la forma de preparar el chancho en Cuenca).

En ese mismo viaje fuimos a un magnífico restaurante que incluía un espectáculo maravilloso, con escenas musicales de todas las culturas que se han amalgamado en la música filipina actual.

Entre los platos que tuvimos oportunidad de probar en esa ocasión, estaban un delicioso “cocido” de cerdo, chorizo y verduras… y, unos “tamales” sensacionales, cuya “masa” se prepara con pasta de arroz, crema de coco y maní y el “relleno” con pollo, huevo duro y cerdo. Al igual que los tamales de nuestros países, esa preparación se cocina al vapor envuelta en diversos tipos de hojas (de maíz o de plátano).

En la cocina filipina se usan muchas verduras de origen europeo, traídos por los españoles: hojas verdes como la espinaca, col, berenjena o vainitas pero, sobre todo, la clásica combinación de tomate, ajo y cebolla -tan típica de la comida mediterránea- se encuentra en muchos platos tradicionales filipinos. Naturalmente por el nexo entre España y el norte de África y Latino América, vegetales como las papas, las zanahorias, la yuca y el camote, también encontraron espacio en la cocina filipina. Por tanto no es casual que el “cevichito” filipino se sirva con “comotte” como el “ceviche" peruano.

La comida filipina incluye pollo, cerdo, carne de res y una gran variedad de pescados y mariscos que son igualmente abundantes. Entre los más populares se encuentran la tilapia, el bagre, el mero, el atún, los camarones, los langostinos, las ostras, los mejillones, las almejas, los calamares y los cangrejos.


En el viaje que hice con Raymond y los miembros del “Secretariado Internacional del Agua”, nuestros colegas de “Aprotech-Asia” nos invitaron al famoso restaurante “Aawitan Kayo”  más conocido como “The Singing Cooks And Waiters” (“Cocineros y meseros cantantes”).

En esa ocasión a más de disfrutar del espectáculo del personal de ese restaurant que detiene cada cierto tiempo, sus actividades culinarias y el servicio, para deleitar a los clientes con sus extraordinarias voces, tuvimos la oportunidad de degustar riquísimos platos de la comida filipina de mariscos: una sopa de almejas maravillosa, langostinos apanados y un plato mixto de cangrejo, camarones y calamares hechos a la sartén, en un adobo semidulce delicioso. 


A diferencia de los demás países asiáticos, los filipinos comen raramente con palillos... generalmente utilizan “cubiertos” occidentales. Posiblemente debido a que el “arroz” es el alimento básico y se sirve acompañado de diversos “guisos”, la pareja principal de utensilios en la mesa filipina es la “cuchara” y el “tenedor”. La forma tradicional de comer con las manos, conocida como kamayan es más frecuente en las áreas rurales.

En el viaje que hice con mis compañeros de CIUDAD y DESCO, los colegas de “Hábitat para la Humanidad” nos invitaron a un almuerzo campestre en el que pudimos disfrutar de pato y cerdo asados, tilapias fritas y camarones a la plancha… ¡todo delicioso! Y, como postre, unos pequeños plátanos llamado “sabas” que los sirven fritos y endulzados con miel de panela. Todos esos alimentos eran producidos en una granja que formaba parte de uno de los proyectos de nuestros anfitriones.

Como Filipinas tiene un muy agradable clima tropical y alberga una de las zonas más biodiversas en el mundo, algunos ingredientes locales son utilizados en la cocina tradicional: plátanos, pulpa y leche de coco, guayaba, mangos, papayas o piñas proporcionan un toque tropical a muchos platos.

Últimamente la comida china y de otras naciones asiáticas se han sumando a la forma de preparar la comida filipina. En el viaje que hice con mis compañeros de CIUDAD, DESCO y “Hábitat para la Humanidad” los personeros de la municipalidad de una ciudad que visitamos, nos invitaron a un almuerzo  el que pudimos disfrutar platos exóticos como: “sinigang” (sopa/estofado de pescado), “kare-kare” (estofado  de rabo de toro y tripas, con maní y verduras), “pancit” (tallarín frito con verduras),“sinangag” (arroz frito), “lumpia” (rollo de primavera) o la “pasta crujiente” (abrebocas de fideo frito)…

La comida de este tipo es servida con diferentes salsas y los alimentos fritos a menudo son sumergidos en vinagre, salsa de soya, jugo de kalamansi o "lemoncitto" (nuestro limón sutil) o calamondin (nuestra naranja agria) o una combinación de esos sabores. El jengibre y el ají también son condimentos que a menudo se agregan a los platos.

Gustavo no perdió la ocasión de comentarnos que en el Perú la influencia china en la gastronomía local es también muy importante. Tanto que a nivel popular, nadie conoce el nombre español de dos ingredientes fundamentales de la comida chino-peruana: el sillao (salsa de soya) y el kion (jengibre).

En los mercados, en los restaurantes y en la casas del Perú, nadie sabe lo que es el “jengibre” o la “salsa de soya”; todo el mundo los conoce como "kion" y “sillao”, sus nombre chinos.

Yo conté algo que me enteré en México cuando estudié en ese país veinte años atrás. Según alguna persona que me refirió esa historia, en la época en que los actuales países de América Latina y Filipinas eran parte del imperio colonial español, la ruta de conexión y de comercio de Filipinas con la Metrópoli era de Manila a Acapulco y luego desde Veracruz a La Habana y a los diversos puertos españoles. Una vez superada la larga navegación por el océano Pacífico, viajeros y mercaderías atravesaban el istmo mexicano -desde Acapulco a  Veracruz- por vía terrestre y emprendían el reto de embarcarse en las traicioneras aguas del Caribe y luego en las del océano Atlántico para llegar a la madre patria.

La trayectoria de mercaderes, marinos, soldados, peregrinos, clérigos y aventureros entre las islas filipinas, los territorios mexicanos y las ciudades cubanas y europeas, contribuyó a un intercambio cultural extraordinario, se cruzaron y conjugaron lenguas, comidas, productos, sabores y amores… y se fue sentando un mestizaje más amplio y universal. Las chinas poblanas y veracruzanas al igual que sevillanas y cantadoras en tierras españolas, incorporaron a su atuendo los “mantones de Manila” y los músicos de Jalapa y Veracruz y -luego los de La Habana- se comenzaron a vestir con camisas amplias y elegantes que originalmente venían de Filipinas y se llamaron luego “guayaberas”.    

Las guayaberas son prendas masculinas que pueden tener mangas cortas o largas, tienen  alforzas verticales, bordados decorativos y generalmente disponen de dos bolsillos en la pechera y dos en los faldones.

Las guayaberas constituyen una vestimenta de etiqueta en los países tropicales y suelen utilizarse incluso en ceremonias solemnes. García Márquez recibió el premio Nobel de literatura, ataviado con una elegante guayabera blanca. Las guayaberas de fabrican de algodón y las más finas de lino o de seda… aunque en los últimos años se las confecciona de diversas telas sintéticas.

Las guayaberas son ahora muy populares y son usadas en Cuba, República Dominicana, Perú, Puerto Rico, México, Panamá, en la costa del Ecuador, en Venezuela, en el Caribe Colombiano, en los países Centroamérica, en las Islas Canarias y en Filipinas.

Carlos dio más elementos sobre esta historia y relató que en Filipinas él conoció el nombre y debió utilizar en una ceremonia especial, esa “guayabera original” llamada en Filipinas: “varón tagalo”.

En la explicación que le dieron sobre alguien le comentó que era la vestimenta tradicional de los hombres -de los varones tagalos- y por ello el nombre que los españoles le dieron a esa especie de camisa. Aunque la forma de escritura del nombre de la prenda es actualmente “barong tagalog” o simplemente “barong”

Lo real y concreto es que el “barong tagalog” es el nombre de una elegante prenda bordada, ligera y semitransparente, confeccionada con delicadas fibras de piña; se la porta de forma similar a una camisa, sobre una camiseta de algodón y con los faldones cubriendo la parte superior del pantalón. Puede ser lavada y planchada más no doblada pues en ese caso se corre el riesgo de trizar las fibras y arruinar la prenda.  

En la cultura filipina es común utilizar el “barong tagalog” como vestimenta formal. Parece que mucho antes de la llegada de los españoles a Filipinas, la gente de Tagalog (en la isla de Luzón) ya lucía un vestido que puede ser el origen del “barong Tagalog”. El término  literalmente significa "vestido de tagalo”; en ese caso la palabra "tagalo" se refiere a la región de Tagalo y a los habitantes de esa región, no al idioma.

La teoría de que esa prenda haya sido la precursora de la guayabera es muy controversial; incluso quienes defienden esa teoría dicen que la guayabera originalmente se llamaba "filipina". Pero hay otros estudiosos que afirman que la guayabera nació en Cuba y que durante la época en que los barcos eran usados para el comercio entre La Habana, México y Filipinas, la prenda hizo el recorrido inverso y llegó a Manila desde el Caribe a través de Veracruz y Acapulco.

En esta disputa hay que adoptar la posición neutral que se ha hecho tradicional en México en este tipo de dudas… aquella que afirma categóricamente: “Lo más seguro es: ¿quién sabe?”…

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Ecuador 46: Los incendios y las aves del Parque Metropolitano Guangüiltagua.

El Pájaro Carpintero de la Sierra

Como ya he relatado, la gran cantidad de incendios forestales registrados en años anteriores en Quito, me han hecho recordar los avatares que tuvimos que enfrentar en relación al tema de los incendios y sus efectos sobre la biodiversidad, cuando estuvimos a cargo del  Parque Metropolitano Guangüiltagua (PMG).

El Consorcio CIUDAD-Ecogestión administró el Parque Metropolitano Guangüiltagua, desde enero de 2007 hasta agosto de 2010, tras haber ganado un concurso convocado por el Municipio Metropolitano y la Corporación “Vida Para Quito”.

En la propuesta que presentamos a ese concurso habíamos incluido una serie de actividades de educación, comunicación e investigación sobre aves. Para ello invitamos a la ONG “Aves y Conservación” para que nos apoyara en nuestro reto de hacer del parque un espacio educativo y de esparcimiento que incentivara el respeto a la naturaleza y permitiera a los visitantes familiarizarse con las aves y la vegetación nativas.

“Aves y Conservación” se hizo cargo de manejar un conjunto de recorridos guiados para observación de aves; actividades periódicas de monitoreo de especies y la realización de cursos de capacitación para ornitólogos, educadores ambientales y público en general.

Las visitas guiadas tuvieron desde el inicio gran aceptación del público. Nuestros principales “clientes” eran las escuelas y colegios pero también numerosas familias y turistas de todo lado.

Niños, jóvenes y adultos recibían información general sobre las diversas especies, las diferencias de género, su plumaje, sus trinos, su hábitat y sus hábitos de alimentación y anidación.

Además se acompañaba esa información con folletos donde constaban las principales especies y sus características.

Ese material fue bellamente ilustrado por nuestro querido amigo el biólogo y conocido ornitólogo, Juan Manuel Carrión; fruto de su experiencia y gran conocimiento de las especies presentes en el parque, en los folletos que editamos con sus dibujos, se hicieron constar 24 tipos de aves, las más fáciles de ubicar y detectar.


 En el período que estuvimos a frente del parque, realizamos tres ediciones de este folleto que pudo reproducirse con el apoyo de la empresa privada. Las ilustraciones fueron complementadas y mejoradas de una a otra.


Las “visitas de observación de aves” fue uno de los programas más atractivos que mantuvimos con éxito mientras la administración integral del parque estuvo bajo nuestra responsabilidad. Mi agradecimiento afectuoso para los colegas de “Aves y Conservación” Sandra Loor, Adriana Lara y Christian Lllumiquinga quien fue el responsable de la mayoría de las visitas guiadas.

Juan Manuel nos diseñó también un muy bonito afiche con las aves del parque, que no fue factible imprimir pues Jimena Araujo y César Burneo, funcionarios de “Vida para Quito”, dieron largas permanentemente al desembolso de recursos para este tipo de iniciativas, a pesar de que eran parte de nuestra propuesta y se incluyeron en el presupuesto de nuestro contrato.

En las visitas guiadas y en las actividades de monitoreo realizadas por “Aves y Conservación” se lograron detectar 27 tipos de aves, de 12 especies distintas, en el Parque Metropolitano Guangüiltagua: Quilicos, Tórtolas, Vencejones Collarejos, Quindes (Herrero, Mosca Verde, Gigante, Rayito Brillante, Colilargo, Colacintillo Coliverde, Metalura Tiria y Soldado), Carpinteros de la Sierra, Solitarios, Pájaros Brujos, Toritos Chicos, Golondrinas (Ventricafé y Azuliblanca), Mirlos, Picoconos Cinereos, Pinchaflores (Negro y Pechicanelo), Ricchas, Huiracchuros, Monjas Pechiamarillas, Jilgueros (Común y  Pico de Oro) y Gorriones. Así nos reportaron en un informe que nos entregaron al inicio de nuestras actividades en el PMG. 


Posteriormente se detectaron cinco tipos adicionales, por ello en el afiche de Juan Manuel que luego usamos como carátula del folleto, constaban los dibujos de 29 tipos de aves.

Una de las especies que más interés despertaba en los visitantes, pues desde un inicio hacía parte de los folletos era el Pájaro Carpintero de la Sierra. 


Todo el mundo preguntaba por este personaje emblemático del Parque Metropolitano Guangüiltagua. Sobre todo los niños, pues asociaban ese nombre con la conocida caricatura del “Pájaro Loco” (Woody Woodpecker) del conocido dibujante Walter Lantz.  

En el parque no teníamos a Woody pero si a su primo, conocido vulgarmente como “Pájaro Carpintero de la Sierra” (en inglés su nombre es: Crimson-mantled Woodpecker, que se traduciría como carpintero de dorso carmesí), aunque su nombre científico es “Piculus rivolii” y pertenece a la especie denominada “Picidae”.

Según información que he podido encontrar en Internet “las Pícidas (Picidae) son una gran familia de aves del orden de las Piciformes que incluye 218 especies conocidas popularmente como pájaros carpinteros.

Los miembros de la familia Picidae tienen fuertes picos para taladrar los árboles y lenguas finas, puntiagudas y con pequeñas cerdas, para extraer la comida. Los picos de los pájaros carpinteros son habitualmente fuertes, largos y afilados, pues normalmente se alimentan de insectos, gusanos y larvas que pueden encontrar durante todo el año, capturándolos bajo la corteza, en el interior de los árboles o en troncos caídos.

Anidan en cavidades que ellos mismos excavan en los árboles. Los nidos excavados normalmente están forrados con los trocitos de madera producidos mientras se construye el agujero. Muchas especies de pájaro carpintero excavan un nido en cada temporada de apareamiento y reproducción. Les lleva aproximadamente un mes el terminar el trabajo. Los nidos abandonados son usados por otras muchas aves y animales.

Los pájaros carpinteros son típicamente monógamos. La pareja trabaja junta para construir el nido, incubar los huevos y sacar adelante al polluelo. No obstante, en la mayoría de las especies, el macho realiza la mayor parte de la excavación del nido y realiza el turno de noche al incubar los huevos. Los huevos son incubados durante unos 11 a 14 días antes de la eclosión. Luego el pollo tardará unos 18 a 30 días antes de estar listo para abandonar el nido”.

En el Parque Metropolitano no era fácil encontrar, observar o fotografía al “Pájaro Carpintero Andino”. Cuando nos visitó el expresidente Jimmy Carter él tenía mucho interés en poder observar a este pariente de “Woody Woodpecker”, pero la escurridiza avecilla no dio señales de vida en el recorrido que realízamos ese día con nuestro célebre visitante (que ya he reseñado en un relato anterior).

En el registro de la flora y la fauna del PMG que realizó para nosotros, “Activa TV” con la asesoría de Juan Manuel Carrión (cuando -como ya he relatado- se pudo filmar y fotografiar a un peripato), el pájaro carpintero en cambio, decidió esconderse y pese a los múltiples intentos por lograr un registro de esta ave, José  Luis Goyes y su equipo y el propio Juan Manuel, se quedaron con las ganas de conseguir una foto o filmación del “Crimson-mantled Woodpecker”.

En esa oportunidad sólo se consiguió encontrar un tronco seco de eucalipto en el que se podían observar los nidos escavados por estas avecillas que han hecho del Metropolitano su hábitat o ambiente de vida.

Yo mismo, en los tres años y medio en que tuvimos a nuestro cargo el PMG, nunca pude ver o fotografiar al famoso “Pájaro Carpintero de la Sierra”, aunque en dos ocasiones nuestros guardabosques me hicieron escuchar el clásico golpeteo de su pico en algún tronco de árbol en el bosque de la parte posterior de la zona del “patio de comidas”, conocida por los visitantes y usuarios como “los quiscos” o “los jugos”.

En esas dos oportunidades el ruido era evidente pero al acercarnos al área de la que éste provenía, esta incansable taladrador dejaba de golpear y se escondí de inmediato. Jamás pude verlo en su hábitat natural.

Los propios colegas de “Aves y Conservación” solo lograron fotografiarlo en una ocasión y así nos lo reportaron en un informe que incluía la foto respectiva.


Quien tuvo más suerte que yo fue mi amigo David Ponce.

En una ocasión él y algunos amigos, vinieron al Parque Metropolitano para realizar una vista de observación de aves, acompañando a Paul Greenfield, artista norteamericano, experto en aves, radicado en nuestro país.

Greenfield es coautor e ilustrador de un titánico esfuerzo realizado por el famoso ornitólogo Robert Ridgely. Los dos son autores de la publicación “Aves del Ecuador”, magnífica obra, de dos volúmenes, que constituye el resultado de más de  tres décadas de investigación sobre las aves del Ecuador continental.

El primer volumen incluye 96 láminas a color de alrededor de 1600 especies, con un breve texto para cada una, con sus características sobresalientes y datos sobre sus hábitats preferidos. El segundo volumen presenta información sobre geografía, clima y vegetación del Ecuador, las aves  migratorias, áreas endémicas y conservación.

David tuvo la amabilidad de enviarme una serie de fotos de esa visita para incluirlas en los informes de actividades del parque. En ese grupo de fotos se incluía una, tomada con una cámara digital a través del lente de un telescopio, en la que se ve bastante bien al escurridizo “pájaro carpintero”, morador de nuestro parque.


Yo creía que esas fotos iban a ser las únicas que hubiese podido guardar del “Crimson-mantled Woodpecker”, sin embargo hace unos días recibí un correo de mi hermano Jaime que entre otras cosas decía:.

“Hola Mario

Te mando un par de fotos de un pájaro que apareció esta mañana en el jardín que yo no había visto nunca antes en los treinta años que vivimos en Tumbaco.

A más de su colorido, me llamó la atención su tamaño, mayor que el de una tórtola o de un mirlo, como se puede ver comparándolo con el tronco del nogal en el que estaba posado o las hojas del bambú ornamental que están atrás.

No te olvides de avisarme de que ave se trata. Sospecho que es el "pájaro loco", pero no estoy seguro.

Abrazo

Jaime”

Al ver las fotos le respondí de inmediato:

Hola Jaime, efectivamente es el “pájaro loco”…. 

En el afiche que nos hizo Juan Manuel Carrión para el Parque Metropolitano hay un gráfico de esta ave y en el folleto que sacamos sobre aves, también se la puede ver claramente… 

Te voy a mandar detalles escaneados de todos esos materiales.
Se trata del “pájaro carpintero andino” llamado “Pículus rivoli” y conocido localmente como “carpintero dorsicarmesí”…

Un abrazo

Mario



Cuando recibió los dibujos y la información, mi hermano me respondió:

“Se agradece de veras.

La verdad, en persona es más simpático que en el afiche.

Interesante que, pese a ser muy tímido (de ahí que no se lo vea usualmente),  haya decidido desayunar en el jardín de la casa, tipo 7:30, como para oír "Buenos días con Diego Oquendo".

Por lo visto, se dio un festín con los bichitos que hay en el tronco y ramas del nogal.

Otro abrazo.

Jaime”

En el Capítulo VIII del Reglamento que elaboramos para normar el comportamiento ciudadano en el PMG, en la parte referida al “respeto al ambiente” se decía:

Art. 29.- Todas las actividades que se desarrollen en el Parque deberán respetar el patrimonio ambiental.
Art. 30.-   En el Parque está prohibido:
•   Cortar, talar, desmontar, quemar, desbrozar, recolectar o dañar: árboles, plantas o flores.
•  Cazar, capturar, maltratar, recolectar o transportar especies de mamíferos, aves, reptiles o insectos; así como sus nidos o madrigueras.

Sin embargo la gente inconsciente o los vándalos andan regados por todas partes y si siguen incendiando y deteriorando el ambiente sin respeto alguno, los carpinteros y demás aves de Quito tendrán que mudarse a sitios más seguros para tratar de sobrevivir a ese tipo de “acciones humanas”.
 
Mi hermano me comentó que hace unos días pudo observar a su huésped con una hembra de su especie.

Parece que decidieron fijar su residencia en el nogal de su jardín.

¡Buena cosa!

Ojalá que la acción de los pirómanos no haga que los tímidos ejemplares del Metropolitano desaparezcan o terminen también mudándose en busca de lugares más amigables y menos peligrosos…