domingo, 25 de noviembre de 2012

Ecuador 49: Concurso de proyectos del “Balcón del Itchimbía”


Como ya he relatado, el Consorcio “CIUDAD-Ecogestión tomó a su cargo la administración del Parque Itchimbía desde mediados de enero de 2004, tras ganar un concurso convocado por el “Municipio Metropolitano” y la Corporación “Vida para Quito”.

En la propuesta se buscaba recuperar la loma del Itchimbía como un hito urbano del Centro Histórico de Quito y convertirlo en un parque público dotado de infraestructura, equipamiento y servicios suficientes para hacer posible el desarrollo de actividades culturales, recreativas, turísticas y ambientales que permitan elevar la calidad de vida de los habitantes del Centro Histórico de Quito y de la ciudad.

En el contrato para el manejo del parque, nuestro Consorcio se comprometió a administrar y operar el parque, sus infraestructuras e edificaciones; a encargarse de administrar el diseño, construcción, equipamiento y operación de otras obras de infraestructura, edificaciones y servicios que se previeran construir; formular e implementar acciones, programas y proyectos de educación, capacitación, cultura y recreación y a manejar los servicios de seguridad, mantenimiento, jardinería y otros de atención al usuario.

Uno de los elementos de nuestra propuesta fue lo que inicialmente llamamos  el “Balcón del sol”, situado en la zona occidental del parque con tres puntos de vista abiertos al centro histórico, al Quito Moderno, al Panecillo y al Pichincha, dotado de servicios para privilegiar la actividad turística, la función de capacitación del parque y para fortalecer la identidad y autoestima de los quiteños.

En la propuesta se concebía al “Balcón” como un espacio público de uso permanente, con miradores, pequeñas plazas, rincones, restaurantes, galerías, desde donde se pueda contemplar en el día y en la noche el extraordinario patrimonio arquitectónico e histórico que contiene el centro de la ciudad. Para nosotros, el “Balcón” era un espacio donde en el día, al atardecer, en las noches y los fines de semana la población se convoque para conversar, comer al aire libre, enamorar, escuchar buena música y hacer deporte. Queríamos hacer del Itchimbía un lugar privilegiado para los sentidos (buena comida, buena vista, buena música, aire puro, buenos olores, ambiente agradable…).

En la propuesta señalábamos que su operación tendría diversas fuentes de financiamiento: a) los recursos de la Corporación de Salud Ambiental “Vida para Quito”; b) ingresos  generados por la operación del parque; c) ingresos procedentes de proyectos específicos ejecutados con  inversiones privadas y d) donaciones de la cooperación nacional o internacional.

Luego de un período de negociación llegamos a un acta de acuerdos y suscribimos un documento en el que se puntualizaba que la Corporación “Vida para Quito” contrataba al Consorcio “CIUDAD-Ecogestión” para que tome a su cargo la administración y manejo integral del Parque Itchimbía, con la finalidad de elevar la calidad de vida de los habitantes de la ciudad, especialmente del Centro Histórico, mediante la ejecución de acciones, programas y proyectos relativos a la conservación, mantenimiento, mejoramiento y recuperación del espacio público; que propicien la participación ciudadana y la seguridad.

En el Contrato se especificaba que el “Consorcio” debía presentar a la “Corporación” los cronogramas de las obras y actividades que proponía desarrollar, junto con los presupuestos respectivos y más detalles que se requieran, referidas especialmente a las contenidas en su propuesta.
 
Nuestras responsabilidades se regirían de acuerdo a la propuesta presentada por CIUDAD y ECOGESTION y al acta de acuerdos entre las partes con información complementaria y reformas solicitadas a la propuesta original. Se señalaba que los recursos para el diseño, construcción y equipamiento de las obras de infraestructura y servicios, iban a ser provistos por la Corporación, de acuerdo a los términos definidos en este contrato y a la programación anual de actividades y se dejaba expresa constancia que toda obra a ejecutarse en el Parque Itchimbía requerirá la previa aprobación por escrito de la Corporación, en la que se especificarán los costos involucrados, fuentes de financiamiento, forma de pago y demás términos y condiciones.

Una de las primeras cosas que hicimos fue presentar a “Vida para Quito” la documentación requerida para poder iniciar la construcción del “Balcón”. Con su visto bueno, apenas un mes después de haber suscrito el contrato,  formulamos los Términos de referencia de un concurso privado de anteproyectos para el diseño arquitectónico del “Balcón”

En la convocatoria de aquel concurso, lanzada el 18 de febrero de 2004, se señalaba que sus objetivos apuntaban a definir un anteproyecto arquitectónico del “Balcón del Itchimbía” y la posterior elaboración del proyecto definitivo de esa propuesta.

En los Términos de Referencia se establecieron los siguientes requerimientos para que los concursantes pudiesen desarrollar sus propuestas:
  • Programa arquitectónico: La propuesta debía contemplar un espacio público para circulación y observación (1200 m2); tres espacios para servicios de alimentación con acceso desde el espacio de circulación y observación, con vista panorámica de Quito (c/u con 160 m2 para restaurante y 60 m2 para baterías de cocina y baños), vinculados a un espacio de 220 m2 para comedor-mirador al aire libre; un centro de interpretación (200 m2 para información y comunicación; 150 m2 para aula; 30 m2 para biblioteca, 20 m2 para oficina y 20 m2 para baterías sanitarias); tres locales comerciales para artesanías, recuerdos, librería, (300 m2 en total).
  • Condicionantes de ubicación: La propuesta debía implantarse en el costado occidental del parque Itchimbía; en sentido norte-sur, delante del cerramiento oeste del Colegio Santiago de Guayaquil (cota 2.900 msnm); debía prever elementos visualmente sólidos y parqueos hacia el este para liberar área para terrazas, miradores y jardines, al oeste.
  • Condicionantes funcionales: La propuesta debía prever una arquitectura flexible, convertible y versátil; accesibilidad vehicular y peatonal; parqueo abierto para visitantes en límite occidental del Colegio (buses y vehículos livianos).
  • Condicionantes culturales: La propuesta debía prever una arquitectura contemporánea con identidad; una arquitectura de gran simbolismo para el parque Itchimbía y para la ciudad de Quito.
  • Condicionantes creativas: La propuesta debía prever una arquitectura modular; volumetría pura. No se contempló altura máxima de edificación sin embargo debía pensarse en la afectación visual que el objeto arquitectónico podría presentar al ser observado desde el Centro Histórico y desde el parque mismo.
  • Condicionantes ambientales y de confort: La propuesta debía prever un adecuado vínculo de la arquitectura con la naturaleza y la luz; transparencia en las áreas públicas y confinamiento visual en las áreas de servicios; iluminación para uso nocturno. La arquitectura debía preverse para que funcione en el día y en la noche; en la lluvia y el viento; en el calor y el frío.
  • Condicionantes  económicas: La propuesta debía buscar “hacer más con menos” (el presupuesto disponible para la construcción era de USD 600.000).
  • Condicionantes espaciales: La propuesta debía privilegiar la relación espacial y visual entre los espacios interiores y entre éstos y los exteriores.
  • Condicionantes constructivas: Los proponentes tenían libertad en cuanto a estructura, mampostería, pisos interiores, pisos de acceso, pisos exteriores, cubiertas, pasamanería, ventanería, etc.; únicamente debían preocuparse de prever materiales resistentes y adecuados para uso público y que demanden bajos costos de mantenimiento
  • Elementos de entrega: Las propuestas debían contemplar los siguientes elementos: Lineamientos generales, elementos conceptuales, implantación general, plantas arquitectónicas, cortes, elevaciones, perspectiva general de la propuesta y 3 perspectivas de detalle
El anteproyecto arquitectónico y la propuesta para la elaboración del proyecto definitivo debían ser presentados hasta las 12h00 del día viernes 5 de marzo de 2004, en las oficinas del Centro de Investigaciones Ciudad. La presentación debía ser realizada en láminas tamaño A1 envuelta en papel kraft, sin ninguna identificación. En un sobre cerrado debía constar la identificación de los autores.

El jurado estuvo integrado por los arquitectos Mario Vásconez y Mario Vivero del Consorcio CIUDAD-Ecogestión, Alberto Rosero, jurado externo invitado y Rafael Vélez Calisto, delegado de la Corporación de Salud Ambiental “Vida para “Quito”.

Siete grupos de arquitectos fueron invitados al concurso; de ellos, cinco grupos entregaron sus propuestas: 1. Pablo Moreira, Natalia Corral y Yadhira Álvarez, 2. Verónica Holguín y Pablo Dávalos, 3. Diego Padilla y Milton Chávez, 4. Adrián Moreno y María Samaniego 5. Enrique Villacís y Cyntia Ayarza. Un grupo llegó tarde y fue eliminado: Gabriela Aguilera y Wilfredo Ayala y un grupo no entrego su propuesta: Jaime Carrera.

Los trabajos entregados y los sobres con la identidad de los participantes se marcaron, el momento de la entrega, con una letra sin ningún orden específico; posteriormente y de forma aleatoria, ésta fue cambiada con otra letra de manera tal de garantizar el anonimato de los trabajos. En sendos sobres marcados con esta segunda identificación se guardaron aquellos signados con la primera letra que contenía la identidad de los autores.

En su primera reunión el jurado acordó varios conceptos básicos respecto al proyecto: a) Se trataba de una propuesta de intervención urbana, a ser resaltada y complementada por el componente arquitectónico–funcional, por lo que las edificaciones deberían tender a hacerse poco protagónicas;  b) la propuesta debía ser transparente, permeable; poco preponderante desde la ciudad -sin llegar al mimetismo- pero demostrando una presencia clara y definida, identificando su carácter; c) la propuesta debía ser un vínculo entre los elementos que lo limitan (Centro Cultural Itchimbía y Casa de Hacienda Piedrahita), por tanto debía insinuar una continuidad, “ocupando” todo el espacio disponible; d) la estructura urbana del proyecto debía permitir una accesibilidad múltiple, dando énfasis al acceso vehicular desde toda la ciudad y peatonal desde el Centro Histórico. Esto determinaba la necesidad de un desarrollo equilibrado del proyecto; y, e) debía cumplir razonablemente los términos de referencia en los aspectos solicitados: tanto en los objetivos, criterios, aspectos funcionales: usos, locales y áreas, cuanto en los que se refiere a los costos.

Luego de deliberaciones realizadas en varias reuniones los días 18, 20, 30 y 31 de marzo de 2004 en las que se analizaron detenidamente las propuestas presentadas, el jurado consideró que los trabajos presentaban propuestas aceptables que llegaban a nivel de ideas urbano-arquitectónicas que podían ser utilizadas para el desarrollo de un anteproyecto que debería ajustarse estrictamente a las bases del concurso; pues la mayoría no llegaba a plantear una solución completa a nivel de anteproyecto y muchos no cumplían aspectos establecidos en los términos de referencia en lo que se refiere a la propuesta urbano-arquitectónica, funcional y, sobre todo, respecto  a los montos disponibles de inversión.

Con estos antecedentes el jurado consideró que tres proyectos reunían cualidades para responder a los requerimientos de los promotores y a los objetivos del concurso. Y decidió seleccionar entre ellos aquel que pudiera hacerse merecedor al primer premio.

Una vez definido el ganador y los premiso segundo y tercero. El Jurado recomendó al Consorcio, considere la posibilidad de que los autores revisen su propuesta para desarrollarla a nivel de anteproyecto de acuerdo con los Términos de Referencia, las recomendaciones del Jurado y un contacto y diálogo permanente como paso previo a la elaboración del proyecto definitivo.

En ese sentido el jurado puntualizó las siguientes recomendaciones para el anteproyecto y proyecto definitivo.
  • Se recomendó un ajuste severo de la dimensión de la propuesta a las condicionantes previstas en los Términos de Referencia.
  • La propuesta debería incluir una solución arquitectónica caracterizada por una fácil construcción, costo justo y expresión de contemporaneidad más adecuada a la función y espacios que se creaban.
  • Sin embargo debería disminuir el protagonismo arquitectónico y simplificar su concepto y expresión formal.
  • La propuesta debería buscar un respeto al paisaje y al contexto sin perder su calidad expresiva.
  • La propuesta debería incluir un énfasis mayor en una “versatilidad” a las condiciones climáticas: uso durante el día y durante la noche y prever medios de protección contra el sol, la lluvia y el frío.
  • Se debería pensar en la creación de “remansos” en las circulaciones peatonales, que incluya soluciones espaciales para “estar” y “contemplar” y no solo para “circular”.
  • Se debería mejorar el planteo arquitectónico y la funcionalidad de los distintos espacios a ser construidos.
  • El proyecto debería permitir la posibilidad de un desarrollo por etapas sin perder la unidad del conjunto, dar lugar a posibles cambios del destino o uso de las instalaciones arquitectónicas y a la incorporación de otras nuevas (posibilitar, en definitiva, respuestas a nuevos requerimientos y demandas de espacios y usos que provengan de la utilización de las instalaciones y espacios por una variada gama de usuarios).
  • El proyecto debería contemplar accesos vehiculares hacia todos los elementos para garantizar la presencia de todo tipo visitantes (particularmente de adultos mayores, personas con discapacidades y niños) y, formas fáciles de abastecimiento y desalojo.
  • El proyecto debería contemplar un mayor número de plazas de parqueo como facilidades necesarias para el acceso de un número mayor de visitantes y usuarios.
  • El Centro de Interpretación debería simplificarse e integrarse al conjunto de elementos del “balcón” como un espacio de llegada o acceso.
  • Se recomendó obtener los recursos necesarios que permitan desarrollar un acceso desde la calle Valparaíso, incluyendo un acceso mecánico como sugiere una de las propuestas presentadas.
Los miembros del jurado suscribieron su veredicto el 31 de marzo de 2004.

La lectura del veredicto y de los resultados del Concurso fue comunicado a los participantes el día miércoles 10 de marzo de 2004 en las oficinas del Centro de Investigaciones Ciudad, a las 15h00.

  • Una vez abiertos los sobres de identificación se pudo verificar que el primer premio lo obtuvo el equipo conformado por los arquitectos María Samaniego y Adrián Moreno. 

  •  El segundo premio correspondió a la propuesta de los arquitectos Pablo Moreira, Natalia Corral y Yadhira Álvarez 

  • El tercer premio a  Diego Padilla y Milton Chávez.

Como en nuestro contrato se señalaba que los recursos para el diseño y construcción de toda obra en el Itchimbía iban a ser provistos por la Corporación “Vida para Quito” y que para su ejecución se requerirá su aprobación especificando en detalle los costos involucrados, fuentes de financiamiento, forma de pago y demás términos y condiciones, cuando tuvimos los resultados del concurso lo primero que hicimos fue invitar a Andrés Vallejo, gerente de la Corporación, a observar los trabajos expuestos en la oficina y explicarle los méritos y cualidades del proyecto ganador. Posteriormente informamos formalmente y por escrito a “Vida para Quito” el resultado del concurso.

Conjuntamente elaboramos el contrato respectivo con los arquitectos del equipo ganador pues   el primer premio incluía el contrato para la elaboración de la propuesta a nivel de “Proyecto Definitivo”.

Siguiendo las recomendaciones del  jurado, solicitamos a Adrián y a María que desarrollaran su propuesta a nivel de anteproyecto mejorándola con una mayor adecuación a los términos de referencia del concurso y en concordancia a las sugerencias del jurado, como paso previo a la elaboración del proyecto definitivo.

Estos arquitectos amablemente elaboraron nuevas láminas de su propuesta que nos sirvieron para promocionar la iniciativa y para comunicar a la ciudadanía lo que nos proponíamos hacer en el Itchimbía.

En las semanas posteriores se suscribió el contrato, “Vida para Quito” canceló los honorarios de planificación y pudo luego de algunos meses disponer de planos completos para poder dar inicio  las obras.

El “Proyecto Definitivo” fue ejecutado y coordinado con gran calidad y profesionalismo por Adrián Moreno y María Samaniego, con el apoyo de un valioso grupo de profesionales y especialistas.

El trabajo desarrollado incluía: a) el proyecto arquitectónico completo (plantas, cortes, elevaciones, detalles, cuadros de acabados); b) el proyecto estructural (plantas, cortes, detalles, cuadro de hierros); c) el proyecto de instalaciones hidro-sanitarias (plantas, detalles, diagramas isométricos); d) el proyecto de instalaciones de energía (plantas, detalles); e) el proyecto de instalaciones de comunicación y alarmas (plantas, detalles); f) el presupuesto estimativo (presupuesto por sectores y precios unitarios); g) la programación de obra por etapas (diagrama pert) y h) las especificaciones técnicas de la construcción.

Desgraciadamente el “Balcón del Itchimbía” no pudo hacerse realidad.

A pesar de disponer del presupuesto respectivo, de constar en nuestro contrato como una de las obras a ser desarrolladas en el Itchimbía, Jimena Araujo y César Burneo, funcionarios de “Vida para Quito” que debía apoyar y tomar decisiones sobre la construcción fueron dando largas al asunto.

Por temores sin fundamento, prejuicios e ideas preestablecidas sobre el “posible rechazo ciudadano” a esta iniciativa, trabaron la contratación de una empresa que pudiera encargarse de la construcción y, a pesar de haber financiado los planos completos que recibieron a satisfacción por parte de los proyectistas, a la larga, impidieron que pudiéramos edificar esta singular propuesta.

Miserias humanas.

Nuestra propuesta se “pasmó” en mitad del proceso. Grave error.

Por su indecisión y falta de apoyo no se hizo esa obra arquitectónica que pudo tener gran trascendencia para Quito.

Así es la vida…

miércoles, 31 de octubre de 2012

Ecuador 48: El origen de la colada morada y las guaguas de pan. Celebración de finados en el Parque Metropolitano Guangüiltagua.



En estos días en los que está próxima la celebración del “Día de los Difuntos” en el que tradicionalmente se preparan la “colada morada” y las “Guaguas de pan”, he recordado unas bonitas reuniones que organizamos por esa tradicional festividad en el Parque Metropolitano Guangüiltagua.


Como ya he relatado el Consorcio CIUDAD-Ecogestión administraba ese parque luego de haber ganado un concurso convocado por el Municipio Metropolitano y la Corporación “Vida Para Quito”.

Tuvimos a nuestro cargo la gestión integral del parque por tres años, desde fines de 2006 hasta el 31 de agosto de 2010.

Uno de los miembros de nuestro equipo era Bolívar Romero, arquitecto de profesión pero además un apasionado estudioso y gran conocedor de temas culturales y saberes ancestrales de los moradores precolombinos de nuestro país.

En el equipo, él era el encargado de los temas terrenos de nuestras tareas en el Metropolitano: las edificaciones, el mantenimiento, la seguridad, la jardinería, la limpieza, el cuidado de la infraestructura y el control de nuevas construcciones; temas todos, más bien ligados a su profesión de arquitecto. Sin embargo Bolo siempre estuvo preocupado por una serie de temas ligados a los saberes ancestrales.

En las fechas de los solsticios y los equinoccios, con el apoyo de Mayra Calderón, de Anita Torres (nuestra querida “Pequitas”), de Julia Jaramillo y de otros colegas, dio vida a una serie de festividades y rituales como las del “Mushuc Nina“ o “Fuego Nuevo”, el “Cápac-Raymi”, el “Inti-Raymi”, las ”Pamba Mesas” y otras; tendientes a hacer conocer al público pero también a los “Pumas” (nuestros guardabosques) y a los “Ashintacos” (nuestros colaboradores en las tareas de mantenimiento) las expresiones, los conocimientos y  las formas de celebración de nuestros ancestros. 

Durante el período que estuvimos al frente de la gestión del PMG, el Consorcio promovió la contratación de 16 jóvenes (hombres y mujeres), habitantes de la Comuna Miraflores para conformar la brigada de prevención y control de incendios del PMG. Bolívar era el coordinador de esta brigada conocida como “Plan Fuego”, que operó -todos los años- desde mediados de julio hasta mediados de octubre. Cuando la brigada culminaba sus tareas, nosotros reconocíamos su labor y su valioso aporte para garantizar la seguridad del PMG y de sus instalaciones, con la entrega de certificados en actos públicos de agradecimiento.

En el 2007, la brigada cumplió sus funciones hasta fines de octubre; así que sugirieron realizar la clausura del “Plan Fuego” en una celebración que incluyera una taza de “colada morada” y una “guagua de pan”, platos tradicionales del 2 de noviembre, día de difuntos.

Las chicas de la brigada propusieron encargarse de la preparación de la “colada” y nuestro guarda-bosque Ramiro Guala y su mamá, de las “guaguas de pan”. A nosotros nos pareció una muy buena idea, pero creímos conveniente ampliar la reunión; ellas podían encargarse de la elaboración de “guaguas y colada”, pero nosotros financiaríamos los gastos, para poder compartir estos alimentos también con los miembros de las microempresas que colaboraban con nosotros en el PMG (Pumas y Ashintacos), con el personal del Consorcio, CIUDAD, Ecogestión y con otros colaboradores y amigos, incluidos nuestros colegas del Parque Itchimbía.

Bolívar se ofreció a realizar una exposición en la que iba a explicar el verdadero origen y significado tanto de la “colada morada” cuanto de las “guaguas de pan”, lo cual nos pareció muy importante y aceptamos su amable ofrecimiento.

Planteado así el asunto, planificamos la celebración para el día miércoles 31 de Octubre de 2007, a partir de las 11h30.

A la fecha y hora previstas, nos reunimos todos en el terreno deportivo situado al frente de la casa de reuniones de la Comuna Miraflores.

Desde que llegamos se nos hacía “agua la boca” con el aroma que emanaba una gigantesca olla repleta de “colada morada” y los ojos se nos desorbitaban ante la provocativa imagen de una gran canasta repleta de “guaguas de pan” recién hornadas, calientitas… que despedía también un delicioso olor que embriagaba los sentidos.


No esperamos escuchar la intervención de Bolo para servir estos deliciosos productos; hice un breve discurso de agradecimiento a las chicas del “Plan Fuego” por la preparación de la “colada y las guaguas” y a todos los demás por su presencia y su apoyo en la gestión del parque y anuncié que la importancia simbólica de esa “comunión colectiva a la manera tradicional”, sería explicada por Bolívar mientras nos servíamos esas delicias.

Mientras nos “pegábamos” las “guagüitas” remojándolas en nuestro “vasito de colada morada”, Bolo fue haciéndonos un relato maravilloso sobre el origen de estos alimentos y de las connotaciones rituales y culturales que envuelven. 

Comenzó recordándonos que el honrar a los difuntos es una celebración universal; prácticamente en todas las culturas se reconoce la importancia de vincular el mundo de los vivos con el mundo de los muertos.

Explicó luego, que en la cosmovisión andina se reconocen cinco elementos en relación al nexo entre la vida y la muerte:

"a) La vida es un transcurso dimensional y circunstancial, que forma parte de una existencia más compleja, multidimensional y cíclica. “Para el hombre andino el ‘kamaquen’ o energía vital, anima los seres vivos y no concluye con la extinción del cuerpo físico”; b) El propósito existencial de la vida es la búsqueda constante no tanto de conocimiento – en términos de explicación de lo pensable y comprensible- sino de sentido para lo vivido (la sabiduría); c) La muerte no es un final sino un paso, una puerta que comunica esta existencia con otros modos de existencia, que forman parte de una realidad multidimencional y sincrónica que se orienta a un propósito universal “al morir un individuo, su ‘kamaquen’ diferenciado regresa al ‘kamaquen’ universal donde permanece hasta que ingresa nuevamente a otro ciclo de vida”; d) En nuestra realidad específica están presentes sincrónicamente, las entidades energéticas y espirituales de las otras realidades y es posible contactarse con ellas en el propósito de participar de su conocimiento, experiencia y juicio. Estas entidades llamadas “animas”, “taitas”, “abuelos”, “aliados”, “espíritus”, “esenciales”, según su categoría pueden estar encarnados en otros seres de la creación, como las plantas (especialmente en los árboles de especies sagradas como el Quishuar o el Pumamaqui) o en animales mítico/sagrados (como el venado, el oso o el cóndor), o en fenómenos de la naturaleza que participan del orden de lo sagrado, como el arco iris (cuichi), el viento (huaira), los montes y los ríos; y e) Existen modos de contacto con estos seres, al alcance de todos los seres humanos".

Bolo nos explicó que ese modo de entender la realidad en el mundo andino se expresaba en un conjunto de prácticas específicas… Ahora, en nuestras culturas mestizas, esas practicas están todavía presentes aunque conviven con elementos de otras culturas en un proceso evidente de sincretismo… Tal es el caso de la celebración del día de difuntos. En todas las culturas de cualquier parte del mundo se destinan ciertas fechas a conmemorar a los difuntos y celebrar el misterio de la muerte. Nuestra cultura andina y en particular la cultura Quichua de lo que hoy es Ecuador y Perú celebraban este acontecimiento en el denominado “Ayar Marca” (mes de los muertos) que coincide entre los actuales meses de octubre y noviembre. 


“En la fiesta del ‘Ayar Marca’ la población celebraba ritos colectivos, de conmemoración de los hechos y personajes que habían marcado su historia, sacaban a pasear en andas a las momias de sus caciques o gobernadores más representativos, en medio de cantos y bailes rituales de lamentación y de celebración de la vida y la muerte. Luego de esta procesión, se realizaba una comida comunitaria, compartiendo alimentos, los vivos en presencia de los muertos, los cuales se suponía, participaban desde su otra existencia. Se brindaba  a los muertos los alimentos que más les habían gustado en vida, para poder agasajarlos desde este mundo.

En las pequeñas poblaciones o en las familias aisladas se solía hacer la procesión sacando a pasear a algún antepasado celebre, ya sea en cuerpo presente (con su cuerpo momificado) o representado por imágenes que se tenían en los hogares como espíritus tutelares llamados ‘huacas’. Congregados en algún sitio sagrado y simbólico, se celebraba igualmente un ágape en presencia de los difuntos”.

Bolo relató que con la conquista se produjo una irrupción de la cultura occidental en nuestro territorio y sobre todo, se dio una injerencia decisiva de la religión católica... Estos ritos “se transformaron”… aunque buscaron elementos simbólicos sincréticos que permitieran la pervivencia de su significado sagrado aunque expresados externamente con otros símbolos.

La iglesia prohibió las procesiones con los muertos, pues les pareció una profanación el sacarlos de su lugar de descanso y exponerlos al público entre bailes y celebraciones. La cultura popular se las ingenió para suplantar a los muertos y a sus momias por imágenes elaboradas temporalmente y sólo para este evento, que representaban a las momias originales.

“De ahí pues, nace el pan de finados, que es una figura humana que no tiene brazos ni piernas, sino solo un largo cuerpo oblongo con cabeza y unos ornamentos cruzados que recuerdan las cuerdas que liaban el cuerpo del difunto.

El pan de finados (elaborado originalmente con harina de maíz y zapallo) es en definitiva, la representación de una momia que no sacamos a pasear pero, en cambio se la comparte y se regala de una familia a otra”.

Bolo nos explicó que otro aspecto de los rituales de nuestros antepasados que sobrevive, es el de la comida participativa, el ágape con los difuntos.

Las comunidades indígenas lo hacen todavía junto a las tumbas de sus parientes, pero más allá de eso -y sin quizás reconocerlo- los blanco-mestizos lo hacemos, comiendo las guaguas de  pan y la colada morada en familia.

“El rito original debió conjugar -dentro de una celebración- el consumo de un alimento sagrado -que representa la materia consumida por la muerte- y una bebida sagrada -que representa la vitalidad del espíritu que anima la materia y que sobrevive y trasciende la muerte-, beber algo que represente la sangre como fluido vital que confiere la vida al cuerpo; por esta razón la bebida tradicional de nuestros antepasados era una colada de color de sangre, que mezcla un conjunto de ingredientes cálidos como el dulce, con el mortiño de páramo (hanan) y la piña de la costa (urai), con harina de maíz negro, el cereal del que fue creado el ser humano andino (para el hombre andino los seres humanos fuimos creados de maíz)”.

Esta comida sacramental, sagrada, que reaviva la creencia de que los muertos nos acompañan en el resto de nuestra existencia hasta que nos unamos a ellos, fue fácilmente asimilable a ritos sagrados de la cultura occidental… como por ejemplo aquel en el cual los fieles comen “el cuerpo” y beben “la sangre” de un ser terreno y a la vez superior, como confirmación de que participamos con él en la vida y la muerte.

“Nuestra vieja cultura, al celebrar el día de difuntos nos junta alrededor de una mesa a comer un pan que representa el cuerpo de un muerto que se comparte, que se reparte, que proviene de una familia, consanguínea… y a beber una bebida que representa la sangre vital de la cual venimos todos (para nuestra cultura andina esa sangre es la sangre vital del maíz”.

Para el hombre andino el rito occidental encajó perfectamente, pues no era otra cosa que la celebración de un sacramento tradicional, propio. La celebración de la vida y la muerte.

“Tomad y comed todos de él porque éste es mi cuerpo”, el cuerpo de un difunto superior que nos recuerda nuestra transitoriedad y nos representa a todos en colectivo… y “bebed todos de esta bebida que es mi sangre, nuestra sangre”, que sella el compromiso de sangre, la alianza celebrada entre gente del mismo origen y destino".
 
Hay que aclarar, sin embargo que Bolívar tiene una innata capacidad de gran pedagogo y excelente expositor. Las explicaciones que nos dio mostrando las mazorcas de maíz negro y usando las guaguas de pan para explicar lo de las momias fueron hechas con palabras sencillas y frases nada complicadas.

Todo el mundo entendió el significado y simbolismo de las guaguas de pan y de la colada morada. Los asistentes a esa reunión -que estuvimos complacidos por el buen sabor de estas ofrendas- pudimos además, nutrirnos de las sabias explicaciones de nuestro colega que nos han dado una nueva lectura de esta tradición… nos ha permitido consolidar  la importancia de conocer este tipo de temas ancestrales, para poder comprenderlos mejor y para respetar más y sentirnos orgullosos de nuestros orígenes.

Al terminar el “ágape” me acerqué para agradecer a nuestras amigas del “Plan Fuego” por su colaboración y por la calidad “de su colada y de sus guaguas”. Ellas también estaban encantadas de saber el origen y simbolismo de esos alimentos. 


Al año siguiente repetimos esta iniciativa.



El viernes 31 de octubre de 2008 nos convocamos igualmente: “Pumas”, “Ashintacos”, miembros del “Plan Fuego”, los miembros de CIUDAD y de Ecogestión y otros colegas y colaboradores, para dar cuenta de la “colada” hecha por las chicas de la brigada de prevención y lucha contra incendios y de las “guaguas” elaboradas por nuestro guardabosque Ramiro Guala y su mamá, aprovechado sus equipos y conocimientos de hábiles panaderos. 

En esta ocasión, para evitar la circulación innecesario de vehículos en el Parque, los colegas de CIUDAD subimos en el camión de los “Pumas”. 

Fue una verdadera odisea el traslado en ese vehículo que no paraba  de brincar en el camino empedrado. Fue sin embargo una experiencia agradable para propiciar el compañerismo y la participación de todos.

Nos reunimos en el patio de la Casa de Hacienda “Miraflores” que fue bellamente restaurada por el FONSAL. Llegamos anticipadamente para poder recorrer el lugar y dar una explicación a todos, sobre la restauración efectuada y nuestras propuestas para esa magnífica edificación.


Como al medio día, llegó el resto del personal y demás invitados. Exactamente como aconteció un año atrás di un breve discurso de agradecimiento a las chicas del “Plan Fuego” por la preparación de la “colada y las guaguas” y a todos los demás por su presencia y su apoyo en la gestión del parque.

Anuncié luego que Bolo haría una explicación sobre la importancia simbólica de la colada y las guaguas.

Mientras nos “pegábamos” las “guagüitas” y nuestro vaso de “colada morada”, Bolo fue haciéndonos nuevamente, un relato maravilloso -corregido y aumentado- sobre el origen de estos alimentos y de las connotaciones rituales y culturales que envuelven.

Para quienes ya lo habíamos escuchado fue muy interesante volver a refrescar los conceptos y explicaciones de su relato y quienes lo oyeron por primera vez, pudieron enterarse de todo el simbolismo subyacente en este ritual tan tradicional de nuestro pueblo.

En esta ocasión, la colada y las guaguas también estuvieron deliciosas y la “Pequitas” no pudo abstenerse de participar en la repartición de la colada.


En 2009 el Consorcio CIUDAD – Ecogestión firmó un acuerdo con la Revista “La Cometa” para publicar el material educativo de los parques Itchimbía y Metropolitano Guangüiltagua. Para ello creó la sección “Verde Ecuador” en la que colaboramos con diversos artículos de interés para niños y jóvenes.

Bolo envió un texto corto con la explicación que he relatado sobre la colada morada y las guaguas de pan. Un mal resumen se publicó en “La Cometa” el 31 de octubre de 2009 con el título “Guaguas de pan, tradición milenaria”.

“En el mes de noviembre, nuestro ancestros realizaban una celebración denominada Aya Marca, dedicada a recordar a los difuntos. Consistía en pasear a las momias de los antepasados por el poblado, mientras se entonaban cantos conmemorativos y se compartían alimentos.

Cuando llegaron los conquistadores españoles, y con ellos la religión católica, estas tradiciones se prohibieron. A los españoles, que tenían otra cultura, les parecía irreverente sacar a los muertos de su descanso para pasearlos en una fiesta. Entonces nuestros antepasados buscaron transformar esta celebración sin que se pierda su significado. Para lograrlo, utilizaron la masa del pan con la que elaboraron un sustituto de las momias de sus parientes, y celebraron una comida con la colada morada hecha con maíz negro, mortiño y mora”.  

En un recuadro complementario se leía:

“Si te fijas en la forma de las guaguas de pan, te podrás percatar de que no representan a un niño sino, sino, al bulto amarrado de un difunto. Cuando comes este pan y la colada con tus familiares, estás reviviendo una ceremonia ancestral en la que se compartía la comida en presencia de nuestros antepasados”.

No deja de ser importante sin embargo, que en todos los canales disponibles se pueda ir divulgando esta tipo de información que sirve para consolidar muestreas raíces culturales y pueda dar sustento a una identidad cultural propia ante la arremetida de la globalización y la sociedad de consumo que tratan de sustituir nuestras fiestas y tradiciones con fiestas de otros lados como el Halloween o fiesta de las brujas.