viernes, 17 de octubre de 2014

Ecuador 71 Nicolás Svistoonoff y el Parque Itchimbía

Como ya he relatado, merced a un convenio con el Municipio Metropolitano y la Corporación “Vida para Quito,” el Consorcio “CIUDAD-Ecogestión tomó a su cargo la administración del Parque Itchimbía desde mediados de enero de 2004 hasta agosto de 2010.

En los casi siete años en que realizamos el manejo integral de ese parque nos brindamos íntegros y procuramos ser eficientes en la gestión administrativa y financiera; cordiales y acogedores en las relaciones con los vecinos y otras instituciones; e innovadores en el desarrollo de actividades de educación ciudadana, cultura, recreación, turismo y manejo ambiental para usuarios y visitantes.


Mónica Dazzini, Mario Vivero, Diego Hurtado, Nicolás Svistoonoff, Desirée Castro, Mario Vásconez

Una de las personas que más nos apoyó en esas tareas, con toda generosidad, desinterés y verdadera pasión fue Nicolás Svistoonoff, querido amigo que acaba de dejarnos de manera súbita el miércoles 15 de octubre del 2014.







Nicolás tenía su casa a pocos pasos del parque, él y Sarita su esposa, hicieron del Itchimbía un lugar de esparcimiento y ejercicio cotidianos. 



Nicolás Svistoonoff y Sara Sánchez


Foto Nicolás Svistoonoff
Caminaban todos los días por los senderos del parque, nos visitaban de tanto en tanto y siembre estaban dispuestos a colaborar y ayudar en todo cuanto les pudiésemos pedir o solicitar. 


Nicolás vivía intensamente en el jardín de su casa y en su otro jardín más grande, el Parque Itchimbía, que era también suyo.




Foto Nicolás Svistoonoff
Descubría y fotografiaba con su ojo de artista, todas las plantas y aves existentes y toda nueva especie animal o vegetal que descubría jubiloso. Las rutas de sus caminatas eran siempre diversas para poder gozar como un niño, de plantas, flores y cuanto bicho se cruzara en su camino.




Foto Nicolás Svistoonoff
Su generosidad no tenía límites, nos regaló gran cantidad de semillas y plantas de especies nativas con la consigna de que “debíamos” hacerlas germinar y proliferar en el parque. No se guardaba ningún tipo de información, todo lo compartía… estaba convencido de que el conocimiento, así como las plantas y las fotos, debían ser de todos, para el uso y disfrute de todos…


Foto Nicolás Svistoonoff
Cada vez que pudo nos dejó copias de las decenas y decenas de fotos que tomaba incansablemente en sus largas y fructíferas caminatas… teníamos un nutrido archivo de bellas fotografías de flores, pájaros, insectos y reptiles que Nicolás capturaba con su cámara en sus desplazamientos cotidianos por el parque.


También era muy crítico. Cuando algo que habíamos hecho le parecía mal, nos lo comunicaba de inmediato. Pero de igual forma siempre estaba dispuesto a  brindar un juicioso comentario, un sabio consejo o una sugerencia oportuna.


En agosto de 2005 el Consorcio Ciudad-Ecogestión presentó a consideración de “Vida para Quito” una idea del proyecto denominado “Ruta del Quinde” para crear y consolidar en el costado oriental del Parque Itchimbía, un espacio destinado a exhibir y precautelar la vida vegetal y animal propias de ese sector de Quito, que pudiese ser observada por los visitantes del Parque y que pudiera ser a la vez, un lugar privilegiado para los estudiosos de la flora y la fauna nativas.


Para discutir los pormenores de ese proyecto, organizamos un taller de trabajo -que fue facilitado por Alberto Rosero- con la participación de varios miembros de nuestro Consorcio (Mario Vásconez, Ramiro Morejón, Mayra Calderón, Mario Vivero, Jenny Maldonado, Desiré Castro) y la presencia de varios queridos "amigos del parque Itchimbía", que amablemente nos dieron sugerencias e ideas para nutrir y mejorar la propuesta; nos acompañaron Juan Manuel Carrión, para aportar sus conocimiento sobre aves; Martín Bustamante y Néstor Acosta, sobre batracios; Martha Echavarría, sobre mariposas y Nicolás Svistoonoff sobre plantas y especias nativas del Itchimbía.


Mario Vivero, Jenny Maldonado, Mayra Calderón, Mario Vásconez, Ramiro Morejón

El proyecto desgraciadamente no pudo hacerse realidad. A pesar de disponer del presupuesto respectivo, de constar en nuestro contrato como una de las obras a ser desarrolladas en el Itchimbía, los funcionarios de “Vida para Quito” que debía apoyar y tomar decisiones sobre la construcción, fueron dando largas al asunto. Su indecisión y falta de visión impidieron que pudiéramos implementar esa singular propuesta.


Mayra Calderón
Buscando viejos archivos (que debo tener en algún lado) con las fotos y textos de aquel taller, he encontrado más bien algunos materiales de otra actividad que promovimos en el Itchimbía un año antes.


El 23 de junio del 2004, al inicio de nuestra gestión en el Itchimbía, nuestro querido amigo Rodrigo Barreto, quién fue el primer Director del Parque, organizó una linda exposición de fotos de sus flores nativas.


Nicolás Svistoonoff, quien participa activamente en aquella asociación de “amigos del Parque Itchimbía”, en su intervención en el acto inaugural de esa exposición, dirigió a los presentes unas emotivas palabras que las reproduzco en este relato, como nuestro mejor homenaje a las sabias enseñanzas y sensibilidad de nuestro querido maestro y amigo… con toda nuestra gratitud por su generosidad y apoyo solidario.

Mario Vásconez, Galo Medina, Andrés Vallejo, Rodrigo Barreto, Nicolás Svistoonoff, Hugo Galarza, Inés Pazmiño

El Itchimbía
Por: Nicolás Svistoonoff

Foto Nicolás Svistoonoff
“En la memoria de mucha gente, todavía persisten los recuerdos de una infancia maravillosa, de un lugar de aire puro, de vientos y cometas, de aventuras y de vacaciones.

Aquel lugar perdido en la nostalgia, lleno de naturaleza y muy cercano a la vieja ciudad de Quito de nombre Itchimbía, en algún momento debió haber tenido una sensación a paraíso natural.

El Itchimbía, a pesar de ser ese referente entrañable, se transformó por el "que-me-importismo", en un enorme campo abandonado, propiciando la formación de depósitos de escombros, basura y refugio de antisociales. En todos esos años del gran crecimiento urbano, se permitió irresponsablemente su deterioro,  y lamentablemente así, este lugar se convirtió en el sinónimo del descuido y del peligro, menospreciado por todos.

Foto Nicolás Svistoonoff
Pero, desde el año pasado, después de una serie de adversidades, hemos sido testigos de asombrosos cambios. Acertadamente, las autoridades actuales de nuestro municipio han comprendido y se han concientizado de la importancia de los entornos naturales y han puesto todo su empeño en recuperar los diversos sitios injustamente abandonados. Se ha hecho mucho por sanear el medio ambiente, y el trabajo ha sido muy duro; pero, afortunadamente, cuando hay la decisión y el buen criterio, nada es imposible.

Foto Nicolás Svistoonoff
Hoy, todos somos testigos como propios y extraños están descubriendo el privilegiado paisaje del Itchimbía, que hasta hace poco, nadie podía siquiera imaginar un lugar tan maravilloso. Dudo que exista un parque con una vista así de  espectacular y con un panorama tan diverso en sus 360º.


Algo está pasando en Quito: el Itchimbía es la mejor prueba de que los milagros existen. Aquello que parecía imposible de arreglar; esta "tierra de nadie", hoy vive un proceso increíble de renovación y apropiación de sus ciudadanos. Igualmente el Centro Histórico ha sido recuperado y es la admiración y orgullo de todos.


Es inconcebible los años  de abandono de un sitio tan especial. La riqueza del suelo revela su historia. Cuando excavamos aquí, podemos apreciar una rica y profunda capa de tierra negra. Por simple deducción lógica y haciendo volar un poco la imaginación, podemos  sentir por este vestigio, toda la memoria de un bosque primario que existió algún día. Seguramente, de estas laderas sacaron los primeros habitantes españoles la madera para sus construcciones coloniales. De hecho, dicen que toda la orilla del Machángara estaba poblada de bosques muy espesos; de cedros y arrayanes, de huaycundos y orquídeas. El Itchimbía debió ser parte de ese maravilloso corredor ecológico.

Foto Nicolás Svistoonoff
Pero, ¡qué difícil es recuperar un bien natural perdido! Lo que a la naturaleza le ha costado siglos formar, con qué facilidad puede ser destruido en un instante. Ese drama lo vivimos diariamente. Cuanta inconsciencia ha habido en el pasado y sigue habiendo en el presente en la agresión a la naturaleza. Todo el clima se está modificando con estas alteraciones. Cada día hay menos humedad, y cualquier persona se puede dar cuenta de  la diferencia climática en esta ciudad. Si no se toman medidas correctivas urgentes, las consecuencias pueden ser catastróficas.

Dicen que en estos tiempos de crisis de las utopías, la última utopía que queda, es todo aquello relacionado con la ecología y el medio ambiente. Afortunadamente, la actitud hacia la naturaleza está comenzando a cambiar. Sabemos muy bien que hay una nueva generación de jóvenes conscientes que se han comprometido con el bien común.
Son  gentes positivas que trabajan en silencio y con mucha seriedad y esfuerzo.  Uno de los mayores retos para ellos es devolver a la tierra lo que se le ha quitado. Conozco a muchos de ellos y son realmente admirables. Son nuestra esperanza. Es la reserva moral para una nueva mentalidad.  De esto, muy poco se habla; ya que las buenas noticias normalmente no son noticias de interés para los comunicadores.

Foto Nicolás Svistoonoff

Aquí tenemos un buen ejemplo de la participación de un entusiasta grupo de jóvenes científicos que  nos presentan fotos de la flora del Itchimbía. Como dice en su hermoso cartel: "Nos quedan pocos remanentes de esa flora nativa, que permanecía escondida en las quebradas y en los terrenos baldíos mientras la ciudad crecía". Pero, ¿que nos quieren decir estas sugestivas imágenes de plantas silvestres? ¿Por qué insistir en algo tan sencillo?

Foto Nicolás Svistoonoff
¿Cuántas veces hemos pasado al lado de cualquiera de estas plantas sin prestarles ninguna atención? ¿Que sabemos de ellas?

Es en verdad una magnífica oportunidad para aprender algo nuevo; una invitación para introducirnos a un mundo fascinante, para familiarizarnos  con sus nombres y sus usos.


Foto Nicolás Svistoonoff
Aprendamos su cultivo y sepamos apreciar su sencilla y humilde belleza. Con un poco de atención, si observamos el amarillo del putzo junto con los vibrantes azules de la flor de iso; las sinuosas enredaderas bomareas cerca de las delicadas calceolareas,  las solitarias ocayuyos o las susceptibles mimosas, descubramos en ellos todo un mundo lleno de sensible poesía.

Foto Nicolás Svistoonoff
Para un entorno sano y justo, hay que cambiar la mentalidad. Eso quiere decir, modificar nuestra actitud con la vida, replantear los valores. El lucro inmediatista e irresponsable de antes, tiene que dar paso al cuidado y restauración de la naturaleza. En el primer momento de esta transformación, mucho tiene que ver el aprecio por lo pequeño, lo frágil y lo delicado: el respeto de la armonía y la diversidad.

Para que regrese la naturaleza de  antes, lo único que necesita es que se le dé la oportunidad. Para ello, aprendamos a valorizar la flora y la fauna nativas. Seamos todos miembros activos de la minga por la vida. ¡Ya no más incendios. Ya no más volquetas con basura y escombros, ni más delincuencia! Este no es solo un parque de recreación familiar; es sobre todo un parque de educación ambiental.

Foto Nicolás Svistoonoff
Todos tenemos que aprender algo. Estoy totalmente convencido que si se mejora el entorno natural de Quito, sin duda va a  repercutir en el cambio positivo de sus habitantes. Las graves tensiones ­ las agresividades -que genera una ciudad moderna- podrían atenuarse con la recuperación de los espacios verdes. Esta obra prioritaria, a largo plazo, es  una magnífica inversión social.



Foto Nicolás Svistoonoff
Ahora ya están regresando los niños y sus familias; los jóvenes y los viejos; y, para que regresen los quindes, los huirachuros, los jilgueros y los tangaras; construyamos un ambiente con flores, frutos e insectos, propiciando con ello, una coherente planificación ecológica. 

Lo que todos queremos, es un parque sano y seguro; donde todos podamos sentirnos felices y orgullosos, de que cada uno de nosotros haya aportado en algo para este milagro de una sociedad sana. Estar en paz con la naturaleza es como estar en paz con uno mismo”.




Querido Nicolás: los parques también requieren de seres de luz que sigan velando por sus plantas, su animalitos y por la gente. Hasta vernos en algún rincón del parque con Rodrigo Barreto, para empinar una cometa y disfrutar de los árboles nativos, los colibrís, los mirlos, los sigses y los chilcos… vaya para ti un cariñoso “dios te pague”… 


domingo, 12 de octubre de 2014

Ecuador 69 Evento nudista en el parque Itchimbía

Nuestro paso por el Parque Itchimbía

Como ya he relatado, merced a un convenio con la Corporación “Vida para Quito,” el Consorcio “CIUDAD-Ecogestión tomó a su cargo la administración del Parque Itchimbía desde mediados de enero de 2004.

El parque Itchimbía estuvo bajo nuestra responsabilidad hasta el 31 de agosto de 2010. En casi siete años en los que realizamos al manejo integral de ese parque hicimos lo mejor en cuanto a seguridad, vigilancia, jardinería y mantenimiento.

Nos brindamos íntegros en la atención a usuarios y visitantes y procuramos ser eficientes en la gestión administrativa y financiera; proactivos en las relaciones con otras instituciones e innovadores en el desarrollo de actividades de educación ciudadana, cultura, recreación, turismo y manejo ambiental.

En coordinación con el Centro Cultural del Itchimbía fuimos impulsores de un sinnúmero de actividades artísticas y culturales… apoyamos e impulsamos todo tipo de propuestas de artistas y creadores; confirmando lo que manifesté al recibir el Parque por parte del municipio en el año 2004: “…buscaremos que la música, la escultura, la pintura, los libros y los poetas se instalen con confianza en el parque, complementándose de manera recíproca…”.



Manifestación nudista por la paz, la tolerancia, la igualdad y el respeto a la tierra.


En diciembre de 2009 recibimos una carta del joven fotógrafo José Tapia. Nos proponía realizar en el Itchimbía la primera concentración nudista organizada en Quito.

En su comunicación nos comentaba que el objetivo central de ese evento apuntaba a que los participantes pudieran expresarse contra la intolerancia y en favor de la integración, la paz, la igualdad y el respeto a la tierra. 

En su propuesta nos mencionaba que su iniciativa se inspiraba en las “performances” de Spencer Tunick, ese controvertido fotógrafo americano, especializado en fotografiar grandes multitudes de personas desnudas en diversas disposiciones artísticas.

Al principio no sabíamos si aceptar o no esta singular propuesta pues la colectividad quiteña es todavía bastante conservadora y no queríamos tener problemas con los usuarios del parque, ni con la prensa y menos aún, causar problemas al Municipio o a “Vida para Quito” que nos habían contratado.

Además nuestro contrato para la gestión integral del Parque Itchimbía estaba próximo a concluir y como la decisión de la nueva administración municipal era de no renovarnos el contrato, no deseábamos originar ningún tipo de conflicto con las nueva autoridades al final de nuestra administración.

El mandato de Gral. Paco Moncayo como Alcalde de Quito había concluido y ahora la municipalidad estaba a cargo del Dr. Augusto Barrera; de igual forma el Vicealcalde Andrés Vallejo había dejado la Gerencia de “Vida para Quito” y en su remplazo se desempeñaba de forma temporal como Gerente - Interventor el economista Iván Tapia.

Fue con el Interventor Iván Tapia justamente, con quien tuve que conversar para tener la última palabra respecto a la solicitud de su tocayo, el fotógrafo José Tapia, para organizar aquel evento nudista en el Itchimbía.

Finalmente resultó que Iván Tapia era muy aficionado a la fotografía y admiraba la obra de Tunick, por lo que no tuvo ningún inconveniente en tomar el riesgo de autorizar la realización del evento propuesto en el Parque.

Con el equipo del Consorcio CIUDAD-Ecogestión encargado del manejo del Itchimbía, analizamos una serie de problemas que se deberían resolver previamente y tomamos algunas decisiones para que esta convocatoria no nos originara demasiado barullo.

Contando con la autorización de “Vida para Quito”, informamos del acto al Municipio, pedimos apoyo a la Policía Nacional y a la Policía Metropolitana para que colaborara ese día para evitar conflictos con visitantes y curiosos; pedimos igualmente apoyo a los Bomberos, a la EMAAP y al 911 para garantizar primeros auxilios e hidratación para nuestros encuerados visitantes y planificamos un operativo especial con nuestro personal de guardabosques para apoyar el acto y mantener todo bajo control.

Tomamos la decisión de que el evento se realizaría en una zona protegida del parque, libre de miradas indiscretas de usuarios, turistas, caminantes y deportistas y, con una cierta restricción de ingreso para el público. Planificamos generar una suerte de filtrado para dejar fuera de la zona prevista -en la medida de los posible- a menores de edad, curiosos y morbosos.

También analizamos que un evento de esa naturaleza podía convocar a grupos opositores y contestatarios. No se descartaron diferentes tipos de protestas y sugerimos a la policía que debería estar preparada para controlar ese tipo de disturbios.

Decidimos que el evento debía desarrollarse lo más alejado de las áreas e instalaciones más concurridas: del Centro Cultural del Itchimbía, del área de los planteles educativos, de las instalaciones de la Liga Barrial, de las otros zonas deportivas y de los juegos infantiles próximas a la Casa-Hacienda Piedrahíta y de las caminerías de peatones y ciclistas más usadas en el Itchimbía por visitantes y turistas.

Vimos que el lugar más adecuado para el encuentro nudista era el espacio denominado “El Ágora” (diseñado por mi amigo Hernán Burbano) en el sector conocido como el “Rincón de los Sentidos”, no muy transitado y protegido por la vegetación y la topografía para que “fotógrafos” y “modelos” pudieran sentirse cómodos y a gusto.  



Así pues, como reseñó la prensa, al medio día, del domingo 13 de diciembre del 2009, en el Ágora del Parque Itchimbía, “se llevó a cabo una manifestación nudista con el objetivo de promover la tolerancia y la integración. 



A ese evento acudieron más de un centenar de adultos, con la intención de manifestar el respetar al otro y a asumir nuevas actitudes frente a lo diferente, buscando la integración de todos”. 



Pero conozcamos algo más de los antecedentes de esa novedosa propuesta.


Los desnudos de Spencer Tunick



Spencer Tunick (Middletown/New York – 1967) es un fotógrafo cuya propuesta es realizar  “innovadoras instalaciones” para fotografiar grupos de de numerosas personas desnudas, en diversos contextos urbanos y rurales en  posiciones artísticas muy variadas.

Los operativos previstos para que él pueda captar esas imágenes generan una serie de tensiones con el público pues en sus propuesta entran en confrontación o en diálogo conflictivo conceptos como: lo “público” y lo “privado”, lo “tolerado” y lo “prohibido”, lo considerado “moral” y aquello percibido como “inmoral” y naturalmente el tema de los derechos “individuales” y “colectivos”. 

Tunick comenzó en el año 1992 fotografiando personas desnudas por las calles de Nueva York. Sus fotos rápidamente se hicieron populares y decidió ampliar su trabajo a otros lugares de los Estados Unidos en su proyecto denominado “Estados desnudos”. Más tarde hizo una gira internacional, a la que denominó “Desnudos a la deriva” fotografiando grupos humasno desniudos en diversas ciudades del mundo: Brujas, Londres, Lyon, Melbourne, Montreal, Caracas, Santiago, México, São Paulo, Newcastle o Viena.

En junio de 2003, llegó a fotografiar a siete mil personas desnudas en Barcelona.


En mayo de 2007, en la Ciudad de México rompió su propio récord logrando juntar en el Zócalo de esa ciudad cerca de 19.000 persona que se desnudaron sin prejuicios.





En 2005 siete mil voluntarios posaron en la avenida María Cristina, en Barcelona.




Setecientas personas posaron en un viñedo de Borgoña (Francia) para advertir sobre los estragos que puede causar el cambio climático en el Planeta.




En Chile no solo hubo protestas por la instalación de Tunick sino también un debate público sobre el cuerpo.








En 2010, cinco mil australianos posaron sin ropa frente al Teatro de la Ópera de Sidney para poder ser fotografiados por Tunick.





La manifestación nudista en Quito de 2009

Para los participantes de la manifestación que José Tapia organizó en el Itchimbía, el nudismo tiene relación con la filosofía “naturalista”, por esa razón el evento perseguía objetivos ligados a lo social y la ecología. Se perseguía que los ciudadanos del Ecuador pudieran expresarse contra la intolerancia, a favor de la integración, la paz, la igualdad y el respeto a la Tierra.

En la concentración, los cuerpos desnudos de los asistentes, buscaban crear un símbolo de la paz, igualdad, equidad, tolerancia, integración y respeto por la naturaleza.

Según lo manifestó en una entrevista el organizador declaró estar complacido por la respuesta, ya que el evento encontró una "mente abierta" en los ecuatorianos.

Diversos medios de comunicación dieron cuenta del evento:


“El ágora del parque Itchimbía, ubicado en el centro de Quito, fue el escenario en el cual casi un centenar de personas se quitaron la ropa y formaron parte del primer evento nudista en el Ecuador”. 


“En un ambiente natural y de forma privada, se realizó ayer la primera concentración nudista en el país por la tolerancia y la integración mundial. El ágora del parque Itchimbía, ubicado en el centro de Quito, fue el escenario en el cual, alrededor de setenta personas, se quitaron la ropa y formaron parte del evento”.


“Esta actividad, considerada inusual, tuvo el objetivo de propiciar el respeto, disminuir los prejuicios y la discriminación de todo tipo. 
Al mediodía, los organizadores no permitieron la asistencia de espectadores y el área estuvo resguardada por 100 policías que cuidaban el ingreso. 

El Cuerpo de Bomberos esparció agua con mangueras para que los asistentes pudieran refrescarse del intenso sol. Únicamente la prensa y los organizadores tuvieron acceso a este evento”.


“El fotógrafo José Tapia, organizador en Ecuador, agradeció la presencia de los participantes y dijo que esta actividad es una manifestación liberadora, que pretende abrir horizontes y destruir un sinnúmero de tabús y barreras mentales en los seres humanos”.


“Pese a que los nudistas en un principio tuvieron temor por la presencia de las cámaras, tomaron confianza y dejaron a un lado sus prendas. 

Con la guía de Tapia y música instrumental, formaron figuras que representaban símbolos tanto de la integración como de la paz. Las posturas fetales e imágenes de igualdad como el cuadrado fueron otras de las actividades que se realizaron para lograr integrar a los asistentes y a todos los que se fueron sumando a las actividades”.


En el manejo del parque, nuestro Consorcio se propuso recuperar la loma del Itchimbía como un hito urbano del Centro Histórico de Quito y convertirla en un parque amigable para hacer posible el desarrollo de actividades culturales, recreativas, turísticas y ambientales; que permitan elevar la calidad de vida de los habitantes del Centro Histórico de Quito y de la ciudad y que propicien la recuperación del concepto amplio de “espacio público”.

En casi siete años en los que realizamos al manejo integral de ese parque hicimos lo mejor en cuanto a atención a usuarios y visitantes; buscando hacer de ese parque un lugar democrático donde el respeto y la inclusión de todas las personas fuesen ejes de una gestión innovadora.


En esa ocasión felizmente no tuvimos mayores inconvenientes y salimos bien librados de un acto controversial y potencialmente conflictivo: “la primera manifestación nudista en un espacio público” en el Ecuador.

Al finalizar el acto a media tarde, una de las periodistas de un canal de televisión que cubría el evento para el noticiero de esa noche, nos entrevistó a José Tapia como promotor del evento y a mí como presidente del consorcio “CIUDAD-Ecogestión” que tuvo a su cargo la organización de esa “performance”.

Luego de algunas preguntas de rutina en las que expliqué como habíamos planificado y previsto todo para no tener ningún tipo de inconvenientes, me soltó de improvisto una pregunta algo picante”:


-      “¿Y… usted arquitecto, por qué no se desvistió para sumarse de manera más directa a los objetivos del evento?”.


A pesar  de que no esperaba esa pregunta, tuve la chispa para una rápida respuesta inmediata:


-      “¡Lo hubiera hecho…pero  tal vez… hace unos veinte…!”


-      “¿Veinte años?”, preguntó la chica…


-      “¡Hace veinte kilos!”…, respondí yo. 


El parque Itchimbía estuvo bajo nuestra responsabilidad hasta el 31 de agosto de 2010. En todos esos años brindamos atención a más de veinticinco mil visitantes mensuales en ese espacio público (entre ellos, los casi cien encuerados de este relato). Fue un reto y una experiencia apasionante y aleccionadora, creemos ahora que efectivamente cumplimos adecuadamente y no les fallamos ni las autoridades ni a los habitantes de Quito que confiaron en nosotros.