jueves, 6 de septiembre de 2012

Ecuador 43: Origen de las palabras: guaitambo, guachimán, morlaco, cocolón, seco (de chivo, de gallina), limón sutil y ceviche



a.      EL GUAITAMBO

El 29 de junio de 2012 mi amigo Nicolás Svistoonoff preguntó en su página de Facebook: ¿Alguien conoce el origen de la palabra guaitambo? Esa pregunta inocente dio origen a un maravilloso debate con casi cien comentarios de diversos amigos de Nicolás que opinaron sobre este tema desde los más recónditos lugares del planeta.

Pudimos leer comentarios de personas que mencionaban que el guaitambo o guaytambo es una fruta tradicional de Ambato y que a las personas nacidas en esa ciudad les dicen "guaytambos", hasta aportes sacados de diversos diccionarios que precisaban que el nombre guaitambo provendría de una voz indígena y tendría dos acepciones que corresponderían, la primera: al nombre de una fruta delicada,  una variedad de durazno de pulpa blanca, conocida también como abridor y, la segunda: a un adjetivo usado coloquialmente en el Ecuador para referirse a los ambateño (a los nativos de la ciudad de Ambato, capital de la provincia de Tungurahua).

Nicolás intervino en la polémica mencionando que él había escuchado que “una persona interesada en la agricultura, viajó a California y trajo una variedad de durazno blanco que se aclimató perfectamente en nuestro medio. A esa fruta le pusieron el nombre de guaitambo al escuchar unas palabras en ingles y por tanto en su origen no existiría como se afirmaba una raíz indígena".

Alguien escribió que posiblemente era un vocablo traído por los ingleses o los americanos durante la construcción del ferrocarril, alguien insinuó que podía ser algo derivado del verbo “to wait” = esperar y de “tambo” (posada, paradero, escala…en quichua),    

Yo escribí comentando algo que me contó mi hermano Jaime, en referencia a algo que él a su vez, escuchó de su consuegro Rodrigo Anda. Parece que un miembro de su familia (yo no recordaba si ese señor era de apellido Anda) se graduó de ingeniero agrónomo en los EEUU a principios del siglo XX y trajo algunas variedades de durazno para cultivarlas en el país. Las sembró en una propiedad de la familia llamada El Tambo (en el camino entre Latacunga y Ambato). Una de las frutas importadas que tuvo gran éxito en la zona, era un durazno (o melocotón) de pulpa de color blanco... Era una variedad "white" cultivada en "El Tambo"... de lo que luego derivó a que a esas frutas se las conociera como "white tambos" y casi enseguida a algún ocurrido se le ocurrió comenzar a llamar así a los ambateños… Ahora a unos y otros se les conoce como "guaytambos"

Nicolás escribió agradeciendo mi aporte al debate y reiteró que él también, había escuchado esa versión, pero se le habían olvidado todos los detalles que yo relataba.

Yo no me quedé conforme por las imprecisiones que todavía tenía la historia y llamé a mi hermano para pedirle más informaciones; él a su vez, llamó a Rodrigo y pudimos así complementar la información ya proporcionada.

Escribí en el Facebook de Nicolás: Acabo de tener más información sobre el origen de la palabra "guaytambo" que he relatado en líneas anteriores. El ingeniero que trajo los duraznos de una variedad "white peach" cuya semilla se desprende fácilmente y por tanto, son muy usados para la elaboración de conservas, fue Abelardo Pachano Lalama (abuelo materno de Rodrigo Anda), quien fue becado a Cornell University en California, por el General Eloy Alfaro... El resto de la historia es como la conté...

Parecía que con estas afirmaciones se cerraba un debate interesantísimo sobre el origen del nombre de la fruta y de su uso como gentilicio coloquial de los ambateños.

Sin embargo… No todo estaba dicho…

María Helena Barrera-Agarwal, estudiosa ecuatoriana radicada en los Estados Unidos, escribió casi de inmediato lo siguiente: “Con la cautela y el respeto del caso, creo poder afirmar que la historia del vocablo "guaitambo" como derivativo de términos en inglés no tiene base alguna. Me baso para ello en que el uso más temprano de "guaitambo" del que tengo noticia se retrotrae a 1751. Precede entonces por más de dos centurias tanto al arribo de los estadounidenses involucrados en los trabajos del ferrocarril como a un posible viaje a California. El origen quichua me parece mucho menos probable”.

Nicolás replicó enseguida: - “¡Qué interesante!... ¿y donde has leído sobre esos datos de 1751?

María Helena respondió que estaba enviando una copia escaneada del libro que traía esa información… (Ella aclaró además, que su afirmación original tenía un error y que ese texto no era de  1751 sino de 1756).

El libro en cuestión era uno de los volúmenes de la obra del Abad Prévost sobre viajes famosos.

Luego reprodujo la página pertinente, en francés:

"…les cantons froids producent de petites poires, des peches, des pavis, des brugnons, des guaitambos, des aurimeles, des abricots, des melons communs et des melons d'eau."

Con eso, María Helena mostró el uso del término "guaitambo" en un libro del siglo XVIII, como ella dijo: ”antes de que existieran los Estados Unidos y décadas antes de que los primeros anglosajones se estableciesen en el territorio de California”.

Nicolás preguntó sobre  ¿quien era el Abad Prévost?, y María Helena nos informó que a aquel autor se lo conoce sobre todo por haber escrito “Manon Lescaut”, originalmente titulada: “L'historie du chevalier des Grieux et de Manon Lescaut”, escrita en 1731.

Manon Lescaut inspiró una ópera con música de Giacomo Puccini (cuyo libreto fue escrito por varios autores). La obra de Prévost sirvió de fundamento también para la ópera “Manon” de Jules Massenet.

Sin embargo, el libro al que María Helena hacía referencia, era parte de una formidable antología titulada: “Historia General de los viajes” que Prévost realizó sobre sobre viajes extraordinarios.

En uno de los volúmenes de esa obra de Prévost, consta el libro: “Relación histórica del viaje a la América Meridional”, que data de 1736, escrito por Antonio de Ulloa, quien escribió en castellano el párrafo antes citado: "Los [países] de temple frio subministran peras pequeñas, duraznos, priscos, melocotones, guaitambos, aurimelos, albaricoques, melones y sandias."

Nicolás preguntó de inmediato: aunque, esa hipótesis fuese correcta, sigue en pie la pregunta inicial: ¿de dónde nació esta palabra guaitambo?

Pertinente pregunta que sigue todavía sin respuesta.

Como soy una persona testadura, no me quedé con estas interesantes informaciones, así que entré en Internet y conseguí bajar el texto de la obra de Antonio de Ulloa y Jorge Juan:
"Relación histórica del viage a la América meridional hecho de orden de S. Mag. para medir algunos grados de meridiano terrestre y venir por ellos en conocimiento de la verdadera figura y magnitud de la tierra, con otras varias observaciones astronómicas y phisicas"



Quienes tengan interés en el tema, lo pueden bajar en PDF de la siguiente dirección:

Escribí de inmediato a María Helena y le comenté lo siguiente: “Leí tu comentario y me metí a Internet a buscar esta interesante información. No logré llegar a la página donde se señala esa lista de frutas de las zonas de "temple frío" pero di con el glosario de términos de la obra en el que constan los "guitambos". Te mando copia de la página respectiva y de la carátula del libro. 

Mil gracias por tus precisiones documentadas, en cuanto a la obra y a la fecha...” y añadí a continuación: “Lo curioso es que en el glosario de la obra consta: guaytambo con “y”.

En el Glosario de la obra de Jorge Juan y Antonio de Ulloa... aparece efectivamente -al final de la pág. 657- la palabra: Guaytambos... Y su descripción: ...Fruta de Temple frío, n.695

Para ver el glosario de la obra de Jorge Juan y Antonio de Ulloa, pueden conectarse a:

Haciendo referencia a la pregunta de Nicolás yo la complementé con lo siguiente: “Ahora nos quedan dos preguntas: ¿Cual es el origen de la palabra? y ¿Cual es la forma original de escritura: guaitambo o guaytambo?”....

Maria Helena me contestó de inmediato: “La diferencia reside probablemente en que el glosario fue añadido para la edición príncipe. A pesar de ello, el texto tomado del manuscrito se conserva en ediciones posteriores y traducciones (como la de Prévost), siempre referenciando "guaitambo" con i. En el otro ejemplo que he hallado, también del siglo dieciocho, coincide en escribirse también con i”.

b.     EL GUACHIMÁN:

Algún amigo de Nicolás que participaba en el debate, escribió a María Helena bromeando: -“¡Capaz  que encuentras un nuevo origen para las palabra guachimán!”… Mencionando a  continuación algo que, al menos yo… ya sabía, la palabra guachimán, usada para denominar a la persona que cuida los materiales e insumos en una construcción, cuya sonoridad haría pensar que podría tener raíces del quechua,  proviene en realidad del inglés… el amigo de Nicolás aclaró este asunto afirmando: -“¡Guachimán, viene de watch-man, vigilante!.... Era el hombre encargado de cuidar las pertenencias del ferrocarril!”…

María Heelan respondió de inmediato: ¡“A la palabra guachimán= watchman no lo salva nadie de su origen inglés. Pero eso no quita lo sorprendentemente delicioso de su pronunciación y de aquella de la caseta en la que se refugia: guachimanía!”. (Yo añadiría además otra variante maravillosa: “guachimana” el nombre de la esposa del guachimán, quien a más de ayudar en las tareas de vigilancia, se encarga generalmente de proporcionar la comida e incluso brinda el servicio de lavado de la ropa a los obreros de una construcción).

Su interlocutor comentó: -¡Hay mucha gente que todavía cree que es una palabra quechua!”

María Helena nos aclaró casi enseguida: “guachimán es el típico caso de un anglicismo perfectamente integrado, casi con carta de naturalización por lo antiguo de su adopción. Al menos en el Ecuador, el uso de esa palabra puede atribuirse correctamente, a la influencia de los anglosajones durante la construcción del ferrocarril”.

María Helena comentó que la palabra inclusive se incorporó a importantes documentos legales: -“hay una ley de 1914 en la que se habla abundantemente de los guachimanes”.

Yo aporté con otro dato adicional: -“En Lima se llama "guachimán" al conserje de cualquier edificio”... (Aunque no se desde qué fecha se produjo la adopción de esa palabra al lenguaje coloquial peruano).

Queda la inquietud para mis amigos investigadores de ese país.

c.      EL MORLACO

Unos pocos días después, a inicios de julio de 2012, Nicolás Svistoonoff preguntó nuevamente en su página de Facebook: ¿Alguien conoce el origen de la palabra morlaco, como se suele llamar a los habitantes de Cuenca?

Esa nueva pregunta inocente dio origen a otro maravilloso debate, con decenas de comentarios de diversos amigos de Nicolás que opinaron sobre este tema, desde todos los confines del planeta.

Los comentarios más sencillos traían citas de cualquier diccionario: reproduciendo que morlaco-ca es un adjetivo que se aplica a la persona “que finge tontería o ignorancia”. También reproducían la acepción de la etnología: “individuo de un pueblo que habita en el norte de Dalmacia (Croacia) o el americanismo: “patacón”.

Otras contribuciones traían precisiones de diccionarios algo más completos:

Morlaco 1
1. Natural de Morlaquia.
2. Perteneciente o relativo a esta región de la orilla oriental del Adriático.
3. Que finge tontería o ignorancia.

Morlaco 2
1. Toro de lidia de gran tamaño.
2. Peso duro, patacón (América).
3. Dinero (moneda corriente).

Algún conocedor aclaró que morlaco es un término que en su primera acepción asume el rol de adjetivo… en ese caso proviene del italiano “morlacco” ("hombre rústico"); significaría también: persona proveniente de Morlaquia (una población de pastores europeos)... y, por extensión semántica ha derivado en un término que califica de morlaco a quien finge ser tonto o ignorante, falto de entendimiento o de razón...

En la segunda familia de acepciones, morlaco es una voz de origen incierto que denomina a los toros de lidia de gran tamaño, criados y seleccionados para distintos espectáculos taurinos...esa misma palabra en América, designa al "patacón", una moneda de plata de peso de una onza y en Argentina y varios países de América Central la voz en plural (morlacos) es equivalente a "dinero": "¡No me quites los morlacos, viejo avaricioso!".

Nicolás volvió a plantear la pregunta: -“¿Por qué a los nativos de Cuenca se les llama morlacos?”

Según otra contribución: “el lexicógrafo ecuatoriano Carlos Joaquín Córdova en su libro, “El habla del Ecuador”, morlaco es el "apodo dado al nacido en Cuenca" y como adjetivo, "lo referente a Cuenca y los cuencanos". Córdova, cuencano de nacimiento, dedica dos páginas y media de su diccionario a una exploración de la etimología y el carácter despectivo de la palabra; una frase popular que él describe como maliciosa… se dice, por ejemplo: "morlaco ni de leva ni de saco" o la definición de tal voz en el diccionario de la RAE dice: "persona que finge tontería".

Otra persona escribió: “Consulté en Internet y he podido leer que “los morlacos provenían de una población de pastores de los Balcanes Occidentales”.

Otra entrada hacía referencia al tango “Mano a mano” de 1923 interpretado por Carlos Gardel:

“En una de su estrofas el texto dice:

Se dio el juego de remanye cuando vos, pobre percanta,
gambeteabas la pobreza en la casa de pensión;
hoy sos toda una bacana, la vida te ríe y canta,
los morlacos del notario los tirás a la marchanta
como juega el gato maula con el mísero ratón.

En ese caso la palabra morlaco hace alusión al dinero… Los morlacos serian equivalentes a pesos”.

Yo contribuí al debate con un comentario de algo que leí en el libro “Corsarios de Levante” del escritor español Arturo Pérez-Reverte, novela ambientada en las batallas navales entre los soldados españoles y los corsarios bereberes y turcos en el Mar Mediterráneo.

En el libro se relata que en las galeras existían tres tipos de remeros: a) los prisioneros de guerra, b) presos comunes (ladrones, estafadores, asesinos) condenados a esa actividad para purgar sus penas y c) voluntarios que, debido a su pobreza o escapando de deudas de amor o de dinero, se alistaban para cumplir esa dura tarea a cambio de un plato de sopa y un mendrugo de pan todos los días.

Los dos primeros tipos de remeros, llamados “galeotes” iban atados con cadenas, recibían castigo corporal y en caso de naufragio, perecían ahogados irremediablemente cuando el barco se iba a pique, los últimos en cambio por tratarse de remeros voluntarios, tenían mejor trato, no laboraban encadenados y tenían el derecho de participar de lo que podía quedar de los pillajes cuando atacaban un barco o una ciudad enemiga luego de que oficiales, marineros y soldados se hubiesen servido.

Según Pérez-Reverte, en la galeras turcas, a estos remeros voluntarios, se los conocía como “morlacos”. 



“...Iba sin cadenas, a titulo de lo que en galera se llamaba buena boya, palabra tomada del italiano buonavoglia: chusma voluntaria, escoria de los puertos o gente desesperada y fugitiva que entraba a servir al remo por una paga -en las galeras turcas se les decía morlacos, o chacales-…
 
En una frase atribuida a los corsarios de la época, se podía escuchar: “Vive Dios que hicimos un buen día, raspando a lo morlaco”…

Esa raspadura puede referirse a la forma como estos hambrientos navegantes dejaban limpio el plato, raspándolo hasta conseguir llevar a la boca hasta la última pizca de comida… o a la forma de buscar las últimas piltrafas del botín luego de que los ganadores de mayor jerarquía hubiesen hecho de la suyas.

Nicolás preguntó de inmediato: aunque, esa hipótesis fuese correcta, sigue en pie la pregunta inicial: ¿Por qué se llama morlacos a los habitantes de Cuenca??

Buena pregunta que todavía está por responderse.


d.     EL COCOLÓN

“Cocolón” es el nombre que se da en el Ecuador a la costra de arroz que queda adherida al fondo de la olla al terminar la cocción del arroz.

En la costa caribeña de Colombia se lo conoce como “cucayo”, en el interior de ese país se lo conoce como “pega” o “pegao”; en Perú y Panamá como “concolón” y en la República Dominicana como concón.

El cocolón debe quedar tostado y crujiente, mas no quemado y, para comerlo, se raspa del fondo de la olla.

Puede servirse en trozos unitarios, relativamente grandes, o desmenuzado en un plato en una suerte de mezcla de arroz blanco y arroz tostado, o frito.

Un amigo me relataba el otro día que el nombre del “cocolón” proviene al igual que la palabra “guachimán” de una palabra en inglés y su origen se remonta a la época de la exploración petrolera en Ancón, en la actual provincia de Santa Elena: el personal anglófono de la compañía petrolera que ejecutaba esos trabajos, se refería a ese arroz crocante como “cook too long” cuya traducción sería sobre-cocinado o cocido demasiado o en exceso.

Cuando el arroz se había cocinado demasiado y se pagaba al fondo de la olla, sin llegar a quemarse, podía ser servido a los comensales, aunque ya no era suave sino más bien crocante… ese “cook too long” rice, devino en “cocolón”. 


e.      EL SECO (de chivo, de pollo, o de gallina)

La misma persona que me hizo ese simpático relato, me contó igualmente el por qué se llama “seco” a un guiso de chivo, de pollo o de gallina (aunque puede ser también de cordero, de carne de res o de cerdo y de bichos exóticos como guanta, saíno o danta) acompañado de arroz, plátano frito y a veces, de ensalada de tomate.

Este amigo me comentaba que el nombre del “seco” proviene al igual que las palabras “guachimán” o “cocolón” también de una palabra en inglés y su origen se remonta a la época de la exploración petrolera en Ancón.

En el menú de un restaurante guayaquileño llamado curiosamente “Cocolón”, se puede leer una explicación al respecto (que coincide con lo que me contó este amigo): “El nombre de Seco proviene de la Península de Santa Elena, en donde a principios del siglo XX se hacían trabajos petroleros en Ancón. En aquella época abundaban los venados y los chivos criollos y con ellos se preparaba un guisado muy sencillo acompañado de arroz colorado. Como en Ecuador es costumbre servir el almuerzo con una sopa de entrada y al plato de fondo se denomina ¨segundo¨ al cual los extranjeros decían ¨second¨ y desde entonces entre nativos quedó el nombre de ¨seco¨.

De mi propia cosecha yo complementaría esta interesante historia añadiendo que es un hecho curioso y todo el mundo se pregunta al respecto: ¿por qué se llamaba “seco” a un plato más bien “húmedo”?... en ese plato, el arroz siempre viene servido con un estofado de carne con una salsa que, si bien incluye en ocasiones, papas y zanahorias en pequeños trozos y a veces, arvejas o guisantes, tiene una consistencia bastante líquida y remoja  al arroz que acompaña a la carne.

A ese arroz, cocido por separado en una olla, aderezado con cebolla, sal, especies y algo de grasa (aceite o manteca, vegetal o de cerdo) cuyo resultado puede ser arroz blanco o amarillo si la grasa incluye algo de achiote, se le llamaba “arroz de seco”, “arroz de second dish”.

Con el uso y la facilidad idiomático, cayo el “de” y se le comenzó a llamar tan sólo: “arroz seco”. Es usual escuchar frases como “me encanta el arroz seco con huevo frito” o “el churrasco se lo sirve con dos huevos, arroseco, papas fritas y ensalada”…

Fruto de todo este enredo, también se ha llegado a diferencia el arroz de mejor calidad que se usa normalmente para servir como acompañante del plato principal y aquel de menor calidad, quebrado o más pequeño que se suele incorporar a sopas y caldos… tanto que a nivel popular se aceptan precios diferentes de compra/venta para el llamado “arroz de seco”, más caro y “arroz de sopa”, un tanto más barato.     


f.       EL LIMÓN SUTIL

El pequeño limón verde amarillento de cáscara muy fina y juego muy acido, infaltable para dar un toque especial a muchas comidas -sobre todo de pescado y mariscos-, muy usado para aderezar ensaladas y para hacer refrescantes limonadas, en muchos de los países de América Latina, llegó a nuestra región con los colonizadores españoles.

En Perú, en el Ecuador, en México y en otros países de la región este cítrico, llamado “limón sutil” es  ingrediente fundamental de la gastronomía local

El “limón sutil” resulta ingrediente irremplazable para hacer el ceviche ese famoso plato elaborado en base a pescado o mariscos frescos y cebolla, para acompañar las sopas y los tacos al pastor de México o para elaborar el “pisco sour” aquel cóctel ícono del Perú o la deliciosa “caipiriña” brasilera.

Yo siempre me había preguntado el por qué, de ese nombre; ¿por qué llamar “sutil” a ese limón?... ¿Por lo pequeño?... ¿por lo delicado?... ¿por qué?...

Hace poco descubrí el origen de esa palabra.

Según el historiador peruano Juan José Vega ese limón fue traído a América por las esclavas moras llegadas en la primera época de la colonia.

En Marruecos y en general en el norte de África, el limón es muy usado en la fina gastronomía de esa región. Durante la dominación de los llamados “moros“, en España, los usos del limón se popularizaron enormemente también de aquel lado del Mediterráneo.    
   
Hace más de cinco siglos cuando moros y cristianos seguían guerreando en el Mediterráneo y luego cuando España izó sus pendones en tierras americanas, el pequeño limón marroquí hacía las delicias de la comida en los tres continentes. 

En nuestros tiempos, España mantiene el control sobre una pequeña ciudad situada en la orilla africana del estrecho de Gibraltar: la ciudad  de Ceuta, que limita con la región de Tánger-Tetuán perteneciente al reino de Marruecos.

Curiosamente ese pequeño limón provenía precisamente de Ceuta y así se lo denominaba desde esa época: “limón de Ceuta” o “limón ceutí”.

Cuando vino a  América la facilidad de pronunciación hizo que el nombre de la fruta derivara de “limón ceutí” a “limón sutil”.

En nuestros países casi nadie ha escuchado hablar de Ceuta pero un ceviche, un pisco sour o una caipiriña sin limón sutil serán impensables.


g.     EL CEVICHE

El ceviche (también llamado cebiche, seviche o sebiche en los diferentes países de América Latina) es un plato elaborado con pescado o mariscos marinados en limón. El ceviche forma parte de la gastronomía de Ecuador, Perú, Colombia, México y de todos los países de América Central.

Para la preparación del ceviche los cítricos más utilizados son el “limón sutil” y la “naranja agria” en todas las versiones el ceviche se incluye cebolla, sal y pimienta; en algunas preparaciones se utiliza cilantro o culantro picado y alguna variedad de ají o chile. En algunos países se suele incluir además tomate picado y aguacate en pequeños trozos y en ciertos casos incluso, jugo de naranja, kétchup y mostaza.

En el Ecuador se dice que el buen ceviche debe incluir en proporciones moderadas y compatibles, los cinco sabores: salado, acido, dulce, picante y amargo; que vienen de: la sal, el limón, la naranja, el ají y la cebolla.   

Los acompañamientos del cebiche también pueden ser diferentes: En el Perú, se sirve con camote y maíz hervido (choclo tierno)  en el Ecuador se sirve con canguil, chifles (plátano verde frito) y tostado (llamado cancha en Perú). En México y Centroamérica se suele presentar con galletas de sal o de soda.

En relación al origen de la palabra ceviche, se han planteado diversas hipótesis.

Investigaciones del historiador Juan José Vega, sugieren como origen de la palabra "cebiche" al término árabe “sibech”; según él, ese era un plato preparado por las mujeres moriscas que mezclaban pescado crudo con jugo de naranja agria y limón.

Federico More señala que la palabra cebiche vendría de la palabra “cebo” empleado para designar a comidas de pequeño tamaño (bocadillos); entonces se habría dado al plato el nombre de “cebiche” debido al pequeño tamaño de los trozos en que se cortaba el pescado.

La lingüista peruana Martha Hildebrandt sugiere que la voz cebiche podría tener la misma etimología de escabeche (de origen árabe) un método de conservar viandas en medios ácidos, como el vinagre. Incluso refiere que en recetas peruanas del s. XIX se usaba «dejar escabechar» para referirse al periodo de cocción del pescado en jugo de naranja.

El historiador peruano Javier Pulgar Vidal afirma que el nombre seviche viene de la palabra quechua "siwichi ", cuyo significado sería pescado fresco.

El historiador peruano Juan José Vega a quien ya he mencionado, cuenta que las esclavas moras hacían un plato llamado “sei-vech” a base de carne o pescado, marinado con “limón ceutí”, que podría haber dado origen a la palabra ceviche...

Como se puede ver, las hipótesis son numerosas y variadas.

Sin embargo acabo de encontrarme con un amigo que me contó que estuvo en el Caribe en alguna de aquellas naciones de habla inglesa y se topó con varios restaurantes que ofrecían “seabech” en coloridos letreros a la entrada.

Cuando pidió uno de esos platos tan publicitados, se topó con que era la versión local del ceviche.

Averiguó al propietario de ¿dónde provenía ese nombre? y esta persona le explicó que en realidad era una contracción de “sea & beach food”… “comida de mar & playa”... (pescado o mariscos, con cebolla y tomate, macerados en limón).

¿Cómo será, eh?...

Como dicen en México: ¡lo más seguro es que ¿quién sabe?!...

Lo importante es que para disfrutar de un buen “ceviche”, un buen “cebiche”, un buen “seviche”, un buen “sebiche” o un buen “sea & beach” es indispensable acompañarlo de una vaso de cerveza bien fría. Aunque en el Perú dirán que ese plato no es igual, si no vine acompañado de un vaso de Inka-Cola.

Sobre gustos y colores, no discuten los doctores…

lunes, 3 de septiembre de 2012

Ecuador 42: La madre del vinagre



Hace unos días estuve trabajando en la formulación de una propuesta para un proyecto de nombre complicado: “Ciudades Seguras e Inclusivas: la inseguridad y los impactos de las políticas locales de seguridad en barrios populares de América Latina”, para presentarlo a una convocatoria del IDRC de Canadá.

La formulación del proyecto la iniciamos en Lima varios colegas de diversas instituciones asociadas a ALOP: Molvina Zevallos y Teresa Cabrera de DESCO (Perú), Graciela Maiztegui de SEHAS (Argentina), Franklin Solano de FUPROVI (Costa Rica) y Mario Vásconez de CIUDAD (Ecuador).

Trabajamos intensamente por tres días pero no pudimos concluir la propuesta, así que decidimos terminarla en Quito. Acá me reuní con Teresa y mi amigo Luis Verdesoto que se sumó al equipo profesional del proyecto. Trabajamos intensamente cuatro días más y gracias a un esfuerzo adicional de Teresa y Molvina, toda la documentación se envió desde Lima, en los plazos y de acuerdo a los requisitos de la convocatoria.

Cuando trabajamos en Quito, Lucho nos invitó a comer en su casa una noche y mientras dábamos cuenta de un rico vino, nos comentó que muchas veces le quedaba una botella abierta con buena parte del líquido en su interior, pues él no puede tomar alcohol por razones de salud; así que estaba buscando la manera de conseguir un hongo que se llama la “madre del vinagre” para poder procesar esos saldos de vino y conseguir aquel sabroso aderezo tradicionalmente usado para las ensaladas y otros platos sibaritas.

-“Yo te puedo dar una pedazo de mi “madre del vinagre”, le ofrecí de inmediato.

Le conté que efectivamente, no era broma, disponía de un recipiente cerámico donde producía mi propio vinagre de vino y  quedé en llevárselo a  CIUDAD al día siguiente.

Lucho aceptó por supuesto (y aunque parezca cuento…ya le entregué lo ofrecido) y esa noche, a propósito del tema, relaté la historia y los avatares de “la madre de vinagre” que tengo ahora en casa.

El cuento es más o  menos el siguiente:  

Viví casi dos años y medio en México a donde viajé junto a mi amigo Hernán Burbano, a fines de 1978, para hacer un Posgrado en la UNAM.

Como ya he relatado en otra ocasión, me fui con un “chimbuzo” de marino al hombro, con algo de ropa y un montón de sueños… y a principios de 1981 regresé casado (con la misma novia que dejé por acá), con una hija, muebles y enseres, un perro, una guitarra, la satisfacción de haber superado una meta, algo más de experiencia y un montón de responsabilidades.

En agosto de 1979, con mi novia Marie Thérèse decidimos que íbamos a continuar la vida juntos y ella tomó una decisión seria y complicada, renunció a su trabajo en la Embajada de Francia en el Ecuador y se vino a México para comenzar nuestra aventura mexicana de pareja.

En enero de 1981, al finalizar mi maestría, decidimos emprender la epopeya del regreso al Ecuador. Yo debía ocuparme de todos los papeleos de la graduación y legalización del título, así que inicialmente buscamos un pasaje para Marie Thérèse y para mi hija Manon que nació en noviembre de 1980 y tenía tan solo tres meses de edad.

Llamé a mi hermano Jaime para que las buscara en el aeropuerto y les diera posada hasta mi llegada.… Viajaron y arribaron a Quito el 22 de enero, justo cuando se inició el conflicto de Paquisha.

Maríe Thérèse cuenta que en esos días no paró de llorar pensando que por la guerra, yo no podría entrar al país y seguiríamos separados indefinidamente. Felizmente el conflicto con el Perú terminó el 5 de febrero. Mientras tanto, yo seguía con todos los trámites; recién el 11 de febrero obtuve las últimas firmas para registrar título y papeles en la Embajada del Ecuador y pude comenzar a planear el retorno. Empaqué nuestros cacharros en cajones de madera que yo mismo confeccioné y despaché todo por avión a Quito.

No recuerdo si fue a fines de febrero o si a principios de marzo que dejé México definitivamente. Me embarqué de madrugada en un vuelo de “Ecuatoriana de Aviación” y llegué nuevamente a la patria para iniciar mis responsabilidades profesionales y familiares en terreno conocido.

A los pocos días de mi llegado tuvimos la suerte de conseguir un pequeño departamento en la calle Tamayo, en casa de Maria Teresa de Mora Bowen. El departamento -de dos dormitorios, una mínima sala-comedor, una amplia cocina y sala de baño- era luminoso y acogedor; tenía un patio posterior con un pedacito de jardín y un cuarto de empleada que usamos como bodega. De México trajimos una refrigeradora, una lavadora de ropa, una variedad de cacharros de cocina y nuestra ropa, pero no teníamos ningún tipo de mueble para instalarnos en nuestra nueva morada; el departamento felizmente era semi-amoblado: incluía una cama matrimonial, un par de sillones de sala, una cocina de gas (de cuatro quemadores y horno incorporado), una alfombra en la sala y otra en el dormitorio y nada más. Amigos y familiares contribuyeron con todo tipo de muebles y pudimos armar un hábitat cordial y confortable en pocas semanas.

Cuando Marie Thérèse trabajó en la Embajada de Francia, tuvo amistad con una funcionaria llamada Monique Carmier y su esposo Michel L’Alemand, quienes si mal no recuerdo, eran vicecónsul y agregado comercial de la Embajada, respectivamente. A los pocos días de habernos instalado en nuestro pequeño departamento esta pareja nos invitó a cenar en su casa para darnos la bienvenida y, simultáneamente, para despedirse, pues habían acabado sus funciones diplomáticas en el país y les trasladaban a algún otro lugar del mundo.

En la cena les comentamos del proceso de “amoblamiento y equipamiento” en el que estábamos embarcados, para iniciar nuestra vida de recién casados.

Monique y Michel, muy amablemente, hicieron también su contribución a la causa: nos regalaron un par de sillones de fina madera con asiento y espaldar de mimbre (muebles que nos acompañaron por años, en nuestras diversas residencias y mudanzas). 

Nos regalaron también una serie de implementos y utensilios de cocina y nos vendieron muy barato, un gran cantidad de platos y un juego de copas de Cristal d’Arques, esa conocida marca francesa de cristalería.

Ellos casi no habían usado ese juego que incluía docena y media de copas de vino blanco, vino tinto, agua y champagne. Todas las copas venía en sus cajas originales y la mayoría conservaba todavía la etiqueta. Todavía tenemos esas copas y nos han sido útiles por más de treinta años.

Otra cosa que estos amigos, con mucha gentileza, propusieron obsequiarnos, fue un pequeño recipiente de vidrio con una especie de gelatina obscura, con la apariencia de un hígado de ternera… nada menos que la “madre del vinagre” para poder producir vinagre casero a partir del vino.

Michel nos contó que la “madre del vinagre” (denominada técnicamente “mycoderma aceti”) es una sustancia de apariencia coloidal, compuesta por celulosa y las bacterias que se desarrollan en la fermentación de líquidos alcohólicos y originan el ácido acético. Esta especie de hongo convierte el alcohol en ácido acético (vinagre) con la ayuda del oxígeno del aire.

Existen “madres del vinagre” para producir vinagre de vino (blanco o tinto), de sidra, de jerez y otros líquidos alcohólicos provenientes de la fermentación de cualquier fruta.

La “madre del vinagre” puede a veces aparecer, con la apariencia de una nata viscosa, en el vinagre que se adquiere comercialmente cuando, por alguna razón, éste contiene residuos de azúcar sin fermentar o alcohol que no se transformó totalmente en ácido acético.

Bastante desagradable a la vista, la “madre del vinagre” es completamente inofensiva y el vinagre que produce es en general de muy buena calidad, dependiendo del vino o del líquido alcohólico que le de origen.

A mi, me entusiasmó este singular procedimiento para obtener vinagre. La “madre” que nos estaban regalando era para producir vinagre de vino tinto, acepté el obsequio y le pedí a Monique que me explicara: qué debía hacer y cómo debía cuidar a “la madre del vinagre”…

Me respondió que no requería cuidados especiales, debía mantenérsela en un recipiente de cerámica o de vidrio cubierta con una tela o una fina malla para que pudiera respirar y oxigenarse. Esa madre permitía “cosechar” vinagre aproximadamente cada mes… Cuando se sacaba el vinagre con ayuda de un filtro de tela o de papel (como los que se utilizan para el café) se debía poner una provisión adicional de vino, eso era todo… muy sencillo.

Queriendo saber algo más, pregunté cuánto de vino de debía poner en el recipiente para que esta buena “madre” lo transformara en vinagre…

Monique respondió: -”no mucho… ¡casi nada!”

Añadiendo luego: -“Con las sobras del vino de todos los días, es más que suficiente”…

Regresamos muy contentos a nuestro departamento e instalé el recipiente de vidrio en la cocina, sobre un platito, bien protegido por un pedazo de liencillo para que el proceso siguiera sin problemas.

Sin embargo algo que para Monique era “muy fácil”… para una pareja de recién casados, en búsqueda de trabajo, este propósito no fue nada sencillo de cumplir

Su recomendación de que para hacer vinagre, “con las sobras del vino de todos los días, era más que suficiente”… se topó con nuestra realidad económica de hace treinta años.

No pudimos responder a dos requisitos fundamentales de esa frase:

Primero: “… ¿de qué vino de todos los días estábamos hablando?” y, segundo: “¿de qué sobras?”…

Sin esos requisitos la “madre del vinagre” se fue achicando día a día, a ojos vista y luego de un tiempo quedó convertida en una fina telita pegada al fondo del recipiente…

Perdí así de forma simultánea, la famosa “madre del vinagre” y mis buenos propósitos de disponer de vinagre casero, hecho “en casa y con aseo” como decían las viejitas.

Veinte años después, otra pareja de amigos, William Stock y su esposa la pintora Françoise Limouzin-Stock, nos invitaron a cenar en su casa con otros amigos; en la conversación conté la historia de mi “madre del vinagre” caída en el cumplimiento del deber… que terminó convertida en una mancha al fondo del frasco, como un caso evidente de deshidratación total.

Todos rieron de buena gana con esta historia y Françoise muy amablemente me regaló otra “madre del vinagre” para sustituir a la anterior.

Esta vez la receta si ha podido cumplirse y si bien tampoco dispongo de “vino de todos los días” y por supuesto menos aun, de “sobras”… cuando abro una botella, de vez en cuando algo queda en el fondo de ella  o, por último, compro un vinito de cartón para no dejar perecer al gelatinoso personaje.

Ahí lo tengo en un adecuado recipiente de cerámica con una tapa poco hermética  para que el oxígeno haga su parte y de tanto en tanto, logro extraer una buena provisión de vinagre de vino de buena calidad.

Mi producción en realidad es óptima… delicado aroma y sabor delicioso; sirve por igual para aderezar ensaladas verdes, para añadir a la vinagreta que tan buen sabor da a tomates y zanahorias ralladas, a un buen plato de menestra de lenteja que ha quedado de la víspera o para dar un sabor incomparable a las papas fritas o al pescado apanado, siguiendo la receta del “fish & chips” que venden en cucuruchos de papel en Londres.

Esa moda importada por mi hija Manon es realmente increíble; las papas fritas con vinagre son buenísimas, mucho mejor que con ketchup como comen en los Estados Unidos o con mostaza fuerte como comen en Francia… 

En fin… por ahí anda al “madre del vinagre” trabajando intensamente para garantizar buen sabor a las comidas…

En realidad no requiere de mayor cuidado, pero ella -al igual que su dueño- no debe dejar de hidratarse con un poco de vino, cada vez que se pueda.