viernes, 26 de octubre de 2012

México 16: Aventuras en Tepoztlán y en la Plaza Garibaldi.



El Proyecto HIC/LlFE sobre agua y saneamiento

La Coalición Internacional del Hábitat – HIC impulsó en 1993 un proyecto sobre “agua potable y saneamiento” como parte de las actividades inter-regionales del Programa LIFE (Local Initiatives Facility for Urban Environment) del PNUD.

El propósito del Programa LIFE era promover procesos de diálogo entre los diferentes actores involucrados en la gestión urbana: gobiernos locales, ONGs, organizaciones sociales, etc., para mejorar la calidad del ambiente urbano.

El HIC creó en 1991 un comité sobre "Hábitat y ambiente" formado por una red de organizaciones involucradas en el tema. Ese comité buscaba promover el desarrollo sustentable de los asentamientos humanos y apoyar la participación de las organizaciones sociales en diversas acciones para un lograr un hábitat digno y una mejor calidad ambiental.

Un acercamiento entre HIC y PNUD llevaron a la formulación de un proyecto conjunto llamado: "Promoción de tecnologías sustentables para el agua potable y el saneamiento en los asentamientos urbanos" que se inició en 1993 y culminó un año después.

Una primera fase permitió identificar entre los asociados del HIC un total de  treinta y cinco casos desarrollados en América Latina, once casos en África y doce en Asia.

De esos casos identificados, con el apoyo de los puntos focales de HIC, se seleccionaron los más representativos con una metodología que tomaba en cuenta los diferentes tipos de impactos (familiares, sociales, culturales, económicos, políticos, urbanos, ambientales y sobre la salud).

Las experiencias seleccionadas fueron cuatro en África, cuatro en Asia y siete en América Latina.

El programa HIC/LIFE permitió una profundización de los quince casos, la sistematización de sus resultados y propuestas y la estructuración de un documento conjunto que permitía su réplica y divulgación en otros contextos y realidades.

Los cuatro casos seleccionados en África fueron: a) “Planta de tratamiento de aguas negras” en Tohoue (Benín); b) “Mejoramiento de los servicios de agua y saneamiento en Kltul- Pumwanl”, asentamiento informal en Nairobi (Kenia); c) “Mejoramiento de los servicios de saneamiento y recolección de basura en Hamdallaye”, Bamako (Malí); y, d) “Promoción de tecnologías para el tratamiento de aguas grises” en Diokoul y Rufisque  (Senegal) con el apoyo de ENDA RUP.

Los cuatro casos seleccionados en Asia, fueron: a) “Esperando el agua” en Bombay (India);  b) “El agua, el rio y la ciudad”, Ahmedabad (India); c) “Servicios básicos en un barrio popular: Dharavi”, Bombay (India), y, d) “Proyecto Piloto de letrinas en Baldia”, Karachi (Pakistán).

Los siete casos seleccionados en América Latina fueron: a) “Sistema de alcantarillado en condominio” en Fortaleza (Brasil), iniciativa de la Secretaria del Desarrollo Urbano y Ambiente del Estado de Ceará; b) “Mujeres y calidad del agua” en Bogotá y Santa Marta (Colombia) de ENDA A.L.; c) “Planta de tratamiento de aguas grises en La Sirena”, Cali (Colombia) del CINARA; d) “Micro planta dual de recuperación de recursos en desechos” en Naucalpan (México); e) “Sociedad civil y tecnología sanitaria alternativa” en Morelos (México);  f) “Agua potable y saneamiento en los asentamientos populares de Lima” (Perú) de 5 ONG limeñas (DESCO, CIPUR, CIDAP, CENCA, ALTERNATIVA); y, g) “Participación comunitaria en la gestión del agua y el hábitat” en Quito (Ecuador) del Centro de Investigaciones CIUDAD.

Nosotros presentamos con el título “Participación comunitaria en la gestión del agua y el hábitat”, una lectura analítica, intepretación y síntesis del Proyecto “Agua - Desarrollo” que yo había impulsado como una iniciativa conjunta CIUDAD / REDES con el apoyo del Secretariado Internacional del Agua (SIA) de Montreal-Canadá. Ese proyecto contribuyó a mejorar la calidad de vida en 43 barrios organizados en la "Federación de Barrios Populares del Nor-Occidente de Quito".

El proyecto "Agua - Desarrollo" fue coordinado en CIUDAD por mi querido amigo Rodrigo Barreto (quien dejó este habitat terrenal, hace poquísimos meses). El proyecto incluía una serie de acciones muy diversas; partió de una campaña de difusión que llamamos “Minga por la Vida”, realizamos la construcción de un tanque de agua para la distribución de agua potable en algunos de esos barrios e impulsamos un programa de prevención de desastres y acciones comunitarios como la siembra de arboles y la mitigación de riesgos. Los beneficiarios fueron alrededor  de 30.000 personas.

Los resultados de estos 15 trabajos se presentaron en un taller organizado por el HIC en Diciembre de 1994, en México para: a) reforzar las tecnologías sustentables para el suministro de agua potable y el saneamiento en el marco de una gestión democrática de la ciudad; b) promover otras acciones estratégicas en cooperación con gobiernos locales; c) difundir las experiencias a otras organizaciones sociales; d) reforzar el programa "Hábitat y medio ambiente" del HIC y e) publicar la información y los resultados.

Los colegas del HIC tuvieron el acierto de organizar ese taller en el mágico y acogedor pueblo de Tepoztlán.
Tepoztlán

Tepoztlán es la cabecera del municipio homónimo situado al norte del estado de Morelos, colindante con el Distrito Federal. Según algunos autores la palabra Tepoztlán deriva de Tepoztecatl, una divinidad nahuatl aunque otros afirman que  el nombre significa "lugar donde abunda el cobre", pues sus raíces etimológicas vendrían de “tepozt-tli” que significa cobre y “tlan” que significa lugar.

Tepoztlán se ubica a 18 kilómetros de Cuernavaca y es muy conocido por su clima, sus tradiciones y un paisaje esplendoroso; gracias a esto ha tomada gran fama a nivel mundial y es uno de los destinos turísticos mas conocidos y visitados en México.

Tepoztlán se ubica en una área plana y rodeada de montañosa y bosque pertenecientes al parque nacional "El Tepozteco" creado por Lázaro Cárdenas en 1937.

Se caracteriza por sus agradables condiciones naturales. Por su clima subtropical, su generosa y colorida vegetación, su gastronomía y la belleza de las montañas que lo rodean, las zonas arqueológicas y las  iglesias y conventos del periodo colonial, este municipio es muy visitado por turistas nacionales y extranjeros.

Entre los principales atractivos se encuentra la pirámide del Tepozteco construida aproximadamente en 1150 dedicada a Ometochtli-Tepuztécatl, uno de los dioses del pulque;  otro atractivo es el ex convento de Tepoztlán construido por los dominicos, en 1570 y el convento dedicado a la virgen de la Natividad, edificado entre 1555 y 1580; actualmente sede de la parroquia de la Natividad y el Museo y Centro de Documentación Histórica de Tepoztlán.

En 1994 Tepoztlán fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Los colegas del HIC nos reservaron habitaciones en un lindo hotelito llamado “Posada del Tepozteco”, antigua casona mexicana convertida ahora en un bello hotel.

La “Posada del Tepozteco” dispone de espacios agradables y muy bien decorados que acogieron con calidez nuestro taller.

Adicionalmente fue un verdadero deleite disfrutar de sus esplendorosos jardines y de sus floridas terrazas desde las cuales se tenía una vista espectacular de las montañas que rodean a la ciudad y hacia el monasterio de la Natividad, el colorido poblado y el horizonte del amplio valle en el que se ubica.

En ese ambiente las deliberaciones y el debate fueron por demás fructíferos.


A más de Enrique Ortiz y Joël Audefroy de HIC, los participantes en ese taller fuimos: César Añorve de CIE / México, Patrick Bodart de CEARAH-PERIFERIA / Brasil, Silena Vargas y Cecilia Gómez de CINARA / Colombia, Albina Ruiz de ALTERNATIVA / Perú, Malik Gaye de ENDA-RUP / Senegal, Mario Vásconez de CIUDAD / Ecuador y cuatro colegas cuyos nombres no recuerdo, dos mujeres: una de Colombia y otra de Pakistán y dos varones, uno de Estados Unidos y otro de Kenia.

Durante el taller nos visitó Jean Roberts para darnos una charla y participar en el lanzamiento de su libro “Water is a commons” (El agua es un bien público), editado por HIC en el marco del proyecto HIC-LIFE.

Para el cierre de la reunión el viernes hicimos un agradable recorrido guiado por los principales atractivos turísticos de la ciudad y nos congregamos para el almuerzo, en un pintoresco restaurante de comida mexicana llamado “Los Colorines”.

Como entre los presentes había una serie de colegas que desconocían las sutilezas de la cultura gastronómica mexicana, Enrique nos dio una charla sobre la tortilla y su uso en diversos platillos extraños, delicados y deliciosos.

Todo ello en medio de un acogedor decorado lleno de cacharros de barro y de los magníficos colores del arte popular de ese increíble país.
  
Enrique comenzó una documentada explicación sobre la tortilla de maíz. Nos contó que constituyen la base de la comida mexicana… con las tortillas se hacen los famosos tacos, las flautas, las quesadillas, las enchiladas, las chalupas, los chilaquiles, los totopos, las chimichangas, las mulitas, los burritos e infinidad de carnes (de res, de cerdo y de ave) en salsa de tomate o en mole.

La tortilla tiene forma circular y aplanada y se elabora con una masa hecha de maíz “nixtamalizado”.

La “nixtamalización” es un proceso milenario de origen mesoamericano que sirve para pelar el maíz, hirviéndolo en agua con cal. Una vez hervido y sin la cáscara (llamada hollejo), se puede preparar la masa que sirve para confeccionar las tortillas. La palabra “nixtamalización” proviene de “nixtamal”, voz náhuatl conformado por dos raíces: “nextli” (cenizas de cal) y “tamalli” (masa de maíz cocido).

La tortilla se elabora palmeándola en las manos o por medio de una maquinilla manual o mecánica que sirve para aplanar la masa. Se cuece luego sobre una superficie plana, caliente, generalmente una plancha de metal o de barro, calentada por la llama producida por gas o a la manera tradicional por medio de leña o carbón.

La plancha utilizada para cocinar las tortillas se llama comal. Cuando se observa que la  tortilla se ha calentado, se la voltea dos o tres veces hasta que toma su consistencia característica. Una buena cocción hará que la tortilla se infle debido a la evaporación del agua contenida en la masa, creando una membrana de cada uno de sus lados. 

A medida que las tortillas van saliendo del comal se las coloca en una canasta conocida como “chiquihuite” y se recubren con una pequeña servilleta de tela bordada para que conserven su calor. El “chiquihuite” normalmente es fabricado con fibras secas del tallo del maíz

A pesar de haber vivido en México años atrás y de haber saboreado infinidad de platillos de su deliciosa gastronomía, en esa oportunidad pude saborear por primera ocasión las famosas tortillas azules, hechas de una masa elaborado con maíz de grano azul o morado. Una verdadera delicia.

Otra cosa que pude probar por primera vez fue el riquísimo huauzontle  una planta comestible nativa de México.

El huanzontle es otra de las plantas alimenticias que México aportó al mundo junto con el maíz, el frijol, el chile, el cacahuate, el aguacate, el tomate, la  calabaza, la vainilla y el cacao.

El maíz también se cultivaba y consumía también en América del Sur y junto a la papa y a quinua, eran la base de la alimentación de los incas y otros pueblos de la región.

Curiosamente la quinua y el amaranto, son plantas sudamericanas de la familia del huauzontle mesoamericano.

En México se preparan varios platillos con esta hierba. 

En esa ocasión tuvimos la oportunidad de probar unas tortitas de huazontle rellenas de queso y aderezadas con caldillo de tomate y una preparación de ramas de huazontle rebozadas (una suerte de “tempura” de huauzontle, ahora que está de moda la comida japonesa); las dos presentaciones de esta singular hierba nos encantaron, eran platos finos y delicados.

Luego de esa experiencia gastronómica, en la tarde viajamos a la ciudad de México, pues muchos de los colegas debían tomar los vuelos de regreso hacia sus respectivos países, en la mañana o en la tarde del sábado.

La Plaza Garibaldi

Yo tenía un vuelo en la mañana del domingo, así que aproveché el sábado para visitar a mis amigos Escandón: Jorge, Emma y sus hijos Jorge Alberto y María Belén. Como ya he relatado viví  en su casa entre 1978 y 1979 cuando estudiábamos nuestros respectivos posgrados en tierras mexicanas. Cada vez que he tenido oportunidad de regresar a México una de las primeras cosas que hago es llamar a los Escandón pues es un placer visitar a estos queridos amigos con quienes guardo especiales afectos a pesar del tiempo y la distancia.

Pasé el día en su casa y al regresar en la noche al hotel me topé con unos pocos sobrevivientes del taller de Tepoztlán pues la mayoría ya había dejado el país para regresar a sus terruños.

Malik Gaye de Senegal y otros tres colegas cuyos nombres desgraciadamente he olvidado, la una de Pakistán y los otros de Estado Unidos y de Kenia, estaban haciendo planes para ir a la plaza Garibaldi para escuchar música mexicana.

Al verme llegar me convidaron a sumarme a esa expedición. Yo estaba bastante cansado y al principio dudé de seguir la jarana esa noche, pero me lograron convencer, con el argumento de que yo era el único que hablaba español y porque supuestamente debía conocer la vida nocturna de México por el hecho de haber vivido en aquella ciudad hace más de una década.

Mientras viví en México en varias ocasiones fui a la famosa plaza Garibaldi acompañando a parientes y amigos que no querían perderse ese especial atractivo turístico del DF.

La primera vez, fui hasta ese lugar, justamente con Jorge y Emma Escandón, Hernán Burbano y un grupo de amigos ecuatorianos, acompañados por un guía de renombre, nada menos ni nada más que el célebre Gonzalo Abad Ortiz, quien había sido funcionario de la JUNAPLA y Director de la FLACSO en Quito; en esos años era profesor invitado en la sede de la FLACSO de México y en pocas semanas, iba partir a Francia para encargarse de alguna importante función en la UNESCO.

Gonzalo había vivido en México años atrás y se las sabía todas… era un conocedor de la jarana nocturna mexicana, los mariachis y los tequilas… Antes de salir de casa no habíamos aventado no sé cuántos y en el camino nos echamos otros más… Al llegar a Garibaldi Gonzalo estaba bastante pasadito de copas y cuando llegamos a ese tan renombrado espacio de la música ranchera, la música veracruzana y la música norteña; no encontró nada mejor que meterse en un enredo con un enorme bigotón también pasado de tequilas.

Apenas estábamos comenzando a ubicarnos en medio de esa algarabía nocturna cuando un sonoro puñetazo nos volvió a la realidad… nuestro guía sangraba de la nariz y maltrecho, se encontraba tratando de ponerse de pié, en medio de mariachis, turistas y curiosos. ¡No vimos nada!… sólo nos enteramos del incidente al ver a Gonzalo por los suelos… Ahí  acabó la noche para nosotros… Emma Luisa Calderón de Escandón con voz enérgica nos pegó una buena raspa a todos los borrachitos y nos hizo abandonar de inmediato aquel potencial campo de batalla. Tomamos varios taxis y semidormidos fuimos a dar a nuestras casitas sin haber podido disfrutar de las atracciones de Garibaldi.
 
La Plaza Garibaldi está situada en el centro de la ciudad de México, sobre del Eje Central Lázaro Cárdenas y las calles de Allende, República de Perú y República de Ecuador en la Colonia Guerrero; no lejos de la Alameda Central y del Palacio de Bellas Artes.

El nombre de la plaza durante la colonia fue “Plazuela del Jardín” y más tarde, “El Baratillo”, por albergar un mercado donde se comercializaban objetos usados a precios muy baratos.

Conservó ese nombre hasta 1921, cuando se celebró el primer centenario de la  Independencia de México y su nombre fue cambiado a “Garibaldi” en honor no de Giuseppe Garibaldi sino de su nieto: José “Peppino” Garibaldi, quien combatió en el ejército de Francisco I. Madero, en Chihuahua, durante la Revolución Mexicana.

A partir de esos años la Plaza Garibaldi, rodeada de “vecindades”, pequeños comercios y un mercado, vio el nacimiento de una cantina que llegó a convertirse en el célebre "Tenampa".

Su propietario don Juan Hernández Ibarra, originario de Jalisco comenzó a presentar “música en vivo” para sus parroquianos. A partir de allí la Plaza de Garibaldi se convirtió en un animado lugar donde la gente converge para escuchar música y para degustar la gastronomía típica de Jalisco y del Valle de México y otros lugares de la nación.

Yo regresé a Garibaldi en una cantidad de ocasiones fungiendo de guía de numerosos amigos y familiares que nos visitaron durante nuestra estadía en México. 

Se podía disfrutar allí, de mariachis, grupos norteños, tríos románticos y conjuntos de música veracruzana que se reúnen en la plaza, vestidos con sus atuendos típicos y equipados con sus instrumentos musicales: trompetas, guitarras, violines y guitarrón los unos, guitarras y requintos los otros, arpas, marimba y percusiones los de Jalapa.

Es clásico que quien desee elegir un mariachi, quien cante o acompañe una serenata, o amenice una fiesta de quinceañera, un cumpleaños, o cualquier otro festejo, debe acercarse a Garibaldi.

En una ocasión fuimos con mi mujer Maria Thérèse y nuestra querida amiga Emma Escandón quien no había podido regresar a Garibaldi desde el incidente aquel que he relatado y tenía interés en conocer la plaza, los mariachis y por supuesto el Tenampa.

Allí nos echamos unos tequilas, disfrutamos de los músicos que se presentaban y terminamos la noche en el Mercado de San Camilito, célebre por su oferta de pozole y otras delicias muy útiles que las almas de trasnochadores y borrachitos puedan volver a sus cuerpos luego de una noche de parranda y tequila.
 

Pero volvamos a mi historia en Garibaldi con los colegas del proyecto HIC/LIFE.

Salimos del hotel con Malik y los otros amigos hacia Garibaldi. Al llegar les fui explicando las diferencias de la música y los atuendos de mariachis, norteños y veracruzanos… y pudimos ver a infinidad de turistas y enamorados que pagaban a esos grupos para poder escuchar diversos tipos de canciones y sus respectivas preferencias musicales.

Vimos a galanes de todas las edades, que a pie o en lujosos vehículos, enganchaban a tríos, intérpretes de boleros y otro género de canciones románticas o a estruendosos mariachis o conjuntos norteños, para que brindaran una serenata a la mujer de sus sueños…

Vimos a quinceañeras, novias, esposas, madres, amantes, cumpleañeras y abuelitas recibiendo esa ofrenda artística tan tradicional… mientras que el bigotón oferente, muy seguro de sí, se pegaba los tequilas con algún amigote o con el manager de la banda. 

Hice ver a mis colegas las grandes camionetas llamadas “mariacheras” en las que un grupo entero de músicos podía desplazarse hacia la residencia u oficina a donde debían llevar una serenata contratada para homenajear al “jefe” o la “jefa”.

Les hice experimentar los famosos “toques”, típicos de ese célebre lugar. El vendedor circula con una caja que pende de su cuello por medio de una correa y propone a los potenciales clientes: -“¡toques!, ¡toques!”… Quien acepta probar esa singular experiencia, debe tomar en cada uno de sus manos, un tubo metálico conectado por medio de un cable a un acumulador eléctrico. El “microempresario” de ese curioso servicio, genera electricidad por medio de una manivela y el cliente va recibiendo una descarga que circula por su cuerpo mientras la mano hábil del operario acelera el artilugio.

Uno puede ver en la máquina unas pequeñas agujas que vibran sobre sendas escalas graduadas… una, marca el voltaje que descarga la máquina a través de las manos del cliente y otra, el nivel de “valentía” que todos tratan de superar: las últimas medidas dicen simplemente “macho”, bien macho”, “super-macho”, “machote mexicano”…

Pueden haber “toques individuales” en el que cada cliente trata de mostrar a su novia o sus amigos cuánta resistencia tiene y “cuan macho” resulta ser… y también se ofertan “toques colectivos” en los que un grupo de personas se ubica en círculo, tomándose las manos… el primero y el último toman los bornes del aparatito y el operador comienza a descargar electricidad para ver “cuánto resiste” ese “audaz colectivo” de turistas o amigos.

Traté de llevar a mi propio “colectivo” al “Tenampa” pero ese célebre bar, estaba repleto de “bote a bote” y no se nos había ocurrido reservar una mesa con anticipación.

Muy decepcionados comenzamos  a deambular por allí en busca de algún otro lugar donde pudiéramos tomar un trago y escuchar algo de música.

Viéndonos medio despistados, se nos acercó un fulano que repartía tarjetas de otro establecimiento… le pregunté si era “bueno” y replicó de inmediato que nos estaba llevando al mejor lugar en el que podíamos deleitarnos del mejor show en vivo, la mejor comida y los mejores tragos de la ciudad.   

Caímos en un local muy grande, situado en una calle paralela al eje Lázaro Cárdenas, hacia el sur de la plaza, ese bar-restaurante –cuyo nombre he olvidado- se veía bien, con muchas mesas llenas de turistas,  decorado con buen gusto y provisto de una enorme pista para la presentación de artistas en vivo.

Un mesero nos llevó a una mesa no muy distante de la pista, nos preguntó qué deseábamos beber y todos –salvo nuestra amiga de Pakistán- respondimos que un tequila, con sangrita, sal y limón como se acostumbra en esas tierras.

De inmediato pudimos deleitarnos del show. Se presentaron varios grupos y cantantes, entre otros un imitador de “Juan Gabriel” realmente sensacional.

En medio de ese barullo, los tequilas descendieron rápidamente… todos estuvimos de acuerdo en pedir otra ronda… Felizmente me di cuenta que en dos o tres mesas de los alrededores, los turistas que las ocupaban, discutían con los meseros… Me entró la duda sobre el por qué de esos líos y llamé al mesero para informarle que deseábamos pedir otros tequilas pero queríamos saber previamente el valor de nuestra cuenta.

Se alejó hacia la barra y regresó de inmediato para informarnos que debíamos algo así como ochenta dólares. -¡veinte dólares, por cada tequila!, exclamé indignado… añadiendo luego que -¡no nos podía salir con una cuanta así!... que ese precio era ¡exorbitantemente caro, un verdadero abuso!...

Me explicó con la mirada pedida y como que no era con él que –“los señores habían solicitado tequila “extra añejo” y “ese, era el precio”…, añadiendo que desgraciadamente “no podía hacer nada”…

Pedí que llamara al maître a quien volví a formular mis argumentos... añadiendo que “jamás habíamos solicitado tequila extra añejo” y que además, aun en el supuesto no consentido de que así lo hubiéramos hecho… el tequila que tomamos no era más que un vulgar tequila corriente… ¡nunca nos pasaron el tan cacareado “extra añejo”!...

Nada que hacer… el jefe de meseros volvió a repetirnos el argumento de que habíamos consumido un licor finísimo y debíamos pagar por aquel consumo. Punto final.

Traduje todo este enredo a mis amigos y todos, a las par que conscientes de haber sido estafados, estuvimos de acuerdo en que debíamos pagar y marcharnos. No teníamos otra alternativa.

Los tres colegas me pasaron sus respectivos veinte dólares y yo pagué con un billete de cien.

Luego de un cuarto de hora, el mesero no había regresado con el vuelto… le hice señas para que se aproximara y le pregunté por mi cambio… Con cara de admiración y, como ofendido,  rezongó: -¡”Señor, ya le entregué el cambio hace más de veinte minutos”!...

Volví  a argumentar una serie de detalles pero no hubo nada que hacer… juraba y re-juraba que ya me había entregado el cambio…

Pedí que llamara al maître a quien volví a formular mi reclamo... indicándole que “jamás habíamos recibido los veinte dólares de vuelto”…

Nada que hacer… el jefe de meseros volvió a repetirnos el argumento de que ya se nos había entregado el cambio, no podía hacer nada.

Sentirse estafado en el precio y por añadidura robado en el cambio me parecía terrible, me hervía la sangre pero no sabía qué hacer… Si armaba un escándalo, de seguro tenía "todas las de perder" y nos pondrían de patitas en la calle… Si llamaba a la policía, también sabia que -como extranjeros- no saldríamos necesariamente, bien librados…

¡De repente, se me encendió el foco!…

Yo había visto que en una mesa próxima a la pista un personaje muy elegante acompañado de dos guapas muchachas, un par de amigos y dos o tres guardaespaldas, recibía saludos y dedicatorias, prácticamente de todas y todos los cantantes.

Yo no sabía si el hombre era un empresario, un político, un artista, un dirigente deportivo o un capo de la mafia… pero era evidente que era conocido y famoso… así que dejando con la palabra en la boca, al par de picaros meseros, me di la vuelta y casi corriendo me planté frente a aquel miembro del “jet set”.

Los guardaespaldas me atraparon de inmediato y comenzaron a alejarme de su jefe con algo de rudeza. Sin embargo alcancé a llamarle la atención…

-“¡Caballero!--- le dije con voz enérgica, “¡permítame una palabra!... sin esperar respuesta continué… “¡soy ecuatoriano… yo estudié en este país y quiero mucho a México!… he venido con un grupo de amigos extranjeros, para que aprecien la música y la cultura de su país y resultan que nos están estafando en este local!”… Complementé mi monólogo, diciendo: - “¡Yo no se quién es usted, pero veo que es una persona importante… todos los artistas le conocen y le dedican sus canciones!…, ¡por favor ayúdeme… no quiero que mis amigos se lleven un mala imagen de México!”…

Me observó unos instantes y sin decirme nada, se dirigió a uno de los guardaespaldas que ya me habían soltado: -“¡Ayúdale!”, le dijo, y volteó la vista hacia la pista…

-“¡Gracias!”… dije… y comencé a caminar hacia nuestra mesa acompañado por un gigantón de enorme bigote, grandes manos y un andar cansino de boxeador retirado.

En el camino, rápidamente le explique el problema, al llegar junto al mesero se abrió la chaqueta mostrando una enorme cartuchera bajo la axila y señalándole la nariz con el dedo, simplemente dijo: -“¡devuélvele!”...

El tipo, pálido, sacó de su billetera un billete y me lo extendió sin decir palabra.

Lo tomé y comencé a arengar a mis acompañantes para salir de allí lo antes posible… Todos estaban fascinados por una mujer madura pero muy guapa que entonaba conocidas rancheras con el acompañamiento de un excelente y nutrido grupo de mariachis.

Después de todos esos sustos, no me  sentía con fuerzas para explicar y menos aún para traducir al francés y al inglés lo que estaba pasando…

Saqué a todos de allí, prácticamente a empellones y les hice correr las dos cuadras que nos separaban de Garibaldi para buscar allí un par de taxis.

Yo no sabía, qué tan peligrosos podían ser, nuestros dos meseros resentidos, pero tenía el presentimiento de que debíamos alejarnos de allí lo antes posible.

Solo al llegar al hotel y con una tranquilizadora cerveza en la mano, me volvió el alma al cuerpo… hice un resumen multilingüe de los sucesos a todos los amigos y reímos a mandíbula batiente cuando nos dimos cuenta que el asustado mesero no me había entrega el cambio… me había devuelto intacto mi billete de cien dólares…

Resultó que habíamos tomado el supuesto tequila “extra añejo” y disfrutado del show, totalmente gratis.

Cosas que pasan solo en Garibaldi o ¡será que con los “toques” nos llegó también una dosis de suerte?…

Como dicen en México, lo más seguro es que, quién sabe…

viernes, 5 de octubre de 2012

Ecuador 47: En helicóptero: el Parque Metropolitano Guangüiltagua desde el aire.

Como ya he relatado el Consorcio CIUDAD-Ecogestión administraba el Parque Metropolitano Guangüiltagua (PMG) luego de haber ganado un concurso convocado por el Municipio Metropolitano y la Corporación “Vida Para Quito”.

Tuvimos a nuestro cargo la gestión integral del parque por màs de tres años, desde fines de 2006 hasta el 31 de agosto de 2010.

Ahora que los helicópteros de Aeropolicial han cumplido un rol importantísimo en el control de los incendios forestales, he recordado un vuelo que realizamos con oficiales de ese organismo para recorrer el Parque Metropolitano Guangüiltagua y definir la posible ubicación de un sitio para el aterrizaje de ese tipo de aeronaves en casos de emergencia. 


El 02 de junio de 2009 recibí una carta de la licenciada María del Pilar Loachamín, Administradora de la Planta de Agua Potable de la EMAAP-Q, ubicada en el PMG, en la que me pedía realizar un reclamo formal a la Comandancia General de Policía por cuanto un helicóptero de “Aeropolicial” había realizado un aterrizaje no autorizado en los terrenos de esa planta de potabilización el sábado 30 de mayo.

Me comuniqué de inmediato con María del Pilar para pedirle más información y me reiteró lo sustancial de su carta, añadiendo que el aparato había aterrizado de improviso sobre los tanques de almacenamiento de agua que están debajo de una losa de hormigón, recubierta de césped… su alarma se debía a que el peso del aparato podía haber comprometido la estructura y originado un desastre de proporciones desconocidas si hubiese llegado a trizar la cubierta de esos tanques que abastecen de agua a la mayor parte del norte de la ciudad.

Ya con más elementos de juicio dirigí una carta al General Freddy Martínez, Comandante General de la Policía Nacional, pidiendo nos aclarara el incidente y adjuntando el reclamo de la EMAAP-Q

Nuestra solicitud fue tramitada de inmediato y a los pocos días recibí la amable visita del Teniente Coronel Guillermo Ortega, Comandante del Servicio Aeropolicial, quien personalmente me traía una copia del Informe firmado por el Mayor Byron Haro, explicando que tuvo que realizar ese aterrizaje en el PMG al haber detectado fallas técnicas al sobrevolar zonas habitadas y construidas del norte de la ciudad.

Agradecí al Teniente Coronel Ortega su amable deferencia y acepté las explicaciones que eximían de toda responsabilidad al Mayor Haro. Le aclaré sin embargo, que los terrenos en los que aterrizó, aún si parecen un campo verde, son en realidad losas de hormigón cubiertas de césped y deberían registrar ese particular para no repetir la maniobra en el futuro.

Quedamos en hacer una visita técnica para poder establecer un sitio adecuado para el aterrizaje de helicópteros en el Parque para cualquier emergencia -como la que se presentó en esa ocasión con la aeronave policial-, pero también para que el Parque  y la planta de la EMAAP-Q pudieran disponer de un espacio para aterrizaje de  helicópteros para atender cualquier requerimiento de seguridad o de auxilio a usuarios, visitantes o trabajadores.

El Teniente Coronel Ortega me invitó a realizar un sobrevuelo del parque al día siguiente para poder detectar posibles lugares donde se pudiera prever un “helipuerto” en el PMG.

El posible soporte de Aeropolicial en caso de emergencias era una necesidad vital para el disminuir la vulnerabilidad del PMG, así que acepté gustoso el ofrecimiento del comandante de esa unidad. Yo tenía un par de ideas de los posibles sitios para ubicar una plataforma para aterrizaje de helicópteros, por tanto quedamos en verificar -in situ- si brindaban las facilidades y condiciones requeridas.

El 18 de junio de 2009 a las 07h30, con Anita Torres, la famosa “Pequitas”, nuestra  comunicadora y relacionadora, fuimos hasta el aeropuerto Mariscal Sucre, donde nos esperaban el piloto y su acompañante para hacer el sobrevuelo con nosotros.




A las 08h00 luego de recibir ciertas indicaciones básicas de seguridad, sobre la forma de comunicarnos internamente mediante radio y de cumplir la rutina de verificación de una serie de detalles previos al vuelo, nuestro pequeño helicóptero se elevó rumbo al Parque.


Luego de salir de los terrenos del Aeropuerto, recorrimos la avenida 10 de agosto, el sector fabril de El Inca; la avenida Eloy Alfaro y llegamos hasta la avenida Granados. Ingresamos al Parque a la altura del Redondel del Ciclista; brevemente pudimos ver la pista de BMX que con tanto esfuerzo construyeron los padres de familia y los deportistas del Club Deportivo de la UTE.


El territorio del Metropolitano que tantas veces recorrimos y nos resultaba tan familiar y querido, era en esta ocasión diferente e, incluso, impresioantemente grande, visto desde el aire.

Cruzamos la zona boscosa del límite noroccidental del PMG y llegamos hasta la Comuna Miraflores; pudimos ver la cancha de uso múltiple y el kiosco que construimos durante nuestra gestión en el área comunal de ese conglomerado humano. Se veía también las obras de la Casa Comunal que los moradores habían comenzado a levantar para reemplazar la vieja sala de reuniones que estaba en territorio del Parque. Reconocimos las casas de muchos de nuestros colaboradores pues los miembros de la Microempresa “Ashintaco”, encargada del mantenimiento, limpieza y jardinería del Parque, al igual que varios miembros de la Empresa de Guardabosques, eran moradores de la “Comuna”.

Sobrevolamos luego la cancha de la Liga Barrial Miraflores. Ese espacio deportivo y sus instalaciones no forman parte del territorio de la Comuna Miraflores. En los campeonatos y otras actividades de la Liga Barrial participan varios equipos y deportistas de la Comuna pero la Liga agrupa a numerosos otros equipos de barrios vecinos al Parque. Sus precarias instalaciones y sus prácticas deportivas y cerveceras dependen de la Federación de Ligas Barriales de Quito. Con el presidente de la Liga tratamos muchas veces de conseguir del Municipio la donación de otro terreno más adecuado para las actividades de esta agrupación. Sin embargo nuestras gestiones no tuvieron éxito y la Liga Barrial sigue usando el espacio del Metropolitano para sus prácticas y entretenimientos, deportivos y non-santos.

Nuestro vuelo continuó luego hacia el sur, atravesando el bosque del borde occidental del Parque desde donde pudimos ver las urbanizaciones cercanas y con mucha claridad, el Estadio Olímpico “Atahualpa” de El Batán.

Seguimos por sobre las líneas de trasmisión que vienen desde Cumbayá y atraviesan el parque hasta la Sub-Estación de la Empresa Eléctrica Quito y llegamos hasta la Quebrada “Ashintaco” y luego al parqueadero del mismo nombre

Nosotros restauramos el Parqueadero “Ashintaco” con tecnología y materiales ecológicos gracias al concurso de la firma "Consolit" representada en el Ecuador por nuestro buen amigo Felipe Adolf.

Atravesamos la vía de acceso al Parque, aquella que une la calle Guangüiltagua con la planta de Tratamiento de Agua de la EMAAP-Q y llegamos al nuevo parqueadero “Chuquipata” que construimos también en nuestro periodo, merced  a un contrato suscrito con el Ingeniero Raúl Duque.

El parqueadero “Chuquipata” lo planificamos usando el trazado, los bordillos y el alcantarillado existentes, de varias manzanas de la antigua urbanización que la Cooperativa de empleados y trabajadores del IETEL (Instituto Ecuatoriano de Telecomunicaciones) pretendió construir en ese territorio.

En esa zona existían varias casas y numerosos cerramientos que algunos miembros de la cooperativa edificaron tratando de presionar por ese medio su permanencia en el actual Parque Metropolitano. Sin embargo prevaleció la declaratoria de utilidad pública y cuando nosotros nos hicimos cargo de la administración del Parque tuvimos que derrocar esos cerramientos y rellenar las calles que habían sido trazadas y excavadas.

Recuperamos así el perfil original de la colina y reforestamos con especies nativas las antiguas manzanas para poder integrar esa zona, al territorio del Parque. Restauramos dos de las casas ruinosas existentes para dedicarlas a otras funciones: una, llamada Yuyu-Tambo (la Posada de las yerbas) la dedicamos a la producción y expendio de hierbas medicinales y hortalizas orgánicas, gracias al apoyo de la ONG Chisp-Ecuador; y otra; llamada Puma-Tambo (la Posada de los Pumas) a la sede de la microempresa de Guardabosques del PMG, los famosos “Pumas”. Una tercera casa de propiedad de una familia Espinosa que seguían litigando para evitar ser desalojados del Parque, siguió en pie por casi todo nuestro período y solo fue derrocada por el Municipio merced a una orden judicial a mediados de 2010.

Volamos sobre la antigua urbanización del IETEL y pudimos observar la iglesia que aquella cooperativa comenzó a edificar en ese espacio. Hernán Burbano nos hizo un maravillosos proyecto para restaurarla como sede de la administración del Parque y  “Centro de actividades culturales” pero su ejecución no fue aprobada por “Vida para Quito” a pesar de nuestras innumerables cartas y pedidos… Allí sigue, sin uso y deteriorándose, cuando puedo estar operativa y brindando adecuados servicios a usuarios y visitantes.

El helicóptero se desplazó luego hacia el oriente  y sobrevolamos la vía con parterre central que, por mucho tiempo, fue el único parqueadero del Parque, vimos la “pista de  socialización canina” y la “zona deportiva” que construimos y rehabilitamos en nuestra gestión y el “Centro de Información y Servicios Generales” de donde salieron a saludarnos nuestros colaboradores y colegas que sabían que realizaríamos esa inspección aérea.

Pedimos a nuestros pilotos enrumbar el vuelo del helicóptero hacia la planta de tratamiento de la EMAAP-Q para pudieran verificar que el sitio dónde ellos se había posado en días pasados no era un prado -como eventualmente pudo parecer desde el aire- sino una losa con recubrimiento vegetal.

Volamos sobre el gran reservorio de almacenamiento de agua cruda y sobre los numerosos tanques en los que el agua recibe tratamiento para poder salir luego hacia la ciudad en condiciones óptimas para el consumo humano. La vista de todas estas instalaciones y la visión del paisaje de la cordillera en el límite oriental del valle de Cumbayá y Tumbaco eran sobrecogedoras desde el aire, con la luz de la mañana que se reflejaba en el agua de la planta y en la bruma que apenas estaba comenzando a  despejarse sobre el valle.

A más de guardar ese instante en una serie de hermosas fotografías, Pequitas hizo un lindo registro en video de esa parte del recorrido aéreo.

Luego de dar una vuelta para ver el bosque del límite oriental del Metropolitano, nos dirigimos hacia el sur. Volamos sobre la meseta llamada de las “Tortugas” por las esculturas allí localizadas.

Justamente pudimos ver desde el aire en primer plano la obra a la que la gente la conoce como “Las Tortugas” del escultor holandés Mark Brusse llamada realmente “Mirando al Señor Cotopaxi”; al fondo el gran arco multicolor denominado “Inducción Cromática Ecuatoriana” de Carlos Cruz Diez de Venezuela, escultura conocida como  “El Arco Iris” y a la derecha, las “Columnas” de Saturo Sato, artista japonés.
    
Nos dirigimos luego hacia el lugar donde se encontraba la escultura “Cenital” de Joseph María Camí de España. Al inicio de nuestra gestión, la escultura fue retirada por el Municipio para ubicarla en la avenida Simón Bolívar. Nos dejaron la base semi-destruida y cómo no hubo forma de lograr que la retirasen o la reparasen, optamos por usarla para conformar un ágora para actividades al aire libre conformando con tierra y césped unos graderíos semicirculares en su costado sur.

Ese era uno de los sitios que podría ser utilizado para el aterrizaje de helicópteros en caso de emergencia. Nuestros pilotos dieron varias vueltas y verificaron que el diámetro del círculo efectivamente era más que suficiente para esas posibles maniobras… sin embargo desecharon esa opción por la cercanía de grandes árboles de eucalipto en las inmediaciones, ello pondría en peligro un eventual aterrizaje, sobre todo en período de vientos.

Volamos luego la zona de bosque del límite sur del parque desde donde pudimos divisar las casas y edificaciones del Barrio Bellavista entre otros, la “Capilla del Hombre”, legado del connotado pintor Oswaldo Guayasamín. Desde allí se veían también la iglesia y residencias de Guápulo y los grandes edificios de la avenida Gonzáles Suárez.




No dirigimos nuevamente hacia el centro del Parque, allí quería que los pilotos evaluasen el otro posible lugar que podría servir para el aterrizaje de helicópteros: una semi-manzana de la antigua urbanización de IETEL, ubicada junto a la pista de socialización canina… El lugar les pareció ideal pues se encontraba distante de árboles, redes eléctricas o cualquier otro tipo de obstáculo; el terreno era plano y accesible para poder trasladar a cualquier persona accidentada o para permitir el desplazamiento de socorristas o policías para atender cualquier emergencia en el parque.


No aterrizamos en ese predio porque la vegetación estaba un poco alta… pero si lo hicimos en la pista de socialización canina, a un costado de los equipamientos que ésta disponía para ese tipo de servicio a la comunidad. 

No pudimos descender del aparato pues, inmediatamente después de nuestro aterrizaje, los curiosos comenzaron  a correr hacia el helicóptero y los pilotos tuvieron recelo que las aspas que continuaban girando, pudieran ocasionar un accidente.

Nos volvimos a elevar y luego de saludar con la mano a todos quienes se estaban acercando, emprendimos el viaje hacia el Aeropuerto de Quito en donde aterrizamos a las 08h47 luego de un interesantísimo tour de algo más de tres cuartos de hora.  

El acercamiento con la institución Aeropolicial, permitió que hayamos podido definir conjuntamente, el lugar idóneo para que las naves de Aeropolicial puedan realizar aterrizajes en el PMG para eventuales necesidades de apoyo y casos de emergencia.

En una carta que dirigí al Comandante General de la Policía, al Comandante del Servicio Aeropolicial y a nuestros pilotos, agradecí a nombre del Consorcio CIUDAD-Ecogestión las atenciones recibidas y les reiteré nuestro compromiso de colaboración para que la Policía Nacional y Aeropolicial puedan disponer de un lugar de aterrizaje para que puedan desarrollar sus actividades de la mejor manera para servicio de la comunidad y en beneficio de quienes laborábamos en el PMG.

Durante nuestra gestión mantuvimos podado y despejado de árboles u otros obstáculos el área prevista para posibles aterrizajes de helicópteros y sugerimos a nuestra colega Mayra Calderón, Directora del Parque Itchimbía, que destinara un espacio adecuado en ese Parque, para idénticos fines.

Ojalá el Municipio haya preservado esta iniciativa y no sólo el Metropolitano y el Itchimbía, sino otros espacios públicos puedan disponer de áreas adecuadas para este tipo de operaciones en casos de emergencia.