jueves, 19 de enero de 2012

Ecuador 37: UIA El concurso “Espacios cordiales”…

El 17 de junio de 1996 recibí un fax de la Secretaría Nacional del Colegio de Arquitectos del Ecuador. Me retrasmitían por ese medio, una comunicación, recibida por el CAE ese mismo día, emitida desde París, por la UIA, la Unión Internacional de Arquitectos.

La carta estaba firmada por el arquitecto Jaime Duró -presidente de la UIA- y venía dirigida a mi colega y amiga Silvia Flores, en esa época, mi alumna en la facultad de arquitectura de la Universidad Central.

La comunicación fechada el 13 de junio de ese año, señalaba en el encabezado a Silvia como destinaria… no había lugar a dudas; se leía claramente su nombre completo: Ms. Silvia Sayonara Flores Zambonino, con su dirección y casilla postal en la ciudad de Quito (Equateur).

Subrayado, inmediatamente debajo de la fecha, se podía leer en inglés:

“HABITAT II -  INTERNATIONAL COMPETITION - CONVIVIAL SPACES - STUDENTS CATEGORY”

La carta decía lo siguiente:

“Estimada señorita Flores Zambonino:

Tengo el agrado de informarle que el trabajo enviado por usted, con Alexandra Marcela Iturralde Rosero y Jorge Eduardo Jarrín Coello, al Concurso Internacional “Espacios Cordiales” – Categoría Estudiantes, fue seleccionado para una mención por el jurado que se reunió en Estambul para analizar los proyectos enviados.

La conferencia de prensa organizada para dar a conocer todos los resultados del concurso se llevará a cabo próximamente. Por ahora, reciba mis sinceras felicitaciones al igual que las de los otros miembros del jurado”.

Llamé inmediatamente a Silvia para darle la buena noticia, la felicité efusivamente y le pedí comunicar la novedad a Jorge Jarrín y a Alexandra Iturralde los otros integrantes del equipo.

Meses atrás, en los primeros días de Febrero de ese año, Jorge y Silvia, quienes eran mis alumnos de Proyectos en la FAU, se acercaron a charlar conmigo en relación a la convocatoria  a ese concurso y a su interés en participar… me pidieron que fuese su director y que buscara el auspicio de nuestra Facultad.

Me contaron que había previsto trabajar una propuesta en el Centro Histórico, específicamente en el pasaje “Galápagos”, esa pequeña calle que nace en la calle Guayaquil y se comunica con la calle Vargas a través de una escalinata y un gran arco neoclásico.

Me pareció un tema interesante, me comentaron que con Alexandra, ya habían avanzado en el relevamiento de información, disponían de fotografías y planos y estaban esbozando una propuesta. 

Así que acepté gustoso fungir como director del trabajo y me comprometí a buscar apoyo de la facultad para que auspiciara nuestra participación.

El 12 de febrero escribí a Antonio Narváez, decano de la Facultad.

Le comenté que la Unión Internacional de Arquitectos -UIA- con motivo de la Conferencia de las Naciones Unidas" Hábitat II ", que se llevaría a cabo en Estambul, del 3 al14 de junio de ese año, estaba organizando un concurso internacional para estudiantes de arquitectura sobre el tema "Espacios Cordiales".

Le informaba que los estudiantes Silvia Flores, Alexandra Iturralde y Jorge Jarrín, alumnos del Quinto año, y miembros del taller 2 que yo coordinaba, me habían comunicado su deseo de participar en concurso, solicitándome además que dirija las tareas que debía desarrollar, para presentar su trabajo en ese evento.

Como las reglas del concurso establecían que los estudiantes debían participar bajo la supervisión de una estructura académica universitaria, (escuela o facultad de arquitectura) solicité, a nombre de los estudiantes, la autorización y el auspicio de la FAU para que el grupo pueda participar oficialmente en el certamen, respaldando su propósito de lograr una mejor formación de los futuros profesionales.

Antonio me respondió de inmediato apoyando y felicitando la iniciativa y me entregó la carta oficial de auspicio para que Silvia, Jorge y Alexandra pudieran presentar su trabajo a aquella confrontación internacional.

Los tres jóvenes llenaron los formularios, juntaron la documentación que se requería según lo establecido en las bases del concurso y se inscribieron para participar en ese reto.

En la primera reunión de trabajo que mantuve con el equipo, analizamos las bases del concurso, vimos los requisitos y criterios para la calificación del jurado y analizamos la información que el grupo disponía en ese instante.

Una de las cosas a tener en cuenta era que cada trabajo debía presentarse en una única lámina. En ella debía sintetizarse mediante elementos gráficos (esquemas, planos, dibujos, gráficos y/o fotos) acompañados de los textos indispensables: a) los elementos de contexto (histórico, social, cultural, ambiental); b) el diagnóstico del problema a intervenir, c) los criterios de intervención y d) la propuesta que se presentaba a confrontación.

En la siguiente reunión que mantuve con el grupo, les hice notar que en un concurso de este tipo en donde iban a presentarse centenas de competidores, la calidad compositiva y de diseño gráfico de esa única lámina era muy importante, pues debía ser sumamente atractiva para atraer la atención del jurado (colores, formas y textos) debían “convocar” pero una vez conseguido ese objetivo, su contenido debía ser lo suficientemente claro para garantizar la compresión y lectura de la propuesta. La captación de una única “idea fuerza”, el análisis de la dualidad “problema-solución” y la aceptación de su “pertinencia y factibilidad”, por los miembros del jurado, debía lograrse de inmediato. En definitiva la propuesta y su presentación debían generar un impacto positivo para que la lámina pudiese ser preseleccionada para una segunda ronda en la que los jurados seguramente iban a analizar más en detalle los trabajos “de los finalistas”… 

En la tercera reunión de trabajo, convenimos en que ese no era un concurso de diseños, ni de diseño urbano ni de diseño de elementos urbanos. El concurso era una confrontación “de ideas pertinentes” para hacer de un espacio urbano existente un “espacio más cordial para la vida”.

Eso implicaba que al jurado posiblemente le iba a interesar que “un conjunto de problemas” sociales, culturales, económicos, ambientales, urbanos, arquitectónicos, de gestión, etc., “existentes en un espacio urbano”, podían ser atacados a través de una serie de acciones de políticas públicas, de participación, de inclusión social, de generación de ingresos, de responsabilidad social sobre lo público, de valoración y emulación para la responsabilidad de todos sobre lo colectivo y no sólo sobre lo individual, debían servir para elevar la autoestima y, sería también importante, la b{usqueda de innovación, de sostenibilidad y el mantenimiento adecuados, la interacción de los vecinos y las autoridades, etc. etc.…En definitiva, todo lo que pudiera interrelacionarse para hacer de ese espacio urbano existente un “espacio más cordial para la vida”.


No se trataba pues de diseñar nada… se trataba de hacer un afiche que sintetizara con buenos gráficos y muy poco texto, el contexto histórico, ambiental y urbano, el pasado y la realidad actual de ese “pedazo de ciudad”, la realidad de su población (conflictos, carencias, requerimientos, demandas, necesidades) y una “utopía realizable” de lo que se debería hacer para cambiar en positivo y de forma integral.

De otra parte vimos que la lámina debía ser presentada en inglés. Un jurado internacional debía poder “entender” la propuesta sin intermediarios. Eso hacía que no podía haber ni retórica ni lata en los textos. Estos debían ser concisos, cortos y precisos; “pensados en inglés”, usando palabras y conceptos de esa lengua y en la jerga de “funcionarios internacionales”… y no pensados en español y mal-traducidos luego al inglés.

Silvia, Jorge y Alexandra hicieron un trabajo pulcro, claro, bien presentado y atractivo…

No olvidemos que en esa época no existían las computadoras, todo fue dibujado y escrito, con tinta blanca sobre cartulinas de colores, las fotos se pegaban con "pega de diagramar" o "pega de zapatero" y cualquier error arruinaba la "presentación" del trabajo,



La lámina tenía un dominante de azul petróleo, algunos elementos en salmón y otros  en gris. 

En el fondo azul de forma muy tenue aparecía delineado -en blanco- el plano de la calle Galápagos, a su derecha resaltaba un collage de fotos en el que se veía el pasaje en perspectiva y junto a las diversas casas y patios, una serie de problemas y sus soluciones, descritos con frases cortas y algunos pequeños gráficos.

En el extremos superior a la izquierda sobre fondo salmón dos fotos y una breve síntesis de los elementos históricos. Abajo un collage de fotos y un bello dibujo con las fachadas de las casas… 

Abajo, al centro, los principios en los que se basaba la propuesta.

En fin…

Cuando vi el resultado de los desvelos de esos tres jóvenes supe que estaba al frente de una “propuesta ganadora”…


Les felicité y les dí ánimos para dejarla como estaba… no cabía aumentar nada más… debían embalarla y enviarla a Estambul para competir con cientos de otros trabajos preparados por estudiantes de todo el mundo…

A cruzar los dedos y a esperar…

Cuando pudimos reunirnos, luego de conocer el resultado, pude abrazarles con admiración y afecto. 

Una mención en un concurso internacional de esa envergadura y con cientos de competidores, era un éxito a  todas luces.

El sábado 22 de junio el diario El Comercio publicó una reseña sobre este aconecimiento tan especial. con el título "Ecuador : premio en Háabitat II".


Los tres jóvenes viajaron a Barcelona para recibir su premio en el XIX Congreso Mundial de la de Arquitectos -UIA- que tuvo lugar en esa ciudad catalana a fines de 1996. 

Posteriormente, en enero de 1997, recibieron un homenaje en el Colegio de Arquitectos. En esa época era su presidente mi amigo Pepe Ordoñez, quien les entregó un diploma por encargo de la UIA, organizadora del concurso.

Lindos recuerdos.

Al armar este relato he revivido esos emotivos momentos y vuelvo a expresar mi complacencia por el gran mérito que tuvo ese trabajo.

Un gran abrazo a Silvia, a Jorge y a Alexandra a los quince años de ese momento tan importante para su crecimiento como valiosos profesionales y como inmejorables seres humanos.

Ecuador 36: La escalera Vásconez o "Cómo subir confortablemente dos metros y medio utilizando para el efecto las tres cuartas partes de un metro cuadrado”

En Agosto de 1989 escribí un texto que he encontrado al revisar una caja con viejos papeles. 

Ese relato lo redacté para la revista de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Central, pero no llegó a publicarse.

Lo escribí luego de haber diseñado una escalera rústica de escalones compensados para que mis hijas pudieran subir confortablemente a unos altillos que tenían en la parte alta de la cubierta inclinada de sus dormitorios.

Las gradas de escalones compensados no son ninguna novedad, sin embargo generalmente se los usa en escaleras de un solo tramo o en escaleras de dos tramos con un descanso rectangular igual al de cualquier grada normal.

La innovación en la escalera que diseñé para mis hijas fue que se trataba de una escalera de escalones compensados de dos tramos, pero en “L”, en ella el descanso se compone parcialmente de un escalón compensado y un complemento rectangular que permite que la escalera sea usada como si se tratase de una escalera de caracol.

En planta se la ve como un cuadrado de un metro de lado que se ha dividido en cuatro partes iguales. En uno de los cuadrantes se desarrolla el tramo inicial de escalones compensados que permite subir un metro veinte y cinco centímetros hasta el descanso, en el cuadrante que sigue se desarrolla el descanso y en el tercero, el tramo final que sube hasta el altillo ubicado dos metros y medio sobre el nivel del dormitorio. 
Por eso el título del relato: “Cómo subir confortablemente dos metros y medio utilizando para el efecto las tres cuartas partes de un metro cuadrado”.

Las escaleras de caracol o de espiral, tienen un eje central que soporta la parte angosta de escalones y una viga helicoidal auto-soportada que recibe el peso de la parte ancha de los escalones que también pueden apoyarse en un sistema de soportes o en las paredes que confinan la grada.

En planta, la grada de caracol se dibuja como un círculo con una serie de sectores limitados por dos radios del círculo y el arco correspondiente de la circunferencia. El ángulo entre los dos radios marca la dimensión del escalón que, según las normas, a treinta centímetros del eje, debería tener un ancho no menor a veinte centímetros para permitir que una persona -suba y baje- con suficiente área de apoyo para el pie que se coloque en aquella parte del escalón.

Las escaleras de caracol son relativamente confortables para subir sobre todo si se las hace sin contrahuella de tal manera que el pie puede superar el ancho del escalón. Para bajar en cambio no son muy seguras  ni confortables.

La escalera de escalones compensados en cambio, ofrece cómodo sustento a los pies tanto al subir cuanto al bajar. 

Pero… volvamos al viejo relato que como he mencionado, encontré hace poco y que ahora he adaptado para poder compartirlo por este medio.

Aquel relato sobre la “escalera Vásconez”, escrito hace más de veinte años decía lo siguiente:

“Leí hace algunas semanas “La Historia exagerada de Martín Romaña” de Alfredo Bryce Echenique, el primero de sus “Cuadernos de Navegación sobre un sillón Voltaire”; en este caso, el azul (el cuaderno, por supuesto, no el sillón Voltaire).

El otro, rojo, (el otro cuaderno, claro…) tiene como protagonista al propio Martín quien habla -quien sabe cuán exageradamente- de Octavia de Cádiz, pero aun no lo he leído a pesar de mi interés por saber el desenlace de esa historia de cuadernos y sillones, entre otras causas porque cuando fui en su búsqueda a la librería descubrí que costaba algo así como un tercio del salario mínimo vigente.

En esa ocasión sin embargo, encontré por casualidad “Historias de Cronopios y de Famas”, de Julio Cortázar; otro libro formidable… (prestado-perdido hace años).

Al hojear esa joya de Cortázar encontré historias tan lindas como sus “Instrucciones para subir una escalera”.

Naturalmente me lo compré.

Recordé que hace tiempo, siendo estudiante de arquitectura, tuve que desarrollar un estudio sobre las escaleras y utilicé aquel cuento genial como introducción al trabajo.

No sabría decir ahora si el resultado de aquella tarea fue bueno o no tanto, pero las líneas de ese Gigantesco Cronopio (como algunos de sus amigos llamaban a Cortázar) tuvieron gran suceso.

Recordé también (la asociación de ideas generalmente me impide concentrarme en un solo tema) que, hace no mucho, diseñé y construí para mis hijas una escalera de cincuenta centímetros de ancho que no sólo permite subir y bajar confortablemente  a quien se aventura entre sus peldaños sino que ocupa menos de un metro cuadrado de superficie.

Una escalera cómoda que ocupa poco espacio es una alternativa interesante para la vivienda contemporánea en cuya solución, la optimización de las áreas útiles y la reducción de las circulaciones, constituyen un reto para el diseñador.

Me propuse pues, escribir unas pocas líneas sobre ese tema y naturalmente, habiendo reencontrado las “Instrucciones…“, de Cortázar, decidí que éstas pasarían a formar parte del relato.

Pensé que aquel cuento sobre las escaleras tendrá siempre un gran suceso.

No puede decirse que mi dichosa escalera sea una escalera cualquiera.

Fue pensada y repensada.

Mi hija Manon contaba  que “...de vez en cuando, usaba esa grada como escritorio (para hacer deberes, dibujar o leer un libro) ...cuando aún cabía entre peldaño y peldaño... Sólo con la adolescencia terminó ese tipo de hazaña -mezcla en partes iguales de equilibrista y contorsionista-".      

Yo también, para iniciar mi relato, la he subido y la he bajado, la he observado con detalle, me he sentado en sus peldaños, tratando de imaginar algo que decir sobre ella…

He imaginado a Bryce Echenique, sentado en su sillón Voltaire, frente a su cuaderno azul tratando de decir algo sobre Martín Romaña…

Bryce tuvo más éxito, por supuesto.

Para un cronopio común y silvestre como yo, eso de escribir no es necesariamente fácil.

Se me ocurrió, por tanto, presentar -sin explicaciones- la escalera y se me ocurrió además, bautizarla con mi nombre.

Pensó que si existía un sillón que lleva el nombre de Voltaire, quien habrá tenido sobre su cabeza preocupaciones más importantes que diseñar o construir un sillón y menos aún, escribir sobre él (o mejor, acerca de él; pues quien escribía sobre él -como queda explicado- era Bryce Echenique), yo podía, perfectamente, llamar con mi nombre a la escalera que había diseñado y construido y que, además, me servía temporalmente de asiento para escribir acerca de ella (entre otras cosas porque nunca conocí un sillón Voltaire).


Decidí que cuando llegase a conocer la dirección de Cortázar en el Cosmos, le pediría que escribiese un relato titulado "Instrucciones para subir una escalera Vásconez" para acompañar a mis dibujos…




Por lo pronto, mientras duran las averiguaciones, pido a ustedes se sirvan echar un vistazo a los dibujos y solazarse con las "Instrucciones para subir una escalera" de Cortazar.


P.D.: No he encontrado los dibujos (recuerdo que los entregué a Celso Rojas quien se ofreció a hacer una ilustración para el artículo que no llegó a publicarse...) Tendré también que averiguar que fue de ellos... Acompaño ahora los esquemas iniciales de otra "escalera Vásconez" que construí en Tonsupa hace un par de años... cuando pueda incluiré también algunas fotos...


01 de mayo de 2012 : He podido -por fin- conseguir unas fotos de la "escalera Vásconez" de Tonsupa, así como un par de esquemas en perspectiva: los incluyo para quienes tengan interés en este asunto:












INSTRUCCIONES PARA SUBIR UNA ESCALERA
JULIO CORTAZAR
Nadie habrá dejado de observar que con fre­cuencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas suma­mente variables. Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se está en posesión momentánea de un peldaño o escalón. Cada uno de estos peldaños, formados como se ve por dos elementos, se sitúa un tanto más arriba y más adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que cualquier otra combinación produciría formas quizá más bellas o pintorescas, pero incapaces de trasladar de una planta baja a un primer piso.

Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en man­tenerse de pie, los brazos colgando sin esfuer­zo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente. Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la izquierda abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. 

Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abre­viar llamaremos pie, se recoge la parte equiva­lente de la derecha (también llamada pie pero que no ha de confundirse con el pie antes cita­do), y llevándola a la altura del pie, se la hace seguir hasta colocarla en el segundo pel­daño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie. 

(Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coinci­dencia de nombres entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie).

Llegado en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la escalera. Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso.

Cortázar Julio, “Historias de Cronopios y de Famas”,  Editorial Sudamericana-Planeta,  Buenos Aires, 1989, p. 25

miércoles, 18 de enero de 2012

Ecuador 35: El cólera…

Acaba de dejar el Ministerio de Salud nuestro querido amigo David Chiriboga, posiblemente una de las personas más capacitadas, comprometidas y solventes para una tarea que obviamente nos es nada fácil como es enfrentar el tema de la salud en el país y sobre todo, encarar la restructuración de la institucionalidad que debe encargarse de ese tema a nivel nacional.

David ha tenido que lidiar con graves circunstancias estructurales y coyunturales que finalmente determinaron la salida de él y de su equipo del ministerio, cuando estaban justamente tratando de cambiar la situación del sistema de salud pública del Ecuador de forma integral. Creo que su salida significa un grave retroceso para un proceso que estaba apenas iniciándose y que requería apoyo y continuidad, en fin….

En medio de esa dolorosa noticia para el país, recordé varias cosas de cuando conocí a David hace veinte años.

En marzo de 1991 se reportaron en el Ecuador los primeros casos de cólera que desencadenaron en poco tiempo una grave epidemia que se declaró en quince de las veintiún provincias existentes en el país en esa época.

La presencia de esta enfermedad no fue sólo el resultado de la pésima infraestructura sanitaria de nuestro país donde las enfermedades infecciosas e infecto-contagiosas constituían la primera causa de morbilidad y mortalidad sino también de las limitaciones del sistema nacional de salud, para enfrentar la prevención e intervenir de forma eficaz y oportuna en el control de la enfermedad una vez detectada.

Si bien era cierto que el mejoramiento de la infraestructura sanitaria y el mejoramiento de las condiciones socio-económicas de la población eran -y son- dos elementos determinantes de la presencia o no de este tipo de patologías y que resultaba indispensable -en esa época como ahora- que el Estado y la sociedad en general, presten suficiente atención a las necesidades básicas de la población; caso contrario todo tipo de epidemias y endemias continuarán azotando a los ecuatorianos; era una realidad también que en la población y en los propios organismos del Estado, se conocía poco sobre la enfermedad y sobre la manera de atacarla (tanto para intervenir sobre las personas que la habían contraído cuanto para evitar que se extienda).

La epidemia del cólera que se presentó en esa época tenía una serie de causas e implicaciones de carácter social y económico a más de las dramáticas consecuencias en las personas enfermas, las familias, las comunidades afectadas y en la sociedad misma.

Frente a este problema se debieron tomar medidas de emergencia de todo tipo, tanto desde las diferentes instituciones gubernamentales cuanto en otras instituciones dedicadas a actividades ligadas a la salud y al desarrollo.

En ese contexto, en marzo de ese año, en el Centro de Investigaciones CIUDAD nos propusimos hacer algo que pudiera contribuir a esa causa común a la que deseábamos sumarnos para contribuir a enfrentar la emergencia.

Al equipo interdisciplinario de CIUDAD se había incorporado poco tiempo atrás, un médico, nuestro querido amigo Rodrigo Barreto y por él nos enteramos que como el cólera era una enfermedad que había dejado de presentarse en el país  -y en al región- desde hacía muchos años, a nivel nacional había una dificultad real para obtener información actualizada, de alta calidad técnica y práctica sobre el tema. El cólera ya no se estudiaba en las facultades de medicina, había poca preparación científica y casi nada de experiencia en el ministerio, en clínicas, hospitales y, menos aún, en los centros y sub-centros de salud, en cuanto a procedimientos y estrategias para prevenir y enfrentar la enfermedad.

De otra parte había información que comenzó a circular que resultaba contradictoria, poco eficaz y hasta absurda como una recomendación que encontramos en un folleto que afirmaba que  debíamos “lavarnos las manos con agua hervida”.

Diego Carrión era el director de CIUDAD y yo era el responsable de Agua y Saneamiento de REDES (la Red de Estudios de los Servicios Urbanos en América Latina, que habíamos creado años atrás). Nos reunimos con Rodrigo y discutimos una serie de opciones para poder hacer un aporte significativo a la problemática de la epidemia de cólera en la medida de nuestras posibilidades.

En ese contexto Rodrigo nos presentó a David Chiriboga, con quién había trabajado cuando los dos cursaban la carrera de medicina en la Universidad Central. Le invitó una mañana a CIUDAD y discutimos con ellos qué hacer y cómo proceder.

Concluimos que debíamos hacer dos cosas indispensables y factibles: a) sistematizar la información más actual, pertinente y seria sobre la enfermedad y difundirla entre los profesionales de la salud y de los organismos dedicados a la prevención, intervención y capacitación sobre la epidemia; y b) estructurar un documento de difusión masiva sobre la manera de enfrentar la epidemia, qué aspectos priorizar en una campaña de educación y prevención, cómo se presenta la enfermedad, cómo tratar a un paciente que la ha contraído, como actuar desde al comunidad, etc.

Decidimos producir dos folletos, serios y de poco costo, que cumpliesen los dos propósitos. Sin embargo debíamos definir sus contenidos y su estructuración para enviarlos a la imprenta, en el menor tiempo posible.

Rodrigo y David estuvieron de acuerdo que la información más actual y seria sobre el cólera era el documento titulado "Vibrio Cholerae" de Willam B. Greenough III, publicado en el libro “Principios y práctica de las enfermedades infecciosas”, editado por Gerald L. Mandell, R. Gordon Douglas Jr. y John E. Bennett  (3ra ed., Churchill Livingstone Inc., EEUU., 1990).

El único problema era que el texto sólo se lo conseguía en inglés. David nos propuso que podía traducirlo pues tenía un perfecto dominio de esa lengua.

Se lanzó pues a la tarea y a los pocos días nos entregó la versión en español del texto del doctor Greenough.

En la traducción que publicamos semanas más tarde, David incluyó una nota con la siguiente explicación:

“He intentado realizar una traducción lo más precisa posible, en el caso de existir errores éstos son de carácter involuntario. Las negrillas y el subrayado utilizados no se encuentran en el texto original, sino que han sido colocados con la finalidad de resaltar ciertos aspectos del mismo que creo son relevantes en el contexto de nuestro país. Los números que aparecen en el texto, a continuación de una barra (\), corresponden al número de orden en la bibliografía que se encuentra al final del texto. Se han omitido dos figuras del texto original por razones técnicas de nitidez de la fotografía; aunque se las puede encontrar en el texto original citado en la portada”.

Paralelamente, Rodrigo comenzó febrilmente a revisar folletos, trípticos, libros y panfletos -viejos y nuevos- sobre prevención y acción frente al problema del cólera. En pocos días logró sistematizar una información precisa y clara que resumió en un borrador de folleto. Lo revisamos y discutimos con Diego y David y luego de incorporar dos o tres  sugerencias menores, quedó también listo para la imprenta

El reto sin embargo era cómo producir esos documentos y cómo difundirlos en el menor tiempo posible y con los escasos recursos que disponíamos.   

En abril escribí a Raymond Jost al Secretariado Internacional del Agua (SIA) y a vuelta de correo me confirmó que había logrado una pequeña ayuda de Oxfam-Québec, con eso podíamos intentar publicar los dos productos que habíamos previsto, sin embargo debíamos romper récords en cuanto a los canales y medios de difusión para que pudiesen ser usados en la lucha contra la epidemia.

Logramos nuestro objetivo y en los primeros días de mayo de 1991, a menos de un mes de declarada la emergencia sanitaria, salían de la imprenta los dos folletos

Al primero, el Número 1 de una serie que denominamos “Hábitat, Saneamiento y Salud” titulamos escuetamente “El Cólera”, una publicación de CIUDAD y REDES con la traducción realizada por David Chiriboga, del texto "Vibrio Cholerae" de Willam B. Greenough III.










En la introducción de esta publicación se explicaba que el Centro de Investigaciones CIUDAD y REDES con el apoyo del SIA y Oxfam-Québec habían realizado la traducción y publicación de ese texto con fines de difusión docente, sin valor comercial, esperando que la lectura del mismo coadyuve al esfuerzo que numerosos actores profesionales, médicos, enfermeras y técnicos de la salud,  estaban realizando a nivel nacional, para intentar controlar aquella epidemia.

A la semana siguiente, publicamos el segundo folleto; el Número 2 de la serie “Hábitat, Saneamiento y Salud” que titulamos “Qué hacer frente al cólera”, una publicación de CIUDAD y REDES con el apoyo del SIA y Oxfam-Québec

En la introducción de esta publicación se mencionaba que la coordinación del trabajo había estado a cargo de Rodrigo Barreto y Mario Vásconez y la producción editorial de Anita García. 

Se explicaba que el Centro de Investigaciones CIUDAD y REDES al producir ese folleto intentaban aportar a la lucha que distintas organizaciones populares y ONGs venían desarrollando en relación al cólera, tanto en medio urbano cuanto en áreas rurales. Se recalcaba que el folleto buscaba poner énfasis en el conocimiento de los elementos básicos de esa epidemia, las formas de prevenirla y enfrentarla y que fundamentalmente estaba dirigido a trabajadores de la salud, dirigentes populares y organismos de apoyo comunitario.

El reto de publicar estos textos se cumplió según lo planificado… así que nos vimos ante un nuevo reto ya previsto: cómo lograr su rápida difusión para que se comenzaran a leer y usar de inmediato.

Como los destinatarios de uno y otro eran sujetos distintos vimos que requeríamos canales diferentes para cada caso.

Para que el folleto “El cólera” pudiera ser conocido y usado en la formación y capacitación de médicos y enfermeras; entregamos un número suficiente de copias a todas las facultades de medicina y enfermería de las universidades del país. Igualmente a través de los canales del Ministerio de Salud, se pudo enviar copias del documento a los directores y responsables de capacitación continua de las principales clínicas, hospitales y centros de salud, para que pudiesen reproducirlas y entregárselas a los diversos profesionales a su cargo.

Para que el folleto “Qué hacer frente al cólera”, pudiera ser conocido y usado en la capacitación práctica de médicos, enfermeras, organizaciones populares, ONGs y líderes comunitarios, entregamos un número de copias a un amplio espectro de redes sociales, barriales, comunitarias, a los centros y sub-centros de salud, a los médicos rurales, a  las organizaciones de salud, a las iglesias y a otros actores.

Diego tuvo una singular idea. Se entregarían solo diez ejemplares a cada una de esas entidades y personas, con la consigna de que cada una que las recibiese, las fotocopiara y entregase siempre así, por decenas, para que se estructurase una suerte de cadena, semejante a esas cadenas “de la buena suerte” o de oración “a santos y a vírgenes”, que con frecuencia llegaban a nuestras manos… (En tiempos modernos llegan ahora por Internet, pero el principio es el mismo: “envíe el texto a diez personas, súmese a la lista y luego de un tiempo recibirá el premio de la lotería, las protecciones de un santo, las bendiciones de una virgen o cualquier agradable sorpresa).  

Las cartas que acompañan a esas cadenas, amenazan también con todo tipo de males si la cadena se llega a cortar por la pereza o la incredulidad de alguien que no desea participar en la cábala y corta arbitrariamente la cadena…

Nosotros no ofrecimos ningún tipo de premio o de maleficio por difundir el folleto del cólera. Simplemente llamábamos al espíritu de colaboración y a la responsabilidad ciudadana frente a un mal que podía convertirse en algo inmanejable para el sistema nacional de salud pública.

Éxito total.

En menos de quince días nuestros folletos circulaban por todo el territorio nacional para conocer mejor la enfermedad y saber cómo enfrentarla.

Las autoridades y responsables de la salud hicieron lo suyo pero nosotros contribuimos con nuestro granito de arena a la lucha contra el cólera.

Así conocí a David Chiriboga. 

...No estoy seguro, pero creo haber contraído aquella enfermedad por su injusta salida.

P:D.: Ha comenzado a llover con furor, Rodrigo debe estar también encolerizado, allá en lo alto… Parecería que le pegó un buen puntapié a alguna nube….

martes, 17 de enero de 2012

Ecuador 34: Esos huequitos llamados ventanas…

En noviembre de 1985 el Colegio de Arquitectos de Pichincha comenzó a publicar como separata del diario Hoy, la revista “Habitar” de “temas urbanos y diseño”.

En mayo de 1986 recibí una  llamada de Rubén Moreira a quien el CAE había encargado la coordinación del séptimo número de “Habitar”. Me propuso escribir un artículo para la edición que estaba prevista para junio de ese año, sobre el tema “Arquitectura Moderna, ideas y realizaciones”.

Acepté con gusto.

Unos pocos días atrás en una conversación con mis alumnos, había tocado el tema de las ventanas; así que me senté y escribí un breve artículo sobre ese tema, que titulé “Esos huequitos llamados ventanas…”, que he rescatado para esta ocasión:





Cuando en cualquier época, aquellos sujetos laboriosos llamados albañiles, carpinteros, constructores, ingenieros y arquitectos se han dado a la tarea de levantar del suelo humildes moradas, palacios o rascacielos, usando piedras o palos (que generalmente tienen una función constructiva aunque mucha gente piense lo contrario), el objeto de sus esfuerzos sirve para albergar algún tipo de actividad de manera confortable. (Desde la época de las cavernas hasta nuestros días, ha sido mejor dormir bajo cubierta que bajo el cielo estrellado, pues da la casualidad que el cielo no siempre permanece sonriente, mostrando sus resplandecientes calzas de oro; a veces se enoja, se encapota y suelta sobre tirios y troyanos, truenos, rayos, agua o nieve).

Pensamos en cualquier actividad contemporánea realizada por un sujeto cualquiera: un escolar de una vara de alto que hace sus deberes en una mesa de su misma talla, una laboratorista vestida de blanco observando por el microscopio a una ameba rebelde que le saca la lengua, un gordo cocinero que se chupa el dedo índice para probar su última salsa frente al lavaplatos de su bien equipada cocina, un fornido tornero que llena de chispas metálicas el lugar donde trabaja, una elegante y menuda secretaria, vestida de colores pastel con un modelito que parecería de la talla "large", escribiendo en su máquina con dedos que se atrasan a una cita, un arquitecto (no podía faltar) frente a su mesa de dibujo fumándose el lápiz y a punto de hacer un grueso trazo con su recién encendido tabaco ...

Imaginémonos a todos éstos, desprovistos de sus cuatro paredes y su techo… haciendo lo posible para que el viento no se lleve el deber de geografía, que la ameba no se salga del pequeño rectángulo de vidrio en el que está confinada, que la lluvia no aumente -a la fuerza- agua al caldo o a la salsa, o haciendo lo imposible para que el torno se mantenga firme en el suelo arenoso y la máquina de escribir en las rodillas de tonos pastel...

A todos ellos, les sería perfectamente válido, instalar sus distintos adminículos bajo cualquier toldo improvisado y continuar con sus amebas y sus chispas, pero… también está el frío, o el calor (a veces excesivos) y la lluvia y las tormentas y los vientos… Estemos claros: esas faenas, ¡definitivamente! se realizan de una mejor manera cuando están adecuadamente cobijadas.

Pero… ¿no íbamos a hablar de las ventanas?, ¡ah, sí! Piensen en los fulanos del torno, las ollas, la máquina o el microscopio protegidos por sus techos, pisos y paredes en locales sin ventanas ... ¡sin esos huequitos llamados ventanas!... ¡tan útiles!

El mapa de los ríos de Asia (tan bien hechito), la lengua de la ameba (tan pálida, ¿no tendrá bichos?), la salsa blanca (tan blanca), el piñón que acaba de ser rellenado con aleación de antimonio (parece nuevo), la carta al señor director (tan nítida, parece impresa), ¡la luz y sus milagros!... ¡Iluminar el interior de los ambientes! (una función muy importante de las ventanas...) ¡y ventilarlos!... ¿se imaginan al cocinero o al tornero, gordos y fornidos, cocinándose al vapor en ambientes sin ventilación adecuada?

Las ventanas pueden ser diseñadas para asomarse, para disfrutar de la vista o para evitar ser vistos, llenan de dificultades a nuestro buen amigo el arquitecto que está a punto de terminar de comer (sin condimentos) el borrador de su lápiz HB, ahora convertido en minúsculas astillas y en varios kilómetros de borrones hechos en pliegos y pliegos de papel mantequilla (sketch que dicen), suda tinta porque no logra diseñar la ventana de la ampliación que le han encargado ... ¡el cuarto de Pepito!

Primero pensó en una ventana alta pero no le gustó porque parecía ventana de cocina, luego en una larga a media altura pero la mamá de Pepito dijo que parecía la ventana del laboratorio de su cuñada Mimí ... luego, grande y hasta el piso; ¡que no!, ¡ni que fuera oficina pública!... , pequeña (quespess: parece de baño), con sobrias rejas verticales (¡dormitorio para el guagua le dije, no taller de mecánica!).

Vean ustedes el papel de la ventana en la "lectura" de las fachadas para identificar lo que acontece al interior de los espacios, la relación forma-función que dicen los que escriben en difícil; además, juegan un rol importante en lo que algunos llaman "la cosa estética", "la solución compositiva de fachadas y volúmenes", "el planteamiento de vanos y llenos" y quién sabe cuántas otras palabras raras. 

Lo único cierto es que la solución de la ventanería puede mejorar o liquidar cualquier propuesta arquitectónica.

A nuestro arquitecto casi le da ataque cuando la mamá de Pepito moviendo orgullosamente su frondosa cabellera teñida de rubio y ondulado cadenciosa y amaneradamente su mano para hacer fulgurar y tintinear su nutrida provisión de anillos y pulseras, expresa convencida que ha encontrado la ventana ideal para el cuarto de Pepito:

- Quiero dos arcos como los del comedor de la casa de Mimí, uno más alto y uno más chiquito; de ladrillo visto (dice) barnizado (aclara), con antepecho de marmetón (el que parece mortadela piensa con horror nuestro amigo), marcos de aluminio, rejas de hierro forjado, un farolito y un reborde imitación madera para poner los jarrones que me mandó mamá con esas lindas flores de plástico que compre en Miami; las cortinas serán preciosas de terciopelo rojo para hacer juego con mi salto de cama y la tapa del retrete...

(El viejo maestro, Mario Monteforte decía que no le cabía en la cabeza aquello del "buen gusto" y del "mal gusto" afirmando con tono enérgico y categórico: ¡la gente tiene gusto o no tiene!) .

Una ventana mal ubicada causa muchos problemas; Pepito, por ejemplo, tiene dificultades porque el sol calienta en exceso su sala de clases, el pizarrón brilla y se hace sombra con la mano cuando escribe; tiene resfríos constantemente porque la ventana de su habitación, orientada al Norte, no posibilita un sano asoleamiento; el gordo cocinero debe voltear hacia la luz todos los objetos que enjuaga, pues el lavaplatos está en sombras y Mimí debió comprar una mesita para posar su microscopio ya que no podía ver su ameba si la luz le daba por la espalda (a ella no a la ameba).

Las ventanas deben ser consideradas en la solución de las fachadas interiores: Pepito siempre se ha preguntado ¿por qué la ventana del baño no tendrá una dimensión que coincida con las baldositas de la pared? ¿Por qué habrán tenido que cortarlas tan feo si hubiese sido más fácil hacer la ventana más grande, un poquito a la derecha y algo más arriba?

Por último, es importante mencionar que las ventanas fueron de madera cuando había bosques a la mano, abiertas para que pase la briza en los climas cálidos, chiquitas en los climas fríos, más grandes en las ciudades que disponían de fábricas de vidrio y pequeñas a donde había que llevar los cristales a lomo de mula; de ventanales inmensos en New York, y de tablitas en el páramo del Cotopaxi, de aluminio anodizado y vidrio obscuro en ciertas casas y de retazos de hierro y vidrio de dos milímetros en otras. (La ventana y la geografía, la ventana y la historia y la ventana y la sociedad que dicen). 

...Podríamos seguir pero acabo de escuchar por la radio que un arquitecto ha saltado a la calle desde... la ventana de su estudio. Quiero saber quién es y en qué piso estaba el estudio (curiosidad que dicen).